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Un pulgar para el arte.

Por: Eduardo Yalán Dongo

Cuando Nietzsche en “El Origen de la Tragedia”, propone al estado dionisiaco en el arte como un sentimiento de poder que transforma incluso a la misma percepción de la obra y al propio estado del sujeto, lo hace proponiendo un “desembrague” (como se diría semióticamente) o alejamiento del sentido apolíneo, usados en la época renacentista y clásica, es decir: la vista. La mirada ha sido el paradigma de decodificación que ha utilizado el hombre para interpretar el mundo, “mira el mundo” es el recurso retorico clásico para expresar el subjetivismo y posterior explicación de la realidad. Lo que lo “dionisiaco” propone es ese interés por los sentidos “íntimos”: el gusto, el olfato y el tacto. Con respecto a este último sentido, poco se ha dicho en cuanto al análisis de la obra artística, digamos que en la obra principalmente contemporánea el elemento táctil ha retomado la carrera de la intimidad, de estos sentidos íntimos, así como de la complejidad que posee la oscuridad en la obra posmodernista.


En la obra de Jean Dubuffet –Snak for Two- la relación de estos dos hombres y de sus manos, ubicados en una forma rítmica, ponen al sentido táctil como centro del análisis. Lo que hasta este punto nos indica es quizá ese ritmo de la sensualidad, de lo táctil, pero también nos propone contar este ritmo apreciando los dedos de cada hombre, y es cuando aparece un dato dentro de este sentido intimo; el sujeto de la derecha posee un pulgar, el de la izquierda no. ¿Que sugiere esto en la obra de Dubuffet?

José Miguel Tola, artista peruano, aclara este terreno un poco más. En la obra completa de Tola, sus personajes gozan de una amputación del dedo pulgar de la mano, dedo que no goza de protagonismo dentro de las formas surrealistas del artista, pero ¿Qué significa el dedo pulgar dentro de esta arista de la obra contemporánea? Según la evolución humana, el dedo pulgar es el significado de la distancia entre los primates en general, seres salvajes, relegados, opuestos a todo lo civilizado. El dedo pulgar se opone a los dedos llamados "civilizados" dentro de un sistema que privilegia la función anatómica de “manipular objetos”, manipulación que no se limita únicamente al terreno de prensar la materia, sino que abarca incluso la manipulación de lo otro, la construcción de la otra persona (prejuicios, valorización, etc.) En “A veces el diablo teme nuestros vicios” se construye toda esta codificación, también se aprecia en "Diario de un Loco", del mismo autor.

TOLA- DIARIO DE UN LOCO (2007)

TOLA- A VECES EL DIABLO TEME NUESTROS VICIOS (2006)

El énfasis a esta intimidad sensorial la construye el artista queriendo gritar a favor al mundo prohibido del “Ello”, de lo dionisiaco en el arte. El salvajismo, la irracionalidad, el sin-sentido, la mera transformación, la muerte del interés hacia lo realmente serio (como decía El Principito), hacia lo bueno y lo malo (recordemos ese pulgar levantado por el Cesar para dar su visto bueno al gladiador, el pulgar alto, erguido, para enfatizar en ese falso orgullo de la civilización y el retroceso de lo salvaje: el progreso). La aparición primordial artística que se presenta en la obra contemporánea es el sin-sentido, la irracionalidad, el desembrague de la razón en la producción y decodificación de la obra. El arte ha muerto, no hay progreso en él…pero a cambio hay una exquisita transformación de la obra, transformación y no “progreso” artístico.

El ladrón de libros

Fotografía: Pedro Jose Crespo B.
Por: Pedro Jose Crespo B.

La última vez que robé un libro fue mientras caminaba por la avenida Tacna, en el Centro de Lima, y me perdí. Entré por una solitaria callejuela de las que abundan, y de pronto, tuve una pequeña casa esquinada llena de libros viejos en la puerta, y muchos más dentro de ella. Lo que saqué de esa mañana, aparte del Anarquía de González Prada, fueron dos inquietudes: por un lado, me extrañó saber que robar no me daba ningún placer y, por otro, pensé que yo no podía haber sido el primero que, por pasión a la lectura y a la colección de libros, se haya cagado en el séptimo mandamiento de la ley de Dios.

