
Sobreesdrujulas

Ya ven que el mundo es injusto
La otra mejilla
Fotografía: Yasmin SayánHace poco leí en un blog una pregunta que un curioso cibernauta le hacia a un entendido teólogo virtual: “Estimado Padre Fuentes: Cuando Jesús dice que si alguien nos golpea debemos poner la otra mejilla ¿Cómo debe entenderse esto? Si alguien agrede físicamente a otro, ¿no tiene éste derecho a defenderse?”. Al parecer a nuestro amigo le habían propinado tal golpe en la jeta que estaba preocupado si debería descarriar sus frusleras emociones en el hocico del agresor o simplemente resignarse estoico listo para mostrar la otra mejilla. Pero pongan atención a lo que digo: “al parecer”, al parecer cuando utilizamos el axioma cristiano de la “otra mejilla” nos imaginamos siempre algo físico, algo carnal, no tan metafísico o metafórico, siempre es “Si alguien agrede físicamente a otro”, como refería el abollado cristiano. Entonces lanzo la pregunta ¿De qué manera estamos educados en estos casos donde se nos propina una bofetada (no solamente física) y quedamos, como se dice, “ardidos”?
“Oísteis que fue dicho: amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo” (Mateo 5, 43) Y desde las antiguas épocas de la humanidad se nos ha acostumbrado a esta ley del talión, ley que nos ha enseñado bien a descargar la ira, cólera y tristeza en la bemba del oponente. Leamos los periódicos solamente para corroborar esta educación: “hombre mata a vecino por poner desmonte en su puerta” “mujer corta miembro a su pareja por presunta infidelidad” y bueno, podría seguir citando y rellenado más este artículo. La explicación de esta respuesta del talión en la sociedad masificada se debe a la simpleza que posee la reacción, es demasiado simple responder con una tortura, una mirada esquiva, un comportamiento determinado; es simple y fácil en causa, más no en consecuencia. Así como es poco saludable callarse insultos es también poco saludable someterse a un solo tipo de reacción, como es la del talión. Cuando Jesús dice que mostremos la otra mejilla (aclaro, soy ateo), no únicamente se refiere a los estándares físicos, sino que existe otro camino, y más saludable, que simplemente (por dialéctica) responder al golpe del agresor: dar las gracias.
Dar las gracias es una venganza sana, una maldad sutil, no hay motivo para comportarse a posteriori de “tal manera” o de “tal otra” frente al agresor, no tenemos porque fabricar un comportamiento especialmente para este, simplemente se le pide a esa serpiente que retire el veneno de la herida ya que “una serpiente no puede matar a un dragón”. Dar gracias es difícil y raro, sin embargo denota una complejidad que el agresor difícilmente comprendería, como también una purificación de la mente y el comportamiento de uno mismo. Es, creo, lo que se refería Spinoza cuando refiere: “Quien imagina que se destruye todo aquello que odia, se alegrará” e inevitablemente pensamos “Destruir = físico”, es decir, nuestra educación psicológica social es tan pobre que vinculamos casi siempre la “destrucción de todo aquello que odiamos” con lo físico, sin reconocer que la destrucción mas saludable es la de la mente, específicamente de la creencia. Si yo odio a una persona no es por ella misma, sino por la creencia que tengo de esta (tal vez creo que esta persona es mala o que se yo). Entonces, como dice Spinoza, nos alegramos mas saludablemente y sin consecuencias, si destruimos la creencia, lo que creemos, lo que en verdad nutre nuestra emoción, es decir lo “meta-físico” del problema. Hay solo dos caminos, ni uno mejor ni uno peor, pero, sabiendo que hemos estado caminando únicamente por un solo sendero, ¿no sería justo admirar el otro? Solo acepto una cosa, el camino de dar las gracias es un tanto tullido y da miedo, y, lamentablemente, no entran muchas mujeres en él.
Suspiritos azules

Mama, papa , hermano, amigo
y aun asi poder despertarmos todas las mañanas , iluminados!.
