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Manifestaciones de lo sexual en lo cómico andino

Por: Eduardo Yalán Dongo
Fotografía: Diego Miranda
“Solo cuando subimos hasta una sociedad
refinada y culta se agrega la condición formal
del chiste. La pulla se vuelve chistosa y solo
es tolerada cuando es chistosa”.
(S. Freud. El chiste y su relación con lo inconsciente)

Cuando revisamos específicamente el desarrollo de los chistes andinos dentro del contexto rural podemos aseverar que el 80% de estos se abocan a temas sexuales desde predominios de la analidad, violación, zoofilia, parafilia, y hasta chistes vinculados con la iglesia. La manifestación de lo sexual en los chistes andinos demuestra que existe, como afirma Freud, una afinidad al develamiento de lo sexual distorsionado (“obsceno”), característica que divide a esta sociedad rural con la nuestra (urbana); digamos que la denuncia sexual de los chistes andinos remarca esta diferencia no solo cultural sino psicosociológica.

La analidad en lo cómico:

Según Freud en la etapa psicosexual infantil, para la representación, existe en alguna medida una cloaca dentro de la cual lo sexual y lo excrementicio se separan “mal o no se separan”. El interés de los chistes andinos por la analidad parte de esta edad psicosexual infantil y se extiende hasta la edad adulta configurando rasgos e intereses. Sin embargo, las heces no solo están vinculadas a los rasgos excretorios, higiénicos, de puntualidad o sexuales, sino que implican una relación con el valor material, más específicamente, el valor del dinero. El dinero es “sucio”, “cochino”, e “impuro” según las etiquetas que le damos (es necesario recordar a nuestra madre decir: “lávate las manos porque haz agarrado dinero”). No basta citar los diferentes cuentos que relacionan a la analidad con el dinero, como la gallina que pone huevos de oro, o el burro que excreta oro, o la piedra (cuento japonés) que da dinero a un campesino por una extraña cavidad en su parte trasera. Debemos de acotar también que, esto según Freud, el papel sexual de la mucosa anal en manera alguna se restringe al comercio entre hombres, tal vez su interés adulto por la atracción anal parte de una insatisfacción de la etapa infantil (etapa cuya característica principal es la estimulabilidad erógena de la zona anal).

Siguiendo con estas características sobre la analidad, se puede precisar que el niño andino desarrolla un sentimiento contradictorio por las distintas valoraciones (entre ellas la atracción) que se le da al ano y a las heces, no es de sorprender que las primeras palabras bien pronunciadas del niño en el juego hostil sean “caca, poto, pedo”. El chiste sobre la analidad demuestra por tanto no un problema a sublimar en la cultura andina, sino una exteriorización de los signos de vida del niño andino, signos que pueden servir como punto de partida para la integración de esta etapa primaria con la etapa adulta; pero definitivamente no estamos hablando de la sublimación de esta primera. Lo que sí podemos suponer es que existe en cada chiste andino sobre analidad dos roles: el rol espía (el rol que ha visto de primera mano o mantiene la imagen descrita y por tanto esta lleno de excitación sexual) y el rol narrativo (rol que abandona momentáneamente el carácter sexual para convertirse en el sujeto que cuenta lo visto haciéndolo cómico). Ambos roles en la cultura cómica andina están portentosamente presentes de tal manera que otro chiste (urbano) no causaría gracia alguna ni siquiera a los niños.

2 Chistes andinos sobre analidad:

El chiste del pajarito: Jacinto mete sus excrementos en el un gorro y se los enseña al sacerdote diciéndole que encontró un pajarito. El sacerdote mete la mano y se embadurna con las heces, cuando trata de librarse de ella se golpea la mano, y, para calmar el dolor, se chupa el dedo.

“La rapidez y el ají en el ano”: Analogía de cómo un niño, al igual que un burro pueden ser estimulados en el ano, con ají, para que logren rapidez en el desplazamiento.