Navegando en la web, en un artículo de elpais.com, se menciona que los ladrones de libros son tipos sobre los que es difícil depositar sospecha por algunas prejuiciosas razones: bien vestidos, educados, cultos y de buen gusto; pero ladrones al fin, dicen algunos comentarios. Sin embargo, diferencian los dos tipos de ladrones de libros que existen: los “reducidores”, que luego del robo venden el libro a un precio menor, cuestión que sucede muy a menudo en la UNMSM; y de los que leemos ahora, digámosles, “ladrones intelectuales”.

Este tema podría tornarse vicioso si es que se lee como un tema de delincuentes y oportunistas. Lo que aquí prevalece es el axioma de considerar a la cultura como un (vale la analogía) libro abierto, de donde todos pueden aprender si gustan. Un ejemplo claro, es el del escritor argentino Héctor Yánover. En su novela "Memorias de un Librero", narra sus años de experiencia como librero, y en conjunto justifica el robo (no de los reducidores, a quienes detesta) con la creencia que el conocimiento es un bien común. En ese caso, el ladrón de libros es una simulación de Robin Hood. Yánover concluye su pensamiento diciendo que el que no robó nunca un libro es, a la cultura, como el virgen al sexo. Y eso, sí está feo.

La diferencia entre quienes roban para lucrar y los que lo hacen para leer –dice una periodista uruguaya– es que “un amante de la literatura no se va a robar nunca un libro de Paulo Coelho o de Isabel Allende. Más bien vas a la casa de algún ladrón intelectual y te dice: me acabo de robar la segunda edición de El Innombrable de Samuel Beckett y de la Editorial Sur”. Y así, podríamos mencionar un Fitzgerald, o un Carver, o un Borges de las mejores editoriales y de las ediciones más vetustas. Porque a los ladrones no sólo les interesa tener la novela, sino darse el lujo de decir, por ejemplo, que es de una edición española limitada. Volviendo a González Prada, el libro era de la biblioteca de Juan Mejía Baca, uno de los más importantes bibliotecarios de Lima. Y, personalmente, les aseguro que en estos ladrones no existe mayor satisfacción que leer su nueva herramienta y atesorarla en su propia biblioteca, para de vez en mes, verla quieta y segura. Silenciosa entre sus tantas otras adquisiciones.

Otro ejemplo es Pablo Neruda, quién en repetidas ocasiones decidió meterse un libro en la chaqueta. Él decía que “un bibliófilo tiene infinitas ocasiones para sufrir, pero los libros no se le escapan de las manos, sino que se le pasan por el aire, a vuelo de pájaro, a vuelo de precios". Como el poeta chileno fue en un momento de su vida un bibliófilo de pocos recursos, en más de una ocasión usó la excusa del alto precio de un libro para robárselo, según cuenta una crónica de La Tercera de Chile.

¿Habría alguien capaz de impedir que los lectores viciosos sigan satisfaciendo esta necesidad inmoral? Se dice que Otón II, emperador del Sacro Imperio romano (967-983), en una guerra de expansión, ordenó abrir el armario del monasterio de Saint Gallen (Suiza) y se llevó un solo ejemplar en el que se podía leer la siguiente advertencia:

Que pierda su buena reputación, que jamás sea dichoso aquél que me robe.

Que arda en el fuego del infierno ese miserable.

Si cada libro tuviera esa inscripción, creo que sería más sencillo impedirlo. Pero como no es así, bienaventurados los Hoods de la justicia… ¿Y tú? ¿Qué libro te robarías?



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La música de Dios: inspección al politeísmo


Por: Eduardo Yalán Dongo
Fotografía: Diego Miranda

Decimos frecuentemente que los dioses son creaciones humanas, probablemente que son producto de una suma de factores sensibles originarios del hombre de forma que han eyaculado precozmente creando azarosas figuras e imágenes humanizadas y eternas. Un devoto moralista del mundo siempre agita su corazón de alegría cuando aprecia un paisaje natural hermoso, algún ambiente puro e incólume, un ambiente que (como recalcan los “éticos” modernos) pueda calmar las emociones violentas y contrarias. Pero lo más interesante de la admiración natural es que instantánea e inevitablemente una extraña y entendible relación se completa cuando se concluye alegremente a raíz de lo visto: “Dios existe” ¡ah satisfacción! ¡Ah paroximia del determinismo! Este es un momento grande, cuando el hombre da cabida al sentido de la vista, el olfato y el odio para que de estos germine el hijo sacro: Dios, sea cual fuere. Pero esta alegría panteísta no se aplica únicamente en religiosos o laicos no consagrados, para prueba de ello este humilde redactor. Cuando escuché por primera vez el sonido que ocasionó un trueno en la ciudad de Cuzco, inevitablemente pensé y lo relacione con algún sonido gutural, con algún monstrum de cielos altos, la fuerza empírica y todas las impresiones antes reclutadas así me lo indicaban; tal sonido había sido ejecutado por alguien, específicamente por alguna figura supra humana.