Sin esquinas oscuras atestadas de arrepentimientos. Sin nada sobre la piel, sin endulzarnos la sangre seca que nos embalsama los pantalones de noche anterior. Poder respirar hondo el incienzo que nos pudre el nombre mal pronunciado al momento comulgo de fingir amar. Ser malhechor , truan, infanticida. Tener en la mano escrita la mala suerte de los casi vivos, palidos y acuosos. Sentirnos vivos en las miradas incredulas de quienes nos contemplan como siempre desenfadados.
Decir que el sistema natural de la vida es tan solo embarrarse la garganta con lenguas ajenas, y pensarnos, como siempre, por encima de esa marejada de filantropicas manos hambrientas de rostros, desexisten dulces que ensalsar. Ser indomito, comportarse como tijera y no soñar mas con el Paris con aguacero o prostitutas con sabor a cucharitas.
Mojarse los labios, morderse las plumas y despertar!
Acuñar lazaros de retardos mental al borde del espejo.
Violar a quien mas te quiere, llenar vagina de amantes ironias.
y ser feliz.
feliz
feliz
Con la lluvia la hombro
zapatos lustrados
acentos de etér
suave humor.
Iluminados! siempre iluminados.
Sin brazo! iluminados!
Sin alma! Iluminados!
con la cama
demonios de madera!
inodoro de sombrero.
demonios de madera!
¿Nos adaptamos? Enfermedad del futuro
Fotografía: Erick Gallardo
I must find a place to hide
A place for me to hide
I can´t make it anymore
The man is at the door”
JIM MORRISON
Ya esta por sentado que la relación del hombre con las cosas sufre y cambia conforme las culturas lo hacen. Esta por sentado también que si antes éramos críticos, puntuales, con identidad, reflexivos, ordenados, simétricos, crédulos e interesados, ahora los somos en cada uno de estos puntos lo contrario: desinteresados, incrédulos, asimétricos, desordenados, gregarios, sin identidad, impuntuales y seguidores. Y por supuesto, esta por sentado igualmente que les tenemos cierta cólera o que tal vez algunos no acabamos de caer en el romance con las nuevas “tendencias” de nuestra arriesgada cultura. ¿Nos adaptamos entonces?
¿Y para que habría que adaptarnos? Conozco al lobo estepario, una persona cuya resistencia a la época moderna era voraz, feroz. No admitía ninguna invasión de los cambios socioculturales dentro de su vida interior, encerrado en su cuarto, una persona letrada, profunda, solitaria. Muchos de nosotros envidiamos al lobo estepario “!El si tiene identidad!, ¡él si sabe quien es!”, “¡Que idiota es!, ¡sáquenlo a la calle!”. Pero el lobo estepario con su profundidad y vagancia por el mundo…¿tenía miedo del mismo mundo cambiante? ¿Nos adaptamos entonces?
¿Y para qué habría que adaptarnos? Un hombre o mujer que muestra las encías con presunta felicidad del momento cuando se le añade a su sábado un entretenido cronograma de revoloteo por las discotecas y reuniones de su “selecto” ambiente social, esperando tomar de este aletear algún ósculo o coito “para comer aquí”. Si ustedes creen que estas personas son infelices, y poco interesantes, entonces están, como se dice, “cagados”. ¿Nos adaptamos entonces?
En nuestro camino por la evolución cultural se presentan estos dos tipos de sujetos: el inadaptado y el adaptado. Irónicamente, el inadaptado a la actual cultura sería nuestro lobo estepario, y nuestros adaptados culturales son los chicos que relinchan por sexo y alcohol cada sábado (desde ahora piensen antes de llamar a alguien “inadaptado”). Los lobos solitarios que aun persisten en nuestra cultura leen libros los sábados, salen al café, piensan en el matrimonio, en eternizar los momentos…LOCOS con justicia. Si un lobo solitario quisiera adaptarse tendría que dejar de ser lobo, tendría que ser un perro domestico, a veces vestido, a veces bien cuidado, a veces callejero. La nueva sociedad, por otro lado, domesticada en el espacio/tiempo moderno determina el comportamiento, premedita las reacciones y motivaciones, hace que las personas tengan un bajo nivel de identidad por el mismo aquí y ahora variable y multiforme. ¿Pero en su momento también no lo hizo con los lobos esteparios?
