El alegre cobarde: breve análisis del cuidado de sí.

Dibujo: Renzo Alva H.

Por: Eduardo Yalán Dongo

Alfa le dijo a Beta; “Me voy a tomar todo un año sabático, porque necesito reencontrarme conmigo mismo”. Este enunciado es el axioma máximo de la generación del Siglo XXI, la máxima expresión del sentir y del creer posmodernos. Creo que lo reconocemos bien. Haber escuchado expresiones como: “necesito encontrarme”, “viajo para estar conmigo misma” (lo cual explica la temeraria suma de anglófonos en nuestro país) “lo que tú necesitas es un tiempo para estar solo, disfrutar de ti” y miles de singulares expresiones más, solo detallan nuestro modo histórico de subjetivación y sus especificas y especiales técnicas del cuidado sobre el sí propio. Generalmente esta tendencia surge por contraponer el “mundo real” (con sus hartazgos, pesadez y rigurosidad) frente al “mundo interno” (verdad, placer, foria positiva). Porque nos cansamos de vivir la realidad (o un simulacro más creíble) para querer vivir un ensimismamiento (Como lo llamaba Ortega y Gasset) que no solo enajena al sujeto del cuerpo propio sino del espacio vinculado metonímicamente con la “realidad”: Salir de viaje se convierte en la excelente oportunidad para disponer del yo.

Ya desde las épocas del viejo Sócrates se tiene en cuenta esta necesidad de apropiación del Yo, de educar al vulgo para que se aleje de sí, para que se evite el cuerpo con el propósito de obtener una verdad, cualquiera que esta sea. Conócete a ti mismo. El axioma fue la droga intelectual antigua, la substancia que aniquilaba al phatos griego (padecer) para convertirlo en idea, en un remedo metal de la vida activa. Narrativamente hablando, cuando alguien desea estar consigo mismo, tiene como objeto de deseo aparentemente al sí propio, quiere buscarse a sí mismo. Sin embargo, el sujeto no se busca a sí mismo: el sujeto no desea sino a aquello que no es, busca a eso que no lo constituye. Se entiende que la persona desea algo que no es ella misma, busca a un extraño fabricado, a un no-sujeto enajenado de una realidad determinada. La persona entonces plantea una transformación plena que revierta esta contrariedad creada, la persona quiere dejar de ser algo para parecer otra cosa, vive, en términos del enunciado del hacer, un engaño. El extraño irrumpe en el deseo y hace del que busca (el buscador) un sujeto-banalizado, provocando que se suspenda a sí mismo, que se engañe. Y lo hace sin ser consciente de ser él mismo destinador y destinatario de un saber (objeto cognoscitivo) cuya acción se basa en el hacer-creer/saber a sí mismo una “verdad” fabricada. Y por tanto, que busque, ante todo, una manipulación y persuasión constante sobre sí. Este funcionamiento de la acción (hecha ahora texto) explica de alguna manera cómo el pensamiento posmoderno de control de subjetivación “quiero estar conmigo misma”, es un mecanismo de control del yo. Mecanismo que declara no solo el alejamiento de una persona de lo material (expresado como “mundo real” -tu trabajo, tu universidad, tu casa-) y de sus ganas por vivir simulacros constantes (viajar al Sur, por ejemplo) sino que declara también cómo esta persona se encuentra en una permanente manipulación y persuasión de sí misma, en un engaño prolongado. Esto no es otra cosa que un tipo de educación mental, una retorica constante y permanente.

Salir de viaje en fiestas navideñas motivados por el hartazgo del sin sabor de la realidad, refiere también que este “ocuparse de si” anude subjetividad con verdad. Una forma de decir: “nos encontramos y seremos dueños de la verdad que habita en nosotros”. Pero, ¿Cuál “verdad”? ¿Cuál “dueños de nosotros”? Si esta necesidad de abandono de la “realidad únicamente hace que nos manipulemos y por ende persuadamos constantemente de que existe una verdad en nosotros, queremos hacer-creer/saber que tenemos una verdad…pero ni somos docentes de verdad, ni somos fuente de placer, quizá solo seamos unos alegres cobardes.

Invasión de recuerdos: fotografía y verdad.

