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Creencias y la profecía de las nuevas emociones




“Si una tecnología entra, ya sea desde dentro o desde fuera,
en una cultura y da nuevo énfasis o ascendencia a uno u
otro de nuestros sentidos, el equilibrio o proporción queda
alterado. Ya no sentimos igual, ni nuestros ojos, oídos y demás
sentidos permanecen igual.”
Marshall McLuhan – La Galaxia Gutenberg

Resulta tan excelso como raro (como decía el buen Spinoza) encontrar un entendimiento dentro del cambio cultutal de nuestra realidad moderna, encontrar dentro del follaje y el rameado psicosocial factores y fenómenos afectivos que no se encuentren vinculados a las ideas o a las creencias individuales y/o colectivas. Preguntarnos acerca de los efectos ocasionados por los cambios sociales es positivo e integrador: preguntarnos sobre el por qué de estos cambios es aun mas ilustre e integrador. Ahora está la cuestión, ¿Cómo analizar estos fenómenos afectivos o mejor aun, como explicarlos? La tradición psicológica nos devela dos pensamientos muy vinculados y a la vez desvinculados a las emociones; ambas se unen, ambas son indiferentes.

El primero de estos pensamientos, y cronológicamente iniciador del estudio de la naturaleza humana, fue representado por David Hume, filosofo escocés. A los 26 años de edad, Hume publicaría su “Tratado de la naturaleza humana” libro poco bien recibido por la crítica erudita. Ahora bien, ¿Qué sucede con Hume?, ¿Porqué tan importante? Bien, el filósofo fue uno de los que se abocaron al estudio de las ideas y los sentidos en una época donde predominaba pregonar Verdades inmutables y alabar a la vocinglera filosofía racionalista. Lo interesante en Hume es una idea que me gustaría señalar; el filósofo creía que existía una interrelación entre ideas e impresiones, llamando ideas a los recuerdos reclutados de experiencias humanas, e impresiones a las experiencias mismas (ejm. Ayer me fui al zoológico; idea: el recuerdo del león / impresión: el momento exacto cuando lo vi). El cerebro humano es un almacén de ideas que –según Hume- se asocian durante otros procesos humanos como el sueño. ¿Suena familiar? Si, suena a Sigmund Freud. ¿Qué dice el padre del psicoanálisis con respecto a esto? Freud sigue una larga tradición que divide la razón de la pasión así como se divide la mente y el cuerpo. Freud creía, al igual que Hume, que existían ideas que eran el reflejo de impresiones, pero que estas ideas se encontraban divididas entre el yo y el ello, entre el lado consciente y el respectivo inconsciente. Las emociones –según el psicoanálisis- son efectos de ideas claras o reprimidas. Freud aseguraba: si se encuentra emoción como efecto, entonces se puede asegurar que existe una idea o creencia que la alimenta, esta idea puede estar refugiada o en la clara consciencia o en la negrura del inconsciente.

Todo muy bonito hasta aquí, ahora, ambos pensadores (Freud y Hume) aportan un análisis muy claro, sin embargo ambos son descuidados en el tema de las emociones. Uno –Hume- por un lado sugería someterse a la tranquilidad de pintar un cuadro para ahogar una pasión poderosa, otro –Freud- se dedicó tan poco a las emociones como se dedica un semiólogo a la ética. Sin embargo, el fenómeno queda bien planteado por ahora: las emociones son el efecto de una creencia. Ahora bien, ¿podemos sugerir que, al igual que el individuo tiene creencias, existen creencias colectivas que nos vinculan según la cultura a la que pertenecemos a emociones determinadas? o, para ser más brioso, ¿existen creencias correspondientes que estriban en los cambios culturales mundiales? Hagamos una lluvia de ideas, señalemos algunas creencias culturales: creencia griega del héroe como sujeto redentor, creencia egipcia de la vida más allá de la muerte, creencia maya del sacrificio, creencia racista del nazismo, creencia democrática del capitalismo, creencia del honor de la cultura oriental, creencia de la inmediatez en nuestra cultura virtual. Estas ideas o creencias de alguna u otra manera, tarde o temprano, advertida o inadvertidamente, despiden el hedor de una pasión incolora, de una emoción detectada; cada creencia señala una emoción, una pasión, un padecer (pathos), o una vivificación de la potencia de obrar.

Ahora, lean el epígrafe a este artículo: el señor Mcluhan, ávido visionario, nos sugiere una propuesta muy interesante. ¿Es posible afirmar que cada cultura o cambio cultural (de los tres reconocidos) posee una creencia y por tanto despide una emoción colectiva? ¿La edad tribual, la edad platónica y la edad sensible –nuestra edad- han tenido sus propias creencias e ideas, y por tanto han forjado sus diferencias emocionales la una con la otra? ¿Si esto es así, como señala Mcluhan, podemos afirmar que cada cultura en la medida en que ha tenido su creencia e idea propia, ha limitado a sus sentidos, o –para hablar como Hume- a conspirado en contra de sus propias impresiones? Expliquemos un poco esta idea. Si hoy en día, en nuestra cultura sensible (cuya causa es la tecnología virtual), las impresiones de la realidad se refieren a una inmediatez que las personas demandan, a una heterogeneidad de pensamientos, a un aislamiento físico de la realidad, a una necesidad de subjetivar la opinión, entre otras, se puede afirmar sin temor a equivocación que estas impresiones generan una idea de la sociedad y de la misma cultura en el individuo, y que esta idea a su vez produce una emoción determinada en el mismo, entonces ¿estamos hablando de las mismas emociones de hace lustros o incuso de hace algunos años? Además, como dice McLuhan, ¿no estamos limitando a nuestros sentidos e impresiones cuando los enfocamos solo en medios determinados de la tecnología (TV, computadora, radio, etc.)? ¿y si limitadas, fuertemente desarrolladas? Luchamos con espadas como la edad tribual, reprimimos a las pasiones como la edad platónica, somos un hibrido único e indistinto de emociones, somos el resultado de algo nuevo y listo para ser analizado. Las emociones han cambiado, ¿listos para algo nuevo?

Inteligencia emocional, criticas y cultura sensible

Por: Eduardo Yalán
Fotografia: Claudia Villaseca
"Pero nadie puede hacer nada contra los sentimientos,
ahí están y escapan a cualquier censura.
Uno puede reprocharse tal acto, tal palabra pronunciada,
pero no puede reprocharse un sentimiento,
simplemente porque no tiene poder alguno sobre él."
Milan Kundera – La identidad

Hace poco inicie la lectura de un libro publicado el 2006; Inteligencia Social (Social Intelligence) segunda parte del libro Inteligencia Emocional, ¿el autor? David Goleman. “Un libro revolucionario” tacha la portada y socarronamente titula mas abajo: “La nueva ciencia para mejorar las relaciones humanas”, así como esos libros de autoayuda. Pues bien quisiera acometer blandas criticas hacia estos libros que, no cabe duda, son el arma ha blandir en el imaginario popular y que sirven para la justificación de muchos fenómenos emocionales.

No le quito merito a Goleman, trató a la inteligencia emocional como una ciencia vulgarizada para que cada ser pueda acceder a ella, eso es bueno. Y es bueno porque nuestra tecnosfera exige a nuestra sociosfera un replanteamiento sensorial y afectivo, era necesario vulgarizar la pseudo-ciencia de las emociones para satisfacer no el deseo, sino la necesidad de las personas de nuestra actual cultura por entender sus emociones. El éxito del libro se debe a esto, la teoría aterrizó en una cultura perfecta y compatible con este tema, las personas necesitaban entender lo que durante lustros fue prohibido comprender.

Pero pese a este logro, la inteligencia emocional asienta sus fundamentos en terrenos fútiles, pantanosos, sintiéndose a cada momento de su lectura como las palabras están tambaleándose en un umbral cultural; entre lo platónico (racional-cultura antecedente) y una cultura sensible (emotiva-cultura actual), indefinible. Por ejemplo, “controlar las emociones para generar empatía con los demás” o “cuando sientas una emoción negativa adecua a las facciones de tu rostro, ya que como sabemos lo corporal externo determina a lo emocional interno”. Ahora, ¿Que pretensiones tenemos nosotros, el vulgo consumista, para reprimir nuestras emociones únicamente para generar empatía? Algunos estudiosos de nuestra cómica tecnosfera insinúan que al poseer rasgos de una cultura oral, nuestra necesidad de “llevar la fiesta en paz” (empatía) es latente. De aquí que en relaciones amorosas nos esmeremos en el romanticismo eterno o que por ejemplo a pesar de ya no ser cristianos, persistimos en la idea de un Dios que nos eternizara la vida. Sin embargo, nuestra empatía es diferente, si bien tenemos características orales, también las tenemos escríbales, siendo un hibrido nuevo de cultura: ahora nos escondemos bajo el internet para acabar las relaciones amorosas, ahora no dudamos en enojarnos hasta con nuestro jefe, ahora, quizá, tengamos mas disposición que antes para explotar afectivamente: somos un hibrido de pesimismo y de esperanza.

La inteligencia emocional y social es un buen comienzo para vulgarizar la ciencia afectiva (psicología) sin embargo esto no subsana el error de analizar a las emociones humanas aun desde perspectivas de culturas pasadas. La empatía es una solución de la “old school” psicológica, si se quiere decir así, es una perspectiva reactiva, temerosa y aislada; dejar para que otro sea. La inteligencia emocional incita una represión subrepticia, a pesar que el autor diga lo contrario (y sínicamente lo dice como un obiter dictum). Lo que ha hecho la inteligencia emocional es hacernos dispuestos a dar la otra mejilla cuando nuestra cultura propensa lo contrario, es inocularnos de autocontrol cuando nos motiva lo dionisiaco, es continuar llamando “malo” a la tristeza y al odio y “bueno” al amor y a la alegría cuando no “sabemos definir lo que sentimos”, no sintamos nunca desprecio por nuestras emociones, porque lo hacemos cuando decimos: “me porte mal con respecto a…” o “antes de actuar debo pensar” o “controla tu físico para controlar tu emoción” o “explico la acción biológica de la emoción y salto en un pie por este descubrimiento” o la zalamera: “tranquilízate”, debemos de amar y aprender a amar a las emociones, debemos de comprender al sistema emotivo y no vulgarizarlo con percepciones pasadas, debemos..¿Quien debe? Los educadores deben, los psicólogos, ellos son los agentes educadores ahora, estén dispuestos a enseñar y estudiar el cambio.

Como dice Spinoza: “la naturaleza de cada pasión debe ser explicada necesariamente de tal modo que resulte expresada la naturaleza del objeto por el que somos afectados” (Parte tercera. Ética demostrada según el orden geométrico) La tecnósfera (ese objeto por el que somos afectados) explica a nuestra cultura (a nuestros afectos) si sabemos que la tecnosfera ha cambiado conforme la historia, y sabemos que las emociones son culturales, entonces, es necesario replantear nuestra psicología de las emociones, nuestros conceptos mas básicos como el de la inteligencia emocional, el cambio ya se dió, ahora analicémoslo.