Los sonidos en especial contienen información que nosotros decodificamos, por ejemplo un sonido fuerte y grave contendrá información como un género sexual, color, personalidad y forma específica claramente determinada. Si relacionamos esta idea con las culturas tribales y sus mitologías respectivas, podemos rescatar información más que interesante. Por ejemplo, en la Grecia antigua, según el mito pelasgo de la creación, la tradición refiere a una única y primera diosa creadora y originaria del Caos (Eurínome). Esta caracteristica sexual/especifica de esta entidad se explicaba en el sistema arcaico inicial griego que promovía a las sacerdotisas antes que a los sacerdotes, debido a que la mujer era el sexo dominante y creador. Creo responder el porqué. En Grecia, la concepción como factor creador de vida estaba atribuida al viento, era el viento quien representaba por metonímia la gestación, el nacimiento, la vida. Ahora bien, ¿Qué información contiene el “viento” como tal? Si escuchamos la briza aguda del viento, es inevitable relacionar su sonido con el genero sexual femenino, escuchar una brisa en el atardecer es como escuchar la esencia femenina. No es extraño entonces la relación griega en Eurínome.

Ahora viremos la mirada al pueblo Madianita, creador de gran Yahveh. Yahveh era originariamente un demonio de batalla, un dios guerrero, un dios ctónico. “Yahveh era con seguridad un dios volcánico” (Sigmund Freud. Moisés y la religión monoteísta) curiosamente en el limite occidental de Egipto con Arabia (territorio madianita) existían volcanes, uno de ellos era el Sinai-Horeb, morada del Dios Yahveh. Paradójicamente la madre del cordero de las plagas de Egipto fue un volcán, el volcán de Santorini. Ahora bien, ¿qué información guardaría los decibeles graves, casi guturales y pujantes de un volcán? ¿No sería específicamente atribuidos a un hombre, de contextura robusta y de personalidad malvada, todos estos sonidos? Pensemos también en Zeus como dios del trueno, a Dionisio dios de los ditirambos (poemas cantados) ebrios, o a la diosa egipcia Amonet (simbolizada como una mujer dando de lactar a su hijo) diosa protectora que representaba al viento. Respectivos sonidos abarcan respectivas ubicaciones en la realidad.

En el Poema Ticci Wiracocha (Wiracocha era el dios supremo del politeísmo inca) transcrito por el cronista indio Joan Santacruz Pachacuti, hay un verso interesante y que en particular me interesaría mencionar, refiere entonces el poema:

Picanque (¿Quien éres?)
Mamaycanmicanque (¿Donde estás?)
Mana choricayquiman (¿No podría verte?)
Ymactan ñinqui (¿Que arguyes?)
Rimayñi (¡Habla ya!)

Esta imperiosa necesidad del hombre por querer situar al dios pensado en algún ambiente corresponde pues al reino predictivo, fútil y basto de los sentidos. Si, como lo hemos estado haciendo, únicamente nos centramos particularmente en un sonido de algún fenómeno como el del agua al pasar, o el sonido del trueno, o de la lluvia, cabria la siguiente pregunta ¿y la música, no es en si una multiplicidad de sonidos? ¿No originaria dioses? Wagner y Nietzsche serían quizá la respuesta. Cuando el filósofo escuchaba alguna composición wagneriana, este la calificaba como la segregación de una suma de dioses, de un politeísmo evidente. Esta sensación era tal que Nietzsche denunciaría y reclamaría después a Wagner esta perdida en su música. Si la composición musical de finales de inicios del siglo XIX ocasionaba un politeísmo inadvertido, entonces ¿se podría explicar la “muerte de Dios” datada justo en la ilustración (inicios del siglo XIX)? Si esto es verdad, es decir, la composición musical como productora de sonidos, que contienen a su vez información, ¿entonces, no es lícito advertir que con el desarrollo de la tecnología de artefactos musicales como el mp3 se estaría fomentando no solo el aislamiento individual sino la creación de una multiplicidad de dioses? ¿No estamos olvidandonos acaso de los sonidos únicos? ¿de los dioses únicos?