Dibujo: Diego Negrete Giribaldi
Por: Eduardo Yalán Dongo

Tan solo un pequeño movimiento social puede ser capaz de significar una red compleja de situaciones, contextos y formas que implican toda una maquinaria de funcionamiento social determinado. Hace un par de semanas dentro de la red virtual Facebook, se inició una interesante movida por parte de los usuarios; todos, la mayoría, postergaron su foto/emblema habitual de su página de perfil para suplantarlas por un pitufo, un Gokú, una Blancanieves y un transformer, cito:

“Cambia tu foto de perfil por aquella de un dibujito animado de tu infancia e invita a tus amigos a hacer lo mismo. El sentido del juego? No ver más, hasta el VIERNES, una cara humana sobre el facebook sino una invasión de recuerdos... (POR LA LUCHA...CONTRA LA VIOLENCIA INFANTIL)”

El sentido del juego: no ver más hasta el viernes una cara humana sobre el facebook, sino una invasión de recuerdos. Ahora bien la pregunta se formula: ¿En qué sentido una foto de perfil de facebook ES una cara humana? Aquí se presentan dos tangentes del fenómeno: 1) fotografía =verdad 2) rostro humano (realidad-verdad) antítesis por antonomasia de los dibujos animados (ficción-mentira).

Se encuentra quizá una creencia social muy compleja, la relación fotografía = verdad. La relación entre efectos de verdad y fotografía como reflejo de una realidad determinada, es una polémica que estudiosos sobre el tema (entre ellos Barthes) han tratado con mucho aprecio. Recordar la foto del presunto Neil Armstrong que aseguraba la llegada del hombre a la luna, o la fotografía de Raising the Flag on Iwo Jima, que comprobó la maleabilidad del discurso histórico. Es en este sentido como se cree que la fotografía/retrato ES la realidad, ES la verdad, es en este sentido cómo el discurso devela su funcionamiento: fotografía=verdad. La relación que tenemos con la fotografía (periodística, artística) es una relación de verdad (veritas), el mismo texto lo sugiere "saca tu fotografía, saca la realidad, saca la verdad, para que vivas hasta el viernes una invasión de recuerdos, de ficción, de mentiras" Claramente no estoy en contra de la campaña, ni podría tampoco emitir un juicio moral, pero existen, en esta “campaña”, variables interesantes que delimitan patrones de estructura. Personalmente, y aquí hablo como comunicador, creo que la campaña está mal formulada semánticamente, y se resuelve en el siguiente semisimbolismo (efectiva herramienta de la semiótica clásica), partiendo de lo antes referido:


Cara humana:Dibujo Animado :: Realidad:Ficción


El rol figurativo del dibujo se cae al ponerlo al nivel de /ficción/, porque, no solo se anuda a /dibujo animado/ sino a la significación que le han querido dar: /violencia infantil/, entonces la pregunta sale: ¿Es la violencia infantil, una ficción? Si así me lo proponen, entonces no es real, porque dicho sea de paso "se acaba el viernes", entonces como no es "real", como no es "Verdad" (como sí lo es mi fotografía), no le debo tomar mayor importancia y debo más bien reciclar esta información en la mnemo-caja de lo divertido, gracioso, y temporal. Ubicar un problema grave como la violencia infantil en el terreno de lo ficcional, no solo implica un menosprecio del mensaje y de lo que el enunciador quiso comunicar, sino un evidentemente error de comunicación. Error por desconocimiento del propio funcionamiento del mensaje.

¿Por qué no votar por Fujimori? Cuerpo e individualidad.

Cuadro oleo: Renzo Alva H.
Por: Eduardo Yalán Dongo

Sorprende aun, y a veces hasta la estupefacción, lo que se puede escuchar acerca de las elecciones y los candidatos por los que, dentro de una sórdida necedad, el peruano promedio sacrificaría su voto. Sacrificaría su voto. Sí, porque votar por personajes como Fujimori (representado por su hija) es en términos estrictos, sacrificar el voto. ¿Por qué no votar por Fujimori? He escuchado que se vota por Fujimori por el hecho de que al papá de fulano le fue muy bien económicamente durante su mandato, o porque erradicó el terrorismo, o porque fundó colegios, muchos colegios, para los niños y los pobres. Lo cierto es que existe en estos puntos una suerte de problemática que no permite comprender la figura discursiva de todo esto: la maleabilidad del cuerpo y la deformación de la individualidad. Dos puntos que vale la pena retomar.