El Mundo de los Sentidos


Por: Eduardo Yalán

“Lo que la cultura hace, pues es extraer
nuestra común humanidad de nuestra
individualidad políticamente sectaria liberando al
espíritu del mundo de los sentidos,
arrebatando lo imperecedero a lo contingente
y obteniendo unidad de la diversidad.”

Terry Eagleton - “La idea de Cultura”

Madurar una idea denota tiempo y paciencia, denota cariño y también mucho odio. Este sentido es el que me conduce a un análisis de una realidad compartida, un análisis que desea madurez y necesita paciencia y, a pesar de la terrible negligencia acaecida por la cultura antecedente, necesita de mucha critica. Refiero aquí el tema que siempre discuto con todos mis amigos: El Mundo de los Sentidos. Deseo tan solo ahondar un poco mas en este análisis cultural, y de paso, explicar (con esperanzas de una retroalimentación) esta mal llamada “teoría” sensible.

Pues bien, todos poseemos emociones, nos pertenecen como la vida le pertenece a la muerte (y viceversa), y no dejamos de admirarlas (en el caso del amor) como de aborrecerlas (tristeza). Sin embargo, si observamos un poco, encontramos mucha valoración en nuestras emociones; las tildamos de “malas”, las etiquetamos de “buenas”, las llamamos repulsivas, entre otras denominaciones. Lo que se sostiene pues es que estas etiquetas axiológicas no son introducidas por nosotros, sino por causa de un ente exógeno; por la cultura. Las emociones (como decía Lutz) pueden entenderse como fuerzas que nombran, justifican y persuaden de un logro social más que individual: un producto emergente de la vida social. Asimismo, muy aparte de esta acotación, es necesario saber también que las culturas complejas han mutado a paso veloz es decir, las culturas han venido desarrollándose conjunto con el hombre, esto debido a que su tecnósfera cambió constantemente (ejemplos claros son la palabra hablada, la escritura y la tecnología informática) Ahora bien, si reconocemos que tanto las valoraciones como las mismas emociones en si son propiedades culturales y que las culturas han cambiado a lo largo de la historia, podemos afirmar cientificamente que nuestras emociones no son las mismas que las emociones de las personas que vivían en culturas antecedentes. Es decir, al cambiar las culturas cambiaron las emociones, afectos, pasiones y demás conceptualizaciones referidas al sentimiento y percepción humana.

Fijémonos bien, nuestro amor propio actual (emoción característica de nuestra cultura según Elena Pulcini), no es igual ni al narcicismo freudiano ni al amor a si mismo de sociedades orales. Tampoco nuestra ira o cólera modernas son comparables a la ira/cólera de la ilustración o al “Cholos” o “memis” griegos. El punto es que se esta interpretando (en el lenguaje cotidiano) a las emociones de manera inadecuada, se esta cometiendo una negligencia emocional en la que se ve implicada no solo la represión de los afectos y pasiones, sino que funciona tambien como coerción en el “Yo” y el “”: el humano en si y para si. Esto es, el comportamiento humano se encuentra mal analizado, no solo por las personas acientíficas, sino también por los mismos hombres de ciencia, como los psicólogos, principales estudiosos de las emociones. Sin embargo, nace una oportunidad para comprender el fenómeno emocional gracias al estudio de otras ciencias aparentemente desentendidas de la psicología. Partiendo de Alvin Tofler y de estudios semiológicos diversos, se puede trifurcar a los cambios históricos sin temor a dudas de acuerdo al plano psicológico: Edad tribual, Edad platónica y Edad Sensible o “Mundo de los Sentidos” se convierten entonces en punto de partida para el análisis de las emociones.

Existe con todo esto un desconocimiento de nosotros mismos y de nuestro ambiente social, de las características que posee este mundo de los sentidos, y del comportamiento humano moderno. Se desconoce la presencia de un cartesianismo afectivo inconciente, de dialécticas negligentes, de la muerte de la religión, de la libre percepción, del cambio de los signos, del sentido nuevo de la realidad, de la incompetencia de la llamada “inteligencia emocional”, del etiquetar a las emociones como “buenas” o “malas”…de la muerte de Dios como emoción inmensurable y exclusiva del hombre, y el nacimiento de los dioses dormidos, dioses heterogéneos, dioses de verdad. Toda esta idea madura mientras el pre-texto se torna más misterioso y a la vez más provocativo: "(…)mala suerte para ellos, porque el mundo cambiará...y cambiará pues”

Stuprum: Cristianismo y Sexualidad (1era acotación)

Por: Eduardo Yalán

"La muerte es el término espantoso del sol.
El contrato que debe terminar.
Costumbres de propietario."
-Cesar Moro- 19 de marzo de 1953
Últimos poemas
La vida es una propiedad de la muerte, quiéranlo o no somos propiedad de la negrura que acaricia la “no existencia”. La vida del hombre es un cambio continuo, una pendiente descaradamente terca. ¡Si, el hombre es un ser cambiante!, todo lo que él produce estará casi biológicamente inoculado de un esperma de cambio, listo para fecundar en el ambiente preciso, listo para salir a la luz y gritar como neonato condenado, listo, en el momento menos esperado. Ustedes me dirán que lo referido es tan obvio y conocido que no hace falta remarcarlo, sin embargo, me abocare a un tema en particular, un tema que refiere el rechazo del cambio y su no asimilación: La sexualidad y el Cristianismo.
Delimitemos el problema, el cristianismo es el jurista de la sexualidad, al parecer lo ha sido (y lo es), sin embargo, obviamente esto no siempre fue así. Antes de la instauración del cristianismo en occidente, mas o menos en el siglo III d.C., el imperio romano tenía una visión sexual absolutamente liberal sobre las tendencias sexuales de la persona. La tolerancia sexual del romano era tal que en el 342 d.C. los matrimonios entre homosexuales eran totalmente permitidos y estaban incluso dentro de la conducta estimada de un buen romano. Recuerdo también que la lectura de Plutarco, datada un poco antes de estas fechas, destila un mensaje homosexual absolutamente permitido por los agentes culturales de ese entonces, estamos hablando, entonces, de tolerancia sexual tanto homosexual como heterosexual en una cultura avanzada que perfilaba una gran tecnología para su época.
Sin embargo, llegó la religión de Pablito de Tarso; el cristianismo. Se instauro el Stuprum (desfloración), asignación que los juristas cristianos utilizaban para designar una conducta sexual indecorosa. Las lupercales (fiestas de fertilidad) fueron remplazadas por el cochino “El día de san Valentín” (días de moderación conductual de la fertilizad), los matrimonios “gays” se censuraron terminalmente, repetían todos: “corruptum vitiis sodomitis”. El discurso del buen cristiano degenero la civilización romana, toda la tecnología romana fue diluida a una organización social y desarrollo cultural primitivo.
Este stuprum y otras inepcias puristas heredadas por años, nos han hecho un mal terrorífico en el imaginario, aun creemos que algunas conductas sexuales son malas y otras buenas, y en base a eso condenamos: “no la mujer no puede estar haciendo eso o aquello”, “no los gays son repulsivos”. Pero veamos a la nueva iglesia y resaltemos como utiliza la sexualidad de ornamento, de anzuelo, reclutando jóvenes aprovechándose de su necesidad de sociabilizar y conocerse y copular ¡que uso de la sexualidad más hueco! Partiendo de lo dicho quisiera hacer una digresión, ¿se han dado cuenta como es la relación entre Jesús y las mujeres? (mas adictas a la religión que los hombres) me he dado cuenta que utilizan palabras como: “mi papacito, mi rey, mi churro” y demás adjetivos estéticos/sexuales. Estoy más que seguro que el rostro occidentalizado de Jesús no es usado por los cristianos de manera superflua, sino compleja, como un señuelo para llamar al sexo femenino; a las viejas moralistas que curiosamente sexo es lo que más desean.
Cerramos este paréntesis y finalmente mencionemos una reciente noticia. la nueva que directamente ha escandalizado a la Iglesia pero de la cual no se ha pronunciado aun con magnitud, es el “pecado” de Fernando Lugo, presidente y ex obispo de Paraguay que formalizó su enrolamiento en las filas de la paternidad, manifestando haber engendrado un niño mientras su cargo de obispo aun estaba activo. Ahora, la iglesia, ¿qué hizo al respecto? La madre Iglesia Reaccionó de manera condenatoria pero no resaltante, no trascendió en lo más mínimo su opinión en los medios masivos, entonces que nos dice esto, ¿es la iglesia la misma jurista de años romanos, o es que acaso el cambio cultural/mundial esta obligando a la iglesia a desvanecer paulatinamente como agente educador? El cambio vive en los jóvenes y son ellos los que están matando (o, para usar eufemismos, desvaneciendo) al cristianismo, absolutamente ninguno es un cristiano a lo Pablo de tarso, no, los jovenes prefieren los sentimientos y emociones de un Francisco de Asís (el santo del mundo de los sentidos) antes de conocer y respaldar los fundamentos de Pablito…Chau Iglesia, firma: “El Mundo de los Sentidos”.

¡Si Google lo dice!: aproximación a los afectos en el “no-ser”

Por: Eduardo Yalán

Hace poco leí una noticia que me hizo sonreír mucho, el titulo de esta noticia fue “Perú es el país más amoroso en Internet, según Google” La noticia hacia hincapié en la búsqueda golosa a través de Google que los latinoamericanos tenían con respecto a temas como el sexo, muerte o temas relacionados a los afectos, entre otros. Por un lado, los mexicanos, ecuatorianos y peruanos se indignaban con casos tan ridículos como “la culpa la tiene Coldplay y su último disco, -Viva la vida-“o sino “el fallecimiento del hijo de John Travolta” que curiosamente hizo a la gente interesarse por la palabra “muerte” en Google. El caso es que esta búsqueda de conceptos como “amor” (love) “odio” (hate) o “muerte” (death) esta latente en el mundo cibernético, en la tecnología moderna. Pero aun más importante es darnos cuenta de una cosa no tan obvia, la apariencia (es decir todos los hechos superficiales de la realidad) posee una determinación tal, con respecto a las personas, que de alguna manera es la potencial determinante de la reformulación de los conceptos comunes como “amor, “odio” o “muerte” que creíamos innecesarios.

