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Abordar a Foucault


Por: Eduardo Yalán Dongo

Tratar acerca de Michel Foucault supone siempre un silencio antes de pensar en el primer párrafo. Supone anudar, dentro de esta ausencia de palabras, una suma de complejidades que emergen en la mente del pretendiente a hacer una taxonomía de su pensamiento. Sociología, psicología, política, antropología, filosofía y hasta semiótica, Foucault, pese a lo que Braudrillard arenga, no puede ser olvidado, al menos no por ahora. ¿Tiene una utilidad leer a Foucault en la cultura contemporánea? Mejor repreguntemos ¿Para quién es de utilidad leer a Foucault en la cultura contemporánea? La obra de Foucault es abierta, pero, robándole a Nietzsche la frase: es para todos y para nadie.

En nuestra cultura persisten costumbres consolidadas y ritualizadas, prácticas contenidas y codificadas que ni siquiera podemos sospechar sobre su estructura, su genealogía, su contenido y, principalmente, de qué es lo que las contienen. Un poder confiscado, quizá una verdad pactada que traspasa el discurso y encausa la conducta de un sujeto que ya huele a muerto. Foucault y su método se interesan en la conexión constitutiva de las ciencias humanas con las prácticas del aislamiento vigilante, Foucault se rebulle con esa sutileza de sierpe dentro de las tecnologías del poder, dentro de las diferentes relaciones de poder en los diferentes discursos que nos embriagan continuamente, sin dejar de sangrar. Habremos escuchado con anterioridad: “saber es poder”, “el pueblo va a tomar el poder” “La Historia del Mundo” “El poder oprime” “el hombre es el centro del mundo”, pero todas estas expresiones se encauzan hacia un sin sentido intolerable en la contemporaneidad.

Si Guattari y Deleuze con el anti-Edipo dejaron moribundo al psicoanálisis, Foucault y su método hicieron lo propio con La Historia, esa historia atravesada por una voluntad de verdad, por una genealogía que nunca aparecía y que se hacía cada vez más lejana para el investigador, Foucault mató al hombre y devolvió ese pluralismo de discursos contenidos y confiscados dentro de esa macro-ciencia, de ese metalenguaje llamado Historia.

El método de análisis de Foucault debe precisar esa malla de poder, esa red compleja de tecnologías de poder que enlazan los discursos, haciendo del método una triada para el análisis:

Las reglas de derecho que delimitan formalmente el poder y los efectos de verdad que este poder produce dentro de los discursos ¿Cuáles son las reglas de derecho que las relaciones de poder ponen en acción para producir verdad? Y es que el poder, como dijo Foucault “obliga a producir verdad, estamos condenados a decir verdad y a encontrarla”. ¿Qué verdad? La verdad que creemos que es Verdad. Braudrillard se queja de las nuevas generaciones y dice que a esta nueva camada de personas no le interesa la realidad, no le interesa la verdad, no le interesa el poder, el poder –dice- ya perdió legitimidad dentro de las personas, y exige “Olvidar a Foucault”. A la “gente” no le interesa la verdad, pero la dice, se queja del poder y de su supuesta ausencia en ellos, pero ellos mismos pertenecen a él y nadan en él. ¿Qué es lo que puedes aprender de Foucault, cual es, según el canon posmoderno, la “utilidad” de leer a Foucault? Silencio, ante todo mucho silencio y prepararse, como decía Proust, para el nuevo viaje que “no consiste en buscar nuevos paisajes sino tener ojos nuevos”; ojos nuevos para entendernos. Y después, es necesario retomar el silencio.

El origen de Darwin: onomástico naturalista


Por: Eduardo Yalán


200 años han pasado dejando atrás tanto disgusto, tanta conspiración, tanta mística, tanto malos entendidos, tantas preguntas sin contestar, tanto anacronismo redúndate. Precisamente han pasado 200 años desde que el mejor observador de la historia mundial haya nacido, me refiero a Charles Darwin aquel señor navegante de la conspiración más grande contra los cánones culturales. Me urge hablar de este científico con una gran admiración pero a la vez desilusión, necesarias en todo caso para revelarnos al verdadero Charles: un hombre con ideales, que enfrentó a ciertos miedos y que no pudo enfrentar a otros muchos. Darwin se merece un trono dentro de los grandes pensadores de la mal interpretación y del abuso de sus teorías así como un gran trono dentro de los criminales de la sociedad elitista/moral que quizá aun por ignorancia se conserva. Darwin nació un 12 de Febrero de 1809 y hasta Google le ha reconocido sus investigaciones en un “logo del día”. El padre de la evolución quizá se merezca mucho más que documentales someros en Animal Planet o un artículo de menos de media hoja en un blog de pseudo - filosofía y literatura, quizá se merezca un trato adecuado frente a sus ideas, unas mentes abiertas que demuestren su aceptación final. Acuérdense que en Estados Unidos, hoy por hoy, las teorías de la evolución están prohibidas por fanáticos creacionistas, ya que aun no dejan de sentir miedo y terror anti nazi frente a la “selección natural”, eje central de las teorías naturalistas de Darwin.