Primero, el cuerpo. Fujimori estaba demasiado interesado en la maleabilidad del cuerpo, principalmente, en el cuerpo útil, como lo llamaría Foucault. ¿Qué es un cuerpo útil? Cuando se utilizan estrategias de poder que requieren de un máximo de fuerza del cuerpo inteligible se produce el concepto de cuerpo útil. Un cuerpo que produzca, utilizable, que haga. Por ejemplo, el servicio militar requiere un cuerpo útil, la mayor disponibilidad y utilización del cuerpo. El discurso gerencial de una empresa quiere también cuerpo útil, un cuerpo del trabajador que produzca, que este activo (proactivo que se le dice) y trabaje “bajo presión”. Igualmente el colegio o los centros de educación requieren una utilidad del cuerpo, una postura del cuerpo para leer, un uniforme con el que vestirse, una forma de llevar la compostura, de sentarse. No es de extrañar, siguiendo lo anterior, que Fujimori se dedicara a construir más colegios en la costa peruana retirando el curso de literatura universal de la currícula escolar (técnicas de dominación). Ni tampoco es de extrañar que los aturdidos jóvenes de hoy (precisamente estudiantes de aquellas escuelas) piensen que su gobierno es el mejor de todos y merece que ancle nuevamente en el gobierno (cuerpo útil). Así también, cabe mencionar también el programa de esterilización de las mujeres en los andes, al control de los medios y a la creación de grupos paramilitares como principales interés del gobierno fujimorista por el cuerpo útil.

Otro punto es la maleabilidad de la individualidad. Gilles Deleuze en “Foucault” preguntaba “¿Qué le queda a nuestra subjetividad?” Pregunta perfectamente valida en nuestra contemporaneidad. Si el saber o los saberes, originados por el poder o algún estado de dominación como una tiranía política, han afectado cada vez más nuestra vida cotidiana, nuestra interioridad y nuestra individualidad, ¿Qué le queda a nuestra subjetividad? No le queda nada. Este es el tipo de individualidad que debemos de rechazar, la impuesta, la que nos impuso nuestro querido Fujimori con el control de los medios (el poder tiene su gran centro de ejercicio en la información), moldeando y sometiendo nuestra individualidad a una serie de patrones específicos. Fujimori era enemigo por tanto de la subjetividad, más aun de la intersubjetividad, de las relaciones con lo otro. El discurso fujimorista era, como toda verdad una ficción, pero una ficción que lejos de ser pasiva como la realidad misma, era concretamente perversa, castigadora, vigilante.

El despecho desconsiderado contra el cuerpo y la malformación de la individualidad son las dos razones por las que no pretendo votar por Fujimori, más allá de los soliloquios y pataleos de Keiko Sofía, más allá del libro de Montesinos, mas allá de los crímenes horrendos cometidos por nuestro querido Fujimori.

¿Saben lo que dicen?: Omar Montoro


Por: Eduardo Yalán Dongo
Muy a parte de temas como el gélido frio metropolitano, lo caro que están las entradas para Mistura y el Cirque du Soleil, o si Peluchin esta ya comprometido con Sofía Franco (lo cual siempre deriva a la caza moralista contra los gays y su “reformación” sexual), la que se ha convertido en la pregunta fundamental para destruir una fría conversación (o tal vez comenzarla, en el caso de un inexperto seductor), es "¿Por quien vas a votar?" Las respuestas siempre son compatibles con los candidatos de los medios, algunos nihilistas “no sé”, los eufemísticos “Yo por –x- porque me gustan sus propuestas” o finalmente los de sabiduría taxista “en la radio dicen que Villarán es izquierdista, da miedo votar por ella no?” He escuchado cada respuesta, diferente, algunos extremistas, otros mas comprensivos, pero todos siempre revueltos dentro del gran tallarín que es la apolítica, el desinterés por la política llevado al discurso cotidiano. Y, como siempre apuntamos, a los apolíticos se les gana por la imagen. El buen peruano no vota por los candidatos, el peruano vota por imágenes, por precepciones, por significaciones, algo que no esta en los candidatos mismos ni en sus propuestas, sino en los valores simbólicos que porducen a drede o sin saberlo; triunfo definitivo de la imagen.