Estoy seguro que más de un peruano siguió la novela de amor “Gisela-Carmona” o la del “Puma” Carranza y su esposa, pues bien, la desfachatez de estas historias tan poco sustanciales (según el intelecto) para nuestra vida racional y afectiva insospechadamente determina nuestra vida diaria. Se creía que la reacción que tenemos con temas aparentes es una manera de desenfocarnos de nuestros sentimientos para adoptar prescriptivamente otros, impuestos por los medios. Pero, para aclarar esto, resucitemos a Hegel un instante y escuchémoslo decir: “llamamos apariencia al ser que es en él mismo, de modo inmediato, un no-ser”. Analicemos ahora, ¿nuestro “no ser” es una manera fija hacia el desconocimiento de nosotros mismos? NO, lo que sucede en nuestra cultura moderna es abruptamente diferente, ya que este “no-ser”, esta apariencia, es la que, de una manera extraña, nos dirige al “ser”. Si pensábamos que la apariencia y esta estupidez era inservible e insustancial para nuestra vida altamente “distinguida”, pues nos equivocamos; curiosamente es esta apariencia, este “no-ser”, el que nos hace formular acerca de nuestro “ser”, de nuestra vida propia. Entonces, si no solo nos interesamos por hechos tan poco trascendentes sino que reformulamos nuestra propia vida afectiva o racional a través de ellos, preguntemos ¿son estas reformulaciones un ansia propia por saber de nosotros o es la apariencia y sus hechos la que inconscientemente nos enrumba a esta reformulación? Ambas son dos opciones alentadoras para el campo de la psicología moderna, ya que existe en ambas el tema central: el interés por la vida afectiva, el interés por nuestro “ser”.

La estupidez que vemos en la televisión de espectáculos, la pelea del vecino que antes no nos interesaba, el amorío de uno de tus amigos, la esposa del puma Carranza o la muerte de el hijo de John Travolta, repentinamente nos afecta, nos hace padecer la inseguridad y/o la seguridad de sentimientos adormilados, estos hechos estúpidos nos hacen preguntar cual niños chimuelos, como se encuentra nuestra salud, amor, odio, o vida diaria. De alguna manera la estupidez (ojo no confundir estupidez con imbecilidad) ha puesto en el camino de la motivación pagana a los afectos y sensaciones, de alguna manera la tecnología ha motivado nuestra percepción y a su vez a nuestra sensación, (la publicidad sabe muy bien de eso). Nuestro interés por los afectos es latente, el mundo sensible ya esta con nosotros, se puede palpar y degustar diariamente, nuestra estupidez, nuestra vergonzosa estupidez (como dice el pseudo erudito) ha dejado en pañales a los conspicuos doctos, la gran masa sale a la escena psicológica, la gran masa con su aparente “estupidez” descifra la nueva psicología de los afectos: el mundo de los sentidos.

Los dejo con un video hecho por mi amigo Flavio Fernandini, esto aclarará mucho nuestra percepción con respecto al ambiente sensible en el que estamos.


Pudor y poesía: excavando en el mundo de los sentidos.

Por: Eduardo Yalan

¿Se han preguntado cuantos blogs comparten una misma temática?, ¿cuantos vivencias tuyas son conocidas por la mayoría de tus amigos? ¿Cuantos poetas indiferentes a la lectura han comenzado a exponer sus cuartetos oscuros a la luz del mundo, generalmente virtual? Retomé hace poco la lectura de Nietzsche, mirando algunos pasos que deje en anterioridad, me llamo la atención una reflexión acerca de la poesía que el filósofo hacia: “Los poetas carecen de pudor con respecto a sus vivencias: las explotan” (af. 161. MABM) Inmediatamente me vino a la mente esa imagen de nuestra cultura moderna, todos comunicando sus emociones y vivencias sin ningún aparente pudor. He leído cosas tan personales y tan subjetivas en blogs tan públicos y comunicables, experiencias embadurnadas de poesía amateur, esa poesía tan limpia, emotiva y cruda; explotada.

¿Que nos indica que exista tan basta cantidad de personas que quieran comunicar sus emociones a través de la comunicación generalmente virtual? Ya sea en los correos (guardados como “borrador” o quizá “enviados” a la persona que deseamos) o en los blogs, la intensión de querer comunicar nuestras emociones mas subjetivas sin ningún pudor nos convierte en los nuevos poetas de la edad moderna. Hacer comunicable mediante imágenes o símbolos casi surrealistas nuestra gama de fenómenos afectivos nos da una cierta confianza, como una cura hablada en donde el psicoterapeuta es una cantidad inimaginable de internautas. Queremos evitar la tensión que origina nuestro afecto en nosotros, queremos que la poesía o la crónica poética sea una manera para consolar o expresar las emociones, sentirnos seguros. Esa necesidad por comunicar y sentirse a la vez insaciable por no ser escuchado es el motor de nuestra vida cotidiana, esta expresión virtual es solo una cascara de lo que ocurre: la mayor reacción ante los objetos nos hace personas más sensibles, con ello, más reactivas a los afectos.

Uno lee en los blogs temas tan poco existenciales, tan poco substanciales, tan irrelevantes, tan insignificantes, sin embargo, son estos problemas subjetivos los que dan la esencia en nuestra cultura moderna, son las emociones las que se convierten en nuestra comida rápida de cada día. Es admisible por tanto diferenciar a las personas como poetas que buscan contar las emociones que las subyugan o las hacen padecer, el mundo de los sentidos esta cerca, dicen que la tierra durará hasta el 2012, y las personas reaccionan emotivamente ante esto, dicen que los animales no se deben de comer, y las personas reaccionan ante esto, dicen que el amor no es correspondido, y las personas matan por esto. El pudor esta muriendo junto con la moral de antaño ¡BIENVENIDOS AL MUNDO DE LOS SENTIDOS!

Crónica de amor y la soledad


Por: Eduardo Yalán


Bueno, anestesiemos por un momento los lunes de filosofía rebuscada para muchos “inútil”, para que me permitan adentraré en un tema que me ha dado mucho que pensar estos últimos días, otra vez hablaré de un sentimiento que me parece totalmente “comercialón”; otra vez tocaré el tema del amor. Sentimiento jodido este el del amor, una muy buena amiga me lo describía como una enfermedad biológicamente peligrosa, y le doy la razón. Le doy razón porque ya no estamos en el colegio de razonamientos estériles, ¡por favor!, ya hemos crecido como para que nos digan que el amor es solo algo biológico o una respuesta de la oxitocina. Y digo que ya hemos crecido porque ¿de que vale que sepamos las ramas racionales/biológicas del amor? La verdad que preguntas como ésta solo contentan al más inseguro. Aquella persona que sufre un “mal de amor” y que se contenta con descifrar las causas lógicas de su “enfermedad” emocional es una persona que le teme a lo incompleto, a la nada, quiere que todo sea hermoso y que el hombre viva…. ¡pensamiento más cartesiano! Esa persona quiere estar atada a la seguridad máxima del mundo.

Por otro lado, una persona que es abandonada siente que le llevan un pedazo del alma que se arranca sin piedad (como bien dice la canción de Bebo y Cigala) se siente inseguro y solo en un mundo no conocido; el máximo pecado del hombre es ser gregario. Nos hartamos con la reflexión poética de nuestro amor desahuciado, queremos solucionar el problema con el objeto amado tratando forzosamente de arreglar las cosas con este pero no toleramos esos momentos de jolgorio emocional en la plena soledad. Les contamos a los amigos, a los parientes a los menos amigos, para que nos aguanten en nuestra descomposición interna, pero en realidad queremos no sentirnos solos. Soporten un minuto en su cuarto sin querer “arreglar las cosas” soporten y aguanten ¿no es horrible esa sensación? Ese dolor en el pecho desenfrenado, esa asma de remordimiento flameando en el pecho, ese calor interno desesperante. Pues ese es el momento en el que debemos de conocernos, no hablo de filosofar ni de agarrar un libro, sino de bucear en el lodo de nuestras emociones, insistir en descargar todo lo sentido y desembarcarlo en el puerto de la fetidez. ¡Que excelente manera de conocernos! No permitan ningun concejo racional: "si te ama debe actuar asi o asa", "si ella te ama entonces pata ti pata ta..." El amor es una enfermedad, pero también es una vedette, una mierda de dos patas, una obsesión, un neurotismo latente, una atracción… ¡que bello es el amor subjetivo! ese amor poético, que sería del amor sin esa cuota poética. Sin duda el amor esta conceptualizado, comercializado, pero al fin de cuentas poético, nunca se dejará de hablar del amor en la medida que esta cuota poetica/subjetiva exista y nos alimente.

Sin embargo, la vida no es amor, ni el amor mueve a la vida como lo dice mi estimado Jesús, el odio también es hermoso, la cólera, la ira repentina, y cada emoción es buena….ahora pregúntense…. ¿porque el amor es la vedette de las emociones? Siendo el amor una emoción gregaria, su reputación se basa en que las religiones la utilizan para mover a las grandes masas, pero aprendamos a admirar también al amor no-gregario esa flama que quema desesperadamente dentro nuestro, el amor solitario.

El velo de maya y la conciencia de lo que aparece



Por: Eduardo Yalán
Cuadro en oleo: Renzo Alva








Cuenta la historia que hace mucho había un ridículo sabio hindú llamado Sándaka, que afirmaba que la realidad estaba compuesta por hechos ilusorios creados por la ignorancia, a esto el pseudo sabio lo llamo “Maya”. Claro que Sándaka era más ignorante que todo lo que decía pero esta teoría de Maya en particular atrajo la atención a muchos filósofos entre ellos a uno muy rezongón: Arthur Schopenhauer. Cuando en el libro primero de su obra -“El Mundo Como Voluntad y Representación”- Schopenhauer habla acerca del “velo de maya”, este se refiere a que los sentidos son los que hacen a la representación, característica principal de la realidad. Todo lo que percibimos –decía- se nos aparece como conocimiento único, como dadiva apolínea; Schopenhauer insistía en que la vida y el sueño estaban íntimamente asociadas, el sueño era una ilusión de la realidad (“la vida y los ensueños son páginas de un mismo libro” –decía-) y solo el entendimiento podría soltarnos de las cadenas de la realidad aparente, del mirar sombras en la caverna.

Hoy en día tenemos también una realidad aparente, pensemos en las cosas que la sociedad hace en que nos interesemos: la moda, el trabajo, el respeto social, las jergas, la mejor pareja, la mejor ropa; todo esto es la apariencia, una ilusión soñolienta causada por dejarnos llevar por las percepciones. Se ha tratado de llamar a los hombres y al fenómeno aparente de muchas maneras; así pues filósofos como Baruch Spinoza llamaban “vulgo ignorante” a aquellas personas que intervenían en el movimiento de masas altamente alienante. Así también Marx y sus secuaces buscaron en el capital y en el degustar periódicamente de la mercancía novedosa y de las exigencias del mercado, la explicación de la estupidez del hombre/mercancía. Nietzsche, por otro lado, los reconocía como el gran rebaño, aquella masa de corderos con una mentalidad reducida. También Heidegger llamaba a aquella pueril diligencia de economizar el pensamiento y a la actividad crítica como “vivir en estado de interpretado”, toda una portentosa expresión. Por último, el educador y pensador brasilero Paulo Freire consideraba, en su célebre Pedagogía del Oprimido, que el elemento básico en la mediación opresores/oprimidos es la prescripción, es decir, una imposición de una conciencia a otra; esto da paso a lo que se puede llamar hoy en día como apariencia; el individuo no es lo que el dice de sí mismo (el ser), sino lo que dicen de él (el no ser). Hay que estar de acuerdo que la razón es una anomalía y la estupidez la base de nuestra especie humana, pero el que entiende de ambas comprenderá que no se podría vivir solo con una.