El sacerdote dentro de los chistes andinos sobre analidad:

Es muy interesante, dentro del chiste en la cultura andina, reconocer que el 50% de los chistes sexuales sobre analidad incluyan al sacerdote católico como personaje. Los productos fecales en el chiste del pajarito enfatizan y/o otorgan al sacerdote un valor de rechazo, de “catectización” de las heces y su comprensible vinculación con el hombre lascivo religioso. El sacerdote en los andes es visto también como un ermitaño cuya soledad lo ha llevado a los torrentes de la lascivia pura y el fetichismo por lo infantil.

En el cuento “Tayta cura” se puede, claramente, analizar este valor. El chiste describe un personaje como seductor de una joven aldeana, con quien ejerce su poder y la engaña diciéndole que “si se quiere entregar a Dios, se entregue sexualmente a él” y sale embarazada. El chiste es una denuncia sexual por parte de los sacerdotes que, sobre todo en época colonial, abusaban de los niños en las provincias andinas del Perú. Obviamente que el chiste se convierte en hilarante y genera una respuesta cómica, pero esto no es más que la estética de la comedia cuya verdadera esencia se encuentra en la denuncia detrás del gran telón: El temor hacia los sacerdotes por parte de los niños y niñas y el posterior rechazo en la edad adulta.

No extraña por tanto que el 60% de sacerdotes practique las relaciones sexuales frente al 26% que prefiera los tocamientos a niños menores. Quizá de aquí parta la relación Anal-sacerdotal (Sacerdoanal, no le caería nada mal) en los chistes andinos, el sacerdote por tanto se convierte en el sujeto relacionado con la putrefacción, el asco, la antihigiene, valores que la iglesia de forma casual ha construido con la reclusión. El sacerdote por tanto se convierte en obra cómica en los Andes por obra de los que les temen, el desnudamiento de su animalidad es hilarante para las personas que ven demolida su propia edificación de tabú frente al sexo. Esta risa por parte del “mal educado” que se burla del representante de Dios, es una consecuencia de la mala adaptabilidad del cristianismo purista en los terrenos de la palabra oral, de las culturas tribuales, de la realidad andina; a ello su relación con la analidad y su desprecio pero también su innegable éxito…lo ridículo jala a la vista.

Jesucristo; crítica y conspiración.


Por: Eduardo Yalán

“Ya la palabra “cristianismo” es un malentendido,
en el fondo sólo hubo un cristiano, y éste murió en la cruz.”


F. Nietzsche. El Anticristo (§ Xxxix)
Soy ateo. Y ser ateo es una patología y no, como asegura Michael Onfray en su “Tratado de ateología”, una terapia . Ser ateo implica ser un tanto dialectico y un tanto creyente en aquello que tanto se esfuerza en repudiar: Dios. Ya muchos saben que ser ateo es también una creencia, es creer que dios no existe, especialmente que no existe el Dios cristiano, principalmente porque el ateísmo y el mercantilismo no se llevan bien de la mano. Y es que esta dialéctica intrínseca en la relación con Dios es la que convierte al ateísmo en patológico, en una enfermedad per se, que teóricamente busca curarse, pero prácticamente desea mantenerse enferma: a esto quizá podríamos llamarlo ateísmo diabético; una curación tan eterna como infinita. Claro que hay ateos, de los pocos, que se sumergen en la religión y juguetean con ella estudiándola, comprendiéndola. Este es el ateísmo integrador, del cual yo daré solemnidad en este artículo.
Hablemos de la figura de Jesucristo, máxima de la iglesia católica, polémica de la judía, y relegada de la islámica. Jesús es la iconografía más comercial en todas las religiones y es que, como se refirió en una oportunidad Eduardo Zapata Saldaña: “Jesucristo fue el primer marketero de occidente”. Sus milagros, resurrecciones y demás parafernalias paranormales, levantaron la popularidad de Jesus de Nazareth; amado y odiado, en occidente y en todo el mundo. Este articulo trata del buen "Jesus", y lo dividire en 2 puntos pequeños, que a continuación trabajare:

a) La ley
Cuando el pensamiento moderno sobre el cristianismo se instauró a finales del siglo XIX, ya estaba por sentada una teoría bien recorrida por Alemania que afirmaba que Jesucristo, al hacer una nueva doctrina sobre la judía, había roto las cadenas de la ley mosaica. Esta perspectiva la sostenían varios pensadores, entre los que más destaco son la de los coetáneos: Hegel y Nietzsche. La teoría era más o menos compatible con la perspectiva judía, que afirmaba que el cristianismo era una religión paulina y no cristiana en si misma, es decir, Pablo de tarso era el inventor de cristianismo y no, como se vulgarmente se cree, Jesús el Nazareno (Nietzsche abogaría particularmente este punto). Nietzsche en El Anticristo menciona algo parecido a esto; “Pablo quería la finalidad, consecuentemente quería también los medios…Lo que él mismo no creía, los idiotas en los que arrojo su doctrina lo creyeron” (§ 42) Ésta psicología del redentor entonces separa a un Cristo cristiano y a un Cristo acristiano (histórico). Es decir, Jesucristo no pretendió en ningún momento fundar una religión nueva alguna, teoría que sostiene Antonio Piñero, filósofo español y erudito en el tema del cristianismo. Jesús no fundó el cristianismo y apesar de ello se le ubica como un jurista proselitista dentro de la historia cristiana, Jesús unicamente pulula la palabra de Dios ubicandose como un mensajero de aquel, mas no participa en una empresa religiosa que lleve su nombre. Sin embargo, apesar de las invensiones paulinas de un Jesús pro religión y demás entelequias teológicas, existe pues una ley superpuesta a la judía, una ley atribuida al mesias y que hasta el dia de hoy se enseña como doctrina "pilar" del cristianismo. Hegel en sus primeros escritos reconoció esta ley: el amor cristiano.
El amor cristiano es sorprendente, e interesante a la vez, ya que a pesar de ser una emoción pura y ciega, en el cristianismo se presenta como una emoción elaborada, resultado de una racionalización reforzada con la palabra escrita. Si analizamos bien, dentro de la escala afectiva, el amor es el mas compatible con la escribalidad, con la palabra escrita (valga decir también con la edad platónica) contrapuesto entonces al odio, mas compatible con las oralidad, como es el caso del islam. ¿Por qué entonces, el amor que según los cristianos Jesús elaboró, era resultado de una racionalización? Para responder esto fijémonos en la encíclica de Benedicto XVI “Dios es amor” donde Benedicto desintoxica al Eros (intoxicación que advirtió Nietzsche, como lo refiere el propio Benedicto) y le atribuye al amor grados de intensidad, cuya cúspide o paroximia se encuentra en Dios: el verdadero amor es el que está con Dios. Esto es pues pura racionalización del afecto en cuestión. Entonces, Jesucristo paulista contrapuso la ley de un amor focalizado y fundamentalista frente a un odio y misantropía judía. ¿Porque triunfo Jesús? Por ser buen marketero, y por que su ley del amor fue compatible con la cultura que precedería a su muerte: la cultura escribal, o platónica (como yo la llamo).
b) El Jesús heroico y su desmitificación:
