¿Saben lo que dicen?: Omar Montoro


Por: Eduardo Yalán Dongo
Muy a parte de temas como el gélido frio metropolitano, lo caro que están las entradas para Mistura y el Cirque du Soleil, o si Peluchin esta ya comprometido con Sofía Franco (lo cual siempre deriva a la caza moralista contra los gays y su “reformación” sexual), la que se ha convertido en la pregunta fundamental para destruir una fría conversación (o tal vez comenzarla, en el caso de un inexperto seductor), es "¿Por quien vas a votar?" Las respuestas siempre son compatibles con los candidatos de los medios, algunos nihilistas “no sé”, los eufemísticos “Yo por –x- porque me gustan sus propuestas” o finalmente los de sabiduría taxista “en la radio dicen que Villarán es izquierdista, da miedo votar por ella no?” He escuchado cada respuesta, diferente, algunos extremistas, otros mas comprensivos, pero todos siempre revueltos dentro del gran tallarín que es la apolítica, el desinterés por la política llevado al discurso cotidiano. Y, como siempre apuntamos, a los apolíticos se les gana por la imagen. El buen peruano no vota por los candidatos, el peruano vota por imágenes, por precepciones, por significaciones, algo que no esta en los candidatos mismos ni en sus propuestas, sino en los valores simbólicos que porducen a drede o sin saberlo; triunfo definitivo de la imagen.

Omar Montoro, candidato de último momento del partido PPC-Unidad Nacional de la candidata a la alcaldía de Lima Lourdes Flores, nos dice: “Porque surco merece más”. Montoro con sonrisa de photoshop, actualizado a las redes sociales, camisa blanca y contexto verde, naturalidad, limpieza, no corrupción, bla bla… ok con él, pero ¿Qué hace Loudes precisamente? Sintácticamente ubicada detrás de Montoro, con las dos manos apoyándose en sus hombros, ¿Por qué esa posición?, ¿por qué esas manos en los hombros? evidentemente dos niveles de pertinencia o análisis salen: 1) un discurso de manipulación (Particular) 2) un discurso de machismo (General).

La manipulación, el juego del titiritero, parten de este esquema narrativo canónico que sugiere la propaganda de Montoro. Montoro deja con voraz inocencia que Lourdes proceda a ser su respaldo, deja posar las manos de “Lulú” en sus hombros o, para decirlo en otro modo, el destinador (Montoro) decide finalmente realizar una performance manipulatoria. Las manos en los hombros es una figura icónica que representa un hecho concretamente social, para los que recodemos esa portada de la película “El abogado del diablo”, se utiliza la misma significación. El apadrinamiento no solo es un apoyo sino también un “yo opero y operare por tí”, se cercena al sujeto, en este caso Montoro, y se invalida su voz. La imagen parece decir, por su sintaxis, “Yo, Montoro, postulo a la alcaldía de Surco, pero en realidad es ella la que opera por mi, lo cual me invalida como candidato, y me convierte en un icono de Lourdes, en una proyección” ¿Votamos por Montoro porque parece y aparece como candidato, o porque Lourdes lo apoya, porque es un icono (representacion) o porque es un candidato?


Pero este tema no es el único, hay un tema más macro y pertinente. Como se sabe de los 38 candidatos a la alcaldía del partido del PPC-Unidad Nacional solo 4 son mujeres (Jacqueline Aljovin, Jessica Vargas, Rosario Arnao y Miriam Jarufe), el resto son hombres, políticos canosos y aventados. Pensé que la composición de los afiches era la misma para todos, al parecer así lo creí cuando pasaba por distritos como San Borja o La Molina, entre otros. Sin embargo mi sorpresa fue encontrar el afiche de Jessica Vargas, candidata a la alcaldía de Barranco, y descubrir quizá un discurso macro interesante: ¿Por qué Lourdes salía de menor estatura con TODOS sus candidatos en los afiches de propagandas de diferentes distritos, dejándose ver como aminorada, aleccionada, disminuida, mientras que con las mujeres, Lourdes salía poderosa, más alta, autoritaria, verdadera diablo de abogados?


¿Acaso el discurso de Lourdes se basa en un machismo estratégico? Recuerdo una imagen musulmana, donde las mujeres caminan detrás de los hombres, pero cuando estas están solo con mujeres, hay una que jerarquiza siempre al grupo, generalmente por su sabiduría, su edad o tal vez condición. ¿Qué significa que Lourdes este encima de las mujeres, pero no de los hombres? ¿Acaso es un discurso escondido dentro de la campaña política del PPC? Sabiendo que estas propagandas, su composición y diseño, fueron hechos teniendo en mente a contrincantes masculinos ¿Estará esta producción de sentido dentro de las campañas adrede, para connotar un sometimiento de la mujer frente al hombre, sometimiento que le ayudaría a ganar votos como lo había estado haciendo antes de la salida de kouri a la postulación a la alcaldia de Lima? Si yo me hago el pobrecito la gente misma me revalidará, porque en el discurso oficial siempre esta hacer lo “correcto”, validar al pobrecito, al enfermo. Y en política, como incluso saben nuestros apolíticos, todo debe ser y apuntar a favor de la moral.