Ahora bien, ¿Cómo creemos, con todo lo dicho, que se maneja la apariencia? tomando en cuenta que en nuestra actual cultura existe una mayor exigencia de los sentidos, percepciones y afectos. Si la tecnología ha hecho que nuestros sentidos sean involucrados haciendo que seamos más propensos a utilizarlos (quizá comparable a culturas tribales) ¿esto no afectaría entonces a la “conciencia de maya”, a la realidad aparente? ¿No seriamos más ignorantes o creeríamos en el sueño como si fuese una realidad hoy más que nunca? ¿No nos costaría acaso pensar en una vida sin el sueño: sin los lujos, modas, “agarres”, discotecas, computadoras, etc? ¿Donde creen que se origina el racismo, no es acaso en la ignorancia de los atavismos de la apariencia? Si los tan sensibles ancestros tribales creían en dioses, hoy, con lo igual de sensibles que somos, creemos en otros dioses que, igual que los anteriores, nos esclavizan. La apariencia no solo es una fuente de males de hoy, sino también una segregación de semen de culturas pasadas que se resisten a morir, de allí que el machismo, la moralidad, el cristianismo entre otros, existan.
¿Qué podemos hacer para trascender el umbral entre el sueño y el no sueño? Nosce te ipsum, ¡Conócete a ti mismo!, con esa certeza se pueden bifurcar los mares, no hay necesidad de abrir ningún libro de ciencia o filosofía, unicamente el libro del alma nuestra. Asi como no es posible y saludable evitar el sueño (la tecnología, la moda, la discoteca…etc), tampoco es saludable negar al entendimiento (conocernos a nosotros mismos, entender a la realidad, saber que elegir y que no, que es del vulgo y que de nosotros), ¡te reto a ti señor negador a integrar los sentidos con la razón: la estupidez y la erudición! ¡Te reto!

¡Comedia en la cultura!: entendimiento de sentimientos destructivos



Por: Eduardo Yalán
Escultura: Flavio Fernandini




Antes de nada, deseo abrir este breve texto con una magnifica expresión de Marx que recogí de la introducción al libro de Hegel “Filosofa del Derecho”, decía el joven Marx: “La última fase de una forma histórica mundial es su comedia.” Esta frase auque rara me trajo muchas acotaciones para tener presente. ¿A que se podrá referir Marx?, ¿comedia? Tal vez suena raro, pero esa frase esta más presente en nuestra cultura que en los años rojos de Marx. Con “fin cómico” de nuestra historia podemos referirnos a la forma risible y bufonesca en que la seria y prolija historia ha ido a parar. Porque es de locos no afirmar que este estadio histórico no puede ser llamado perfectamente “cómico”, este desenlace de la madre historia; a pesar de sus grandes conocimientos, acontecimientos y sabidurías suscitadas hasta mediados del siglo XX, la historia ha desembocado como río puro en un fango fastuoso de estupidez. ¡Donde ha ido a parar la grandiosa sabiduría! Sin duda es una de las más grandes comedias esta la de nuestra cultura, ¡que gran teatro aristofánico se puede levantar a escena con este insólito guión!

“¿Estupidez?” –Se puede preguntar el hombre moderno- “¿Como que estupidez?” No le parecen acaso una gran estupidez que después de tantos años de dominio de la razón en las motivaciones cotidianas y de domesticación de las emociones, imperen hoy en día (y contra todo pronostico) la forma más natural (o “básica”) de motivaciones emocionales. ¿Ejemplos? A principios de los 90 el psicólogo Daniel Goleman público el código de todo joven moderado: inteligencia emocional. El libro era un manual de cómo las emociones eran importantes pero debían de ser moderadas para el bien social del hombre. Es decir –Según Goleman- un hombre no le pega a otro hombre con el cual ha discutido por un fin complejo llamado “empatía”. Es decir, porque moralmente el hombre cree que esta mal el pegar y más si el ambiente esta cargado de moralidad y atavismos paparruchentos. ¿Donde esta la estupidez acá? Lo estupido es que Goleman escribió un libro que quería referirse a las emociones desde una perspectiva racional, y peor aun, cuyos lectores eran personas más expuestas a demostrar sus emociones a comparación de culturas anteriores. Que cómico es ver a alguien querer aferrarse a técnicas obsoletas para controlar todo un mundo nuevo de emociones, ¡y lo mas cómico es que estas escuelas cartesianas de control emocional se dirigen a los jóvenes, los maestros de la afección! Sino que es todo ese best seller “El Secreto” que aun saca esas normativas sobre las emociones, apreciaciones tan necias y tercas como las de un cristiano coqueado.

¿Porque no dejamos a la comedia fluir? Admitamos a los afectos, ¿porque un hombre no puede liberar energía emocional en una pelea? ¿Porque una mujer/hombre no debe tener misericordia? Los psicólogos dicen que los adolescentes somos rebeldes/violentos en mayor o menor grado según como nos hayamos separado de los agentes educadores (padres/madres), pregunto ¿Cómo creen que nos separamos en nuestra cultura de estos agentes, de forma violenta o de forma alegre y moderada? La violencia y el conflicto surge en nosotros cuando las enseñanzas morales de nuestros abuelos y padres se enfrentan al querer emocional nuestro: cuando estas frente a frente con el objeto odiado o amado una complejidad innecesaria de moral y remordimiento, de deber y no deber, surgen ¿porque ser misericordioso? ¿Porque sentir remordimiento? Un buen amigo me decía “lo que tu dices es muy básico” Pues sí, es realmente básico, pero esa forma “básica” no es respetada, la gente ha perdido la confianza por lo “básico”, es como persignarse tres veces antes de orinar o comer, es complejizar algo “básico”, y justo esa misma idea básica es la que nos resulta tan difícil de hacer por motivos complejos (remordimiento, impedimento moral, misericordia, etc.)

Que cómico se vuelve todo esto si nos enfocamos solamente en este aspecto de las emociones: Que cómico es ver a lo viejo y obsoleto ir en contra de la marea, y más cómico es ver a jóvenes que se creen el cuento de los viejos y terminan ahogados en fabulas de Esopo.

Residuo acumulado: la linealidad de la historia

Por: Eduardo Yalán

Se ha ahondado demasiado (un “demasiado” excesivo para mi gusto) en el trato cultural que le hemos dado a la historia, afirmar a la misma como un proceso dialectico y lineal quizá sea una solución poco exegética de la realidad. Hemos buscado una solución simple para un problema complejo tratando de hacer lógico un simple movimiento cultural. Bueno, les comento para des acumular residuos; varios autores de la escuela neo marxista/hegeliana afirman que la estructura histórica de las culturas tiene un código dialectico que hace a la historia completamente lógica y descifrable, es decir, Imaginan a la historia como una corriente que ha ido evolucionando por medio de la contradicción y la negación de culturas antecedentes. Por ejemplo, el comunismo evolucionó, según los dialecticos, en la democracia (en el ámbito político es donde el post-modernismo choca con el historicismo marxista) Los dialecticos afirman que el carácter lineal de la historia dice que el cambio del comunismo al capitalismo se debió a tópicos estrictamente basados en la contradicción (es decir debido a las contradicciones del comunismo es que surgió el capitalismo).

Estas personas solo nos dicen una cosa: que la historia apunta a un solo y mismo objetivo, que la historia es una totalidad de hechos, es una gran masa de caca que apunta al wáter. Sin embargo, esta idea, que aun rota cual residió acumulado de cenizas y polvo por nuestras calles, es totalmente improductiva. La historia esta completamente mal interpretada por los neo hegelianos (aunque sin el merito de llamarlos así) no es precisamente la historia una totalidad de hechos ocurridos, no es que las culturas se desarrollen de forma lineal con un fin incierto, no es que la cultura antecedente haya evolucionado en la cultura precedente, no.

A donde voy con todo esto. Hace pocos días escuche a una persona hablar acerca de la cultura post moderna (a la que llamo con cariño mundo de los sentidos) y de cómo esta, con todas sus características hasta ahora balbuceadas, había evolucionado. Decía que nuestra cultura era una evolución dialéctica de una cultura antecedente, llamada “cultura tradicional o cultura platónica” donde predominaba el ascetismo, la tradición y la era de la escribalidad (indirecta y directa). Esta persona hablaba indirectamente (casi inconscientemente) de nuestra cultura como algo superior y/o mejor a culturas pasadas, dando por hecho que la palabra “evolución” tiene una connotación léxica que inspira superioridad, felicidad y eternidad. Pero ni la cultura evoluciona, ni la historia es lineal, ni los fenómenos son dialecticos: el devenir de por sí no entiende de evoluciones o dialécticas tercas, sino de cambios desordenados y fragmentarios: se puede hablar entonces de un “fin de la historia” con la mayor libertad. Los cambios como la tecnología, la perspectiva de la realidad no son para nada evoluciones de una cultura pasada, son, por lo demás, cambios realizados a fenómenos heredados, ni mejores ni peores, simplemente cambios desordenados y ambiguos. De eso se trata todo esto, si hacemos dialéctica a la historia subrepticiamente (tal vez subrepticiamente obligatorio) estamos negando a las culturas antecedentes, lo cual es improductivo para el entendimiento de nuestra actual cultura. Por lo tanto, ni la democracia, ni la tecnología, ni toda nuestra riqueza cultural es superior o inferior a cualquier cultura pasada (y viceversa), y ni cada virtud de los grandes acontecimientos es lineal.

Moraleja: Al escuchar a un dialéctico pregúntate ¿a que le tiene miedo?


Dios y la belleza de lo incompleto

Por: Eduardo Yalán

“El todo vale mas que la suma de las partes” gran axioma que resume popularmente (es decir de forma común) la psicología de la Gestalt. Cuando escuché esta expresión recientemente se me vino instantáneamente a la mente un menjunje verbal cuya procedencia estaba en las inicuas teorías de Immanuel Kant, que felizmente aun conservo. Lo que a continuación diseccionare de las teorías de Kant (filósofo Alemán) inevitablemente siempre lo he usado como un arma para blandir aun más mi ateismo frente a incautos. Ahora bien, este artículo tiene la siguiente pregunta ¿Qué relación existe entre Kant, la psicología de la Gestalt y la creencia en Dios?