Un héroe es un héroe por muchos factores, principalmente porque existen personas que lo reconocen como tal, personas que dentro de su realidad pútrida desean plasmar su yo en "algo" grande. Es necesario resaltar esto de “realidad”. Cuando menospreciamos nuestra realidad y a todo este sistema sensible que nos rodea, queremos que exista alguien que lo transvalore: Queremos ser Maradona porque nuestra realidad es austera de éxito futbolístico, queremos ser Jesús, porque nuestra realidad es austera en fuerza. A Maradona se le dice Dios, a Jesucristo también. Todo héroe es mitificado. La imagen paulista de Jesucristo es la más pura mitificación de todas, el pleonasmo máximo de lo absurdo. Sin embargo el mito, a pesar de su carácter ilusorio, nos refiere datos curiosos acerca de la doctrina cristiana moderna, dentro de los cuales podemos citar la idea de la resurrección contenida en el mito paulista de Jesús: la muerte frente a la vida. La doctrina de los cristianos paulistas (a lo que se llama cristianismo, en la actualidad) gira en torno a esta idea; la vida en el más allá, la extensión del alma en la muerte. Lacan enfatizó enérgicamente (como lo muestra un video) la dependencia de la muerte por los cristianos modernos, "la muerte entra en el reino de la realidad, (...) eso les da fuerza (...) si no fuera así, ¿podrían soportar la vida que llevan?”. Otro punto de vista acerca de la muerte en el cristianismo es el que ofrece Gadamer, en un sagaz análisis fenomenológico. Gadamer afirma que la escencia de Cristo se encuentra en la conciencia finita de este, siendo su muerte la aceptación de la vida, una obstinación por vivir que incluso soporta un calvario pasional con tal de saborear los últimos momentos de vida. Son dos perspectivas interesantes que señalan como la muerte en el cristianismo moderno (paulista) es el fruto del cual todos los cristianos comen.
Conspirar. Nos falta esa cuota de conspiración para presenciar el vaciamiento mítico de Jesús. El Jesús histórico es totalmente diferente al Jesús mitificado, un Jesús que nació antes de la era cristiana en el reinado del emperador Augusto, educado en la fe judía, perteneciente a una familia numerosa, que tuvo hermanos y hermanas carnales, que tomó y continuó la predica de Juan el Bautista (además de actuar como su discípulo), que (a pesar de lo referido por Nietzsche) no quebranto la ley de Moisés, sino que la interpretó a su manera, que tuvo 12 discípulos, que anunció el reino de Dios, que actuó como el portavoz de Dios, que no abolió el culto judío, que no se trasladó de Galilea a Jerusalén con la intensión de morir, y que protagonizando un incidente en el templo judío siendo condenado a la crucifixión y muriendo en el reinado del emperador Tiberio. Su movimiento de seguidores no fue perseguido por entidades romanas. Este es el Jesús historio. La creencia fundamentalista en el Jesús paulista es demasiado fuerte y necia. Por lo demás, la actual cultura no se esfuerza en desmitificar o desmitologizar a Cristo, sino que poco a poco lo esta sepultando vivo (como lo hizo con su Padre) en la motivación cultural, quizá en un futuro no existirá Jesús ni Jehová, pero seguirá existiendo esa entidad que tercamente nos empeñamos en buscar.

