El síndrome de Oz: crítica a la crítica.

Fotografía: Pedro José Crespo B.
Por: Eduardo Yalán D.

“Oh- and what`s so stinking about it?“

“It`s stinking world because there´s no law and order anymore.

It`s no world for an old man any more.”

(A Clockwork Orange –film)


Estoy más que seguro que se satisfizo a más de un izquierdista cuando el minúsculo perrito de Dorothy, en la famosa película “El mago de Oz”, corrió la cortina donde se encontraba el maquinista que controlaba al mismísimo “monstruo de Oz”: Pay no attention to that man behind the curtain”. La película estrenada en 1939 aterrizó en un ambiente donde ser de la roja izquierda estaba de moda; increpar, saltar, murmurar y pestañear; es decir, panfletear en contra del sistema hasta sus últimas consecuencias. Fueron tiempos donde descubrir la Verdad (con mayúscula) de los sistemas políticos era el pasatiempo de los intelectuales, buscar a aquel Mago de Oz y regresar con tal verdad a Kansas. Pero ante esto, parece curioso no darse cuenta de un proceso mental escondido, aquel que relaciona a la “manipulación” con la “intelectualidad”, quizá de aquí se explique que la mayoría de intelectuales son ateos (y más si son de izquierda). ¿Pero en qué medida esta receta de la intelectualidad esta presente en el siglo XXI? No hay que mirar lejos.

Cuando leía a Nicholas Carr en su artículo “is google making us stupid?” me pareció exageradamente curiosa esta expresión: “Over the past few years I’ve had an uncomfortable sense that someone, or something has been tinkering with my brain , remapping the neural circuitry, reprogramming the memory”. Inmediatamente esto hace acordarnos de las neuróticas sentencias de Hugo Chavez (que hace poco prohibió los videojuegos violentos) cuando en sus vituperios máximos achaca a EEUU como “motor y motivo” de las desgracias de la sociedad moderna -entiéndase”desgracias” como el nuevo sentido y proceso mental del mundo moderno-. Es decir, el hombre intelectual, critico del mundo cambiante, ha exportado de su cultura amante de libros empolvados este sentido de que “alguien (no importa que) domina nuestro pensamiento”. Y esta necesidad intelectual de duda con respecto a los aparatos sociales es con la cual se busca interpretar exageradamente incluso a los medios de comunicación:

“el Internet (Twitter, Facebook) es malo para el periodismo”, “¿Dónde están las crónicas de antaño!”, “!La Publicidad nos vende imágenes que nos manipulan!” (Así murmura Jorge Bruce) “El dueño del Facebook es el dueño del mundo y esta planeando algo, no importa que, pero planea” “no te registres en Twitter que es manejado por fuerzas subterráneas” “¡Hay de nosotros! ¡Que vuelvan los textos laboriosos! ¡Que vuelvan junto con Vargas Llosa!”.

Y ni que hablar de Chomsky y sus secuaces. De pensamiento rebelde, con gallardía pragmática, increíble crítico y casi visionario, pero por algún motivo inescrutable, el corazoncito lo tiene rojo. A Chomsky (a quien nuestro Ollanta Humala admira mucho) no le gusta que los medios de la comunicación y en especial la publicidad “nos vendan la moto”, siempre esta repreguntándose sobre los nuevos amos del mundo, y le fastidia de sobremanera la mercantilización del intelecto, la empresa privada, el pensamiento moderno, y otra vez la jodida publicidad…Por eso que Fujimori abolió la intelectualidad izquierdista en los 90, por eso también que el cristianismo degolló la critica. No pretendo plantear tampoco una sublimación del intelecto, ni oponerme a que oscuras fuerzas subterráneas sean descubiertas, sin embargo, lo que si es necesario aclarar es que, desde el punto de vista semiótico, existe una contradicción en este discurso intelectual/izquierdista moderno. No existe una manipulación impuesta, como la plantean nuestros chomskianos modernos, lo que existe es mas bien una manipulación de convencimiento, aquí nadie esta sometido y obligado a tener un Facebook o un Twitter (por tomar un burdo ejemplo), aquí estamos simplemente determinados por el convencimiento mercantil, mediante relaciones cognitivas de interacción, lo cual Señor Chomsky, sí es muy diferente a la imposición y esclavización inevitable de “Mr Bushhhhh”.

