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SINtíTULO


Por: Pedro Zamalloa García


¿Qué será más recomendable para momentos de silencio a motor viejo,
de susurros lejanos, con hedores nauseabundos próximos a mi rostro
perdido entre disyuntivas ajenas?

Corre hijo, gánale al sol la partida con ventaja a tu favor.
Una reja no es una celda
y un timbre malogrado no es un ‘espera’.

De ser así,
he de regresar por la vista contraria,
tendría que mirar todo al revés,
entender cosas que parecían no entenderme
y que, entre fugaces rebotes de luz, pretendían ocultarme algo.

¡Corre con más ganas muchacho¡
Tus pasos te dejan atrás, corre, que
el cansancio no puede arrastrarte más.

Casi cerca, a puente vivaz crucé el alto régimen de idioteces sesudamente pensadas
llegando sin dudar al desfiladero de esperas junto al muro público
que de tanto haber sido meado de pronto nos hizo parecer moscas sobre mierda.

No corrí, no lloré, no me asfixié; sonreí más bien
y aunque difícil fue de creer, incluso para mi,
no hubieron en mi esbozo, mayores esfuerzos ni falsedades.

Sonreí.

Y fue así que al volver otra vez, Sonreí.

Una Gárgola en el armario: a propósito del amor en la cultura moderna.

Fotografía: Javier Ramirez Noriega
Por: Eduardo Yalán Dongo

"we gotta go now, bye bye...
whe have some good times...
But`they`re just about gone
about the break of day!"
Jim Morrison

Umm, no recuerdo bien, pero creo que tenía como 9 o 10 años cuando en navidad mi papá me compró una Gárgola; la Gargola Goliat, de la serie de dibujos animados. La gárgola era increíble, morada, con una revestimiento de piedra de a mentiritas (porque las gárgolas de día se convierten en piedra), y con unas alas increíbles que se agitaban cuando juntabas las piernas del muñeco…increíble. Pero entonces pasan los días y pasa la vida y la Gárgola fue pasando de moda y la serie repetía los mismos capítulos y como que ya cansaba ver a Goliat, Brookling y a esa gente en el mismo castillo sin baño. Así que mismo Toy Story 2, me cansé de jugar con Goliat y lo agrupe junto con Chaca de virgo, el batimóvil, unas fotos de primaria, otras de secundaria, un Picoro Daimacu y un soldado de los años 50 que mi papá me había regalado. Todo dentro de una caja, una caja de zapatos amarilla que hasta hace 1 día tenía en la parte de arriba de mi armario. Ahora bien, yo no juego con Goliat, no lo visito todos los días, ni le hago caso, y por nada del mundo quería regalarlo, a nadie. ¿Para qué entonces lo guardaba? ´

El primer feminicidio ocurrido este 2010. Jairo Retuerto con una agripada locura cargo ambas manos al cuello de Lizeth Rodríquez, le dio dos fuertes sacudones, izquierda pow, derecha paw (según peritos) y la hizo dormir para siempre. Lizeth quería ser arquitecta, estaba cursando la secundaria y tenía muchos planes para su vida, lastimosamente entre ellos no se encontraba Jairo. Al parecer este se dio cuenta (casi al final de la relación) que esta misma ya no funcionaba, que el juego del playstation y del Nintendo, facilitado por el negocio de sus padres, lo abstraía completamente de la realidad afectiva…despertando solo cuando escucho "Esto no va más”. Este no pudo bailar con la noticia, no pudo creer lo que le estaba diciendo y, con una segura (y comprensible) aceleración del pulso y respiración y además de una angustia visceral intensa, terminó de ser seducido por las más violentas emociones. Pobre Lizeth, sus sueños eran muchos, bastantes quizá, ser arquitecta, casarse, vivir con otra persona, viajar, miles de situaciones, pero ella no era de las mujeres que guardan Goliats arriba de su armario.

Tofler señala en su libro “El shock del futuro”:

“(en esta cultura moderna) En vez de estar ligados a un solo objeto durante un
lapso de tiempo relativamente largo, nos hayamos ligados, durante breves
períodos, a una sucesión de objetos que sustituyen a aquel.”

La relación con las cosas afecta a tus impresiones y a tus sensaciones; en resumidas cuentas, sientes emociones cada vez más reducidas, modales, transitorias, fugaces o a corto plazo. Es decir, en esta cultura: chau matrimonio, chau emociones mutables, chau planes sedentarios, chau monogámia, chau fidelidad; si quieres todas estas cosas, o te consigues a una cristiana o nadas contra la corriente (poco aconsejable). Pero no hablemos que el amor “ya no existe”, no. El amor existe aún pero ya no con ese revestimiento abstracto, como se lo concebía antes, sino de una forma carnalizada, mas expresiva, mas intensa. Si bien en esta cultura el amor es fugaz y a corto plazo, las emociones que se expresan en este breve tiempo se han tornado mas intensas, mas calurosas; antes solo el desarrollo de una, solo una emoción (ejm. Amor) en la vida del hombre común, costaba años de consolidación, convencimiento, y sometimiento. Hoy, sin embargo, lo que aquellos hombres se esforzaban en hacer en años, hoy lo gozamos en semanas. Igualmente, lo que antes solo se sentía una vez y de forma reducida, hoy se siente en una multiplicidad dentro del tiempo y espacio transitorio…algo que da miedo y también curiosidad.

Al final Lizeth no tenía la culpa de nada, ella solo fue la consecuencia de esta sociedad de “úsalo y bótalo” ¿Por qué matarla? Ella era de otra época, de otra cultura, 4 años menor que Jairo…y bueno…Jairo…Jairo….Jairo solo quería una Gárgola en el armario.

Resiliencia en la infancia Andina: Bases para la educación afectiva.

Por: Eduardo Yalán Dongo
Fotografía: Diego Miranda
"No obstante, la emoción es el fundamento
de lo racional y el campo donde se construyen
las conductas y el lenguaje, donde
efectivamenteaceptamos al otro como legitimo.
Es decir, la emoción es el campo que hace
posible la convivencia y la democracia."
(Teresa Tovar: sin Querer Queriendo;
Cultura docente y género)

Es inevitable, cuando hablamos de infancia andina, no dejar de mencionar la mala educación que esta recibe por parte de los agentes del estado y porque no, quizá de entidades privadas. Sabemos de ante mano que la infancia en sí es sinónimo de educación, que la educación a su vez es trabajo, y el trabajo finalmente es economía (pobreza o riqueza). Sin embargo, siguen los problemas sobre la educación en estos sectores principalmente en Ayacucho, Huancavelica y Apurímac y subyace nuevamente la pregunta de los más exacerbados: ¿Qué sucede con la educación en el interior del Perú? Sin embargo, es más acertado preguntar ¿Cómo miramos a la infancia andina? Existen pues sujeciones que limitan a la infancia andina y una de ellas es la postura adultocentrista/urbanizada que inevitablemente se cuela dentro de las soluciones políticas, educacionales y, también, dentro de las cognitivas, del imaginario popular.

“Pobre niño, no tiene infancia” se refieren quizás las personas urbanizadas cuando ven a un niño andino con responsabilidades tales como ayudar a su padre en las tareas del agro, o criar a sus pollitos. Pero el primer error es que atribuimos las características de la infancia urbanizada, (ese proceso numerado) a la infancia andina. El infante citadino es un número y solo el número (la edad simbolizada) le dará responsabilidades democráticas dentro de una política supuestamente abierta, creemos con esto que la infancia en sí esta contenida dentro de este primer y minúsculo concepto. Pues bien, la infancia andina es una infancia oral, que cree en las responsabilidades, que estima la relación con el medio ambiente, que no tiene una figura paternal claramente fijada, y que esta sometida, claramente, a la resiliencia. La propuesta educativa, entonces, no tendría que enfocarse bajo fundamentos que promuevan el intelectualismo y la racionalidad, sino la educación afectiva, el tipo perfecto de educación que les posibilitaría administrar sus decisiones dentro de un ambiente democrático. Los afectos son más próximos a la resiliencia y a la cultura oral que los procesos de tipo racional y escribalizados.