Omar Montoro, candidato de último momento del partido PPC-Unidad Nacional de la candidata a la alcaldía de Lima Lourdes Flores, nos dice: “Porque surco merece más”. Montoro con sonrisa de photoshop, actualizado a las redes sociales, camisa blanca y contexto verde, naturalidad, limpieza, no corrupción, bla bla… ok con él, pero ¿Qué hace Loudes precisamente? Sintácticamente ubicada detrás de Montoro, con las dos manos apoyándose en sus hombros, ¿Por qué esa posición?, ¿por qué esas manos en los hombros? evidentemente dos niveles de pertinencia o análisis salen: 1) un discurso de manipulación (Particular) 2) un discurso de machismo (General).

La manipulación, el juego del titiritero, parten de este esquema narrativo canónico que sugiere la propaganda de Montoro. Montoro deja con voraz inocencia que Lourdes proceda a ser su respaldo, deja posar las manos de “Lulú” en sus hombros o, para decirlo en otro modo, el destinador (Montoro) decide finalmente realizar una performance manipulatoria. Las manos en los hombros es una figura icónica que representa un hecho concretamente social, para los que recodemos esa portada de la película “El abogado del diablo”, se utiliza la misma significación. El apadrinamiento no solo es un apoyo sino también un “yo opero y operare por tí”, se cercena al sujeto, en este caso Montoro, y se invalida su voz. La imagen parece decir, por su sintaxis, “Yo, Montoro, postulo a la alcaldía de Surco, pero en realidad es ella la que opera por mi, lo cual me invalida como candidato, y me convierte en un icono de Lourdes, en una proyección” ¿Votamos por Montoro porque parece y aparece como candidato, o porque Lourdes lo apoya, porque es un icono (representacion) o porque es un candidato?


Pero este tema no es el único, hay un tema más macro y pertinente. Como se sabe de los 38 candidatos a la alcaldía del partido del PPC-Unidad Nacional solo 4 son mujeres (Jacqueline Aljovin, Jessica Vargas, Rosario Arnao y Miriam Jarufe), el resto son hombres, políticos canosos y aventados. Pensé que la composición de los afiches era la misma para todos, al parecer así lo creí cuando pasaba por distritos como San Borja o La Molina, entre otros. Sin embargo mi sorpresa fue encontrar el afiche de Jessica Vargas, candidata a la alcaldía de Barranco, y descubrir quizá un discurso macro interesante: ¿Por qué Lourdes salía de menor estatura con TODOS sus candidatos en los afiches de propagandas de diferentes distritos, dejándose ver como aminorada, aleccionada, disminuida, mientras que con las mujeres, Lourdes salía poderosa, más alta, autoritaria, verdadera diablo de abogados?


¿Acaso el discurso de Lourdes se basa en un machismo estratégico? Recuerdo una imagen musulmana, donde las mujeres caminan detrás de los hombres, pero cuando estas están solo con mujeres, hay una que jerarquiza siempre al grupo, generalmente por su sabiduría, su edad o tal vez condición. ¿Qué significa que Lourdes este encima de las mujeres, pero no de los hombres? ¿Acaso es un discurso escondido dentro de la campaña política del PPC? Sabiendo que estas propagandas, su composición y diseño, fueron hechos teniendo en mente a contrincantes masculinos ¿Estará esta producción de sentido dentro de las campañas adrede, para connotar un sometimiento de la mujer frente al hombre, sometimiento que le ayudaría a ganar votos como lo había estado haciendo antes de la salida de kouri a la postulación a la alcaldia de Lima? Si yo me hago el pobrecito la gente misma me revalidará, porque en el discurso oficial siempre esta hacer lo “correcto”, validar al pobrecito, al enfermo. Y en política, como incluso saben nuestros apolíticos, todo debe ser y apuntar a favor de la moral.