Sobreesdrujulas


Fotografía: Renzo Alva
Por: Cedric Cáceres


Tener miedo al abandono .

EN VERDAD NUNCA ESTAMOS SOLOS, no nacemos solos, no despertamos solos, no andamos por la vida solos. Siempre tenemos a alguien cerca, a alguien que nos ronda. Despertarnos en nuestra habitación, departamento, residencia, hostel, lo que fuera. Por mas que nos despertemos en la cama solos, en realidad no lo estamos. Las paredes si bien dividen y crean espacios privados y personales entre los que viven no logran evitar el manto de hilos que la solo conciencia de la prescencia a nuestro alrededor, cubre nuestra soledad..


Saber que si grito alguien me va a escuchar.

Saber que cuando caiga nadie me oirá


El miedo a que nos nieguen la existencia, que estemos solos. Que nuestro entorno se ponga de acuerdo para desaparecernos, esfumandonos, sin borrón que nos recuerde. Si quiera , quizás, un leve aroma a dioxido de carbono en el ambiente, como una niebla de mal agüero, bastaría para que la-ausencia perseguiera los que una vez nos conocieron.

Taladrando sus conciencias con el alito insomne de una sola palabra homicida.


Saber que cuando me mates alguien se sentira herido

Saber que en mi entierro no se pudriran las flores.




No saber de nadie,
evitar el querer sabernos,
in-habitarnos en el pecho
de cuestiones diarias.

Tener un hueco tan pobre de eco.
la turbia falta de palabras en la boca,
De nombres en las manos,
De frios en la espalda.

No mas numero que nos carguen
Nubes abortadas, sin estrellas
Sentirse solo de mentiras
Estar faltos de piso en el cami-no

Dormir sin sonrisa.

Alistarse de primeros, sin excusas .
En la busqueda desesperada de un tal vez.
Sin café, sin ron, sin pocas horas de amigos.

Saber que somos tan solo una luz en la esquina
Sin piernas
Estando a pocas letras de apaganos.

Ya ven que el mundo es injusto


Fotografía: Pedro Zamalloa García
Por: Pedro José Crespo

JP vive sólo a sus dieciocho años porque el mundo es mezquino, porque el amor no es para siempre, porque sus padres se divorciaron. Él pensaba eso, y algunas noches extendía su teoría o la reorganizaba, y creaba nuevas razones, pero las tres mencionadas eran parte inmutable de la lista desde hacía unas semanas, cuando empezó a consumir cocaína. Sí, la cocaína le había gustado porque le prestaba euforia en los peores bajones, porque sentía que le daba la paciencia de aguantarse a sí mismo y porque lo ayudaba a pensar. Lo único que le parecía hasta el culo es que se comía líneas y bolsas solo, evitaba contacto con el mundo exterior, con Stravinski sonando desde su Vaio, porque era un tipo violento pero de muy buen gusto.

Una mujer fue quien le rompió la nariz. Le encantaba esa frase, era un estupendo axioma: directo y doctrinal. E iba de la mano con todas esas cosas con las que se pueden conjugar: romper la boca, romper el culo, hasta romperte un brazo o una cara. La frase era violenta, le gustaba, era como él. Y como ella, quien se llamaba Isabel, y era toda perfecta, toda conscientemente desequilibrada. Era el pájaro de fuego de Stravinski que sonaba en alguna nota que no conocía, y tal vez no conocería. Y le encantaba. Y por esa razón aceptó esas dosis que lo llevó hasta el estado actual, donde la luz era el enemigo, así que cerraba por entero la persiana de su habitación y se quedaba en tinieblas, con sólo una lámpara encendida reflejándose en un espejo blancuzco. No recuerda como fue, pero sí donde fue. En la playa. El verano estaba rayando. Y la pasaron muy bien en la fiesta, hasta que ella lo vio muy tomado y le preguntó si quería caminar. De ahí no recuerda más. Hasta que aspiró fuerte y sintió el polvo en el cerebro, y sintió la arena húmeda y fresca entre sus pies, y observó a Isabel jalando y jalando, encantadoramente hermosa en la playa, con su cabello negro hasta la altura del cuello, y sus labios gruesos torciéndose, llenando su dulce rostro de muecas.