El educación afectiva que se transmite a los niños en los andes se basa en la inteligencia emocional de Lawrence Shapiro y David Goleman. Sin embargo, como ya se ha mencionado anteriormente en este blog, la inteligencia emocional parte de una base racional/escribal, lo cual impide una optima penetración en terrenos orales o electronales. Se enseña a los niños sobre la empatía, autocontrol, simpatía, cordialidad, amabilidad y respeto, valores poco recomendados para la resiliencia, es decir, para la adaptación a un ambiente “animalizado”. La educación afectiva por tanto no debe apuntar a una sistematización del autocontrol y el sometimiento racional, no se debe apuntar a desarrollar la capacidad cognitiva, sino a dotar de dominio afectivo dentro de un ambiente determinado al sujeto, en este caso al niño. ¿Cómo? La educación afectiva debe apuntar al reconocimiento de las emociones por parte de los niños, desarrollar tareas y talleres (juegos, actividades) de autoestima, creatividad, identidad, humor, convivencia y expresión emocional. Esto, con el fin de ser mas directos y precisos con el objeto de estudio ha analizar: La infancia andina

Creencias y la profecía de las nuevas emociones




“Si una tecnología entra, ya sea desde dentro o desde fuera,
en una cultura y da nuevo énfasis o ascendencia a uno u
otro de nuestros sentidos, el equilibrio o proporción queda
alterado. Ya no sentimos igual, ni nuestros ojos, oídos y demás
sentidos permanecen igual.”
Marshall McLuhan – La Galaxia Gutenberg

Resulta tan excelso como raro (como decía el buen Spinoza) encontrar un entendimiento dentro del cambio cultutal de nuestra realidad moderna, encontrar dentro del follaje y el rameado psicosocial factores y fenómenos afectivos que no se encuentren vinculados a las ideas o a las creencias individuales y/o colectivas. Preguntarnos acerca de los efectos ocasionados por los cambios sociales es positivo e integrador: preguntarnos sobre el por qué de estos cambios es aun mas ilustre e integrador. Ahora está la cuestión, ¿Cómo analizar estos fenómenos afectivos o mejor aun, como explicarlos? La tradición psicológica nos devela dos pensamientos muy vinculados y a la vez desvinculados a las emociones; ambas se unen, ambas son indiferentes.

El primero de estos pensamientos, y cronológicamente iniciador del estudio de la naturaleza humana, fue representado por David Hume, filosofo escocés. A los 26 años de edad, Hume publicaría su “Tratado de la naturaleza humana” libro poco bien recibido por la crítica erudita. Ahora bien, ¿Qué sucede con Hume?, ¿Porqué tan importante? Bien, el filósofo fue uno de los que se abocaron al estudio de las ideas y los sentidos en una época donde predominaba pregonar Verdades inmutables y alabar a la vocinglera filosofía racionalista. Lo interesante en Hume es una idea que me gustaría señalar; el filósofo creía que existía una interrelación entre ideas e impresiones, llamando ideas a los recuerdos reclutados de experiencias humanas, e impresiones a las experiencias mismas (ejm. Ayer me fui al zoológico; idea: el recuerdo del león / impresión: el momento exacto cuando lo vi). El cerebro humano es un almacén de ideas que –según Hume- se asocian durante otros procesos humanos como el sueño. ¿Suena familiar? Si, suena a Sigmund Freud. ¿Qué dice el padre del psicoanálisis con respecto a esto? Freud sigue una larga tradición que divide la razón de la pasión así como se divide la mente y el cuerpo. Freud creía, al igual que Hume, que existían ideas que eran el reflejo de impresiones, pero que estas ideas se encontraban divididas entre el yo y el ello, entre el lado consciente y el respectivo inconsciente. Las emociones –según el psicoanálisis- son efectos de ideas claras o reprimidas. Freud aseguraba: si se encuentra emoción como efecto, entonces se puede asegurar que existe una idea o creencia que la alimenta, esta idea puede estar refugiada o en la clara consciencia o en la negrura del inconsciente.

Todo muy bonito hasta aquí, ahora, ambos pensadores (Freud y Hume) aportan un análisis muy claro, sin embargo ambos son descuidados en el tema de las emociones. Uno –Hume- por un lado sugería someterse a la tranquilidad de pintar un cuadro para ahogar una pasión poderosa, otro –Freud- se dedicó tan poco a las emociones como se dedica un semiólogo a la ética. Sin embargo, el fenómeno queda bien planteado por ahora: las emociones son el efecto de una creencia. Ahora bien, ¿podemos sugerir que, al igual que el individuo tiene creencias, existen creencias colectivas que nos vinculan según la cultura a la que pertenecemos a emociones determinadas? o, para ser más brioso, ¿existen creencias correspondientes que estriban en los cambios culturales mundiales? Hagamos una lluvia de ideas, señalemos algunas creencias culturales: creencia griega del héroe como sujeto redentor, creencia egipcia de la vida más allá de la muerte, creencia maya del sacrificio, creencia racista del nazismo, creencia democrática del capitalismo, creencia del honor de la cultura oriental, creencia de la inmediatez en nuestra cultura virtual. Estas ideas o creencias de alguna u otra manera, tarde o temprano, advertida o inadvertidamente, despiden el hedor de una pasión incolora, de una emoción detectada; cada creencia señala una emoción, una pasión, un padecer (pathos), o una vivificación de la potencia de obrar.

Ahora, lean el epígrafe a este artículo: el señor Mcluhan, ávido visionario, nos sugiere una propuesta muy interesante. ¿Es posible afirmar que cada cultura o cambio cultural (de los tres reconocidos) posee una creencia y por tanto despide una emoción colectiva? ¿La edad tribual, la edad platónica y la edad sensible –nuestra edad- han tenido sus propias creencias e ideas, y por tanto han forjado sus diferencias emocionales la una con la otra? ¿Si esto es así, como señala Mcluhan, podemos afirmar que cada cultura en la medida en que ha tenido su creencia e idea propia, ha limitado a sus sentidos, o –para hablar como Hume- a conspirado en contra de sus propias impresiones? Expliquemos un poco esta idea. Si hoy en día, en nuestra cultura sensible (cuya causa es la tecnología virtual), las impresiones de la realidad se refieren a una inmediatez que las personas demandan, a una heterogeneidad de pensamientos, a un aislamiento físico de la realidad, a una necesidad de subjetivar la opinión, entre otras, se puede afirmar sin temor a equivocación que estas impresiones generan una idea de la sociedad y de la misma cultura en el individuo, y que esta idea a su vez produce una emoción determinada en el mismo, entonces ¿estamos hablando de las mismas emociones de hace lustros o incuso de hace algunos años? Además, como dice McLuhan, ¿no estamos limitando a nuestros sentidos e impresiones cuando los enfocamos solo en medios determinados de la tecnología (TV, computadora, radio, etc.)? ¿y si limitadas, fuertemente desarrolladas? Luchamos con espadas como la edad tribual, reprimimos a las pasiones como la edad platónica, somos un hibrido único e indistinto de emociones, somos el resultado de algo nuevo y listo para ser analizado. Las emociones han cambiado, ¿listos para algo nuevo?

El Mundo de los Sentidos


Por: Eduardo Yalán

“Lo que la cultura hace, pues es extraer
nuestra común humanidad de nuestra
individualidad políticamente sectaria liberando al
espíritu del mundo de los sentidos,
arrebatando lo imperecedero a lo contingente
y obteniendo unidad de la diversidad.”