Suelto la pregunta que no pienso contestar ¿Nos adaptamos? Si soy de una forma determinada como estepario o al menos he heredado eso de mis padres, pero a la vez quisiera permanecer y mutar en la variabilidad del cambio actual ¿Qué hacer? Soy un hibrido social entre el conservadurismo estático y el desenfreno babeante de la modernidad. ¿Qué hacer? ¿Ser yo mismo? ¿Pero esto no es evadir el cambio? ¿Por qué en todo caso necesito un lugar para esconderme? ¿Acaso madurar es ser inadaptado? ¿y porque es bueno, en este caso, el cambio? ¿Pero por otro lado, porque es productivo ser esteparios? Da miedo cada una de estas preguntas…y tal vez te puedo retar con la siguiente ¡ALERTA!...Apuesto a que le tienes miedo al cambio.
Una Gárgola en el armario: a propósito del amor en la cultura moderna.
whe have some good times...
But`they`re just about gone
about the break of day!"
Jim Morrison
Umm, no recuerdo bien, pero creo que tenía como 9 o 10 años cuando en navidad mi papá me compró una Gárgola; la Gargola Goliat, de la serie de dibujos animados. La gárgola era increíble, morada, con una revestimiento de piedra de a mentiritas (porque las gárgolas de día se convierten en piedra), y con unas alas increíbles que se agitaban cuando juntabas las piernas del muñeco…increíble. Pero entonces pasan los días y pasa la vida y la Gárgola fue pasando de moda y la serie repetía los mismos capítulos y como que ya cansaba ver a Goliat, Brookling y a esa gente en el mismo castillo sin baño. Así que mismo Toy Story 2, me cansé de jugar con Goliat y lo agrupe junto con Chaca de virgo, el batimóvil, unas fotos de primaria, otras de secundaria, un Picoro Daimacu y un soldado de los años 50 que mi papá me había regalado. Todo dentro de una caja, una caja de zapatos amarilla que hasta hace 1 día tenía en la parte de arriba de mi armario. Ahora bien, yo no juego con Goliat, no lo visito todos los días, ni le hago caso, y por nada del mundo quería regalarlo, a nadie. ¿Para qué entonces lo guardaba? ´
El primer feminicidio ocurrido este 2010. Jairo Retuerto con una agripada locura cargo ambas manos al cuello de Lizeth Rodríquez, le dio dos fuertes sacudones, izquierda pow, derecha paw (según peritos) y la hizo dormir para siempre. Lizeth quería ser arquitecta, estaba cursando la secundaria y tenía muchos planes para su vida, lastimosamente entre ellos no se encontraba Jairo. Al parecer este se dio cuenta (casi al final de la relación) que esta misma ya no funcionaba, que el juego del playstation y del Nintendo, facilitado por el negocio de sus padres, lo abstraía completamente de la realidad afectiva…despertando solo cuando escucho "Esto no va más”. Este no pudo bailar con la noticia, no pudo creer lo que le estaba diciendo y, con una segura (y comprensible) aceleración del pulso y respiración y además de una angustia visceral intensa, terminó de ser seducido por las más violentas emociones. Pobre Lizeth, sus sueños eran muchos, bastantes quizá, ser arquitecta, casarse, vivir con otra persona, viajar, miles de situaciones, pero ella no era de las mujeres que guardan Goliats arriba de su armario.
Tofler señala en su libro “El shock del futuro”:
“(en esta cultura moderna) En vez de estar ligados a un solo objeto durante un
lapso de tiempo relativamente largo, nos hayamos ligados, durante breves
períodos, a una sucesión de objetos que sustituyen a aquel.”
La relación con las cosas afecta a tus impresiones y a tus sensaciones; en resumidas cuentas, sientes emociones cada vez más reducidas, modales, transitorias, fugaces o a corto plazo. Es decir, en esta cultura: chau matrimonio, chau emociones mutables, chau planes sedentarios, chau monogámia, chau fidelidad; si quieres todas estas cosas, o te consigues a una cristiana o nadas contra la corriente (poco aconsejable). Pero no hablemos que el amor “ya no existe”, no. El amor existe aún pero ya no con ese revestimiento abstracto, como se lo concebía antes, sino de una forma carnalizada, mas expresiva, mas intensa. Si bien en esta cultura el amor es fugaz y a corto plazo, las emociones que se expresan en este breve tiempo se han tornado mas intensas, mas calurosas; antes solo el desarrollo de una, solo una emoción (ejm. Amor) en la vida del hombre común, costaba años de consolidación, convencimiento, y sometimiento. Hoy, sin embargo, lo que aquellos hombres se esforzaban en hacer en años, hoy lo gozamos en semanas. Igualmente, lo que antes solo se sentía una vez y de forma reducida, hoy se siente en una multiplicidad dentro del tiempo y espacio transitorio…algo que da miedo y también curiosidad.