Pero ya no sabía nada de ella. La extrañaba. Le hubiera encantado tenerla ahí a su lado, en la oscuridad de la habitación, jalando coca como dos putos locos enamorados y conversando sobre las virtudes de la vida durante horas. Vida de mierda. Él le contaría que estuvo en Europa, que es un tipo de mundo, pero se guardaría eso del culeo, las putas son temas de hombres. Seguro ella tendría historias igual de apasionantes. Hasta se veía con ella en el auto de su viejo, yendo a la playa y tomarse unas cervezas, comiéndose un ceviche, y coquearse. ¿Por qué le encantaba tanto esto de la coca? Es antiestético. Eso de las muecas es degradante. Pero, él se consolaba: “no hay gozo sin sacrificio” o “sarna con gusto no pica” o “es el costo-beneficio del asunto”, se solía decir esos últimos días, al menos para usar algo de la terminología que aprendió en la facultad de economía. Y oportunamente abandonada, claro. Y como se moría por cogerla. Quería tirársela sobre su colchón rodeado de sábanas y ropas sucias. Volteadita. Penetrarla: un regalo de los dioses por su injusta soledad impuesta. Tan joven y preocupado en el almuerzo de mañana. Y no tenía dinero. Ya todo se lo había jalado, y los rones con cola, claro, porque la coca no pasa si no le humedeces el camino. Además, odiaba el agrio que le dejaba en la garganta, sabor muy parecido al que le traía el recuerdo del divorcio de sus padres. Eso también lo pasaba con ron.

El puto calor. Tener las persianas cerradas convertía el dormitorio en un sauna seco, recalentado. Le servía doble hielo al trago para amortiguar, y cambiaba la música: Héctor Lavoe. En el Callao, hay una escultura de él en Puerto Nuevo y cientos de paredes con su rostro. JP pensó que tanta alharaca debía ser porque era un estupendo salsero, obviando lo de gran coquero, claro, y su manía de llegar siempre tarde a sus presentaciones por andar cloreándose en la casa de la tía Mina en el Callao. Se encerraba en penumbras así como él. Y se coqueaba como él. Sólo los diferenciaba el gusto por la salsa. A JP no le gustaba la salsa, sólo la colocó en su Vaio porque ya estaba muy drogado: El rey de la puntualidad.

Hace algunos días leyó que la vitamina C amortigua los efectos del LSD. Le pareció cómico, y ahora se reía al recordarlo. A él nunca se le hubiera ocurrido tal teoría, y hasta el momento le parecía improcedente. Él es de los que se rescata de un pasa-vuelteo con un porro, uno de tamaño moderado, sólo para que ayude a dormir. Pero lo del LSD lo dejó cojudo, y le hubiera gustado conocer alguien que sepa dónde comprarlo, aunque seguro en Lima sería muy difícil. Pero haría el intento. Y cada vez deseaba más probarla, y tenía ganas de ponerse violento pero en su habitación de azotea no había a quien sacarle la mierda y siguió pensando. Y pensó que sería espléndido tripear con Isabel y luego cogerla de pie, y sintió que la mandíbula ya empezaba a doler por tanta mueca. Dos líneas más. Como analgésico, claro.

El LSD es deseado aquí. En Europa, matan por cocaína. Ya ven que el mundo es injusto, pensó, y no encontró manera de prestarle equidad. Osea, al menos, la coca lo ponía reflexivo. El mundo era injusto porque ninguno de sus viejos quiso encargarse de él, y lo compraron con el chantaje de la ambicionada independencia. Agrio. Pero él lo sabía y lo estaba superando, así como su violencia desde la última vez que le pegó a su última novia por golfa. Era consciente. O la vez que le dio un cabezaso a su mamá por salir con otro hombre. Era un avance. Concluyó que tenía un inmenso mundo mezquino a su alrededor, cuando sonó Chopin, dispuesto a ser disfrutado en plenitud y de la mejor manera, carajo. Pero por ahora, seguiría sirviéndose hielos en el trago porque era de noche y su habitación era su mundo, con efecto invernadero y todo. Por ahora, seguiría en lo suyo.