¿Sáben lo que dicen? Javier Baraybar


Por: Eduardo Yalán

He aquí mi favorito: Javier Baraybar. Líder del movimiento independiente de vecinos surcanos, un “hombre de experiencia a tu servicio”, dueño de un no tan enfervorizado gesto. Baraybar optó quizá por una apuesta política más simplista, más clásica en lo que a propaganda política se refiere, podemos quizá proponer a un único actor (sujeto) discursivo junto con un mensaje lingüístico funcional sobre el partido, resaltando los lexemas /solidario/ /experiencia/ /servicio/ /independiente/ /hombre/. Todo perfecto hasta allí, eligió el color amarillo para connotar (mensaje icónico codificado) Lealtad, honor, unión, economía, amabilidad. El amarillo y el verde son muy útiles en este tipo de propagandas. Al parecer dentro del contexto objetivo, se puede decir que nos encontramos con una propaganda “normal”, común y corriente, no pasa nada, objetivamente hablando. Ahora bien, (otra vez la sintáctica) ¿Para quién es este mensaje? Eventualmente, somos los peruanos y, claro esta, surqueños, unos lúdicos chacoteros y picaros críticos de la rareza, y entonces nos detenemos, y confirmamos eso de que el ser humano puede conservar un número infinito de unidades de información en una fracción de segundo: ¡Boom! Aparece el apellido: Baraybar.

Hasta el menos elocuente puede darse cuenta que el nombre del candidato comienza con el prefijo /Bar/ y termina con el sufijo /Bar/. Y es inevitable situar una lectura mórbida, pícara, pero permitida al discurso del afiche. Para decirlo semióticamente, existe, detrás de la manifestación figurativa sonora de “Bar”, la existencia de un rol temático que se puede designar, con el perdón del señor Baraybar, de /borracho/ o sujeto relacionado al alcohol, así como a su opuesto /sobrio/. Inevitablemente su representación en el cuadro semiótico permite visualizar estas dos tendencias:


Y para enfatizar esto, el sema /borracho/ extirpado del lexema /bar/ se hace aun más evidente gracias a un mal empleo de la comunicación, a una mala utilización de los colores dentro de esta publicidad: El amarillo. ¡Sintaxis pura señores!, imagínense; el amarillo y blanco como fondo de un candidato (por ejemplo) de nombre Jiménez…no pasa nada. Pero el amarillo y blanco en un candidato cuyo nombre es Baraybar, inevitablemente se genera una lectura imprevista. ¿Y que tiene que ver el amarillo y blanco? Se preguntara el más ingenuo. Sin ser semiólogo o sociólogo, o psicólogo ¿Qué se vende en los bares? Tragos, alcohol ¿Qué trago en particular tiene el color amarillo y blanco? La cerveza. ¿Qué sucede cuando anudas el sema /borracho/ inevitablemente inmerso en el apellido Baraybar y pintas tu propaganda de amarillo y blanco? ¡Boom! Por metonimia, la lectura que la gente dará al candidato será la de un amante de la cerveza, la de un ebrio camuflado, la de un desequilibrado, desquiciado por el alcohol, un vicioso, un perfecto vecino al quien no se le dará voto alguno. Mala comunicación, no hubo una atención a la posible lectura que el votante le vaya a dar al candidato…Lo que sí me parece esta en cuestión es si verdaderamente el surqueño, amante de la cerveza, le otorgué un valor disfórico o eufórico a este candidato y a su inocente relación con el alcohol.

¿Sáben lo que dicen?: Propagandas politicas.

Por: Eduardo Yalán Dongo.