El Mundo de los Sentidos


Por: Eduardo Yalán

“Lo que la cultura hace, pues es extraer
nuestra común humanidad de nuestra
individualidad políticamente sectaria liberando al
espíritu del mundo de los sentidos,
arrebatando lo imperecedero a lo contingente
y obteniendo unidad de la diversidad.”

Terry Eagleton - “La idea de Cultura”

Madurar una idea denota tiempo y paciencia, denota cariño y también mucho odio. Este sentido es el que me conduce a un análisis de una realidad compartida, un análisis que desea madurez y necesita paciencia y, a pesar de la terrible negligencia acaecida por la cultura antecedente, necesita de mucha critica. Refiero aquí el tema que siempre discuto con todos mis amigos: El Mundo de los Sentidos. Deseo tan solo ahondar un poco mas en este análisis cultural, y de paso, explicar (con esperanzas de una retroalimentación) esta mal llamada “teoría” sensible.

Pues bien, todos poseemos emociones, nos pertenecen como la vida le pertenece a la muerte (y viceversa), y no dejamos de admirarlas (en el caso del amor) como de aborrecerlas (tristeza). Sin embargo, si observamos un poco, encontramos mucha valoración en nuestras emociones; las tildamos de “malas”, las etiquetamos de “buenas”, las llamamos repulsivas, entre otras denominaciones. Lo que se sostiene pues es que estas etiquetas axiológicas no son introducidas por nosotros, sino por causa de un ente exógeno; por la cultura. Las emociones (como decía Lutz) pueden entenderse como fuerzas que nombran, justifican y persuaden de un logro social más que individual: un producto emergente de la vida social. Asimismo, muy aparte de esta acotación, es necesario saber también que las culturas complejas han mutado a paso veloz es decir, las culturas han venido desarrollándose conjunto con el hombre, esto debido a que su tecnósfera cambió constantemente (ejemplos claros son la palabra hablada, la escritura y la tecnología informática) Ahora bien, si reconocemos que tanto las valoraciones como las mismas emociones en si son propiedades culturales y que las culturas han cambiado a lo largo de la historia, podemos afirmar cientificamente que nuestras emociones no son las mismas que las emociones de las personas que vivían en culturas antecedentes. Es decir, al cambiar las culturas cambiaron las emociones, afectos, pasiones y demás conceptualizaciones referidas al sentimiento y percepción humana.

Fijémonos bien, nuestro amor propio actual (emoción característica de nuestra cultura según Elena Pulcini), no es igual ni al narcicismo freudiano ni al amor a si mismo de sociedades orales. Tampoco nuestra ira o cólera modernas son comparables a la ira/cólera de la ilustración o al “Cholos” o “memis” griegos. El punto es que se esta interpretando (en el lenguaje cotidiano) a las emociones de manera inadecuada, se esta cometiendo una negligencia emocional en la que se ve implicada no solo la represión de los afectos y pasiones, sino que funciona tambien como coerción en el “Yo” y el “”: el humano en si y para si. Esto es, el comportamiento humano se encuentra mal analizado, no solo por las personas acientíficas, sino también por los mismos hombres de ciencia, como los psicólogos, principales estudiosos de las emociones. Sin embargo, nace una oportunidad para comprender el fenómeno emocional gracias al estudio de otras ciencias aparentemente desentendidas de la psicología. Partiendo de Alvin Tofler y de estudios semiológicos diversos, se puede trifurcar a los cambios históricos sin temor a dudas de acuerdo al plano psicológico: Edad tribual, Edad platónica y Edad Sensible o “Mundo de los Sentidos” se convierten entonces en punto de partida para el análisis de las emociones.

Existe con todo esto un desconocimiento de nosotros mismos y de nuestro ambiente social, de las características que posee este mundo de los sentidos, y del comportamiento humano moderno. Se desconoce la presencia de un cartesianismo afectivo inconciente, de dialécticas negligentes, de la muerte de la religión, de la libre percepción, del cambio de los signos, del sentido nuevo de la realidad, de la incompetencia de la llamada “inteligencia emocional”, del etiquetar a las emociones como “buenas” o “malas”…de la muerte de Dios como emoción inmensurable y exclusiva del hombre, y el nacimiento de los dioses dormidos, dioses heterogéneos, dioses de verdad. Toda esta idea madura mientras el pre-texto se torna más misterioso y a la vez más provocativo: "(…)mala suerte para ellos, porque el mundo cambiará...y cambiará pues”

Leyendo a Heidegger: El último Dios



Para esta semana deseo introducir una breve cita de "El último Dios" célebre escrito del filósofo Martin Heidegger. El texto señala la finitud de nuestras valoraciones y de nuestras creencias culturales, el ultimo Dios es la manifestacion de la finitud de las culturas y del ser ¿nos creemos eternos y redimidos? no hay nada redimible ya que la finitud no es redimible. Atencion tambien con palabras como "degeneración". El texo en suma destila el aroma de la integración, entre la independencia del ser y la utilidad perdida pero no olvidada de Dios. A continuacion el Sr. Heidegger, simpatizante de Nietzsche, de los nazis, de Hegel, de los malos gustos, y de las grandes reflexiones:


"El último dios no es el final, sino el otro inicio de posibilidades sin medida de nuestra historia. Por eso no puede terminar la historia anterior, sino que es preciso que sea llevada hasta su final. Debemos llevar a la transición y a la disposición el transfigurarse de sus posiciones esenciales y fundamentales. Preparar la aparición del último dios es el riesgo más extremo de la verdad del ser, y sólo en virtud de esto es posible la restitución del ente al hombre. La más extrema cercanía del último dios se produce, entonces, cuando el acontecimiento-apropiador, el vacilante rehusarse, alcanza la denegación. Esto es algo esencialmente diferente de la mera ausencia. La denegación, en cuanto pertenece al acontecimiento-apropiador, se deja experimentar sólo desde la esencia más originaria del ser, tal como resplandece en el pensar del otro inicio.