Hay una concepción kantiana que se ha popularizado mucho en la filosofía, para la morbosidad de este articulo (y por cuestiones de extensión) tomaremos aquí esta mención popular y la comentaremos: la particular idea kantiana de “la cosa en si” o ciencia del noúmeno. Kant afirmaba que existían “cosas” en el mundo que no podían ser cognoscibles por el hombre, es decir, el mundo como apariencia era totalmente real para el hombre, aparentemente cognoscible, sin embargo, Kant decia que las cosas en sí mismas no pueden ser conocidas, que el hombre no podía delimitar, unicamente con la mera percepción conciente, al mundo y a su sentido; de aquí Freud se basó para estudiar el inconciente. Concecuentemente con esto, José Pablo Feinmann (a quien detesto y aprecio) comentó, en su programa “Filosofía Aquí y ahora”, un cuento de un alumno suyo que transcribiré literalmente a continuación: “Hay un nieto, un muchacho de 19 a 20 años que vive con su abuela en una enorme casa. Esa casa, como es enorme, tiene muchas puertas. Pero la abuela le dijo al nieto, que puede abrir todas las puertas, menos una. Y él le dice:-¿Por qué?, pero no le dice el porqué la abuela. Entonces el nieto le pregunta:-¿Qué hay detrás de esa puerta?. No hay nada, dice la abuela. Al nieto, naturalmente, esto lo vuelve loco. Imagina que detrás de esa puerta hay una fortuna, un tesoro, aquello que me va a hacer emprender una vida nueva...Una y mil cosas se le ocurren. La abuela tiene la llave escondida en algún lugar de la casa. El nieto, en un determinado momento, agarra un cuchillo y la mata a la abuela y le pega, no digamos muchas, veinte, veinticinco puñaladas y empieza a buscar la llave para abrir esa puerta. Pasa tres días buscando la llave, la busca, la busca...Finalmente la consigue. Va, se dirige hacia la puerta. La abre...Y no hay nada. No hay nada. Y se vuelve loco.”

Excelente cuento comentado por Feinmann, describe con imágenes la teoría de “la cosa en si” Ahora bien, el ser humano responde a esta característica del nieto, siempre debe de haber algo en el mundo, todo debe de estar completo, las figuras, el sentido del mundo, las obras de arte, los sentimientos y lo peor de todo es que el ser humano completa estas “cosas” con sus propias experiencias (humanas), nos cuesta mucho pensar un mundo incompleto cuya explicación es incognoscible, ¡nos duele! Más aún ¡nos desespera! La Gestalt es la demostración de cómo las figuras deben y tienen que estar completas, la percepción totaliza al mundo, las partes o el proceso no son de interés para la percepción; hoy por hoy, nuestra cultura es una cultura de percepción, es la cultura de masas mediocres.

Ahora, ¿y Dios? Cuando pregunto a personas “¿crees en Dios?” ellas me contestan “no, en Dios no, creo en ALGO superior que nos ha creado” ¿pero acaso este ALGO, no es también una forma de alimentar nuestra desesperación por lo incompleto? Con esto se demuestra que Dios es la gula caprichosa de nuestra impaciencia, Dios es una Gestalt terca, una invención del hombre apasionado por los rompecabezas ¿y si le faltara a esos hombres una sola ficha de su mohoso rompecabezas? Esa demencia será digna de ver: un hombre demente por completar el mundo. Los hombres le hemos dado todo a Dios, la necesidad, la apariencia humana, el léxico humano, la voz humana, una esposa humana, un hijo humano, un sequito humano, un pueblo elegido humano, emociones humanas, TODO! Hemos completado este rompecabezas “divino” como hemos querido. Sin embargo, mientras que la percepción del esclavo completaba cada área del juego, la ciencia y la razón, cuales niños jodidos, robaban las piezas,y las hacían luz. Ahora bien dejo estas preguntas maliciosas para volver insano al cuerdo: ¿si hay NADA en el trono de Dios, entonces como podemos vivir siendo concientes de esta NADA? ¿como sobrellevamos a esa NADA? ¿que relacion tiene esto con nuestra cultura moderna ?

El hombre tecnológico vs. El hombre natural

Por: Eduardo Yalán

Hace poco el ex vicepresidente de Estados Unidos, Al Gore, alertó al mundo de una “catástrofe” que ocurriría a nivel mundial si es que el hombre no lo evitaba. Esta vez no eran los odiosos metaleros que su pudiente esposa censuraba hasta orgasmos de rabia, esta vez la mirada de Gore se focalizó en la naturaleza, en el hombre natural. “Una verdad incomoda” (2006/2008) documental acerca de el calentamiento del globo y sus efectos “nocivos” fue un éxito en taquilla y hasta le dió a Gore un premio novel de la paz ¡Que gran honor para un ex vicepresidente! La verdad es que este adefesiero documental es un efecto de nuestra transición cultural -otra vez con lo mismo dirán- el cambio de nuestra cultura pone a dos enemigos cuyos puestos de combate fueron augurados por las películas de ficción (Mundo acuático o the road warrior entre las que mas me gustan) me refiero a “el hombre tecnológico” y “el hombre natural”.

Veamos primero a Jean-Jacques Rousseau, un gran filósofo cuya inspiración estuvo en hombres como Platón o Aristóteles, este pensador se resistía a ser seducido por la expresión moderna, por la tecnología y los avatares de la historia. Decía que el progreso histórico solo había ayudado al hombre a cosechar mayor desgracia en su vida. Rousseau, esa gran araña chaposa, es el símbolo del pensamiento moderno, aun pensamos como Rousseau, su carnívoro historicismo vive aun en diferentes opiniones (especialmente ecológicas); si bien ya hemos tomado conciencia de este historicismo, aun no lo entendemos como fenómeno. La cultura y la tecnología han evolucionado, NO se puede decir que existe un “beneficio” o “maleficio” dentro de esta evolución cultural, sin embargo, aun se mira a este cambio con la vista de un coleccionista de antigüedades. Por ejemplo, es cierto que la tecnología ha hecho que las necesidades sean cada vez más insatisfechas, pero esto no quiere decir que se haya generado una mayor “desgracia” en la vida del hombre, como decía Rousseau. Los Rousseau modernos piensan que un hombre menos tecnológico y más natural es un hombre feliz, al menos Al Gore piensa así.

Se busca por todos los medios hacer que el hombre natural, es decir el hombre con necesidades primarias y fáciles de satisfacer, conviva con la naturaleza y que ambos se retroalimenten sin dominarse el uno al otro (lo cual es absurdo); la naturaleza, dicen, no debe de manipularse y por lo demás debe ser cuidada. La verdad no adjudico nada “malo” a esta opinión. Lo vergonzoso esta cuando se sugiere abolir al hombre tecnológico y al hombre económico (Homo Economicus) para satisfacer al hombre natural (Animalis Homo) –que dicho sea de paso es el hombre reliquia- ; por ejemplo, se sugiere que cese la operatividad de la industria eléctrica a niveles porcentuales bárbaros, (esto para evitar el deshielo de los polos), o también que se evite la industrialización, o que se controle la tecnología; es decir el hombre económico debe parar su interés por satisfacerse para volverse antiguo, volverse “natural”. Ahora bien, suponiendo que el hombre natural prospera frente a la tecnología, frente al hombre económico/tecnológico ¿a caso este retroceso se dará en nuestra cultura, existirá la intención de volver al hombre natural? La verdad es que no. El hombre natural implica un retroceso económico, un retroceso en tecnología y un retroceso en evolución, algo que no estamos dispuestos a hacer. La cultura moderna exige que sea la tecnología el único medio para volver a hacer habitable la tierra, extinguirla no es el mejor camino para solucionar la crisis ecológica.
Si nos exaltamos cuando se protege al hombre tecnológico antes que al hombre natural es porque se nos ha acostumbrado a pensar que la naturaleza es un agente que esta de nuestro lado. Sin embargo, la vida es voluntad de poder, la naturaleza no era un agente aliado, sino un contendor, algo que ha peleado junto con nosotros por dominar el globo. Evidentemente hemos ganado la guerra, desde estancias tribales hasta épocas modernas el hombre ha domesticado la naturaleza, ¿Entonces por qué tenemos tanta pena de perderla? Porque, como decía el joven Principito: “si uno se deja domesticar, corre el riesgo de llorar un poco” La tecnología es nuestra nueva cultura, si el hombre desaparece o sobrevive será por el solo manejo de la tecnología, no de la naturaleza.

¡Sed Amables! Llegó el Principito: Filosofía latinoamericana moderna



Por: Eduardo Yalan


¡Escríbanle a Antoine de Saint-Exupery porque su principito se encuentra en la tierra! No es que precisamente el pequeño niño con rizos de oro haya anclado otra vez su atroz ingenuidad en África, sino que la cultura moderna siente la presencia del secreto de ese niño (o de su zorro): “no se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos”. Esto no es para nada cursi, por si solo este axioma describe exactamente una situación de la filosofía latinoamericana actual, un episodio de nuestra cultura moderna que se devela con un simple análisis de su historia.

No hay que engañarnos, se acusa a nuestra filosofía latinoamericana de mimética y no hay por donde refutarlo, si bien a mediados del siglo XX estuvieron en la escena filosófica personajes originales como Alejandro Korn y el uruguayo Carlos Vaz, ellos encontraron un camino ya labrado por una influencia europea explicita en Latinoamérica. Siendo así ¿Se puede hablar entonces de filosofía latinoamericana independiente? En teoría no se puede hablar siquiera de una filosofía latinoamericana ya que no estamos hablando de algo “en si” o algo único, sino que hablamos de un conjunto de filosofías que han precedido y determinando a la nuestra, en este caso el pensamiento europeo nos ha marcado ya para bien ya para mal (con la misma lógica no podemos hablar de un filosofía exclusivamente platónica ¡que hubiera sido Platón sin Sócrates, Heráclito o Aristófanes!)

Pero existe un hecho curioso en nuestra cultura de pensamiento latinoamericano. A mediados de los años cuarenta, occidente exportó a Latinoamérica uno de sus más prolíficos pensamientos y a la vez el más venenoso: el marxismo. La influencia marxista en hombres como José Carlos Mariategui, el Che Guevara, Fidel Castro, Rodney Arismendy, Eli de Gortari, Antonio Garcia, etc. consolido un hecho que nos marcaría durante la primera mitad del siglo XX: el excesivo interés por las “cosas serias” (como tal vez nos diría el hombre de negocios en el principito), la política, la economía, el materialismo, la sociología. No ha habido filósofo latinoamericano de mitad de siglo XX que no haya incursionado sus especulaciones en el terreno marxista. Las “cosas serias” estaban compuestas por brumosas imágenes y palabras que untaban plegarias hacia la materia, esas “cosas serias” eran siempre dignas de ser pregonadas. Todos se preocupaban acerca del capitalismo o el socialismo, acerca de cómo evolucionaban “dialécticamente” las sociedades, o de cómo la economía marchaba en el país (lo cual induce inevitablemente al sectarismo)

Sin embargo, hubo una época de transición en la filosofía latinoamericana, encabezada por el magnífico Augusto Salazar Bondy; la “filosofía de la liberación” (como se la llamaba) nacía, y con ella unas ansias de ciencia y sed de semiología. La necesidad de liberar a los pueblos sudamericanos en los años 40 condujo a personajes como Mario Bunge y Francisco Miro Quesada a la preocupación por el lenguaje y la aclaración de su significado, además del interés por la lógica y el uso del discurso filosófico; es decir, se marco una actitud positiva hacia la ciencia. Nace pues una filosofía analítica que nos separaba de la seriedad marxista. La fenomenológica, epistemología, semiológica y demás eran las favoritas en tertulias latinoamericanas después de los años cuarenta.