Se alzan los carteles, se alzan en las noches permitidas; Lourdes, Kouri, Villarán, se alzan en coro: “¡vota por mi!”. Digamos que ser bombardeados de propaganda política no es del todo negativo, en cada ruta no solo vemos caos visual, o fealdad de nuestras meadas paredes, sino oportunidades para escoger y elegir bien a los candidatos, aproximarnos más. Al igual que la publicidad, la propaganda vende, pero vende ideologías (la primera vende servicios/productos), creencias políticas que nos puedan convencer, persuadir. ¿Cómo nos convence? Porque están en todos lados. El candidato que tenga más paneles y afiches, es decir, más alcance, generará mayor recordación, y este beneficio lo saben muy bien los políticos, saben que así se debe de convencer a los apolíticos, con propaganda. Preguntante, ¿Cuáles son tus candidatos a la alcaldía de tu distrito, o de Lima? Respuesta: Tus candidatos son los candidatos de los medios. Pero no pretendo generar “conciencia” política dentro de un desinterés apolítico. Me interesa más analizar no a nosotros, señores apolíticos, sino a las estructuras que nos determinan; a la propaganda política. El análisis de propaganda de hoy será sobre el distrito de Surco y sus tres principales postulantes: Javier Baraybar, Juan Manuel del Mar y Omar Montoro. Antes que nada no deseo criticar la política o las propuestas para la alcaldía surqueña de estos candidatos, deseo únicamente efectuar un análisis básico (sintáctico) de las lecturas y de los discursos: Señores politicos ¿Quieren jugar con apolíticos?: aprendan a jugar con apolíticos.

Del Mar:

Un apolítico no se detiene en las propuestas, se detiene en cómo se ve la propaganda política. Primero el mensaje literal: “Porque Surco es salud” “En surco se vive bien”. Para alguien que sabe que Del mar es el alcalde actual de Surco !perfecto! !bingo!, el mensaje ha llegado. Pero para nuestros apolíticos en potencia ¿saben quién es el alcalde de Surco? El mensaje “En Surco se vive bien” colapsa, pierde sentido y hasta se permite una lectura: “¿si se vive bien, por qué tengo que votar por ti?" Existe un mensaje icónico codificado. Presten atención a la imagen. En toda la campaña gráfica de Del Mar se puede registrar un sentido binario que se expresa de la siguiente manera:



En este afiche en particular el candidato, invertirtiendo plata, y evitando un trabajo a lo “Wilson”, decidió quizá ser asesorado por un buen fotógrafo, un artista de la imagen. Precisamente ese fue el problema, en propaganda y en publicidad, el arte no puede intervenir. En el arte, el autor de la obra puede dejar a entrever no una sola lectura de su creación, sino muchas, se puede convertir, como decía Eco, en una obra abierta. Pero en propaganda y en publicidad (un poco para evocar a Barthes) la significación de la imagen es sin duda intencional: lo que configura a priori los significados del mensaje son ciertos atributos del candidato, y estos significados deben ser transmitidos con la mayor claridad posible, la propaganda, por tanto, debe ser franca en su mensaje. Vean bien esta otra imagen, de la misma campaña:


Existe una técnica fotográfica sumergida en el panel: la sensación de profundidad de campo, el llamado fuera de foco. Y aquí el binarismo se hace presente, ¿Cómo esta vestido del mar? Con camisa, aplaudiendo cual bailarín flamenco (otra lectura posible) que acentúa aun más el carácter /lejano/ y opuesto a las personas detrás suyo, dándoles la espalda, lejano a ellos, disjunto de ellos, su color azul esperanza y tranquilidad y “todo esta bien” se disocia de la organización de sentido de su imagen. La proximidad entre Lo /pobre/ y lo /rico/ no se da, al contrario, no se habla de una vinculación entre los elementos porque no hay proxemia física, hay, por el contrario, aislamiento, lejanía:

La oposición nace en la imagen sin que el autor o el candidato sepan que significa, o qué sentido le otorga el votante, aquí nace lo que se llama semióticamente “axiología”, el votante le otorga un valor a esta distancia, le otorga una categoría timica y la tacha como negativa, como perjudicial, la lejanía, la no unión, hacen del candidato un desinteresado del “pueblo”, por tanto, menos votos para el señor Del Mar, por tanto, comunicación deficiente. ¿Creen los políticos que esto genera distinción, glamour, mayor captación visual? Con esto, un artista no debe aconsejar en una campaña política-comunicacional.