El Mundo de los Sentidos


Por: Eduardo Yalán

“Lo que la cultura hace, pues es extraer
nuestra común humanidad de nuestra
individualidad políticamente sectaria liberando al
espíritu del mundo de los sentidos,
arrebatando lo imperecedero a lo contingente
y obteniendo unidad de la diversidad.”

Terry Eagleton - “La idea de Cultura”

Madurar una idea denota tiempo y paciencia, denota cariño y también mucho odio. Este sentido es el que me conduce a un análisis de una realidad compartida, un análisis que desea madurez y necesita paciencia y, a pesar de la terrible negligencia acaecida por la cultura antecedente, necesita de mucha critica. Refiero aquí el tema que siempre discuto con todos mis amigos: El Mundo de los Sentidos. Deseo tan solo ahondar un poco mas en este análisis cultural, y de paso, explicar (con esperanzas de una retroalimentación) esta mal llamada “teoría” sensible.

Pues bien, todos poseemos emociones, nos pertenecen como la vida le pertenece a la muerte (y viceversa), y no dejamos de admirarlas (en el caso del amor) como de aborrecerlas (tristeza). Sin embargo, si observamos un poco, encontramos mucha valoración en nuestras emociones; las tildamos de “malas”, las etiquetamos de “buenas”, las llamamos repulsivas, entre otras denominaciones. Lo que se sostiene pues es que estas etiquetas axiológicas no son introducidas por nosotros, sino por causa de un ente exógeno; por la cultura. Las emociones (como decía Lutz) pueden entenderse como fuerzas que nombran, justifican y persuaden de un logro social más que individual: un producto emergente de la vida social. Asimismo, muy aparte de esta acotación, es necesario saber también que las culturas complejas han mutado a paso veloz es decir, las culturas han venido desarrollándose conjunto con el hombre, esto debido a que su tecnósfera cambió constantemente (ejemplos claros son la palabra hablada, la escritura y la tecnología informática) Ahora bien, si reconocemos que tanto las valoraciones como las mismas emociones en si son propiedades culturales y que las culturas han cambiado a lo largo de la historia, podemos afirmar cientificamente que nuestras emociones no son las mismas que las emociones de las personas que vivían en culturas antecedentes. Es decir, al cambiar las culturas cambiaron las emociones, afectos, pasiones y demás conceptualizaciones referidas al sentimiento y percepción humana.

Fijémonos bien, nuestro amor propio actual (emoción característica de nuestra cultura según Elena Pulcini), no es igual ni al narcicismo freudiano ni al amor a si mismo de sociedades orales. Tampoco nuestra ira o cólera modernas son comparables a la ira/cólera de la ilustración o al “Cholos” o “memis” griegos. El punto es que se esta interpretando (en el lenguaje cotidiano) a las emociones de manera inadecuada, se esta cometiendo una negligencia emocional en la que se ve implicada no solo la represión de los afectos y pasiones, sino que funciona tambien como coerción en el “Yo” y el “”: el humano en si y para si. Esto es, el comportamiento humano se encuentra mal analizado, no solo por las personas acientíficas, sino también por los mismos hombres de ciencia, como los psicólogos, principales estudiosos de las emociones. Sin embargo, nace una oportunidad para comprender el fenómeno emocional gracias al estudio de otras ciencias aparentemente desentendidas de la psicología. Partiendo de Alvin Tofler y de estudios semiológicos diversos, se puede trifurcar a los cambios históricos sin temor a dudas de acuerdo al plano psicológico: Edad tribual, Edad platónica y Edad Sensible o “Mundo de los Sentidos” se convierten entonces en punto de partida para el análisis de las emociones.