Recuerdo que cuando leí a Darwin en “Diario de un naturalista” me sedujo irresistiblemente la imagen de un joven que describía con una precisión semejante a aquel búho de Atenea, leyendo a este joven observador a bordo del Beagle, (semejante a aquel Arthur Gordon Pym de Poe) sintiendo cada descripción acerca de cada animal en esas queridas islas Galápagos. Si me piden descifrar el éxito de Darwin puedo decir sin error que fue su observación empírica la gran gestora de lo que saboreamos hoy en día, leer a Darwin es leer a una necesidad por pulir la verdad de ciertos hechos de la realidad, es palpar a un verdadero observador en busca de de su tesoro. Pero ¿Si esto es así, entonces porque tanta incertidumbre acerca del naturalista ingles?

Las teorías de Darwin fueron revolucionarias y fueron desde el principio enemigas del creacionismo religioso que asegura que Dios no permitiría la evolución de las especies. Lo que me desagrada completamente de Darwin fue su timidez referente a la publicación de su libro, escondido por él durante 20 años de timidez e inseguridad, de temor al castigo cristiano. Aparte de este temor, me desagrada su moralidad latente en cada palabra escrita, no permitía que las conclusiones biológicas se desplayen a campos extra naturalistas, como el de la filosofía o reflexión social.

Actualmente la teoría de la evolución es muy mal tomada por los cristianos creacionistas pero también es mal vista por algunos ateos conocedores de las leyes de la termodinámica (específicamente de la segunda ley que afirma que la materia y la energía se disminuyen y decrecen de forma degenerativa, lo cual esta en contradicción con la teoría de la evolución) algo muy comino ¿no? Pero el hecho no tan cómico es que en Estados Unidos existe todo un debate acerca de esto: la estúpida discusión acerca de si verdaderamente existen pruebas de la evolución y si verdaderamente existen pruebas de la creación, (hago recordar que el 75% de los norteamericanos son cristianos y el 10% son ateos) evidentemente discutir con un cristiano es “en sí” y “para sí” estúpido. Pero Darwin nos enseño a observar y a no ser tontos, al menos su teoría es mas sensata que la moralina cristiana de EEUU, el “Origen de las Especies” y el origen del hombre están en debate, ¡pero Somos observadores sensatos! ¿No es así? Por tanto, ¿Que se merece Darwin más que mayor observación y admiración. Feliz 200 años Charles, te seguimos recordando con odio, desprecio y tierna admiración. Y bueno para reírnos un rato, escuchemos pulular a un esbirro del creacionismo fundamentalista diciendo: -"Yo no soy de la evolución"- efectivamente este sujeto no es de la evolucion:

Marcel, Bip y los mimos eternos


Este mimo francés, considerado uno de los mejores del mundo, aplica la filosofía de la vida en cada frase que se desprende de su boca y señala que es "pesimista y optimista", para añadir que aún tiene intacta la esperanza en el Hombre. Nacido en Estrasburgo (Francia) en 1923, realizó giras por varios países europeos y latinoamericanos, aunque nunca abandonó su escuela de mimo en París, cantera de los actores que componen su Compañía de Mimodrama. En esta escuela, Marcel Marceau impartió clases a alumnos de varios países, entre ellos de Japón, Alemania, Estados Unidos, España, Francia -"evidentemente", apunta- e incluso cuenta con esporádicos alumnos de Corea y de Hong Kong.


En cada ciudad del mundo en las que Marcel Marceau ha actuado su espectáculo ha servido de plataforma para el interés de nuevos artistas que desean estudiar con él, y, en cierto modo, seguir sus pasos en el arte del mimo, un espectáculo que el artista francés compara con la música, por su universalidad y porque la entiende todo el mundo. El fondo del arte del mimo no se transforma, en su opinión, pero sí su expresión exterior, pues los cánones en los que se inspiran cambian, de ahí que Marceau afirme que "la gramática del mimo ha cambiado". Marcel Marceau se siente cercano al dolor de los desvalidos en conflictos, aunque matiza que el terrorismo y las guerras han existido siempre y que seguirán ocurriendo: "yo soy realista en la vida y sólo sueño en el teatro", afirma. En línea con su pensamiento cargado de realismo aseguró que "el hombre es un animal de teatro" y que mucha de su inspiración está tomada de los animales, de los que aprende determinadas manifestaciones pero a los que "también mata y se come" y asevera con contundencia: "si el hombre continúa al ritmo de destrucción actual acabará con el planeta".


Para este artista, que también es pintor y escritor, el escenario es el lugar de transmitir todos los sentimientos humanos, el dolor y la felicidad, y considera que aunque la tecnología ha avanzado a pasos agigantados "el corazón del Hombre no cambia nunca". Es por ello que su mítico personaje Bip, creado en 1947, es totalmente actual, no es preciso modificar un ápice de su mensaje en ningún momento porque los sentimientos que lo mueven ahora son los mismos que lo inspiraron en su momento, una figura influenciada por Charlie Chaplín. Marcel Marceau afirmó que el hombre avanza y retrocede constantemente, y que el teatro, en particular, y el arte, en general, prevalece sobre todo ello: "el arte es una expresión universal que no tiene idioma".

Este es un homenaje brevísimo al ser espectacular que convivió entre el silencio y la sonrisa. Hace un año, el 23 de setiembre del 2007, Marcel Marceau murió en Paris a los 84 años