Y fue así como vino el principito. El marxismo nos hizo niños serios y la filosofía analítica nos maduro, ahora la filosofía del principito nos arremete: “Lo esencial es invisible a los ojos” Fijémonos bien, veamos los foros de filosofía latinoamericana después de los años 90, ¿que vemos? Temas como la ética, orientación espiritual/religiosa, y la valoración de vida son incluidas en las principales discusiones. Antes no podíamos ver a un semiólogo hablando de ética, ahora los jóvenes se encargan de trasportar la filosofía a un nuevo espacio, las causas materiales ya no son de interés, ahora lo interesante es lo que no se puede ver. Todos hablan de esas cosas que no se pueden ver, los sentimientos, emociones y demás son el punto de discusión en la filosofía latinoamericana. Cada vez se asienta más la idea de un pluralismo filosófico en Latinoamérica superando sectarismos y esperando con paciencia este desarrollo del pensamiento que actualmente vivimos. Somos privilegiados de presenciar este cambio cultural: el principito se detuvo nuevamente en nuestra cultura pero esta vez trajo consigo a su flor, sus dos volcanes y su cordero.

La muerte de la religión: intempestivas hegelianas.

Por: Eduardo Yalán
Escultura: Flavio Fernandini


Quizás llamar intempestivas a juicios hegelianos es muy precipitado, sacar a un hombre de su momento histórico para juzgarlo es inadecuado si pensamos en qué ámbito éste personaje vivió. Sin embargo, Hegel (y sus juicios) son intempestivos con referente a la religión en nuestra época. Si bien este filósofo acertó en su tiempo, hoy sus consideraciones no son de interés, y eso no es por culpa de él. Hablemos en este pequeño texto de religión, de Hegel, y de la modernidad. Deseo explicar a “grosso modo” como Hegel entendió a la religión y en base a esto descifrar porque ésta ya no es de interés hoy en día.

Hegel entendía a la religión como una materia que debía de dar paso a la filosofía para que así pueda haber una relación entre lo finito e infinito, entre lo universal y lo particular. Esto es así: Hegel creía que la estructura máxima de la religión estaba en las leyes, existían leyes en cada religión y cada religión se definía a través de sus leyes, ya podemos señalar al judaísmo con los diez mandamientos de Moisés, los edictos del emperador Asoka, el código Hammurabi o las leyes del Manu; todas normas morales que determinaban a ciertas religiones. Lo que dice Hegel a continuación es interesante; si la ley (lo universal) surge a causa de la oposición del hombre (lo particular) ambos lados conformarían entonces un movimiento dialéctico, una confrontación entre el concepto mismo de la ley frente a la realidad de los individuos que se encuentran bajo su régimen. Superar la ley, ir en contra de ella, es superar a su contenido, en este caso a Dios, por lo cual esa acción de superación de la ley sería vista como un hecho punible. Es entonces como se completa el triangulo dialéctico (tesisantitesissíntesis) el castigo, esencia máxima del destino religioso, se convierte en la reconciliación de lo particular con lo universal. El castigo unifica al hombre y a la ley, ambas se encuentran incluidas en el castigo. ¿Ahora bien, si me castigan que sucede? Según Hegel, el castigo implica la autoconciencia del hombre, el mirar a si mismo, el replantearse los hechos punibles de la vida religiosa. ¿Pues que hace uno cuando lo castigan, no es encerrarse en su cuarto para llorar o pensar en los actos punibles? ¿Y que hacemos después?, ¿no es rogar por el perdón al agente castigador? Así pues Hegel decía que el perdón si bien no es la superación del castigo es la reconciliación con el destino, con las leyes. Así es como se unifica o se cierra el triangulo dialéctico: tésis (hombre), Antítesis (leyes) y la síntesis (el castigo).

Ahora bien, las cosas son así. ¿Porque creen ustedes que la religión ha perdido su importancia en nuestra cultura? Porque creen que ahora, si es que creemos en Dios, no creemos en la iglesia, o si creemos en Dios, no respetamos sus reglas. La verdad es esta: nuestra cultura moderna no es la más propicia para que hombres como nosotros mostremos interés por las leyes universales ni mucho menos nos motiva el castigo divino. Culturas como las que gobernaban antes permitían el desarrollo del proceso, permitían el castigo y el perdón, permitían una religión de servidumbre cuya esencia era el castigo. Poco a poco, con el crecimiento de la individualidad, el cambio cultural y el desenfreno particular se irán apagando grandes y antiguas antorchas, la religión ira perdiendo terrenos presuntamente conquistados; las leyes universales y el perdón ya no son ni serán de interés. Si bien estamos en una época de transición cultural, entre una cultura que amaba las reglas encima y otra cultura moderna que no muestra interés por las mismas, no dejemos de pasar por alto la lenta muerte de la religión. No nos hagamos los tontos o miopes, la época de la religión se esta disolviendo, los conservadurismos se mutilan a si mismos, es hora de que llegue una nueva cultura, un nuevo mundo.

Más allá del Sí y del No: explicación de una dialéctica comprimida


Por: Eduardo Yalán Dongo
Cuadro (distorcionado) : Renzo Alva


Como mil veces ya se ha dicho: nos encontramos en una cultura de transición, todos los sentidos (o fuerzas) de nuestra cultura están siendo sometidos a cambios determinantes, hemos mencionado algunos de estos cambios en textos anteriores, desde los afectos hasta el nuevo imaginario popular. Sin embargo, aun no parece que nos hubiéramos desecho (o integrado) de la dialéctica, un fenómeno cultural muy interesante e imposible de no tratar. Dialéctica, desde su sentido más crudo, es la regla que rige el proceso de un fenómeno, que como sabemos, esta compuesto por una pluralidad de fuerzas o “sentidos”. Un ejemplo muy sencillo: El Estado oficial y los partidos oficiales se preparan para la “cumbre de Río”. Consecuentemente, partidos no oficiales niegan esta cumbre y la contradicen creando así la cumbre de los pueblos. Esto es un hecho dialectico.

Digamos que este ejemplo esclarece aun más, ya que nos muestra a una dialéctica desde sus tres puntos vitales: negación, contradicción y autoconciencia; todas herencias hegelianas. Empecemos por la negación a través de un ejemplo sencillo y que estoy seguro alguna vez nos ha ocurrido a todos: si A dice que ya no quiere tomar su sopa, consecuentemente B podrá decir, a raíz de la dialéctica, que si no toma su sopa, A será castigado. La negación es acá el primer camino, B esta negando el hecho que provoca A, es decir, no concibe y/o entiende el hecho en cuestión, A entonces es negado cual prostituta gorda en cabaret. Por otro lado, nos encontramos con la Contradicción. B contradice a A ya que en lugar de dejarlo libre (al pobre), este le somete a un castigo, entonces, en lugar que B entienda algo imprevisto, este se refugia en la seguridad. Estas 2 “cosillas” son las que joden en nuestra cultura, a cada sentido o fuerza que compone el fenómeno cultural. Encontramos a esta cruda dialéctica en todas partes y a cada momento. Por ahora enfoquémonos en la contradicción y la negación, ya que la autoconciencia exige una mayor explicación (la cual se puede adjudicar al campo de los afectos) que en este momento no haré.

Pero bueno, ya esta; ahora relax y reflexión. Cuantas veces han negado y contradicho nuestros hechos, incluso nosotros mismos lo hemos hecho, nosotros mismos somos un SI y un NO. Necesariamente la dialéctica hace que exista un “bueno” y un “malo”, una negación y una afirmación, un Samael y un Jehová, la razón decimonónica y la afección irracional, la cumbre de río y la cumbre de los pueblos, los “gringuitos” y los “cholos”, el papá y el hijo, los amigos y los enemigos, los ateos y los cristianos, tú y tú mismo, etc. La dialéctica separa o bifurca incluso a nosotros mismos, somos un infierno y un cielo, muchas veces no reconocemos nuestro infierno y tratamos de evitarlo y/o negarlo, o incluso lo contradecimos y actuamos diferente de lo que somos y pensamos (dejar de hacer algo a raíz de la negación). Pues bien, si negar un hecho es incomprensión y contradecir un hecho es la praxis de la negación misma, ¿no sería esto un No? y con el mismo razonamiento ¿un SI no sería lo mismo? No concuerdo con Deleuze cuando hace recalcar la palabra afirmación como remedio de cualquier dialéctica, prefiero la palabra integración, discúlpenme si hablo muy repetitivamente de esta palabrita pero su realidad comprende un mundo nuevo que me urge compartir.

La manija ya esta girada, solo falta empujar la puerta y volar por esta nueva visión o percepción; la integración. Es fácil negar y contradecir, también es fácil negar la negación y la contradicción, pero lo más difícil es comprender, incuso comprender la misma negación, entenderla e integrarla, aprender de esta negación. Sin duda es un mundo nuevo ya que te otorga mayor comprensión de la realidad, de sus partes buenas y malas (según como el hombre lo ha bifurcado), la integración es la casa del si y el no. Nuestra cultura esta plagada de dialéctica y en cada momento nos encontramos a alguien que nos refresca la dialéctica en todo su sentido, sin embargo es más productivo entender e integrar que negar y contradecir.

El amor en época de golosos

Por: Eduardo Yalán

Es más que claro que sabemos acerca de nuestra cultura moderna, una cultura que exige un reconocimiento de las emociones; la perspectiva de la realidad ha mutado, con el desarrollo de la tecnología se han desarrollado nuestras percepciones, y a su vez las emociones. Un ejemplo sencillo: un celular, instrumento moderno capacitado para no despegarse de nosotros ni un solo momento, sin duda esto afecta a nuestras percepciones, que se amoldarán al uso determinado del celular, lo cual a su vez afecta a emociones determinadas: podemos amar y/o odiar a ese inofensivo instrumento. Lo que supuestamente es ilógico, como odiar a un celular (como si fuese humano o algo capaz de responder a nuestra emoción –para muchos-) parece completamente normal hoy en día. Lo mismo sucede si particularmente observamos al amor. De alguna manera el amor se ha convertido en una emoción compleja. La nueva percepción de la realidad así lo exige.

Hasta hace poco tiempo, el amor estaba aun fusionado con la racionalisación de los afectos, se descartó por completo tratar al amor como una emoción vivida e ilógica. Surgió el “cartesianismo afectivo” una tendencia a explicar al amor desde un punto de vista biológico, todavía hay personas que se contentan y saltan en un pie cuando afirman al amor como una simple emoción producida por la oxitocina, “¡oh, si! El amor es una emoción producida por el neocordex, la oxitocina influye y… bla bla bla” Así solo hablan los arraigados a la escribalidad (entiéndase a la escribalidad no solo como un estilo de escribir, sino un pensamiento, un modo de vida). He escuchado muchas veces cuando se justifica al amor y nos creemos superiores cuando explicamos su genealogía biológica, pero esto es una patraña, una negación del amor mismo, negación de un afecto humano.