La denegación, como la cercanía de lo inevitable transforma al ser-ahí en algo superado; esto quiere decir: no lo derriba, sino que lo arranca elevándolo a la fundación de su libertad.
Pero si acaso un hombre puede dominar ambas cosas, el faltar aún del rumor evocador del acontecimiento-apropiador como denegación, y la realización del tránsito a la fundación de la libertad del ente como tal, del tránsito a la renovación del mundo a partir de la salvación de la tierra, ¿quién podría decidirlo y saberlo? Y así quienes se consuman en esta historia y en su fundamento, permanecen separados entre sí, como las cumbres de las montañas más distantes.
La extrema lejanía del último dios en la denegación es una cercanía peculiar, una referencia que no debe ser deformada ni apartada por ninguna “dialéctica”.*

Pero la cercanía suena en la consonancia del ser con la experiencia de la indigencia del abandono del ser. Esta experiencia, sin embargo, es el primer paso hacia el asalto del ser-ahí.** Pues solamente si el hombre sale de esta indigencia lleva la necesidad misma a la iluminación, y recién entonces conduce al júbilo del ser, y junto con éste a la libre participación.

Sólo quien piensa demasiado corto, esto es, quien nunca piensa propiamente, permanece adherido allí donde apremia un rechazo y una negación, para hallar un pretexto a la desesperación. Esto es siempre un testimonio de que no hemos aún medido completamente el giro del ser hasta el punto de encontrar allí la medida del ser ahí.**

La denegación compele al ser ahí hacia sí mismo en cuanto funda el sitio del primer paso fugaz del dios, de Aquel que se niega. Recién a partir de ese instante puede estimarse cómo el ser, en tanto ámbito del acontecimiento-apropiador, debe restituir el ente a aquel estado de necesidad que supera al ente, y en el cual tiene que consumarse el homenaje al dios.

Nos hallamos en esta lucha por el último dios, y esto significa por la fundación de la verdad del ser en tanto espacio-tiempo de la tranquilidad del paso fugaz del dios (pues no somos capaces de luchar por el dios mismo); estamos necesariamente en el dominio del ser como acontecer apropiador, y con ello en la más extrema lejanía del muy brusco torbellino de la vuelta.
Debemos preparar la fundación de la verdad, y parece como si con ello estuviera ya predeterminado el homenaje y con éste la salvación del último dios. Tenemos que saber y atenemos, a la vez, a que el albergar de la verdad en el ente, y con ello la historia de la salvación del dios, sólo es exigida por él mismo y por el modo según el cual él nos necesita como fundadores del ser-ahí; exigida no como una tabla de mandamientos, sino más originariamente; y esencialmente de manera tal que su paso fugaz reclama que el ente permanezca, y con ello que lo haga el hombre que está en él; una permanencia recién en la cual el ente llegará a mantenerse firme alguna vez en la sencillez de su esencia recobrada (como obra, herramienta, cosa, hecho, mirada y palabra) ante el paso fugaz, sin detenerlo, sino más bien dejándolo gobernar como paso."


(Traducción de Fabián Mié. Nombres. Revista de Filosofía. Cordoba. Año VI. N° 8-9, nov. 96. Tipeó e indexó Di biase, Nicolas)


Notas de Filoterio:
* Poner atencion a la plabra dialectica y el significado hegeliano que Heidegger otorga.
** El ser ahí se refiere al ser en el mundo.