P.

La otra mejilla

Fotografía: Yasmin Sayán
Por: Eduardo Yalán Dongo


Hace poco leí en un blog una pregunta que un curioso cibernauta le hacia a un entendido teólogo virtual: Estimado Padre Fuentes: Cuando Jesús dice que si alguien nos golpea debemos poner la otra mejilla ¿Cómo debe entenderse esto? Si alguien agrede físicamente a otro, ¿no tiene éste derecho a defenderse?”. Al parecer a nuestro amigo le habían propinado tal golpe en la jeta que estaba preocupado si debería descarriar sus frusleras emociones en el hocico del agresor o simplemente resignarse estoico listo para mostrar la otra mejilla. Pero pongan atención a lo que digo: “al parecer”, al parecer cuando utilizamos el axioma cristiano de la “otra mejilla” nos imaginamos siempre algo físico, algo carnal, no tan metafísico o metafórico, siempre es “Si alguien agrede físicamente a otro”, como refería el abollado cristiano. Entonces lanzo la pregunta ¿De qué manera estamos educados en estos casos donde se nos propina una bofetada (no solamente física) y quedamos, como se dice, “ardidos”?

“Oísteis que fue dicho: amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo” (Mateo 5, 43) Y desde las antiguas épocas de la humanidad se nos ha acostumbrado a esta ley del talión, ley que nos ha enseñado bien a descargar la ira, cólera y tristeza en la bemba del oponente. Leamos los periódicos solamente para corroborar esta educación: “hombre mata a vecino por poner desmonte en su puerta” “mujer corta miembro a su pareja por presunta infidelidad” y bueno, podría seguir citando y rellenado más este artículo. La explicación de esta respuesta del talión en la sociedad masificada se debe a la simpleza que posee la reacción, es demasiado simple responder con una tortura, una mirada esquiva, un comportamiento determinado; es simple y fácil en causa, más no en consecuencia. Así como es poco saludable callarse insultos es también poco saludable someterse a un solo tipo de reacción, como es la del talión. Cuando Jesús dice que mostremos la otra mejilla (aclaro, soy ateo), no únicamente se refiere a los estándares físicos, sino que existe otro camino, y más saludable, que simplemente (por dialéctica) responder al golpe del agresor: dar las gracias.

Dar las gracias es una venganza sana, una maldad sutil, no hay motivo para comportarse a posteriori de “tal manera” o de “tal otra” frente al agresor, no tenemos porque fabricar un comportamiento especialmente para este, simplemente se le pide a esa serpiente que retire el veneno de la herida ya que “una serpiente no puede matar a un dragón”. Dar gracias es difícil y raro, sin embargo denota una complejidad que el agresor difícilmente comprendería, como también una purificación de la mente y el comportamiento de uno mismo. Es, creo, lo que se refería Spinoza cuando refiere: “Quien imagina que se destruye todo aquello que odia, se alegrará” e inevitablemente pensamos “Destruir = físico”, es decir, nuestra educación psicológica social es tan pobre que vinculamos casi siempre la “destrucción de todo aquello que odiamos” con lo físico, sin reconocer que la destrucción mas saludable es la de la mente, específicamente de la creencia. Si yo odio a una persona no es por ella misma, sino por la creencia que tengo de esta (tal vez creo que esta persona es mala o que se yo). Entonces, como dice Spinoza, nos alegramos mas saludablemente y sin consecuencias, si destruimos la creencia, lo que creemos, lo que en verdad nutre nuestra emoción, es decir lo “meta-físico” del problema. Hay solo dos caminos, ni uno mejor ni uno peor, pero, sabiendo que hemos estado caminando únicamente por un solo sendero, ¿no sería justo admirar el otro? Solo acepto una cosa, el camino de dar las gracias es un tanto tullido y da miedo, y, lamentablemente, no entran muchas mujeres en él.