Terry Eagleton - “La idea de Cultura”

Madurar una idea denota tiempo y paciencia, denota cariño y también mucho odio. Este sentido es el que me conduce a un análisis de una realidad compartida, un análisis que desea madurez y necesita paciencia y, a pesar de la terrible negligencia acaecida por la cultura antecedente, necesita de mucha critica. Refiero aquí el tema que siempre discuto con todos mis amigos: El Mundo de los Sentidos. Deseo tan solo ahondar un poco mas en este análisis cultural, y de paso, explicar (con esperanzas de una retroalimentación) esta mal llamada “teoría” sensible.

Pues bien, todos poseemos emociones, nos pertenecen como la vida le pertenece a la muerte (y viceversa), y no dejamos de admirarlas (en el caso del amor) como de aborrecerlas (tristeza). Sin embargo, si observamos un poco, encontramos mucha valoración en nuestras emociones; las tildamos de “malas”, las etiquetamos de “buenas”, las llamamos repulsivas, entre otras denominaciones. Lo que se sostiene pues es que estas etiquetas axiológicas no son introducidas por nosotros, sino por causa de un ente exógeno; por la cultura. Las emociones (como decía Lutz) pueden entenderse como fuerzas que nombran, justifican y persuaden de un logro social más que individual: un producto emergente de la vida social. Asimismo, muy aparte de esta acotación, es necesario saber también que las culturas complejas han mutado a paso veloz es decir, las culturas han venido desarrollándose conjunto con el hombre, esto debido a que su tecnósfera cambió constantemente (ejemplos claros son la palabra hablada, la escritura y la tecnología informática) Ahora bien, si reconocemos que tanto las valoraciones como las mismas emociones en si son propiedades culturales y que las culturas han cambiado a lo largo de la historia, podemos afirmar cientificamente que nuestras emociones no son las mismas que las emociones de las personas que vivían en culturas antecedentes. Es decir, al cambiar las culturas cambiaron las emociones, afectos, pasiones y demás conceptualizaciones referidas al sentimiento y percepción humana.

Fijémonos bien, nuestro amor propio actual (emoción característica de nuestra cultura según Elena Pulcini), no es igual ni al narcicismo freudiano ni al amor a si mismo de sociedades orales. Tampoco nuestra ira o cólera modernas son comparables a la ira/cólera de la ilustración o al “Cholos” o “memis” griegos. El punto es que se esta interpretando (en el lenguaje cotidiano) a las emociones de manera inadecuada, se esta cometiendo una negligencia emocional en la que se ve implicada no solo la represión de los afectos y pasiones, sino que funciona tambien como coerción en el “Yo” y el “”: el humano en si y para si. Esto es, el comportamiento humano se encuentra mal analizado, no solo por las personas acientíficas, sino también por los mismos hombres de ciencia, como los psicólogos, principales estudiosos de las emociones. Sin embargo, nace una oportunidad para comprender el fenómeno emocional gracias al estudio de otras ciencias aparentemente desentendidas de la psicología. Partiendo de Alvin Tofler y de estudios semiológicos diversos, se puede trifurcar a los cambios históricos sin temor a dudas de acuerdo al plano psicológico: Edad tribual, Edad platónica y Edad Sensible o “Mundo de los Sentidos” se convierten entonces en punto de partida para el análisis de las emociones.

Existe con todo esto un desconocimiento de nosotros mismos y de nuestro ambiente social, de las características que posee este mundo de los sentidos, y del comportamiento humano moderno. Se desconoce la presencia de un cartesianismo afectivo inconciente, de dialécticas negligentes, de la muerte de la religión, de la libre percepción, del cambio de los signos, del sentido nuevo de la realidad, de la incompetencia de la llamada “inteligencia emocional”, del etiquetar a las emociones como “buenas” o “malas”…de la muerte de Dios como emoción inmensurable y exclusiva del hombre, y el nacimiento de los dioses dormidos, dioses heterogéneos, dioses de verdad. Toda esta idea madura mientras el pre-texto se torna más misterioso y a la vez más provocativo: "(…)mala suerte para ellos, porque el mundo cambiará...y cambiará pues”

¡Si Google lo dice!: aproximación a los afectos en el “no-ser”

Por: Eduardo Yalán

Hace poco leí una noticia que me hizo sonreír mucho, el titulo de esta noticia fue “Perú es el país más amoroso en Internet, según Google” La noticia hacia hincapié en la búsqueda golosa a través de Google que los latinoamericanos tenían con respecto a temas como el sexo, muerte o temas relacionados a los afectos, entre otros. Por un lado, los mexicanos, ecuatorianos y peruanos se indignaban con casos tan ridículos como “la culpa la tiene Coldplay y su último disco, -Viva la vida-“o sino “el fallecimiento del hijo de John Travolta” que curiosamente hizo a la gente interesarse por la palabra “muerte” en Google. El caso es que esta búsqueda de conceptos como “amor” (love) “odio” (hate) o “muerte” (death) esta latente en el mundo cibernético, en la tecnología moderna. Pero aun más importante es darnos cuenta de una cosa no tan obvia, la apariencia (es decir todos los hechos superficiales de la realidad) posee una determinación tal, con respecto a las personas, que de alguna manera es la potencial determinante de la reformulación de los conceptos comunes como “amor, “odio” o “muerte” que creíamos innecesarios.

Estoy seguro que más de un peruano siguió la novela de amor “Gisela-Carmona” o la del “Puma” Carranza y su esposa, pues bien, la desfachatez de estas historias tan poco sustanciales (según el intelecto) para nuestra vida racional y afectiva insospechadamente determina nuestra vida diaria. Se creía que la reacción que tenemos con temas aparentes es una manera de desenfocarnos de nuestros sentimientos para adoptar prescriptivamente otros, impuestos por los medios. Pero, para aclarar esto, resucitemos a Hegel un instante y escuchémoslo decir: “llamamos apariencia al ser que es en él mismo, de modo inmediato, un no-ser”. Analicemos ahora, ¿nuestro “no ser” es una manera fija hacia el desconocimiento de nosotros mismos? NO, lo que sucede en nuestra cultura moderna es abruptamente diferente, ya que este “no-ser”, esta apariencia, es la que, de una manera extraña, nos dirige al “ser”. Si pensábamos que la apariencia y esta estupidez era inservible e insustancial para nuestra vida altamente “distinguida”, pues nos equivocamos; curiosamente es esta apariencia, este “no-ser”, el que nos hace formular acerca de nuestro “ser”, de nuestra vida propia. Entonces, si no solo nos interesamos por hechos tan poco trascendentes sino que reformulamos nuestra propia vida afectiva o racional a través de ellos, preguntemos ¿son estas reformulaciones un ansia propia por saber de nosotros o es la apariencia y sus hechos la que inconscientemente nos enrumba a esta reformulación? Ambas son dos opciones alentadoras para el campo de la psicología moderna, ya que existe en ambas el tema central: el interés por la vida afectiva, el interés por nuestro “ser”.

La estupidez que vemos en la televisión de espectáculos, la pelea del vecino que antes no nos interesaba, el amorío de uno de tus amigos, la esposa del puma Carranza o la muerte de el hijo de John Travolta, repentinamente nos afecta, nos hace padecer la inseguridad y/o la seguridad de sentimientos adormilados, estos hechos estúpidos nos hacen preguntar cual niños chimuelos, como se encuentra nuestra salud, amor, odio, o vida diaria. De alguna manera la estupidez (ojo no confundir estupidez con imbecilidad) ha puesto en el camino de la motivación pagana a los afectos y sensaciones, de alguna manera la tecnología ha motivado nuestra percepción y a su vez a nuestra sensación, (la publicidad sabe muy bien de eso). Nuestro interés por los afectos es latente, el mundo sensible ya esta con nosotros, se puede palpar y degustar diariamente, nuestra estupidez, nuestra vergonzosa estupidez (como dice el pseudo erudito) ha dejado en pañales a los conspicuos doctos, la gran masa sale a la escena psicológica, la gran masa con su aparente “estupidez” descifra la nueva psicología de los afectos: el mundo de los sentidos.