Martin Adán: diario de refugiado

Trabajo de investigación
Por: Pedro Crespo

Estos últimos meses, he andado sumergido en una polvoreda de archivos descomunales. Edificios siniestros construidos de papelería hongueada y amarillenta, pero cimentadas bajo la premisa de la Historia. Estos meses he indagado sobre la vida de Rafael de la Fuente Benavides (Martin Adán), un poeta limeño, barranquino, el más grande a mi parecer. Es cierto, tuvo una niñez complaciente; no lo duden, era una persona solitaria; sí, lo sé, tenía problemas con el alcohol. A sus 17 años, ya había concluido "La Casa de Cartón", texto que sólo fue escrito como un ejercicio gramatical en sus clases con su adorado profesor, Emilio Huidobro, en el Deutsche Shule. Este texto ha recorrido el mundo, y es indiscutiblemente una de las obras cumbres de las letras en castellano.
Aquí les dejo un extracto de mi investigación que aún no se deja concluir. Sucede en su primer internamiento en el manicomio Larco Herrera, el 8 de setiembre de 1937. Tambien, se hace referencia a la extraña influencia del psiquiatra Honorio Delgado, ambos personajes principales de esta historia, junto a algunos otros.

"En su primer informe de entrada, Rafael afirma que su angustioso gusto por el alcohol empezó aproximadamente a los 22 años, en 1930, edad a la que ya congeniaba con la popularidad de los círculos intelectuales de Lima. Un primer renglón resaltante de esta hoja amarillenta cubierta con tinta negra, califica a Rafael como un individuo normal. Al parecer, en el pabellón 12, el poeta pasaría por una pequeña exploración psíquica, que lo determinaría con esta luz esperanzadora en aquellos momentos. Una interesante observación digna de recalcar la haría Luis Vargas Durand, en la que añadiría que Rafael no creaba su condición con problemas personales, sino con códigos literarios. Permaneció en este pabellón tres días, desde el 8 hasta 10 de setiembre, ya que solo hasta ese momento se cubre su evolución. Empero, la siguiente nota determinaría su destino: “El paciente Rafael de la Fuente Benavides, pasa por orden del Sr. Director, al Pabellón N° 2”.
Por su parte, al otro lado del hospital, el Dr. Honorio andaría trabajando en su oficina, dentro del edificio corazón del hospital imponente como la Acrópolis, justo frente al portón principal, al final de un largo camino rodeado de verdes jardines limpios de inútiles hojarascas, y árboles serenos de tronco fecundo y altura protectora. Ahora, parado entre ellos, percibo que expulsan su perfume con timidez, como si los años hubieran sido malvados. Hoy en día, solo queda una brisa de su primaveral olor, restos que se enjuagan en el nebuloso smog de la Av. El Ejército para hacernos entender que el mundo ya no es el mismo. Honorio Delgado permanecía interno en su trabajo, que cabe recalcar fue bastante prolijo. Horas de vida dedicadas a la psiquiatría, a la importación de nuevos métodos, de nuevas fórmulas médicas. Basadre delataría su inmensa afinidad con la cultura alemana, cuestión que compartía con Rafael, por el manejo del idioma. Huesudo, alto y muy elegante, quedaría de él un gran estima entre los doctores de hoy en el Larco Herrera, que, aunque no pudieron conocer, rescatan su humanismo. Algunos otros hablan de su narcisismo, su forma elitista de ver al mundo. Dicen que él no tenía discípulos, sino vasallos; que no acogía gente, solo la aceptaba. Su Torre de Cristal se fundaría en el manicomio, un pedestal más arriba del mundo mundano, encabezando una institución que lo veneraba.
Poco después de despertarse, Rafael caminaría en rumbo al Pabellón N° 2 a través del hospital. Conocería sus espacios, su flora, su gente. Estoy seguro andaría observando cautelosamente para finalmente entender que el mundo al que había ingresado no era menos distinto del que abandonaba. La estupidez del mundo exterior se las arreglaría sin él. Solo, en ese momento, quedaría pendiente en su corazón la preocupación por su tía Tarsila y su madre. Ambas se habían quedado solas tras ver partir al hijo insatisfecho en busca de su propio destino; con el fin tácito de seguir sus estudios universitarios tranquilamente y de escribir una tesis histórica". (...)