Suspiritos azules


Fotografía: Pedro Zamalloa García
Por: Cedric Cáceres

Ponernos a pensar en las excusas que tenemos en el bolsillo, saquear con la lengua la poca confianza que les quedan a los que nos rodean, malherir las suceptibilidades, sonreir con saña y premeditacion cuando los demas - aun llorosos- niengan sus cristos y sus cruces. Sabernos para nosotros mismos que guardamos dagas en los pechos de quienes mas nos quieren.

Mama, papa , hermano, amigo

y aun asi poder despertarmos todas las mañanas , iluminados!.

Sin esquinas oscuras atestadas de arrepentimientos. Sin nada sobre la piel, sin endulzarnos la sangre seca que nos embalsama los pantalones de noche anterior. Poder respirar hondo el incienzo que nos pudre el nombre mal pronunciado al momento comulgo de fingir amar. Ser malhechor , truan, infanticida. Tener en la mano escrita la mala suerte de los casi vivos, palidos y acuosos. Sentirnos vivos en las miradas incredulas de quienes nos contemplan como siempre desenfadados.

Decir que el sistema natural de la vida es tan solo embarrarse la garganta con lenguas ajenas, y pensarnos, como siempre, por encima de esa marejada de filantropicas manos hambrientas de rostros, desexisten dulces que ensalsar. Ser indomito, comportarse como tijera y no soñar mas con el Paris con aguacero o prostitutas con sabor a cucharitas.

Mojarse los labios, morderse las plumas y despertar!

Acuñar lazaros de retardos mental al borde del espejo.

Violar a quien mas te quiere, llenar vagina de amantes ironias.
y ser feliz.
feliz
feliz
Con la lluvia la hombro
zapatos lustrados
acentos de etér
suave humor.

Iluminados! siempre iluminados.
Sin brazo! iluminados!
Sin alma! Iluminados!
con la cama
demonios de madera!

inodoro de sombrero.
demonios de madera!

¿Nos adaptamos? Enfermedad del futuro

Por: Eduardo Yalán
Fotografía: Erick Gallardo
Can you give me sanctuary
I must find a place to hide
A place for me to hide
Can you find me soft asylum
I can´t make it anymore
The man is at the door”

JIM MORRISON

Ya esta por sentado que la relación del hombre con las cosas sufre y cambia conforme las culturas lo hacen. Esta por sentado también que si antes éramos críticos, puntuales, con identidad, reflexivos, ordenados, simétricos, crédulos e interesados, ahora los somos en cada uno de estos puntos lo contrario: desinteresados, incrédulos, asimétricos, desordenados, gregarios, sin identidad, impuntuales y seguidores. Y por supuesto, esta por sentado igualmente que les tenemos cierta cólera o que tal vez algunos no acabamos de caer en el romance con las nuevas “tendencias” de nuestra arriesgada cultura. ¿Nos adaptamos entonces?

¿Y para que habría que adaptarnos? Conozco al lobo estepario, una persona cuya resistencia a la época moderna era voraz, feroz. No admitía ninguna invasión de los cambios socioculturales dentro de su vida interior, encerrado en su cuarto, una persona letrada, profunda, solitaria. Muchos de nosotros envidiamos al lobo estepario “!El si tiene identidad!, ¡él si sabe quien es!”, “¡Que idiota es!, ¡sáquenlo a la calle!”. Pero el lobo estepario con su profundidad y vagancia por el mundo…¿tenía miedo del mismo mundo cambiante? ¿Nos adaptamos entonces?

¿Y para qué habría que adaptarnos? Un hombre o mujer que muestra las encías con presunta felicidad del momento cuando se le añade a su sábado un entretenido cronograma de revoloteo por las discotecas y reuniones de su “selecto” ambiente social, esperando tomar de este aletear algún ósculo o coito “para comer aquí”. Si ustedes creen que estas personas son infelices, y poco interesantes, entonces están, como se dice, “cagados”. ¿Nos adaptamos entonces?