Los dejo con un video hecho por mi amigo Flavio Fernandini, esto aclarará mucho nuestra percepción con respecto al ambiente sensible en el que estamos.


Pudor y poesía: excavando en el mundo de los sentidos.

Por: Eduardo Yalan

¿Se han preguntado cuantos blogs comparten una misma temática?, ¿cuantos vivencias tuyas son conocidas por la mayoría de tus amigos? ¿Cuantos poetas indiferentes a la lectura han comenzado a exponer sus cuartetos oscuros a la luz del mundo, generalmente virtual? Retomé hace poco la lectura de Nietzsche, mirando algunos pasos que deje en anterioridad, me llamo la atención una reflexión acerca de la poesía que el filósofo hacia: “Los poetas carecen de pudor con respecto a sus vivencias: las explotan” (af. 161. MABM) Inmediatamente me vino a la mente esa imagen de nuestra cultura moderna, todos comunicando sus emociones y vivencias sin ningún aparente pudor. He leído cosas tan personales y tan subjetivas en blogs tan públicos y comunicables, experiencias embadurnadas de poesía amateur, esa poesía tan limpia, emotiva y cruda; explotada.

¿Que nos indica que exista tan basta cantidad de personas que quieran comunicar sus emociones a través de la comunicación generalmente virtual? Ya sea en los correos (guardados como “borrador” o quizá “enviados” a la persona que deseamos) o en los blogs, la intensión de querer comunicar nuestras emociones mas subjetivas sin ningún pudor nos convierte en los nuevos poetas de la edad moderna. Hacer comunicable mediante imágenes o símbolos casi surrealistas nuestra gama de fenómenos afectivos nos da una cierta confianza, como una cura hablada en donde el psicoterapeuta es una cantidad inimaginable de internautas. Queremos evitar la tensión que origina nuestro afecto en nosotros, queremos que la poesía o la crónica poética sea una manera para consolar o expresar las emociones, sentirnos seguros. Esa necesidad por comunicar y sentirse a la vez insaciable por no ser escuchado es el motor de nuestra vida cotidiana, esta expresión virtual es solo una cascara de lo que ocurre: la mayor reacción ante los objetos nos hace personas más sensibles, con ello, más reactivas a los afectos.

Uno lee en los blogs temas tan poco existenciales, tan poco substanciales, tan irrelevantes, tan insignificantes, sin embargo, son estos problemas subjetivos los que dan la esencia en nuestra cultura moderna, son las emociones las que se convierten en nuestra comida rápida de cada día. Es admisible por tanto diferenciar a las personas como poetas que buscan contar las emociones que las subyugan o las hacen padecer, el mundo de los sentidos esta cerca, dicen que la tierra durará hasta el 2012, y las personas reaccionan emotivamente ante esto, dicen que los animales no se deben de comer, y las personas reaccionan ante esto, dicen que el amor no es correspondido, y las personas matan por esto. El pudor esta muriendo junto con la moral de antaño ¡BIENVENIDOS AL MUNDO DE LOS SENTIDOS!

Crónica de amor y la soledad


Por: Eduardo Yalán


Bueno, anestesiemos por un momento los lunes de filosofía rebuscada para muchos “inútil”, para que me permitan adentraré en un tema que me ha dado mucho que pensar estos últimos días, otra vez hablaré de un sentimiento que me parece totalmente “comercialón”; otra vez tocaré el tema del amor. Sentimiento jodido este el del amor, una muy buena amiga me lo describía como una enfermedad biológicamente peligrosa, y le doy la razón. Le doy razón porque ya no estamos en el colegio de razonamientos estériles, ¡por favor!, ya hemos crecido como para que nos digan que el amor es solo algo biológico o una respuesta de la oxitocina. Y digo que ya hemos crecido porque ¿de que vale que sepamos las ramas racionales/biológicas del amor? La verdad que preguntas como ésta solo contentan al más inseguro. Aquella persona que sufre un “mal de amor” y que se contenta con descifrar las causas lógicas de su “enfermedad” emocional es una persona que le teme a lo incompleto, a la nada, quiere que todo sea hermoso y que el hombre viva…. ¡pensamiento más cartesiano! Esa persona quiere estar atada a la seguridad máxima del mundo.

Por otro lado, una persona que es abandonada siente que le llevan un pedazo del alma que se arranca sin piedad (como bien dice la canción de Bebo y Cigala) se siente inseguro y solo en un mundo no conocido; el máximo pecado del hombre es ser gregario. Nos hartamos con la reflexión poética de nuestro amor desahuciado, queremos solucionar el problema con el objeto amado tratando forzosamente de arreglar las cosas con este pero no toleramos esos momentos de jolgorio emocional en la plena soledad. Les contamos a los amigos, a los parientes a los menos amigos, para que nos aguanten en nuestra descomposición interna, pero en realidad queremos no sentirnos solos. Soporten un minuto en su cuarto sin querer “arreglar las cosas” soporten y aguanten ¿no es horrible esa sensación? Ese dolor en el pecho desenfrenado, esa asma de remordimiento flameando en el pecho, ese calor interno desesperante. Pues ese es el momento en el que debemos de conocernos, no hablo de filosofar ni de agarrar un libro, sino de bucear en el lodo de nuestras emociones, insistir en descargar todo lo sentido y desembarcarlo en el puerto de la fetidez. ¡Que excelente manera de conocernos! No permitan ningun concejo racional: "si te ama debe actuar asi o asa", "si ella te ama entonces pata ti pata ta..." El amor es una enfermedad, pero también es una vedette, una mierda de dos patas, una obsesión, un neurotismo latente, una atracción… ¡que bello es el amor subjetivo! ese amor poético, que sería del amor sin esa cuota poética. Sin duda el amor esta conceptualizado, comercializado, pero al fin de cuentas poético, nunca se dejará de hablar del amor en la medida que esta cuota poetica/subjetiva exista y nos alimente.

Sin embargo, la vida no es amor, ni el amor mueve a la vida como lo dice mi estimado Jesús, el odio también es hermoso, la cólera, la ira repentina, y cada emoción es buena….ahora pregúntense…. ¿porque el amor es la vedette de las emociones? Siendo el amor una emoción gregaria, su reputación se basa en que las religiones la utilizan para mover a las grandes masas, pero aprendamos a admirar también al amor no-gregario esa flama que quema desesperadamente dentro nuestro, el amor solitario.

¡Comedia en la cultura!: entendimiento de sentimientos destructivos



Por: Eduardo Yalán
Escultura: Flavio Fernandini




Antes de nada, deseo abrir este breve texto con una magnifica expresión de Marx que recogí de la introducción al libro de Hegel “Filosofa del Derecho”, decía el joven Marx: “La última fase de una forma histórica mundial es su comedia.” Esta frase auque rara me trajo muchas acotaciones para tener presente. ¿A que se podrá referir Marx?, ¿comedia? Tal vez suena raro, pero esa frase esta más presente en nuestra cultura que en los años rojos de Marx. Con “fin cómico” de nuestra historia podemos referirnos a la forma risible y bufonesca en que la seria y prolija historia ha ido a parar. Porque es de locos no afirmar que este estadio histórico no puede ser llamado perfectamente “cómico”, este desenlace de la madre historia; a pesar de sus grandes conocimientos, acontecimientos y sabidurías suscitadas hasta mediados del siglo XX, la historia ha desembocado como río puro en un fango fastuoso de estupidez. ¡Donde ha ido a parar la grandiosa sabiduría! Sin duda es una de las más grandes comedias esta la de nuestra cultura, ¡que gran teatro aristofánico se puede levantar a escena con este insólito guión!