Igual pasa con el cristianismo, mutan al amor y le disponen incuso jerarquías, “A Dios el rango más alto y digno del amor, a la virgen otro amor”, y así conforme se baja de status dominante, de allí que solo el amor de Dios es más importante y puro que el amor de un hombre hacia una mujer. ¿Pero a quien pertenecen los afectos al hombre o a Dios? ¿Entonces quien creo a Dios? Por otro lado, ¿Acaso un afecto posee jerarquías? Este es otro pecado contra los afectos. Incluso llegue a escuchar que hay amor malo (referido a todo cuanto te lleva al pecado) y amor bueno (referido al amor de dios). De aquí se explica que Dios es millonario, ya que gobierna el mercado afectivo a través de un monopolio egoísta de las emociones.

Dejemos al cristianismo por ahora. Según Schopenhauer (que si amaba a su perro) el amor siempre apunta a la belleza, a la fuerza y a la salud, es decir el amor es un eufemismo de la elección de un buen macho o hembra que asegure nuestra existencia. Aquí va otra vez nuestro cartesianismo afectivo, creer que simplemente el amor es la elección biológica de mantener la especie, es una opinión aceptable, pero afectivamente negadora, moral. ¡No hay tratar mal al Amor! Tratemos de evitar domesticarlo, hacerlo algo predecible y seguro, ¿una emoción acaso es predecible o segura? Si bien nosotros estamos haciendo que la emoción que llamamos “amor” sea en nuestra cultura moderna mas compleja, mas ilógica y mas vulnerable, por este mismo hecho debemos entender al amor, pero no racionalizarlo sino darle una oportunidad como emoción “tonta e ilógica”. No prohíbo que se deje de amar a Dios ni prohíbo que tercamente nos contentemos con un cartesianismo afectivo, sin embargo entendamos a ese afecto como inefable, no como algo seguro de definir o segmentar. Vivimos en una época de golosos, de gente golosa de emociones y sentimientos, han pasado ya miles de años de tonterías contra los afectos, ¡Carajo! ¡Es hora de integrar y despertar!

La sensualidad y los parámetros de la verdad

Por: Eduardo Yalan Dongo


La verdad, la máxima ambición humana, la más rica escultura que nunca ha dejado de ser robada. Antes de reflexionar sobre los parámetros de la verdad y la vinculación de la sensualidad con respecto a la realidad, dejemos pasar una paradoja dentro de nuestra imaginación. Supongamos que vivimos en el tiempo del tímido Copernico, cerca de 1536 época donde se creía que la tierra era el centro del universo, como promulgaba el eunuco pensamiento cristiano. Pues bien pensemos que estamos caminando por aquellas calles italianas y se nos acerque el susodicho científico y nos diga “¿Usted cree verdaderamente que la tierra no se mueve?” Obviamente que nosotros contestamos que si, debido a que nosotros hemos visto que la tierra no se mueve porque si se moviera lo sentiríamos. Entonces el científico nos reclama diciendo “¡Como usted un ser tan ignorante se atreve a contestar que la tierra se mantiene quieta, ¡Cuan ignorante puede ser usted!” Hoy en día decir que la tierra no puede moverse seria visto por muchos como un reductio ad absurdum como una manifestación de lo imbecil, muchas personas, incluidos muchos filósofos, alaban tanto a la verdad que la convierten en una necesidad, esto hace que no haya cabida para nada mas, solo la verdad es digna ¿Pues que tanto hemos alabado a la verdad?

Dejemos nuestra imaginación volar y entendamos un poco: nosotros somos seres humanos que sentimos y percibimos. Nuestra percepción –dicen- nos engaña y nos dice que la tierra esta quieta, que la tierra no se mueve, o quizá que la cuchara se dobla cuando la ponemos en un vaso con agua; en ambos casos la percepción nos engaña, al menos asi lo dice la verdad. Siendo así, los sentidos nos engañan debido a que, como sabemos, existen normas físicas que las podemos considerar como parte de una verdad universal (como se refiere vulgarmente por allí), la percepción seria entonces un error. Este es el paramento al que me refiero, la percepción queda relegada de todo juicio debido a que no es verdadera, debido a que muchas veces está en contra con lo que sucede en el mundo objetivamente. Los doctos dirán que la percepción es entonces una falsedad, dirán que es tonta la persona que piensa que la tierra no se mueve. Esta es, sin duda una atrocidad contra la percepción, contra la sensualidad.

Es decir, la sensualidad, es decir los sentidos, la percepciones que poseemos de la realidad, no siempre son acordes con la magnánima “verdad”, puede ser que los juicios sensibles o las certezas sensibles, como diría Hegel, no sean las mas aptas para referir una verdad objetiva, pero si son parte de nuestra realidad. Lo que percibimos es valido para nosotros en la medida en que juega un papel en nuestra realidad. Al engreído Schopenahuer le hartaba este mundo de apariencia o de estupidez, a algunos le causa estupor máximo cuando escucha estas llamadas “estupideces” de la percepción. Pues digamos ahora, en nuestro actual contexto al que estamos sujetos, que la percepción cultural es la que predomina más que la razón objetiva, es más importante que la verdad dogmática ¿no es así acaso como se maneja nuestro mundo actual? Esto no quiere decir que valgan mas la una o la otra (¡atención!): ni la verdad ni las percepciones valen más o menos, ni tampoco son iguales; cada cual compensa el necesario rumbo de la realidad, cada cual es parte esencial de nuestra cultura y realidad.

Sensus assoupire! No debemos adormecer los sentidos, no dejemos que normas morales ni sobrevaloradas gobiernen nuestros juicios, si sentimos que la tierra no se mueve no es que sea un error perceptivo, ni tampoco una manifestación de la estupidez. Debemos entender que la percepción también es valida, que si bien la física nos dice que la tierra se mueve en el espacio en relación al Sol, esto no nos dice que debemos desechar nuestro juicio perceptivo, ¿necesariamente tiene que ser dialéctico el movimiento? Ambas nociones son validas, la de la percepción subjetiva y la de la verdad objetiva, asimismo, ambas nociones fueron las más dañinas en la historia, la primera se encargo de ocasionar el surgimiento de ideologías absurdas como el cristianismo, la segunda la que dio de lactar a las clases opresoras, la que fundo la represión.

El espíritu de las drogas y el alcohol en nuestra época.

Por: Eduardo Yalán Dongo


Mi generación: los jóvenes. Los dilemas que se ciernen con respecto a sus intereses marcan y delimitan la frontera con la ideología, como dicen por allí “los jóvenes de hoy en día, no tienen ideología”. Gritan y aspavientan según la masa lo diga, los jóvenes son los revolucionarios de las causas que la misma masa les propone. No nos indignemos si la ciencia del espíritu y de lo absoluto se han perdido, se presiente entre esta juventud solo la intención de pertenecer a la apariencia, la intención de trabajar en una profesión de masas, para las masas, con trabajos atemporales y un matrimonio duradero. –Lamentablemente la genealogía de los atavismos es desconocida por las personas de mi edad, la juventud solo conoce los efectos y síntomas de la estupidez brindada graciosamente por las mismas drogas y la televisión-. Los aires nuevos profetizan ya que la memoria no existe, que se toma conciencia y después se pierde la misma, la voluntad de esa juventud (una contradicción entre ambas palabras), si se le puede llamar juventud, es solo anhelar el sexo prematuro, y el ocio por la masturbación ajena y permanecer sobre alimentados en un ambiente que se encuentre mas cerca de los bares y discotecas. Ni siquiera lo que se “hace” se produce en base a la fusión de la razón y la pasión, sino al hambre de alienación, en base a diversos y nuevos tipos de mecanismos de adaptación totalmente innecesarios. Si se pensara un poco, si se tomara en cuenta a la droga, la televisión, a lo otro, a aquellos medios que “aparentemente” nos perjudican de alguna manera, y se los apreciara desde un punto de vista donde nuestra conciencia se vea ejercitada, distinta sería la situación.

Las drogas, por ejemplo, se encuentran también trivializadas y han perdido su uso primitivo para el temporal acto del conocimiento propio, y la auto revelación de la autoconciencia como unidad que vincula los estados del inconciencia y la conciencia y/o súper yo. El mundo de los sentidos no es para todos, no todos poseen ese interés de ser algo más. Las drogas, como me dijo cierta vez un amigo mío, las consumen todos…yo le digo ahora, ¿Quienes dentro de esa mierda de todos puede llegar a la autoconciencia? Se me podría quizás objetar un pero: “¿pero quien cuando toma o bebe quiere conocerse a si mismo?” Bueno, la verdad es que nadie, y esto ensalza más “mi teoría”.

“Pero el hombre que regresa por la Puerta en el Muro ya no será nunca el mismo que salió por ella. Será más instruido y menos engreído, estará más contento y menos satisfecho de sí mismo, reconocerá su ignorancia más humildemente pero, al mismo tiempo, equipado para comprender la relación de las palabras con las cosas, del razonamiento sistemático con el insondable Misterio que trata, por siempre jamás, vanamente, de comprender”. (Adolf Huxley: Las puertas de la percepción)

La mutación mercantilista que ha sufrido el uso del psicotomimetico ha convertido a esta salida de la apariencia como un consumo netamente a favor del recreo y la distracción de su mundo pero sin buscar ese algo más planteado como tesis funcional en el presente artículo. La conciencia y los diferentes estados que sumergen al hombre en este mundo de los sentidos, como particularmente lo llamo yo, se hace como efecto o consecuencia del uso de los psicotomimeticos y de las pasiones que sumergen al hombre en este conocimiento. Pero hay que tomar en cuenta lo siguiente: el uso del alcohol y de drogas alucinógenas no son estrictamente el pase obligatorio para llegar al conocimiento propio, la pasión en si misma es también un fuerte e incluso más evidente umbral para el mundo sensitivo.

El alcohol, por otro lado, es el elemento más popular consumido hasta estos siglos, que posee un historial inigualable a cualquier droga conocida incluso más común que la marihuana y los calmantes. El alcohol, que es propiamente una droga, es consumido por la mayoría de personas, desde el vino, pasando por el ron, la cerveza, el vodka y una serie plural de líquido y néctar de dioses (como afirman muchos asiduos). La mayoría de las personas aseguran que aumenta su sociabilidad y bienestar, la discrepancia entre los efectos reales y los percibidos obedece a los efectos iniciales que produce en la mayoría de los usuarios, liberación de la tensión, sentimientos de felicidad y perdida de inhibiciones. El alcohol, como se entiende, es propiamente un calmante, y responde muy bien al sentimiento de inhibición que irradia al momento de su consumo. El psicoanalista peruano Alejandro Ferreyros afirma con gran contundencia acerca del uso indebido del alcohol:
"El Súper yo se diluye en alcohol. Por eso, para el que quiere ser más mandado y la que quiere perder el miedo a coquetear, el alcohol es como un regalo de Papa Noel".