En nuestro camino por la evolución cultural se presentan estos dos tipos de sujetos: el inadaptado y el adaptado. Irónicamente, el inadaptado a la actual cultura sería nuestro lobo estepario, y nuestros adaptados culturales son los chicos que relinchan por sexo y alcohol cada sábado (desde ahora piensen antes de llamar a alguien “inadaptado”). Los lobos solitarios que aun persisten en nuestra cultura leen libros los sábados, salen al café, piensan en el matrimonio, en eternizar los momentos…LOCOS con justicia. Si un lobo solitario quisiera adaptarse tendría que dejar de ser lobo, tendría que ser un perro domestico, a veces vestido, a veces bien cuidado, a veces callejero. La nueva sociedad, por otro lado, domesticada en el espacio/tiempo moderno determina el comportamiento, premedita las reacciones y motivaciones, hace que las personas tengan un bajo nivel de identidad por el mismo aquí y ahora variable y multiforme. ¿Pero en su momento también no lo hizo con los lobos esteparios?

Suelto la pregunta que no pienso contestar ¿Nos adaptamos? Si soy de una forma determinada como estepario o al menos he heredado eso de mis padres, pero a la vez quisiera permanecer y mutar en la variabilidad del cambio actual ¿Qué hacer? Soy un hibrido social entre el conservadurismo estático y el desenfreno babeante de la modernidad. ¿Qué hacer? ¿Ser yo mismo? ¿Pero esto no es evadir el cambio? ¿Por qué en todo caso necesito un lugar para esconderme? ¿Acaso madurar es ser inadaptado? ¿y porque es bueno, en este caso, el cambio? ¿Pero por otro lado, porque es productivo ser esteparios? Da miedo cada una de estas preguntas…y tal vez te puedo retar con la siguiente ¡ALERTA!...Apuesto a que le tienes miedo al cambio.

Una Gárgola en el armario: a propósito del amor en la cultura moderna.

Fotografía: Javier Ramirez Noriega
Por: Eduardo Yalán Dongo

"we gotta go now, bye bye...
whe have some good times...
But`they`re just about gone
about the break of day!"
Jim Morrison

Umm, no recuerdo bien, pero creo que tenía como 9 o 10 años cuando en navidad mi papá me compró una Gárgola; la Gargola Goliat, de la serie de dibujos animados. La gárgola era increíble, morada, con una revestimiento de piedra de a mentiritas (porque las gárgolas de día se convierten en piedra), y con unas alas increíbles que se agitaban cuando juntabas las piernas del muñeco…increíble. Pero entonces pasan los días y pasa la vida y la Gárgola fue pasando de moda y la serie repetía los mismos capítulos y como que ya cansaba ver a Goliat, Brookling y a esa gente en el mismo castillo sin baño. Así que mismo Toy Story 2, me cansé de jugar con Goliat y lo agrupe junto con Chaca de virgo, el batimóvil, unas fotos de primaria, otras de secundaria, un Picoro Daimacu y un soldado de los años 50 que mi papá me había regalado. Todo dentro de una caja, una caja de zapatos amarilla que hasta hace 1 día tenía en la parte de arriba de mi armario. Ahora bien, yo no juego con Goliat, no lo visito todos los días, ni le hago caso, y por nada del mundo quería regalarlo, a nadie. ¿Para qué entonces lo guardaba? ´

El primer feminicidio ocurrido este 2010. Jairo Retuerto con una agripada locura cargo ambas manos al cuello de Lizeth Rodríquez, le dio dos fuertes sacudones, izquierda pow, derecha paw (según peritos) y la hizo dormir para siempre. Lizeth quería ser arquitecta, estaba cursando la secundaria y tenía muchos planes para su vida, lastimosamente entre ellos no se encontraba Jairo. Al parecer este se dio cuenta (casi al final de la relación) que esta misma ya no funcionaba, que el juego del playstation y del Nintendo, facilitado por el negocio de sus padres, lo abstraía completamente de la realidad afectiva…despertando solo cuando escucho "Esto no va más”. Este no pudo bailar con la noticia, no pudo creer lo que le estaba diciendo y, con una segura (y comprensible) aceleración del pulso y respiración y además de una angustia visceral intensa, terminó de ser seducido por las más violentas emociones. Pobre Lizeth, sus sueños eran muchos, bastantes quizá, ser arquitecta, casarse, vivir con otra persona, viajar, miles de situaciones, pero ella no era de las mujeres que guardan Goliats arriba de su armario.