Existe con todo esto un desconocimiento de nosotros mismos y de nuestro ambiente social, de las características que posee este mundo de los sentidos, y del comportamiento humano moderno. Se desconoce la presencia de un cartesianismo afectivo inconciente, de dialécticas negligentes, de la muerte de la religión, de la libre percepción, del cambio de los signos, del sentido nuevo de la realidad, de la incompetencia de la llamada “inteligencia emocional”, del etiquetar a las emociones como “buenas” o “malas”…de la muerte de Dios como emoción inmensurable y exclusiva del hombre, y el nacimiento de los dioses dormidos, dioses heterogéneos, dioses de verdad. Toda esta idea madura mientras el pre-texto se torna más misterioso y a la vez más provocativo: "(…)mala suerte para ellos, porque el mundo cambiará...y cambiará pues”

¡Sed Amables! Llegó el Principito: Filosofía latinoamericana moderna



Por: Eduardo Yalan


¡Escríbanle a Antoine de Saint-Exupery porque su principito se encuentra en la tierra! No es que precisamente el pequeño niño con rizos de oro haya anclado otra vez su atroz ingenuidad en África, sino que la cultura moderna siente la presencia del secreto de ese niño (o de su zorro): “no se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos”. Esto no es para nada cursi, por si solo este axioma describe exactamente una situación de la filosofía latinoamericana actual, un episodio de nuestra cultura moderna que se devela con un simple análisis de su historia.

No hay que engañarnos, se acusa a nuestra filosofía latinoamericana de mimética y no hay por donde refutarlo, si bien a mediados del siglo XX estuvieron en la escena filosófica personajes originales como Alejandro Korn y el uruguayo Carlos Vaz, ellos encontraron un camino ya labrado por una influencia europea explicita en Latinoamérica. Siendo así ¿Se puede hablar entonces de filosofía latinoamericana independiente? En teoría no se puede hablar siquiera de una filosofía latinoamericana ya que no estamos hablando de algo “en si” o algo único, sino que hablamos de un conjunto de filosofías que han precedido y determinando a la nuestra, en este caso el pensamiento europeo nos ha marcado ya para bien ya para mal (con la misma lógica no podemos hablar de un filosofía exclusivamente platónica ¡que hubiera sido Platón sin Sócrates, Heráclito o Aristófanes!)

Pero existe un hecho curioso en nuestra cultura de pensamiento latinoamericano. A mediados de los años cuarenta, occidente exportó a Latinoamérica uno de sus más prolíficos pensamientos y a la vez el más venenoso: el marxismo. La influencia marxista en hombres como José Carlos Mariategui, el Che Guevara, Fidel Castro, Rodney Arismendy, Eli de Gortari, Antonio Garcia, etc. consolido un hecho que nos marcaría durante la primera mitad del siglo XX: el excesivo interés por las “cosas serias” (como tal vez nos diría el hombre de negocios en el principito), la política, la economía, el materialismo, la sociología. No ha habido filósofo latinoamericano de mitad de siglo XX que no haya incursionado sus especulaciones en el terreno marxista. Las “cosas serias” estaban compuestas por brumosas imágenes y palabras que untaban plegarias hacia la materia, esas “cosas serias” eran siempre dignas de ser pregonadas. Todos se preocupaban acerca del capitalismo o el socialismo, acerca de cómo evolucionaban “dialécticamente” las sociedades, o de cómo la economía marchaba en el país (lo cual induce inevitablemente al sectarismo)

Sin embargo, hubo una época de transición en la filosofía latinoamericana, encabezada por el magnífico Augusto Salazar Bondy; la “filosofía de la liberación” (como se la llamaba) nacía, y con ella unas ansias de ciencia y sed de semiología. La necesidad de liberar a los pueblos sudamericanos en los años 40 condujo a personajes como Mario Bunge y Francisco Miro Quesada a la preocupación por el lenguaje y la aclaración de su significado, además del interés por la lógica y el uso del discurso filosófico; es decir, se marco una actitud positiva hacia la ciencia. Nace pues una filosofía analítica que nos separaba de la seriedad marxista. La fenomenológica, epistemología, semiológica y demás eran las favoritas en tertulias latinoamericanas después de los años cuarenta.