Al final Lizeth no tenía la culpa de nada, ella solo fue la consecuencia de esta sociedad de “úsalo y bótalo” ¿Por qué matarla? Ella era de otra época, de otra cultura, 4 años menor que Jairo…y bueno…Jairo…Jairo….Jairo solo quería una Gárgola en el armario.
Manifestaciones de lo sexual en lo cómico andino
Por: Eduardo Yalán DongoFotografía: Diego Miranda
(S. Freud. El chiste y su relación con lo inconsciente)
Cuando revisamos específicamente el desarrollo de los chistes andinos dentro del contexto rural podemos aseverar que el 80% de estos se abocan a temas sexuales desde predominios de la analidad, violación, zoofilia, parafilia, y hasta chistes vinculados con la iglesia. La manifestación de lo sexual en los chistes andinos demuestra que existe, como afirma Freud, una afinidad al develamiento de lo sexual distorsionado (“obsceno”), característica que divide a esta sociedad rural con la nuestra (urbana); digamos que la denuncia sexual de los chistes andinos remarca esta diferencia no solo cultural sino psicosociológica.
Según Freud en la etapa psicosexual infantil, para la representación, existe en alguna medida una cloaca dentro de la cual lo sexual y lo excrementicio se separan “mal o no se separan”. El interés de los chistes andinos por la analidad parte de esta edad psicosexual infantil y se extiende hasta la edad adulta configurando rasgos e intereses. Sin embargo, las heces no solo están vinculadas a los rasgos excretorios, higiénicos, de puntualidad o sexuales, sino que implican una relación con el valor material, más específicamente, el valor del dinero. El dinero es “sucio”, “cochino”, e “impuro” según las etiquetas que le damos (es necesario recordar a nuestra madre decir: “lávate las manos porque haz agarrado dinero”). No basta citar los diferentes cuentos que relacionan a la analidad con el dinero, como la gallina que pone huevos de oro, o el burro que excreta oro, o la piedra (cuento japonés) que da dinero a un campesino por una extraña cavidad en su parte trasera. Debemos de acotar también que, esto según Freud, el papel sexual de la mucosa anal en manera alguna se restringe al comercio entre hombres, tal vez su interés adulto por la atracción anal parte de una insatisfacción de la etapa infantil (etapa cuya característica principal es la estimulabilidad erógena de la zona anal).
Siguiendo con estas características sobre la analidad, se puede precisar que el niño andino desarrolla un sentimiento contradictorio por las distintas valoraciones (entre ellas la atracción) que se le da al ano y a las heces, no es de sorprender que las primeras palabras bien pronunciadas del niño en el juego hostil sean “caca, poto, pedo”. El chiste sobre la analidad demuestra por tanto no un problema a sublimar en la cultura andina, sino una exteriorización de los signos de vida del niño andino, signos que pueden servir como punto de partida para la integración de esta etapa primaria con la etapa adulta; pero definitivamente no estamos hablando de la sublimación de esta primera. Lo que sí podemos suponer es que existe en cada chiste andino sobre analidad dos roles: el rol espía (el rol que ha visto de primera mano o mantiene la imagen descrita y por tanto esta lleno de excitación sexual) y el rol narrativo (rol que abandona momentáneamente el carácter sexual para convertirse en el sujeto que cuenta lo visto haciéndolo cómico). Ambos roles en la cultura cómica andina están portentosamente presentes de tal manera que otro chiste (urbano) no causaría gracia alguna ni siquiera a los niños.
2 Chistes andinos sobre analidad:
El chiste del pajarito: Jacinto mete sus excrementos en el un gorro y se los enseña al sacerdote diciéndole que encontró un pajarito. El sacerdote mete la mano y se embadurna con las heces, cuando trata de librarse de ella se golpea la mano, y, para calmar el dolor, se chupa el dedo.