“¿Estupidez?” –Se puede preguntar el hombre moderno- “¿Como que estupidez?” No le parecen acaso una gran estupidez que después de tantos años de dominio de la razón en las motivaciones cotidianas y de domesticación de las emociones, imperen hoy en día (y contra todo pronostico) la forma más natural (o “básica”) de motivaciones emocionales. ¿Ejemplos? A principios de los 90 el psicólogo Daniel Goleman público el código de todo joven moderado: inteligencia emocional. El libro era un manual de cómo las emociones eran importantes pero debían de ser moderadas para el bien social del hombre. Es decir –Según Goleman- un hombre no le pega a otro hombre con el cual ha discutido por un fin complejo llamado “empatía”. Es decir, porque moralmente el hombre cree que esta mal el pegar y más si el ambiente esta cargado de moralidad y atavismos paparruchentos. ¿Donde esta la estupidez acá? Lo estupido es que Goleman escribió un libro que quería referirse a las emociones desde una perspectiva racional, y peor aun, cuyos lectores eran personas más expuestas a demostrar sus emociones a comparación de culturas anteriores. Que cómico es ver a alguien querer aferrarse a técnicas obsoletas para controlar todo un mundo nuevo de emociones, ¡y lo mas cómico es que estas escuelas cartesianas de control emocional se dirigen a los jóvenes, los maestros de la afección! Sino que es todo ese best seller “El Secreto” que aun saca esas normativas sobre las emociones, apreciaciones tan necias y tercas como las de un cristiano coqueado.

¿Porque no dejamos a la comedia fluir? Admitamos a los afectos, ¿porque un hombre no puede liberar energía emocional en una pelea? ¿Porque una mujer/hombre no debe tener misericordia? Los psicólogos dicen que los adolescentes somos rebeldes/violentos en mayor o menor grado según como nos hayamos separado de los agentes educadores (padres/madres), pregunto ¿Cómo creen que nos separamos en nuestra cultura de estos agentes, de forma violenta o de forma alegre y moderada? La violencia y el conflicto surge en nosotros cuando las enseñanzas morales de nuestros abuelos y padres se enfrentan al querer emocional nuestro: cuando estas frente a frente con el objeto odiado o amado una complejidad innecesaria de moral y remordimiento, de deber y no deber, surgen ¿porque ser misericordioso? ¿Porque sentir remordimiento? Un buen amigo me decía “lo que tu dices es muy básico” Pues sí, es realmente básico, pero esa forma “básica” no es respetada, la gente ha perdido la confianza por lo “básico”, es como persignarse tres veces antes de orinar o comer, es complejizar algo “básico”, y justo esa misma idea básica es la que nos resulta tan difícil de hacer por motivos complejos (remordimiento, impedimento moral, misericordia, etc.)

Que cómico se vuelve todo esto si nos enfocamos solamente en este aspecto de las emociones: Que cómico es ver a lo viejo y obsoleto ir en contra de la marea, y más cómico es ver a jóvenes que se creen el cuento de los viejos y terminan ahogados en fabulas de Esopo.

El amor en época de golosos

Por: Eduardo Yalán

Es más que claro que sabemos acerca de nuestra cultura moderna, una cultura que exige un reconocimiento de las emociones; la perspectiva de la realidad ha mutado, con el desarrollo de la tecnología se han desarrollado nuestras percepciones, y a su vez las emociones. Un ejemplo sencillo: un celular, instrumento moderno capacitado para no despegarse de nosotros ni un solo momento, sin duda esto afecta a nuestras percepciones, que se amoldarán al uso determinado del celular, lo cual a su vez afecta a emociones determinadas: podemos amar y/o odiar a ese inofensivo instrumento. Lo que supuestamente es ilógico, como odiar a un celular (como si fuese humano o algo capaz de responder a nuestra emoción –para muchos-) parece completamente normal hoy en día. Lo mismo sucede si particularmente observamos al amor. De alguna manera el amor se ha convertido en una emoción compleja. La nueva percepción de la realidad así lo exige.

Hasta hace poco tiempo, el amor estaba aun fusionado con la racionalisación de los afectos, se descartó por completo tratar al amor como una emoción vivida e ilógica. Surgió el “cartesianismo afectivo” una tendencia a explicar al amor desde un punto de vista biológico, todavía hay personas que se contentan y saltan en un pie cuando afirman al amor como una simple emoción producida por la oxitocina, “¡oh, si! El amor es una emoción producida por el neocordex, la oxitocina influye y… bla bla bla” Así solo hablan los arraigados a la escribalidad (entiéndase a la escribalidad no solo como un estilo de escribir, sino un pensamiento, un modo de vida). He escuchado muchas veces cuando se justifica al amor y nos creemos superiores cuando explicamos su genealogía biológica, pero esto es una patraña, una negación del amor mismo, negación de un afecto humano.

Igual pasa con el cristianismo, mutan al amor y le disponen incuso jerarquías, “A Dios el rango más alto y digno del amor, a la virgen otro amor”, y así conforme se baja de status dominante, de allí que solo el amor de Dios es más importante y puro que el amor de un hombre hacia una mujer. ¿Pero a quien pertenecen los afectos al hombre o a Dios? ¿Entonces quien creo a Dios? Por otro lado, ¿Acaso un afecto posee jerarquías? Este es otro pecado contra los afectos. Incluso llegue a escuchar que hay amor malo (referido a todo cuanto te lleva al pecado) y amor bueno (referido al amor de dios). De aquí se explica que Dios es millonario, ya que gobierna el mercado afectivo a través de un monopolio egoísta de las emociones.

Dejemos al cristianismo por ahora. Según Schopenhauer (que si amaba a su perro) el amor siempre apunta a la belleza, a la fuerza y a la salud, es decir el amor es un eufemismo de la elección de un buen macho o hembra que asegure nuestra existencia. Aquí va otra vez nuestro cartesianismo afectivo, creer que simplemente el amor es la elección biológica de mantener la especie, es una opinión aceptable, pero afectivamente negadora, moral. ¡No hay tratar mal al Amor! Tratemos de evitar domesticarlo, hacerlo algo predecible y seguro, ¿una emoción acaso es predecible o segura? Si bien nosotros estamos haciendo que la emoción que llamamos “amor” sea en nuestra cultura moderna mas compleja, mas ilógica y mas vulnerable, por este mismo hecho debemos entender al amor, pero no racionalizarlo sino darle una oportunidad como emoción “tonta e ilógica”. No prohíbo que se deje de amar a Dios ni prohíbo que tercamente nos contentemos con un cartesianismo afectivo, sin embargo entendamos a ese afecto como inefable, no como algo seguro de definir o segmentar. Vivimos en una época de golosos, de gente golosa de emociones y sentimientos, han pasado ya miles de años de tonterías contra los afectos, ¡Carajo! ¡Es hora de integrar y despertar!

La sensualidad y los parámetros de la verdad

Por: Eduardo Yalan Dongo


La verdad, la máxima ambición humana, la más rica escultura que nunca ha dejado de ser robada. Antes de reflexionar sobre los parámetros de la verdad y la vinculación de la sensualidad con respecto a la realidad, dejemos pasar una paradoja dentro de nuestra imaginación. Supongamos que vivimos en el tiempo del tímido Copernico, cerca de 1536 época donde se creía que la tierra era el centro del universo, como promulgaba el eunuco pensamiento cristiano. Pues bien pensemos que estamos caminando por aquellas calles italianas y se nos acerque el susodicho científico y nos diga “¿Usted cree verdaderamente que la tierra no se mueve?” Obviamente que nosotros contestamos que si, debido a que nosotros hemos visto que la tierra no se mueve porque si se moviera lo sentiríamos. Entonces el científico nos reclama diciendo “¡Como usted un ser tan ignorante se atreve a contestar que la tierra se mantiene quieta, ¡Cuan ignorante puede ser usted!” Hoy en día decir que la tierra no puede moverse seria visto por muchos como un reductio ad absurdum como una manifestación de lo imbecil, muchas personas, incluidos muchos filósofos, alaban tanto a la verdad que la convierten en una necesidad, esto hace que no haya cabida para nada mas, solo la verdad es digna ¿Pues que tanto hemos alabado a la verdad?