Y fue así como vino el principito. El marxismo nos hizo niños serios y la filosofía analítica nos maduro, ahora la filosofía del principito nos arremete: “Lo esencial es invisible a los ojos” Fijémonos bien, veamos los foros de filosofía latinoamericana después de los años 90, ¿que vemos? Temas como la ética, orientación espiritual/religiosa, y la valoración de vida son incluidas en las principales discusiones. Antes no podíamos ver a un semiólogo hablando de ética, ahora los jóvenes se encargan de trasportar la filosofía a un nuevo espacio, las causas materiales ya no son de interés, ahora lo interesante es lo que no se puede ver. Todos hablan de esas cosas que no se pueden ver, los sentimientos, emociones y demás son el punto de discusión en la filosofía latinoamericana. Cada vez se asienta más la idea de un pluralismo filosófico en Latinoamérica superando sectarismos y esperando con paciencia este desarrollo del pensamiento que actualmente vivimos. Somos privilegiados de presenciar este cambio cultural: el principito se detuvo nuevamente en nuestra cultura pero esta vez trajo consigo a su flor, sus dos volcanes y su cordero.

La sensualidad y los parámetros de la verdad

Por: Eduardo Yalan Dongo


La verdad, la máxima ambición humana, la más rica escultura que nunca ha dejado de ser robada. Antes de reflexionar sobre los parámetros de la verdad y la vinculación de la sensualidad con respecto a la realidad, dejemos pasar una paradoja dentro de nuestra imaginación. Supongamos que vivimos en el tiempo del tímido Copernico, cerca de 1536 época donde se creía que la tierra era el centro del universo, como promulgaba el eunuco pensamiento cristiano. Pues bien pensemos que estamos caminando por aquellas calles italianas y se nos acerque el susodicho científico y nos diga “¿Usted cree verdaderamente que la tierra no se mueve?” Obviamente que nosotros contestamos que si, debido a que nosotros hemos visto que la tierra no se mueve porque si se moviera lo sentiríamos. Entonces el científico nos reclama diciendo “¡Como usted un ser tan ignorante se atreve a contestar que la tierra se mantiene quieta, ¡Cuan ignorante puede ser usted!” Hoy en día decir que la tierra no puede moverse seria visto por muchos como un reductio ad absurdum como una manifestación de lo imbecil, muchas personas, incluidos muchos filósofos, alaban tanto a la verdad que la convierten en una necesidad, esto hace que no haya cabida para nada mas, solo la verdad es digna ¿Pues que tanto hemos alabado a la verdad?

Dejemos nuestra imaginación volar y entendamos un poco: nosotros somos seres humanos que sentimos y percibimos. Nuestra percepción –dicen- nos engaña y nos dice que la tierra esta quieta, que la tierra no se mueve, o quizá que la cuchara se dobla cuando la ponemos en un vaso con agua; en ambos casos la percepción nos engaña, al menos asi lo dice la verdad. Siendo así, los sentidos nos engañan debido a que, como sabemos, existen normas físicas que las podemos considerar como parte de una verdad universal (como se refiere vulgarmente por allí), la percepción seria entonces un error. Este es el paramento al que me refiero, la percepción queda relegada de todo juicio debido a que no es verdadera, debido a que muchas veces está en contra con lo que sucede en el mundo objetivamente. Los doctos dirán que la percepción es entonces una falsedad, dirán que es tonta la persona que piensa que la tierra no se mueve. Esta es, sin duda una atrocidad contra la percepción, contra la sensualidad.

Es decir, la sensualidad, es decir los sentidos, la percepciones que poseemos de la realidad, no siempre son acordes con la magnánima “verdad”, puede ser que los juicios sensibles o las certezas sensibles, como diría Hegel, no sean las mas aptas para referir una verdad objetiva, pero si son parte de nuestra realidad. Lo que percibimos es valido para nosotros en la medida en que juega un papel en nuestra realidad. Al engreído Schopenahuer le hartaba este mundo de apariencia o de estupidez, a algunos le causa estupor máximo cuando escucha estas llamadas “estupideces” de la percepción. Pues digamos ahora, en nuestro actual contexto al que estamos sujetos, que la percepción cultural es la que predomina más que la razón objetiva, es más importante que la verdad dogmática ¿no es así acaso como se maneja nuestro mundo actual? Esto no quiere decir que valgan mas la una o la otra (¡atención!): ni la verdad ni las percepciones valen más o menos, ni tampoco son iguales; cada cual compensa el necesario rumbo de la realidad, cada cual es parte esencial de nuestra cultura y realidad.