Abordar a Foucault: La nave de los locos

Cuadro: La Nef des fous; el Bosco. Óleo sobre tabla

Por: Eduardo Yalán Dongo

Cuando en un periódico, que para bien no recuerdo el nombre, se argumentaba en un artículo que el 80% de los peruanos sufríamos de trastornos mentales en potencia, no quería decir más que de alguna manera existen fenómenos mentales que nos atan a la locura leve, a la locura cotidiana, de esa que escuchamos dentro del discurso cotidiano: “ese weon esta loco” y en estas palabras se arrastra la distancia. Es verdad que existe un miedo a la locura desde la época clásica, desde la aparición de la razón como centro del mundo, nacían hombres como Descartes o Kant que no se tragaban el cuento de los sentidos ni de la sin-razón, todo debía estar claramente explicado dentro de la estructura racional del hombre. Digamos que gracias a la visión cartesiana y posteriormente kantiana de la locura, hemos censurado la visión renacentista e incluso primitiva que se tenía de ella. Del loco como figura de sabiduría, del loco que profería profecías, a veces hasta premoniciones sobre la vida y la realidad. Hace falta mencionar a Dionisio en Grecia como padre de la locura y de la embriaguez:

Penteo:

¿Celebras los ritos de noche o por el día?

Dionisio:

La mayoría de noche, las tinieblas traen devoción

La oscuridad siempre fue un tema a temer dentro de la sociedad cartesiana y kantiana, la oscuridad, las sensaciones que son un saber enajenado para nuestra cultura; si en el renacimiento el loco era un errante, un nómada en un navío, adornado de imágenes como la vida, la verdad, la risa, la muerte; en la época clásica, el pensamiento cartesiano ahogo aun más toda la noción ya de por sí rechazada de la época renacentista acerca de la locura y la sumió en las tinieblas. Nietzsche decía: “No la duda, la certeza es la que vuelve loco”, Otra vez Nietzsche: “!Ningún Pastor y un solo rebaño! Todos quieren lo mismo, todos son iguales: quien tiene sentimientos distintos marcha voluntariamente al manicomio.” La certeza de ser distintos, quizá seamos hoy, todos unos locos.

“La locura fascina porque es saber” dice un muy bien enterado Foucault, un profesional que escribió una “historia de la locura” y que paradójicamente nunca cayó en la definición del “loco” o de la “locura” como tal. La pintura de El Bosco, !esa es la historia de la locura!, la nave de los locos, un navío cargado de saber, rechazado y reprimido, vagando de aquí para allá, saber enajenado pero saber al fin. ¿Qué significa esta nave? Y aquí me interrumpe otra vez el señor Foucault: “La locura siempre ha sido excluida”, y en esta medida estamos considerados como locos, en esta medida somos locos en potencia. La sociedad es también un navío flotando sobre un pensamiento racista, dentro de unas relaciones de poder que la hacen compleja, somos ciudadanos, somos locos, pero alguna vez no fuimos ciudadanos, somos estudiantes de universidad, somos locos encerrados y reducidos por una estructura, pero algún día no lo seremos. Estaremos ya curados, como la locura misma dentro de un manicomio, es la esperanza de la locura sanarse, es la esperanza del estudiante graduarse.

¿Por qué obtener la certeza? ¿Para ser encerrados y volvernos locos? ¿Qué placer hay en la locura que la hace entretenida? El manicomio moderno estuvo en el centro de este cuestionamiento. Si el manicomio existe, existe también el deseo de salir de él, si existe el contenido existe también aquello que lo contiene, el deseo por cuestionar el estado del sujeto: ¿Qué es lo que nos contiene? Así como existe también el deseo por acabar con la propia vida y degustar del derecho y placer de morir (filosofía que comprendería muy bien Gilles Deleuze). Si el manicomio existe...¿Pero, hoy existe? La pluralidad, la divergencia y la otredad virtual han comenzado por derribar los muros del manicomio clásico, no interesa ahora la necesidad de preguntas existenciales que nos sumerjan a la reflexión. La posmodernidad y el mundo de los sentidos salió cabalgando y degollando cabezas cartesianas. Vivimos en una época baudrillardiana, donde la realidad poco importa, donde la locura camina a sus anchas de la mano de Dionisio.