Dejemos nuestra imaginación volar y entendamos un poco: nosotros somos seres humanos que sentimos y percibimos. Nuestra percepción –dicen- nos engaña y nos dice que la tierra esta quieta, que la tierra no se mueve, o quizá que la cuchara se dobla cuando la ponemos en un vaso con agua; en ambos casos la percepción nos engaña, al menos asi lo dice la verdad. Siendo así, los sentidos nos engañan debido a que, como sabemos, existen normas físicas que las podemos considerar como parte de una verdad universal (como se refiere vulgarmente por allí), la percepción seria entonces un error. Este es el paramento al que me refiero, la percepción queda relegada de todo juicio debido a que no es verdadera, debido a que muchas veces está en contra con lo que sucede en el mundo objetivamente. Los doctos dirán que la percepción es entonces una falsedad, dirán que es tonta la persona que piensa que la tierra no se mueve. Esta es, sin duda una atrocidad contra la percepción, contra la sensualidad.

Es decir, la sensualidad, es decir los sentidos, la percepciones que poseemos de la realidad, no siempre son acordes con la magnánima “verdad”, puede ser que los juicios sensibles o las certezas sensibles, como diría Hegel, no sean las mas aptas para referir una verdad objetiva, pero si son parte de nuestra realidad. Lo que percibimos es valido para nosotros en la medida en que juega un papel en nuestra realidad. Al engreído Schopenahuer le hartaba este mundo de apariencia o de estupidez, a algunos le causa estupor máximo cuando escucha estas llamadas “estupideces” de la percepción. Pues digamos ahora, en nuestro actual contexto al que estamos sujetos, que la percepción cultural es la que predomina más que la razón objetiva, es más importante que la verdad dogmática ¿no es así acaso como se maneja nuestro mundo actual? Esto no quiere decir que valgan mas la una o la otra (¡atención!): ni la verdad ni las percepciones valen más o menos, ni tampoco son iguales; cada cual compensa el necesario rumbo de la realidad, cada cual es parte esencial de nuestra cultura y realidad.

Sensus assoupire! No debemos adormecer los sentidos, no dejemos que normas morales ni sobrevaloradas gobiernen nuestros juicios, si sentimos que la tierra no se mueve no es que sea un error perceptivo, ni tampoco una manifestación de la estupidez. Debemos entender que la percepción también es valida, que si bien la física nos dice que la tierra se mueve en el espacio en relación al Sol, esto no nos dice que debemos desechar nuestro juicio perceptivo, ¿necesariamente tiene que ser dialéctico el movimiento? Ambas nociones son validas, la de la percepción subjetiva y la de la verdad objetiva, asimismo, ambas nociones fueron las más dañinas en la historia, la primera se encargo de ocasionar el surgimiento de ideologías absurdas como el cristianismo, la segunda la que dio de lactar a las clases opresoras, la que fundo la represión.

El espíritu de las drogas y el alcohol en nuestra época.

Por: Eduardo Yalán Dongo


Mi generación: los jóvenes. Los dilemas que se ciernen con respecto a sus intereses marcan y delimitan la frontera con la ideología, como dicen por allí “los jóvenes de hoy en día, no tienen ideología”. Gritan y aspavientan según la masa lo diga, los jóvenes son los revolucionarios de las causas que la misma masa les propone. No nos indignemos si la ciencia del espíritu y de lo absoluto se han perdido, se presiente entre esta juventud solo la intención de pertenecer a la apariencia, la intención de trabajar en una profesión de masas, para las masas, con trabajos atemporales y un matrimonio duradero. –Lamentablemente la genealogía de los atavismos es desconocida por las personas de mi edad, la juventud solo conoce los efectos y síntomas de la estupidez brindada graciosamente por las mismas drogas y la televisión-. Los aires nuevos profetizan ya que la memoria no existe, que se toma conciencia y después se pierde la misma, la voluntad de esa juventud (una contradicción entre ambas palabras), si se le puede llamar juventud, es solo anhelar el sexo prematuro, y el ocio por la masturbación ajena y permanecer sobre alimentados en un ambiente que se encuentre mas cerca de los bares y discotecas. Ni siquiera lo que se “hace” se produce en base a la fusión de la razón y la pasión, sino al hambre de alienación, en base a diversos y nuevos tipos de mecanismos de adaptación totalmente innecesarios. Si se pensara un poco, si se tomara en cuenta a la droga, la televisión, a lo otro, a aquellos medios que “aparentemente” nos perjudican de alguna manera, y se los apreciara desde un punto de vista donde nuestra conciencia se vea ejercitada, distinta sería la situación.

Las drogas, por ejemplo, se encuentran también trivializadas y han perdido su uso primitivo para el temporal acto del conocimiento propio, y la auto revelación de la autoconciencia como unidad que vincula los estados del inconciencia y la conciencia y/o súper yo. El mundo de los sentidos no es para todos, no todos poseen ese interés de ser algo más. Las drogas, como me dijo cierta vez un amigo mío, las consumen todos…yo le digo ahora, ¿Quienes dentro de esa mierda de todos puede llegar a la autoconciencia? Se me podría quizás objetar un pero: “¿pero quien cuando toma o bebe quiere conocerse a si mismo?” Bueno, la verdad es que nadie, y esto ensalza más “mi teoría”.

“Pero el hombre que regresa por la Puerta en el Muro ya no será nunca el mismo que salió por ella. Será más instruido y menos engreído, estará más contento y menos satisfecho de sí mismo, reconocerá su ignorancia más humildemente pero, al mismo tiempo, equipado para comprender la relación de las palabras con las cosas, del razonamiento sistemático con el insondable Misterio que trata, por siempre jamás, vanamente, de comprender”. (Adolf Huxley: Las puertas de la percepción)

La mutación mercantilista que ha sufrido el uso del psicotomimetico ha convertido a esta salida de la apariencia como un consumo netamente a favor del recreo y la distracción de su mundo pero sin buscar ese algo más planteado como tesis funcional en el presente artículo. La conciencia y los diferentes estados que sumergen al hombre en este mundo de los sentidos, como particularmente lo llamo yo, se hace como efecto o consecuencia del uso de los psicotomimeticos y de las pasiones que sumergen al hombre en este conocimiento. Pero hay que tomar en cuenta lo siguiente: el uso del alcohol y de drogas alucinógenas no son estrictamente el pase obligatorio para llegar al conocimiento propio, la pasión en si misma es también un fuerte e incluso más evidente umbral para el mundo sensitivo.

El alcohol, por otro lado, es el elemento más popular consumido hasta estos siglos, que posee un historial inigualable a cualquier droga conocida incluso más común que la marihuana y los calmantes. El alcohol, que es propiamente una droga, es consumido por la mayoría de personas, desde el vino, pasando por el ron, la cerveza, el vodka y una serie plural de líquido y néctar de dioses (como afirman muchos asiduos). La mayoría de las personas aseguran que aumenta su sociabilidad y bienestar, la discrepancia entre los efectos reales y los percibidos obedece a los efectos iniciales que produce en la mayoría de los usuarios, liberación de la tensión, sentimientos de felicidad y perdida de inhibiciones. El alcohol, como se entiende, es propiamente un calmante, y responde muy bien al sentimiento de inhibición que irradia al momento de su consumo. El psicoanalista peruano Alejandro Ferreyros afirma con gran contundencia acerca del uso indebido del alcohol:
"El Súper yo se diluye en alcohol. Por eso, para el que quiere ser más mandado y la que quiere perder el miedo a coquetear, el alcohol es como un regalo de Papa Noel".