Sensus assoupire! No debemos adormecer los sentidos, no dejemos que normas morales ni sobrevaloradas gobiernen nuestros juicios, si sentimos que la tierra no se mueve no es que sea un error perceptivo, ni tampoco una manifestación de la estupidez. Debemos entender que la percepción también es valida, que si bien la física nos dice que la tierra se mueve en el espacio en relación al Sol, esto no nos dice que debemos desechar nuestro juicio perceptivo, ¿necesariamente tiene que ser dialéctico el movimiento? Ambas nociones son validas, la de la percepción subjetiva y la de la verdad objetiva, asimismo, ambas nociones fueron las más dañinas en la historia, la primera se encargo de ocasionar el surgimiento de ideologías absurdas como el cristianismo, la segunda la que dio de lactar a las clases opresoras, la que fundo la represión.

Análisis metafísico de la comedia



Por: Eduardo Yalan Dongo

El año 2007 hice una investigación acerca de la comedia como representación estética y como metafísica inexplorada por la docta cultura del estatus quo. Este ensayo trata de buscar una integración de la comedia en la apreciación común (vulgar) que poseemos sobre ella:

"El Arte de la Comedia se encuentra expuesto a una determinación constante de la risa y la denuncia, las cuales representan la base y la estructura de toda la Comedia, esta manifestación tan sublime creada por el hombre, ¡inventada por el hombre! El juego de palabras, el dominio de la lengua, las buenas personificaciones, imitaciones y/o emulaciones, así como las indumentarias, las máscaras y los gestos exactos fusionados con la música del espíritu subjetivo o dionisiaco, hacen a la estética de la Comedia.

Es muy primordial también este juego de la estética en la comedia, es decir, si bien la base de la Comedia es la denuncia y la risa, la estética depende mucho también de cuanta habilidad posee el comediógrafo para transmitir imágenes que sean risibles y muy bien elaboradas para el público. De alguna manera, la estética, análogamente a lo que debe ser entendido el mito, tiene un efecto levemente degustable de lo que es la verdad, es decir existen pincelazos, indicios de la denuncia, de una verdad oculta. Sin embargo, el Arte no debe ser apreciado como simple estética propia de un conocimiento lógico por parte de nosotros, es decir, el Arte no debe comprenderse en la medida en que nosotros vemos cuan bello es estéticamente o en que manera es lógica o comprensible dicha manifestación, posiblemente ésta representación artística oscilaría entre lo burdo y feble, o mas precisamente lo incompleto. La Comedia, como toda representación del Arte, es una admiración no de las formas estéticas, sino de la esencia misma que irradia, es decir, de que manera se encuentra el Arte simbolizado, en que medida nos preguntamos; ¿que es lo que transmite dicho Arte?, ¿de que manera se puede romper el cascarón de la estética y ver que maravilla es la que germina dentro de dicho cascarón?

Esto es la metafísica de la comedia, lo más allá de lo estético y físico de la Comedia. El lector más entendido y más suspicaz habrá entendido la manera en como se ha visto a lo largo de este ensayo la situación de la Comedia con respecto a la metafísica, en que apunto es mi metafísica diferente al sentido que le otorga Hegel a este Arte de la Comedia en su Fenomenológica del espíritu. Yo humildemente apunto a una investigación más subjetiva y comprensible de la Comedia, no lo que la unifica y la asemeja a otras artes griegas, sino lo que la hace diferente con respecto a estas, porque al fin y al cabo hubieron muchas –por no decir todas- artes griegas cuyas explicaciones metafísicas se hallaban en Dionisio y en otras deidades, sin embargo, creo que con esto no profundizamos en la Comedia en si misma y en lo que la diferencia de las otras artes, entre ellas la Tragedia. De alguna manera, la tesis de la teoría de la metafísica de la comedia se explica en un axioma que puede muy bien defenderse solo: donde se asienta la casa de la comedia no dudemos en pensar que allí habita la denuncia.