Pero el alcohol no es simplemente un producto mercantil, es una sociología que debe ser aprovechada no solo para el esparcimiento o para el rechinar de encías de jóvenes ignorantes que gimotean ansiosos por su gravitación del sábado último. ¡No! Sinceramente hacer mercantil una experiencia que solo sirve, para este tipo de personas, al esparcimiento no es recomendable. A mi entender, la inhibición y el respiro de la tendencia dionisiaca del espíritu debe ser algo más importante, que merece prestar atención a su trascendencia inicua, inmoral. Si se busca inhibir el estado del súper yo, se debe hacer pensando en el conocimiento del si mismo, en generar una visión de cuales son los instintos que producen este tipo de excitación variada. Tanto el hombre como la mujer deben de reconocer sus instintos que son a veces infaustamente manifestados durante su estancia dionisiaca en el mundo de los sentidos. Ferreyros puede resumir esta una crítica expuesta en este breve artículo en un simple axioma:

“Desarrollar el aspecto cultural y social, y no trivializarla [al alcohol] como una bebida simplemente recreativa."

Llegamos al punto mas interesante de la tesis sensitiva; la adicción. La adicción es un estado de malformación en la voluntad del hombre. Las drogas adictivas producen una dependencia biológica o psicológica en el usuario y en la que la abstinencia conduce a un anhelo por la droga y en algunos casos puede ser irresistible. La dependencia de la droga es comparable a la religión y su dependencia hipócrita; como dijo un muy joven Marx en cierta ocasión, “la religión es el opio del pueblo” (prólogo a la filosofía del derecho- G.W.F. Hegel). La dependencia o adicción es, al igual que la religión, una manifestación de una voluntad de poder feble, de una voluntad ambigua y débil, la adición por ende es para personas que no comprenden el significado real del uso de las drogas y alcohol; el vulgo sin dientes para masticar bien. Simplemente si no hay voluntad de poder, no hay mundo de los sentidos. El dominio de uno mismo es ante todo primordial, si uno no es maestro de uno mismo, entonces este mundo de los sentidos se puede volver el arma más peligrosa para extinguirse, tal como pasa con los que reflexionan mucho y les gusta vivir mucho en su propio espacio sensible. La muerte es, para nuestro beneficio, una necesidad:

“La manifestación es el nacer y el perecer, que por si mismo no nace ni perece, sino que es en sí y constituye la realidad y el movimiento de la vida de la verdad. Lo verdadero es, de este modo, el delirio báquico, en el que ningún miembro escapa a la embriaguez, y como cada miembro, al disociarse, se disuelve inmediatamente por ello mismo, este delirio es, al mismo tiempo, la quietud traslucida y simple. Ante el foro de este movimiento no prevalecen las formas singulares del espíritu ni los pensamientos determinados, pero son tanto momentos positivos y necesarios como momentos negativos y llamados a desaparecer.” (G. W. F. Hegel – La fenomenología del espíritu)


Ética demostrada según el desorden afectivo

Por: Eduardo Yalán Dongo


Comenzaré con esta pregunta: ¿Qué es más ético, controlar nuestras emociones, pasiones y sentimientos por el bien común o hacerlo para satisfacer nuestro propio conocimiento, el conocimiento de nosotros mismos? La pregunta, especialmente para los filósofos moralistas, religiosos y demás ascetas políticos de segunda, es simple: el bien común o la libertad es el objetivo que se ansia para generar una conciencia del otro, para aproximarnos al entendimiento de los derechos humanos. Se oyen soluciones éticas como la tolerancia, el respeto humano, la libertad, el bien común, la autonomía, la libertad pensada, entre otras. La ética ha hecho que estos conceptos sean aplicados a todas las profesiones, ciencias y demás sofisterías dejando que ellas se ilusionen pensando que es más ético un profesional que duerme sobre las sabanas de lo que debe ser el mundo, objetivamente hablando. La ética en general exige, para lograr este objetivo, no solo el involucramiento de las pasiones, sino que ante todo busca y desea su domesticación, desea que nuestras pasiones sean paralizadas y sesgadas de toda actividad con los otros. La relación de las pasiones con la ética es muy importante, tanto para la apreciación que podemos tener de las pasiones mismas como para comprender a la ética (ethike, ethos) misma, ambas se encuentran íntimamente relacionadas.

Para comprender todo este caos debemos primero definir a la ética en cuanto a disciplina y etimología. La palabra ética proviene del griego ethos o ethike, que significa al parecer indistintamente costumbre o carácter. La traducción latina de esta palabra ha hecho que poseamos dos significados que el vulgo ha comprendido como sinónimos: moral y ética. La moral (mos, moris, mores) es la traducción latina del termino griego ethos, que significa y se aboca más al sistema de valores inmanente en una comunidad, pueden ser estos herencia de generaciones pasadas o creaciones de algún jurista del estado. Por otro lado, la ética tiene una connotación my distinta; ella no es más que la reflexión filosófica sobre el sentido de dichas normas morales.

La ética es sobre todo una “manera de vivir”, permite saber qué sistema de creencias es el más deseable, para la ética, se entiende desde luego, “todos somos competentes para opinar”. Todos poseemos una manera de vivir, como dice Miguel Giusti en un análisis de la ética contemporánea: “Si decimos que una persona no es ética, entonces estamos diciendo que [las personas] no posean una concepción valorativa de la vida” Toda persona pues posee una ética y decir que una persona, por un acto inmoral cometido, no tiene ética es muy precipitado, incluso para el vulgo.

Ya lo dice Hegel en su Principio de la Filosofía del Derecho: “Pero, aunque moralidad y ética, de acuerdo a su etimología, fueran sinónimas, esto no impediría servirse de estas distintas palabras para conceptos distintos.” Claro, Hegel expone a lo largo de todo el aforismo 33 de este libro una distinción que no tiene nada que ver con el concepto ética o moral que conocemos, dice Hegel que la moral corresponde mas a lo enseñando por Kant y la filosofía moderna y que la ética, por otro lado, esta mas abocada a las enseñanzas aristotélicas y su persecución de la felicidad (eudaimonía). Entonces la ética es un factor en sí y para sí del hombre, un factor subjetivo y no objetivo, la ética no es moral.

Así como no debemos confundirnos con la terminología entre ética y moral, tampoco no debemos dejar de lado a Hegel en las disertaciones que conciernen a la ética. La visión que Hegel da a la ética se cierne en su concepto expuesto en la fenomenológica; el espíritu objetivo. El espíritu, esa extraña conciencia humana colectiva ha sido interpretado conforme su época, con forme los ideales de libertad y su graduación en el tiempo.

Si para Hegel el espíritu representa la vitalidad de las cosas humanas, en la ética esta vitalidad se refleja en el espíritu objetivo, la forma como se encuentra integrado el sujeto y la sustancia, la forma en como la libertad se encuentra plasmada en las instituciones de la sociedad; el principio de la filosofía del derecho. El ethos no se encuentra, según Hegel, en como dotemos al sujeto o a la sustancia independientemente valoración; los antiguos (los predecesores de Hegel) buscaban ante todo, en la ética, un sentido de bienestar común, de ideal de vida, algo fétidamente platónico. En la sociedad de Hegel, eran escasos los espíritus libres, aquellas personas que sobrepasen ese bienestar común aristotélico.

Comenzará con esta eticidad de Hegel, una carrera moral por el reconocimiento. La célebre figura del amo y del esclavo en la fenomenológica del espíritu es la referencia más inmediata de cualquier hegeliano, una dialéctica que se enfoca en dos procesos básicos: la búsqueda y obtención de reconocimiento y libertad. Esta lucha dialéctica la recogerán tanto Marx, Nietzsche Kierkegaard y Stirner. La ética refiere, si continuamos guiándonos por Hegel, una satisfacción dialéctica que se sacia solo a través de la libertad y el reconocimiento, de cómo las instituciones salvaguardan por estos objetivos humanos. ¿Pero, y que conmigo? ¿Debo siempre buscar la libertad sin buscar la satisfacción de mi causa? ¿Debo ser egoísta?

Entonces ¿Qué es lo preferible? ¿Qué es mas ético, que denota más libertad?: ¿el desenfreno de las pasiones o quizá su represión por el bien común? Lo que siempre ha quedado pendiente ha sido nuestro espíritu sensible, nuestros deseos indeterminados, nuestras pasiones, nuestras emociones, afecciones y percepciones; ¿y aun así se le sigue insultando al ser humano diciéndole que reprima a su alma sensible?

Lo más óptimo, lo más ético, lo mas saludable, la buena conciencia, todo lo que es se inicia en el desenfreno de nuestra alma sensible, en el paroxismo de los sentidos, en trascender del cuerpo al espíritu. La libertad no se consigue en la sociedad sino en la inmanencia de nosotros mismos para con el todo, el reconocimiento es mas plausible si lo apreciamos como algo introspectivo, como un reconocimiento de nuestras fuerzas. ¿Pero la libertad se alcanza acaso en el dominio de las pasiones por el bien común? ¿Por el respeto de un Dios? ¿Es la razón y la pasión una lucha constante? Al parecer si, pero, para un espíritu libre (atención con esa palabra) la razón y la pasión se integran, se balancean. El principio del amor al prójimo; amate a ti y para amar a los demás: matate a ti mismo.

La ética no se encuentra en el cuestionamiento de un Dios muerto, ni en dotar de valor a nuestro propio yo; la ética debe de apuntar al olvido y supresión del yo para dar paso a una liberación de las pasiones. ¿Y la razón? La razón se introduce en nosotros cuando fluctúa la muerte del paroxismo, con la muerte de Dionisio, la razón (no la idea de que tenemos de un afecto) es el camino para saber y conocer nuestras fuerzas, aquellas entidades o Dioses (como las llamaría Deleuze) que nos comprenden. ¿Moral de las pasiones? En realidad hay que matar a la moral, en realidad hay que desenmascararla, en realidad no existen fenómenos morales, sino una interpretación moral de los fenómenos, como decía el filosofo. Dicho sea sin eufemismos; no son validos ninguno de los valores morales que proponemos a diario; la ética, por otro lado se encarga de desenmascarar, cual axiología, a dichas normas ascetas, a esos comandments que a diario nos retiran de nosotros mismos, que periódicamente están construyendo una exaltación maléfica de nuestro yo:

“Dios y la humanidad no basaron su causa sobre nada, sobre nada más que ellos mismos. Yo basaré, entonces, mi causa sobre mí; soy, como Dios, la negación de todo lo demás, yo todo para mí, soy el único (…) nada esta por encima de mí”. (Max Stirner. El único y su propiedad)