Pero el alcohol no es simplemente un producto mercantil, es una sociología que debe ser aprovechada no solo para el esparcimiento o para el rechinar de encías de jóvenes ignorantes que gimotean ansiosos por su gravitación del sábado último. ¡No! Sinceramente hacer mercantil una experiencia que solo sirve, para este tipo de personas, al esparcimiento no es recomendable. A mi entender, la inhibición y el respiro de la tendencia dionisiaca del espíritu debe ser algo más importante, que merece prestar atención a su trascendencia inicua, inmoral. Si se busca inhibir el estado del súper yo, se debe hacer pensando en el conocimiento del si mismo, en generar una visión de cuales son los instintos que producen este tipo de excitación variada. Tanto el hombre como la mujer deben de reconocer sus instintos que son a veces infaustamente manifestados durante su estancia dionisiaca en el mundo de los sentidos. Ferreyros puede resumir esta una crítica expuesta en este breve artículo en un simple axioma:

“Desarrollar el aspecto cultural y social, y no trivializarla [al alcohol] como una bebida simplemente recreativa."

Llegamos al punto mas interesante de la tesis sensitiva; la adicción. La adicción es un estado de malformación en la voluntad del hombre. Las drogas adictivas producen una dependencia biológica o psicológica en el usuario y en la que la abstinencia conduce a un anhelo por la droga y en algunos casos puede ser irresistible. La dependencia de la droga es comparable a la religión y su dependencia hipócrita; como dijo un muy joven Marx en cierta ocasión, “la religión es el opio del pueblo” (prólogo a la filosofía del derecho- G.W.F. Hegel). La dependencia o adicción es, al igual que la religión, una manifestación de una voluntad de poder feble, de una voluntad ambigua y débil, la adición por ende es para personas que no comprenden el significado real del uso de las drogas y alcohol; el vulgo sin dientes para masticar bien. Simplemente si no hay voluntad de poder, no hay mundo de los sentidos. El dominio de uno mismo es ante todo primordial, si uno no es maestro de uno mismo, entonces este mundo de los sentidos se puede volver el arma más peligrosa para extinguirse, tal como pasa con los que reflexionan mucho y les gusta vivir mucho en su propio espacio sensible. La muerte es, para nuestro beneficio, una necesidad:

“La manifestación es el nacer y el perecer, que por si mismo no nace ni perece, sino que es en sí y constituye la realidad y el movimiento de la vida de la verdad. Lo verdadero es, de este modo, el delirio báquico, en el que ningún miembro escapa a la embriaguez, y como cada miembro, al disociarse, se disuelve inmediatamente por ello mismo, este delirio es, al mismo tiempo, la quietud traslucida y simple. Ante el foro de este movimiento no prevalecen las formas singulares del espíritu ni los pensamientos determinados, pero son tanto momentos positivos y necesarios como momentos negativos y llamados a desaparecer.” (G. W. F. Hegel – La fenomenología del espíritu)


Ética demostrada según el desorden afectivo

Por: Eduardo Yalán Dongo


Comenzaré con esta pregunta: ¿Qué es más ético, controlar nuestras emociones, pasiones y sentimientos por el bien común o hacerlo para satisfacer nuestro propio conocimiento, el conocimiento de nosotros mismos? La pregunta, especialmente para los filósofos moralistas, religiosos y demás ascetas políticos de segunda, es simple: el bien común o la libertad es el objetivo que se ansia para generar una conciencia del otro, para aproximarnos al entendimiento de los derechos humanos. Se oyen soluciones éticas como la tolerancia, el respeto humano, la libertad, el bien común, la autonomía, la libertad pensada, entre otras. La ética ha hecho que estos conceptos sean aplicados a todas las profesiones, ciencias y demás sofisterías dejando que ellas se ilusionen pensando que es más ético un profesional que duerme sobre las sabanas de lo que debe ser el mundo, objetivamente hablando. La ética en general exige, para lograr este objetivo, no solo el involucramiento de las pasiones, sino que ante todo busca y desea su domesticación, desea que nuestras pasiones sean paralizadas y sesgadas de toda actividad con los otros. La relación de las pasiones con la ética es muy importante, tanto para la apreciación que podemos tener de las pasiones mismas como para comprender a la ética (ethike, ethos) misma, ambas se encuentran íntimamente relacionadas.

Para comprender todo este caos debemos primero definir a la ética en cuanto a disciplina y etimología. La palabra ética proviene del griego ethos o ethike, que significa al parecer indistintamente costumbre o carácter. La traducción latina de esta palabra ha hecho que poseamos dos significados que el vulgo ha comprendido como sinónimos: moral y ética. La moral (mos, moris, mores) es la traducción latina del termino griego ethos, que significa y se aboca más al sistema de valores inmanente en una comunidad, pueden ser estos herencia de generaciones pasadas o creaciones de algún jurista del estado. Por otro lado, la ética tiene una connotación my distinta; ella no es más que la reflexión filosófica sobre el sentido de dichas normas morales.

La ética es sobre todo una “manera de vivir”, permite saber qué sistema de creencias es el más deseable, para la ética, se entiende desde luego, “todos somos competentes para opinar”. Todos poseemos una manera de vivir, como dice Miguel Giusti en un análisis de la ética contemporánea: “Si decimos que una persona no es ética, entonces estamos diciendo que [las personas] no posean una concepción valorativa de la vida” Toda persona pues posee una ética y decir que una persona, por un acto inmoral cometido, no tiene ética es muy precipitado, incluso para el vulgo.

Ya lo dice Hegel en su Principio de la Filosofía del Derecho: “Pero, aunque moralidad y ética, de acuerdo a su etimología, fueran sinónimas, esto no impediría servirse de estas distintas palabras para conceptos distintos.” Claro, Hegel expone a lo largo de todo el aforismo 33 de este libro una distinción que no tiene nada que ver con el concepto ética o moral que conocemos, dice Hegel que la moral corresponde mas a lo enseñando por Kant y la filosofía moderna y que la ética, por otro lado, esta mas abocada a las enseñanzas aristotélicas y su persecución de la felicidad (eudaimonía). Entonces la ética es un factor en sí y para sí del hombre, un factor subjetivo y no objetivo, la ética no es moral.

Así como no debemos confundirnos con la terminología entre ética y moral, tampoco no debemos dejar de lado a Hegel en las disertaciones que conciernen a la ética. La visión que Hegel da a la ética se cierne en su concepto expuesto en la fenomenológica; el espíritu objetivo. El espíritu, esa extraña conciencia humana colectiva ha sido interpretado conforme su época, con forme los ideales de libertad y su graduación en el tiempo.

Si para Hegel el espíritu representa la vitalidad de las cosas humanas, en la ética esta vitalidad se refleja en el espíritu objetivo, la forma como se encuentra integrado el sujeto y la sustancia, la forma en como la libertad se encuentra plasmada en las instituciones de la sociedad; el principio de la filosofía del derecho. El ethos no se encuentra, según Hegel, en como dotemos al sujeto o a la sustancia independientemente valoración; los antiguos (los predecesores de Hegel) buscaban ante todo, en la ética, un sentido de bienestar común, de ideal de vida, algo fétidamente platónico. En la sociedad de Hegel, eran escasos los espíritus libres, aquellas personas que sobrepasen ese bienestar común aristotélico.

Comenzará con esta eticidad de Hegel, una carrera moral por el reconocimiento. La célebre figura del amo y del esclavo en la fenomenológica del espíritu es la referencia más inmediata de cualquier hegeliano, una dialéctica que se enfoca en dos procesos básicos: la búsqueda y obtención de reconocimiento y libertad. Esta lucha dialéctica la recogerán tanto Marx, Nietzsche Kierkegaard y Stirner. La ética refiere, si continuamos guiándonos por Hegel, una satisfacción dialéctica que se sacia solo a través de la libertad y el reconocimiento, de cómo las instituciones salvaguardan por estos objetivos humanos. ¿Pero, y que conmigo? ¿Debo siempre buscar la libertad sin buscar la satisfacción de mi causa? ¿Debo ser egoísta?