Abordar a Foucault: Mitos del poder

Fotografía: Pedro Zamalloa García
Por: Eduardo Yalán Dongo

Estamos en elecciones municipales y presidenciales en el Perú, y aun las campañas políticas continúan siendo evanescentes con ese áspero olor a propaganda de los 50`s. Particularmente se almidona en demasía el tema de /el poder/. Cuando se acusa, por ejemplo, a Kouri de integrar en su campaña a “montesinistas” se arenga en este sentido: “lo que detestamos de los montesinistas, no es su corrupción o su desviación moral, sino que siempre quieren tener mejor rango, más poder para robar más”. Se dice también que los políticos más corruptos (glorioso lexema) son los que buscan únicamente ostentar el poder, servirse de él, buscarlo. Montesinos, para el peruano promedio, es la iconografía del poder (garrafalmente llamado “poder que ha sido mal usado”). Y digo Icono porque (según Peirce) el icono es un signo que se relaciona con el objeto por tener una semejanza con este, es decir, tenemos una relación metafórica por excelencia, relación propia de la palabra escrita que sirve muy bien en campañas de corbatudos señores de la política socialista cincuentona. Esta clase de política ha hecho tragar presurosamente al apolítico esta verdad: Poder es sinónimo de fuerza, el poder es sinónimo de distancia, de injusticia, de derechos, y de verdad. El famoso axioma de He-Man resulto ser una fallida herramienta de educación infantil sobre el poder.

En todo caso es entretenido recordar a Foucault en este tema del poder. En primer lugar, quitémonos de la cabeza que el poder es una especie de semilla regada por aquí y por allá, que el poder se reparte en ésta o aquella circunstancia, me parece que esta imagen del poder aun persiste en la propaganda. Pero no se reconoce el poder porque nadie es titular del poder. El individuo no es el que lleva el poder dentro de un terno con olor a abogado, el individuo es producto mismo del poder, el poder se ejerce, no es una propiedad, no es un extremo. Si queremos referirnos a algún “corrupto” o a alguien que se apropia de los flujos vitales dentro de una sociedad es preferible hacerlo con el nombre de “estados de dominación”, donde existe un presunto tirano, pero no un propietario del poder. Pero en sí, el análisis de las relaciones de poder es diferente a los “estados de dominación”. No se trata de analizar el poder en el plano de la intención o decisión. No se trata de balbucear “¿Quién tiene el poder?”, no en esta forma interna de análisis, sino en su manifestación externa: “¿Dónde se implanta y produce el poder en efectos reales y en qué niveles?” Nuestras campañas políticas y los apolíticos (o sea la mayoría de limeños) parecen no comprender que las formulas de “viva el progreso y la tecnología”, “nuestro partido no quiere el poder, sino la justicia” “yo soy de clase media, no como ella que es de clase alta” creo que aun nos gusta untar la mantequilla de ingenuidad dentro de nuestro pan almidonado de parafernalia, y mascarlo y remarcarlo como los desinteresados apolíticos que somos. Ese es el problema de considerar al poder como un fenómeno de dominación macizo y homogéneo ubicándolo en los extremos (una clase sobre otra, pobres vs ricos, etc.). Imagínense toda esa construcción de los “periodistas” que se auto imputan titulares del poder: “somos el cuarto poder” y parpadean, y se frotan los ojos; imagínense toda esa construcción de sendero y su "lucha para llegar al poder"; imagínense esa construcción del pueblo que relincha: "el poder oprime" No, el poder no oprime.

El poder no es algo exclusivo –como diría muy bien Foucault- no es algo que se reparte y que lo tienen y poseen en exclusividad y los que no lo tienen y no la poseen, nunca se localiza allá, nunca esta en las manos de algunos: el poder se ejerce en red, y en esta red los individuos circulan, transitan y son producidos por el mismo poder. Nietzsche decía que el deseo de poder nace con esa necesidad de querer disponer de un ambiente, lo que llamamos instinto de dominio, sentimiento de poder, esto no quiere decir que ejercer el poder sea privatizarlo en nombre del individuo, sino ejercerlo, sufrirlo: el proletariado también ostenta poder, los pobres también ejercen el poder, son atravesados por este. La voluntad de poder es pues la pura sensibilidad y afectividad, es una suma red de fuerzas. A Foucault le interesa el análisis de las relaciones del poder, las relaciones de fuerzas que intervienen en un poder confiscado, el origen de la bipolitica a partir de las relaciones de poder: “El individuo es el producto del poder. Lo que hay que hacer es "desindividualizarlo" (…) No os enamoréis del poder".