Es entonces así; donde existe un acto cómico, desde le teatro hasta las formulaciones cómicas expuestas en los chistes inmediatos de la vida (expresados por las personas en si) existe por consiguiente un acto que se esta denunciando, un hecho que carga la conciencia y que tiene que ser disuelto por la risa, es decir, la tendencia que va mas allá del principio de placer. La tragedia es pues lo pesado: la comedia, lo ligero; sin embargo, ambas son necesarias, no existe una que deba o tenga que ser rechazada, ambas son estricta e involuntariamente necesarias para buscar el equilibrio, reflexionar sobre nuestras partes para obtener el todo por el todo. Es por esto que si se menciona o adopta la tragedia sola, es muy difícil pensar en una comedia a posteriori: este es el problema de los débiles, los ignorantes y llenos de fe, pero vacíos de voluntad. Empero, si se adopta la comedia es muy fácil ver que tras de ella había una tragedia, una conciencia pesada, una denuncia latente, una risa promulgada…esta tendencia se repite tanto en el Arte como en la vida del hombre. Entiéndase la palabra comedia como una semiótica de hechos que la abarcan, como un todo y como una parte: Como comedia de vida y Comedia del arte. Vitor por aristofanes, todos los vitores son pocos."

Para bajarse el ensayo en su totalidad entrar aquí:

Pesquisas de lo fantástico


Ensayado por... Pedro


Como nos dividimos nosotros los hombres cuando tratamos de explicarnos: por generaciones, países, sub-culturas. En lo intelectual, algunos de nosotros nos dividiremos por conductas apropiadas, con ciertas palabras rimbombantes y conducta sosiega, hilando silogismos espectaculares con razonamientos lógicos de temas desconcertantes. Otros, explicaremos claramente con ejemplos sociales y con un fondo tenue pero importante, nombraremos experiencias y hasta chistes para no caer mal. Lo primordial no está en la forma que decimos lo que decimos, únicamente en dejarnos entender.

Una fantasiosa mañana podré escribir al viento una parodia de la naturaleza perversa del hombre en una sociedad como la actual. Quizás, hablaré de paz entre los humanos y bellos aromas que circulen por los cielos celestes anonadando a todo aquel que si quiera intente desflorar nuestra esperanza de paz eterna.
O, mejor aún, explicaré bajo el parámetro de un índice, y siendo severo al rigor del esquema, un texto elegante y especializado que coloree los aburrimientos con citas textuales y referencias bibliográficas, haciendo con todos mis lectores una atractiva clase de seminario universitario 1 y 2. No importa como lo pensemos, sino que lo pensemos bien.

Lo fantástico y lo real se enlazan amorosos cuando tratan de hacernos entender las necesidades fundamentales como humanos. Lo tangible natural y lo fantástico de la niñez, juegan papeles duales, entre lo opuesto y complementario, ensalzan lo agrio del ser y destellan nuevas doctrinas para nuevos enamorados. Juegan en la temple de lo pacifico humano y callan cuando deben de callar, pero no dejan nunca de actuar, porque lo fantástico y lo real conviven, y siempre que queramos nos darán de alimentar.

Se sabe que el diccionario desmiente esto, lo separa radicalmente y oponen sus almas como dos enemigos que jamás se podrán entender. Entre real y lo fantástico no hay distinción (la vida es sueño y los sueños, sueños son), más si ciertas diferencias, ya que lo real está para aquel que quiere convivir con la esclavitud de no tener alas para escapar, y lo fantástico te las regala sin reprochar. Eso no debería de ser así, ambos deberían de integrarse intrínsecamente y confundirse como el aire y el viento. Pero para el hombre no hay mayor amenaza de orden y pulcridad que eso. Separar las cosas para que el status quo permanezca estable y dominte; entender a la sociedad como un opresor del ser es el primer punto para la liberación de uno mismo. Como aquel graffiti de mayo del 68, “las alambradas cierran calles, pero abren caminos”. Habría que abrir el camino de la libertad intelectual y jugar íntimamente con la mezcla real-fantástico, para dejar de pensar en cuadriculado, para dejar de ver la vida como un método, con su único índice de elevación en un libro de autoayuda.
Lo fantástico siempre estará ahí presente y de la mano con lo real, para que el menage a trois (real+fantástico+uno mismo) funcione, para que nuestras vidas mejoren, para que nunca dejemos de ser niños (punto central del texto), para que nunca dejemos de alimentar el alma, para que no necesitemos ser seres dependientes, para que olvidemos de subyugarnos a lo establecido, para que por fin, todo lo sagrado sea entendido y valorado.-