“La rapidez y el ají en el ano”: Analogía de cómo un niño, al igual que un burro pueden ser estimulados en el ano, con ají, para que logren rapidez en el desplazamiento.
El sacerdote dentro de los chistes andinos sobre analidad:
Es muy interesante, dentro del chiste en la cultura andina, reconocer que el 50% de los chistes sexuales sobre analidad incluyan al sacerdote católico como personaje. Los productos fecales en el chiste del pajarito enfatizan y/o otorgan al sacerdote un valor de rechazo, de “catectización” de las heces y su comprensible vinculación con el hombre lascivo religioso. El sacerdote en los andes es visto también como un ermitaño cuya soledad lo ha llevado a los torrentes de la lascivia pura y el fetichismo por lo infantil.
No extraña por tanto que el 60% de sacerdotes practique las relaciones sexuales frente al 26% que prefiera los tocamientos a niños menores. Quizá de aquí parta la relación Anal-sacerdotal (Sacerdoanal, no le caería nada mal) en los chistes andinos, el sacerdote por tanto se convierte en el sujeto relacionado con la putrefacción, el asco, la antihigiene, valores que la iglesia de forma casual ha construido con la reclusión. El sacerdote por tanto se convierte en obra cómica en los Andes por obra de los que les temen, el desnudamiento de su animalidad es hilarante para las personas que ven demolida su propia edificación de tabú frente al sexo. Esta risa por parte del “mal educado” que se burla del representante de Dios, es una consecuencia de la mala adaptabilidad del cristianismo purista en los terrenos de la palabra oral, de las culturas tribuales, de la realidad andina; a ello su relación con la analidad y su desprecio pero también su innegable éxito…lo ridículo jala a la vista.
Resiliencia en la infancia Andina: Bases para la educación afectiva.
Por: Eduardo Yalán DongoFotografía: Diego Miranda
“Pobre niño, no tiene infancia” se refieren quizás las personas urbanizadas cuando ven a un niño andino con responsabilidades tales como ayudar a su padre en las tareas del agro, o criar a sus pollitos. Pero el primer error es que atribuimos las características de la infancia urbanizada, (ese proceso numerado) a la infancia andina. El infante citadino es un número y solo el número (la edad simbolizada) le dará responsabilidades democráticas dentro de una política supuestamente abierta, creemos con esto que la infancia en sí esta contenida dentro de este primer y minúsculo concepto. Pues bien, la infancia andina es una infancia oral, que cree en las responsabilidades, que estima la relación con el medio ambiente, que no tiene una figura paternal claramente fijada, y que esta sometida, claramente, a la resiliencia. La propuesta educativa, entonces, no tendría que enfocarse bajo fundamentos que promuevan el intelectualismo y la racionalidad, sino la educación afectiva, el tipo perfecto de educación que les posibilitaría administrar sus decisiones dentro de un ambiente democrático. Los afectos son más próximos a la resiliencia y a la cultura oral que los procesos de tipo racional y escribalizados.
El educación afectiva que se transmite a los niños en los andes se basa en la inteligencia emocional de Lawrence Shapiro y David Goleman. Sin embargo, como ya se ha mencionado anteriormente en este blog, la inteligencia emocional parte de una base racional/escribal, lo cual impide una optima penetración en terrenos orales o electronales. Se enseña a los niños sobre la empatía, autocontrol, simpatía, cordialidad, amabilidad y respeto, valores poco recomendados para la resiliencia, es decir, para la adaptación a un ambiente “animalizado”. La educación afectiva por tanto no debe apuntar a una sistematización del autocontrol y el sometimiento racional, no se debe apuntar a desarrollar la capacidad cognitiva, sino a dotar de dominio afectivo dentro de un ambiente determinado al sujeto, en este caso al niño. ¿Cómo? La educación afectiva debe apuntar al reconocimiento de las emociones por parte de los niños, desarrollar tareas y talleres (juegos, actividades) de autoestima, creatividad, identidad, humor, convivencia y expresión emocional. Esto, con el fin de ser mas directos y precisos con el objeto de estudio ha analizar: La infancia andina