Tofler señala en su libro “El shock del futuro”:

“(en esta cultura moderna) En vez de estar ligados a un solo objeto durante un
lapso de tiempo relativamente largo, nos hayamos ligados, durante breves
períodos, a una sucesión de objetos que sustituyen a aquel.”

La relación con las cosas afecta a tus impresiones y a tus sensaciones; en resumidas cuentas, sientes emociones cada vez más reducidas, modales, transitorias, fugaces o a corto plazo. Es decir, en esta cultura: chau matrimonio, chau emociones mutables, chau planes sedentarios, chau monogámia, chau fidelidad; si quieres todas estas cosas, o te consigues a una cristiana o nadas contra la corriente (poco aconsejable). Pero no hablemos que el amor “ya no existe”, no. El amor existe aún pero ya no con ese revestimiento abstracto, como se lo concebía antes, sino de una forma carnalizada, mas expresiva, mas intensa. Si bien en esta cultura el amor es fugaz y a corto plazo, las emociones que se expresan en este breve tiempo se han tornado mas intensas, mas calurosas; antes solo el desarrollo de una, solo una emoción (ejm. Amor) en la vida del hombre común, costaba años de consolidación, convencimiento, y sometimiento. Hoy, sin embargo, lo que aquellos hombres se esforzaban en hacer en años, hoy lo gozamos en semanas. Igualmente, lo que antes solo se sentía una vez y de forma reducida, hoy se siente en una multiplicidad dentro del tiempo y espacio transitorio…algo que da miedo y también curiosidad.

Al final Lizeth no tenía la culpa de nada, ella solo fue la consecuencia de esta sociedad de “úsalo y bótalo” ¿Por qué matarla? Ella era de otra época, de otra cultura, 4 años menor que Jairo…y bueno…Jairo…Jairo….Jairo solo quería una Gárgola en el armario.

Manifestaciones de lo sexual en lo cómico andino

Por: Eduardo Yalán Dongo
Fotografía: Diego Miranda
“Solo cuando subimos hasta una sociedad
refinada y culta se agrega la condición formal
del chiste. La pulla se vuelve chistosa y solo
es tolerada cuando es chistosa”.
(S. Freud. El chiste y su relación con lo inconsciente)

Cuando revisamos específicamente el desarrollo de los chistes andinos dentro del contexto rural podemos aseverar que el 80% de estos se abocan a temas sexuales desde predominios de la analidad, violación, zoofilia, parafilia, y hasta chistes vinculados con la iglesia. La manifestación de lo sexual en los chistes andinos demuestra que existe, como afirma Freud, una afinidad al develamiento de lo sexual distorsionado (“obsceno”), característica que divide a esta sociedad rural con la nuestra (urbana); digamos que la denuncia sexual de los chistes andinos remarca esta diferencia no solo cultural sino psicosociológica.

La analidad en lo cómico:

Según Freud en la etapa psicosexual infantil, para la representación, existe en alguna medida una cloaca dentro de la cual lo sexual y lo excrementicio se separan “mal o no se separan”. El interés de los chistes andinos por la analidad parte de esta edad psicosexual infantil y se extiende hasta la edad adulta configurando rasgos e intereses. Sin embargo, las heces no solo están vinculadas a los rasgos excretorios, higiénicos, de puntualidad o sexuales, sino que implican una relación con el valor material, más específicamente, el valor del dinero. El dinero es “sucio”, “cochino”, e “impuro” según las etiquetas que le damos (es necesario recordar a nuestra madre decir: “lávate las manos porque haz agarrado dinero”). No basta citar los diferentes cuentos que relacionan a la analidad con el dinero, como la gallina que pone huevos de oro, o el burro que excreta oro, o la piedra (cuento japonés) que da dinero a un campesino por una extraña cavidad en su parte trasera. Debemos de acotar también que, esto según Freud, el papel sexual de la mucosa anal en manera alguna se restringe al comercio entre hombres, tal vez su interés adulto por la atracción anal parte de una insatisfacción de la etapa infantil (etapa cuya característica principal es la estimulabilidad erógena de la zona anal).