Entonces ¿Qué es lo preferible? ¿Qué es mas ético, que denota más libertad?: ¿el desenfreno de las pasiones o quizá su represión por el bien común? Lo que siempre ha quedado pendiente ha sido nuestro espíritu sensible, nuestros deseos indeterminados, nuestras pasiones, nuestras emociones, afecciones y percepciones; ¿y aun así se le sigue insultando al ser humano diciéndole que reprima a su alma sensible?

Lo más óptimo, lo más ético, lo mas saludable, la buena conciencia, todo lo que es se inicia en el desenfreno de nuestra alma sensible, en el paroxismo de los sentidos, en trascender del cuerpo al espíritu. La libertad no se consigue en la sociedad sino en la inmanencia de nosotros mismos para con el todo, el reconocimiento es mas plausible si lo apreciamos como algo introspectivo, como un reconocimiento de nuestras fuerzas. ¿Pero la libertad se alcanza acaso en el dominio de las pasiones por el bien común? ¿Por el respeto de un Dios? ¿Es la razón y la pasión una lucha constante? Al parecer si, pero, para un espíritu libre (atención con esa palabra) la razón y la pasión se integran, se balancean. El principio del amor al prójimo; amate a ti y para amar a los demás: matate a ti mismo.

La ética no se encuentra en el cuestionamiento de un Dios muerto, ni en dotar de valor a nuestro propio yo; la ética debe de apuntar al olvido y supresión del yo para dar paso a una liberación de las pasiones. ¿Y la razón? La razón se introduce en nosotros cuando fluctúa la muerte del paroxismo, con la muerte de Dionisio, la razón (no la idea de que tenemos de un afecto) es el camino para saber y conocer nuestras fuerzas, aquellas entidades o Dioses (como las llamaría Deleuze) que nos comprenden. ¿Moral de las pasiones? En realidad hay que matar a la moral, en realidad hay que desenmascararla, en realidad no existen fenómenos morales, sino una interpretación moral de los fenómenos, como decía el filosofo. Dicho sea sin eufemismos; no son validos ninguno de los valores morales que proponemos a diario; la ética, por otro lado se encarga de desenmascarar, cual axiología, a dichas normas ascetas, a esos comandments que a diario nos retiran de nosotros mismos, que periódicamente están construyendo una exaltación maléfica de nuestro yo:

“Dios y la humanidad no basaron su causa sobre nada, sobre nada más que ellos mismos. Yo basaré, entonces, mi causa sobre mí; soy, como Dios, la negación de todo lo demás, yo todo para mí, soy el único (…) nada esta por encima de mí”. (Max Stirner. El único y su propiedad)

El mundo de los sentidos


Por: Eduardo Yalán

Bien pues señores, sépanlo o no la historia ha muerto, germina la tercera ola, el post nihilismo, la electronalidad, el hombre virtual (el homo videns) la madurez para dejar de no ser: en la medida en que nos hemos sentido parte de la sociedad y de sus problemas, fuimos capaces de reconocer estos valores. Pero, sobreviene la gran pregunta del millón ¿Y eso que tiene que ver conmigo? –así se pregunta un pobre de cultura unineuronal tal vez interesado en las estrategias administrativas que se enfocan en fomentar el lucro mamarrachento y el despilfarro de baba- bien señor dialéctico del presente, quiéralo o no, eso le afecta. Y no solo en lo respectivo a la política, la jerarquía social o la lengua (ámbitos que muchos autores y profetas postmodernos han insistido en mencionar) sino, que afecta y/o determina su mundo sensible, (es decir los fenómenos afectivos que lo comprenden, quiéralo o no) a sus emociones, pasiones, sentimientos, percepciones, sensaciones; es decir todo por cuanto Platón tuvo un total desprecio.

Primero es necesario reconocer que la historia de los sentidos ha sido un relato pendiente, es decir, ha sido, hasta hace poco, relegado en el plano conductual y motivacional, si hablamos en términos psicológicos. La cultura popular ha hecho que se intensifique todo esto, que se amalgamen un sin fin de creencias acerca de las pasiones sin saber en realidad como actuar ante ellas. Esto ha provocado una mentalidad muy individualista y aislada (por no decir misantropía) con respecto al como actuar frente a un fenómeno afectivo. De aquí que se escuchen por los callejones del país oraciones como: “Cuando se presente el odio, deséchalo, y reemplázalo por la valentía” (para el negador de la realidad –Osho y su terapia sifílica-) o “Cuando estés dominado por el odio, mira la naturaleza, pinta un cuadro” (para el gran cobarde –Hume-) o “si miras a una mujer para codiciarla, arráncate el ojo, échalo lejos de ti” (para el cristiano babozon –el ungido-) o “la razón debe predominar ante todo, cual jinete de caballos salvajes” (para el platónico popular –Maslow-). Todas estas inconsistencias son herencia de una cultura que nos antecede, una cultura que no ha hecho mas que desequilibrar la balanza de la pasión/razón…durante siglos de escritura misógina la razón ha predominado, ha sido la favorita, ha disfrutado escupir en demasia, pero ahora, ahora todo ha cambiado, ahora la razón esta haciendo el amor con su, hasta hace poco, peor enemiga: el alma sensible, ahora nos será justo reclamar todo lo robado, todo lo coercionado. El mundo de los sentidos comprende pues lo siguiente:

Lo que todos saben:

1) Existe un cambio cultural: el mundo de los sentidos (predominio de la imagen, predominio de lo sensible, lo perceptivo, la cercanía, el roce)
2) Este mundo de los sentidos cultural, afecta a nuestros fenómenos afectivos –mundo de los sentidos interno- (somos mas vulnerables a las sensaciones, mas pasionales, odiamos y amamos más emotivamente, nuestra percepción comprende un mayor desarrollo)
3) Esto produce que el ser humano se desconozca, debido a que será mas justificado lo injustificado, la razón como justificadora de las travesuras de las pasiones (si odiamos, justificaremos nuestro odio con argumentos inviables y no verdaderos, la falsa razón o razon popular que le dicen–se vive la apariencia, el no ser-)
4) Integración de la razón y pasión; urge un sentimiento de conocimiento de sí, entonces ¿nos conocemos más en la coerción o en la expansión de nuestra pasiones?

Teoría:

1) El conocimiento se encuentra en la explosión y disolución del yo, es decir en el paroxismo de una pasión, de una emoción, sensación, y percepción. Cada palabra y cada hecho efectuado bajo una pasión es verdadera o al menos un camino que te lleva a la fuerza que te comprende, a tu esencia. (pasa lo mismo con el alcohol o drogas)
2) ¿que es mas óptimo entonces? ¿Reprimir, rechazar o apaciguar las pasiones, o ver lo que ellas nos tienen que decir, sufrir nuestras pasiones? Conocernos a nosotros mismos implica un minimun de placer y un maximun de sufrimiento. (de aquí que las pasiones sean utilizadas no como sensaciones por mí, sino que su uso gramatical obsoleto –pasión- implica el sentimiento trágico que siempre la ha comprendido).
3) Pero el sufrir la pasión, vociferar guturalmente, el insultar de manera descomunal, el amar con locura, el estallar en el llanto, el desparramarse de alegría; todo esto, en algún momento de la pasión, se agota, se calma, allí aparece la razón, que cual animal carroñero escudriña todo cuanto el odio, el amor, la alegria o el deseo hayan dicho ¿ahora ven la integración? COMPRENDER LA GENESIS DE TU PASIÓN, DE TUS SENTIMIENTOS. El resto se sigue de aquí, esto es solo el comienzo...