Siguiendo con estas características sobre la analidad, se puede precisar que el niño andino desarrolla un sentimiento contradictorio por las distintas valoraciones (entre ellas la atracción) que se le da al ano y a las heces, no es de sorprender que las primeras palabras bien pronunciadas del niño en el juego hostil sean “caca, poto, pedo”. El chiste sobre la analidad demuestra por tanto no un problema a sublimar en la cultura andina, sino una exteriorización de los signos de vida del niño andino, signos que pueden servir como punto de partida para la integración de esta etapa primaria con la etapa adulta; pero definitivamente no estamos hablando de la sublimación de esta primera. Lo que sí podemos suponer es que existe en cada chiste andino sobre analidad dos roles: el rol espía (el rol que ha visto de primera mano o mantiene la imagen descrita y por tanto esta lleno de excitación sexual) y el rol narrativo (rol que abandona momentáneamente el carácter sexual para convertirse en el sujeto que cuenta lo visto haciéndolo cómico). Ambos roles en la cultura cómica andina están portentosamente presentes de tal manera que otro chiste (urbano) no causaría gracia alguna ni siquiera a los niños.

2 Chistes andinos sobre analidad:

El chiste del pajarito: Jacinto mete sus excrementos en el un gorro y se los enseña al sacerdote diciéndole que encontró un pajarito. El sacerdote mete la mano y se embadurna con las heces, cuando trata de librarse de ella se golpea la mano, y, para calmar el dolor, se chupa el dedo.

“La rapidez y el ají en el ano”: Analogía de cómo un niño, al igual que un burro pueden ser estimulados en el ano, con ají, para que logren rapidez en el desplazamiento.

El sacerdote dentro de los chistes andinos sobre analidad:

Es muy interesante, dentro del chiste en la cultura andina, reconocer que el 50% de los chistes sexuales sobre analidad incluyan al sacerdote católico como personaje. Los productos fecales en el chiste del pajarito enfatizan y/o otorgan al sacerdote un valor de rechazo, de “catectización” de las heces y su comprensible vinculación con el hombre lascivo religioso. El sacerdote en los andes es visto también como un ermitaño cuya soledad lo ha llevado a los torrentes de la lascivia pura y el fetichismo por lo infantil.

En el cuento “Tayta cura” se puede, claramente, analizar este valor. El chiste describe un personaje como seductor de una joven aldeana, con quien ejerce su poder y la engaña diciéndole que “si se quiere entregar a Dios, se entregue sexualmente a él” y sale embarazada. El chiste es una denuncia sexual por parte de los sacerdotes que, sobre todo en época colonial, abusaban de los niños en las provincias andinas del Perú. Obviamente que el chiste se convierte en hilarante y genera una respuesta cómica, pero esto no es más que la estética de la comedia cuya verdadera esencia se encuentra en la denuncia detrás del gran telón: El temor hacia los sacerdotes por parte de los niños y niñas y el posterior rechazo en la edad adulta.

No extraña por tanto que el 60% de sacerdotes practique las relaciones sexuales frente al 26% que prefiera los tocamientos a niños menores. Quizá de aquí parta la relación Anal-sacerdotal (Sacerdoanal, no le caería nada mal) en los chistes andinos, el sacerdote por tanto se convierte en el sujeto relacionado con la putrefacción, el asco, la antihigiene, valores que la iglesia de forma casual ha construido con la reclusión. El sacerdote por tanto se convierte en obra cómica en los Andes por obra de los que les temen, el desnudamiento de su animalidad es hilarante para las personas que ven demolida su propia edificación de tabú frente al sexo. Esta risa por parte del “mal educado” que se burla del representante de Dios, es una consecuencia de la mala adaptabilidad del cristianismo purista en los terrenos de la palabra oral, de las culturas tribuales, de la realidad andina; a ello su relación con la analidad y su desprecio pero también su innegable éxito…lo ridículo jala a la vista.