¿Sáben lo que dicen? Javier Baraybar


Por: Eduardo Yalán

He aquí mi favorito: Javier Baraybar. Líder del movimiento independiente de vecinos surcanos, un “hombre de experiencia a tu servicio”, dueño de un no tan enfervorizado gesto. Baraybar optó quizá por una apuesta política más simplista, más clásica en lo que a propaganda política se refiere, podemos quizá proponer a un único actor (sujeto) discursivo junto con un mensaje lingüístico funcional sobre el partido, resaltando los lexemas /solidario/ /experiencia/ /servicio/ /independiente/ /hombre/. Todo perfecto hasta allí, eligió el color amarillo para connotar (mensaje icónico codificado) Lealtad, honor, unión, economía, amabilidad. El amarillo y el verde son muy útiles en este tipo de propagandas. Al parecer dentro del contexto objetivo, se puede decir que nos encontramos con una propaganda “normal”, común y corriente, no pasa nada, objetivamente hablando. Ahora bien, (otra vez la sintáctica) ¿Para quién es este mensaje? Eventualmente, somos los peruanos y, claro esta, surqueños, unos lúdicos chacoteros y picaros críticos de la rareza, y entonces nos detenemos, y confirmamos eso de que el ser humano puede conservar un número infinito de unidades de información en una fracción de segundo: ¡Boom! Aparece el apellido: Baraybar.

Hasta el menos elocuente puede darse cuenta que el nombre del candidato comienza con el prefijo /Bar/ y termina con el sufijo /Bar/. Y es inevitable situar una lectura mórbida, pícara, pero permitida al discurso del afiche. Para decirlo semióticamente, existe, detrás de la manifestación figurativa sonora de “Bar”, la existencia de un rol temático que se puede designar, con el perdón del señor Baraybar, de /borracho/ o sujeto relacionado al alcohol, así como a su opuesto /sobrio/. Inevitablemente su representación en el cuadro semiótico permite visualizar estas dos tendencias:


Y para enfatizar esto, el sema /borracho/ extirpado del lexema /bar/ se hace aun más evidente gracias a un mal empleo de la comunicación, a una mala utilización de los colores dentro de esta publicidad: El amarillo. ¡Sintaxis pura señores!, imagínense; el amarillo y blanco como fondo de un candidato (por ejemplo) de nombre Jiménez…no pasa nada. Pero el amarillo y blanco en un candidato cuyo nombre es Baraybar, inevitablemente se genera una lectura imprevista. ¿Y que tiene que ver el amarillo y blanco? Se preguntara el más ingenuo. Sin ser semiólogo o sociólogo, o psicólogo ¿Qué se vende en los bares? Tragos, alcohol ¿Qué trago en particular tiene el color amarillo y blanco? La cerveza. ¿Qué sucede cuando anudas el sema /borracho/ inevitablemente inmerso en el apellido Baraybar y pintas tu propaganda de amarillo y blanco? ¡Boom! Por metonimia, la lectura que la gente dará al candidato será la de un amante de la cerveza, la de un ebrio camuflado, la de un desequilibrado, desquiciado por el alcohol, un vicioso, un perfecto vecino al quien no se le dará voto alguno. Mala comunicación, no hubo una atención a la posible lectura que el votante le vaya a dar al candidato…Lo que sí me parece esta en cuestión es si verdaderamente el surqueño, amante de la cerveza, le otorgué un valor disfórico o eufórico a este candidato y a su inocente relación con el alcohol.

¿Sáben lo que dicen?: Propagandas politicas.

Por: Eduardo Yalán Dongo.

Se alzan los carteles, se alzan en las noches permitidas; Lourdes, Kouri, Villarán, se alzan en coro: “¡vota por mi!”. Digamos que ser bombardeados de propaganda política no es del todo negativo, en cada ruta no solo vemos caos visual, o fealdad de nuestras meadas paredes, sino oportunidades para escoger y elegir bien a los candidatos, aproximarnos más. Al igual que la publicidad, la propaganda vende, pero vende ideologías (la primera vende servicios/productos), creencias políticas que nos puedan convencer, persuadir. ¿Cómo nos convence? Porque están en todos lados. El candidato que tenga más paneles y afiches, es decir, más alcance, generará mayor recordación, y este beneficio lo saben muy bien los políticos, saben que así se debe de convencer a los apolíticos, con propaganda. Preguntante, ¿Cuáles son tus candidatos a la alcaldía de tu distrito, o de Lima? Respuesta: Tus candidatos son los candidatos de los medios. Pero no pretendo generar “conciencia” política dentro de un desinterés apolítico. Me interesa más analizar no a nosotros, señores apolíticos, sino a las estructuras que nos determinan; a la propaganda política. El análisis de propaganda de hoy será sobre el distrito de Surco y sus tres principales postulantes: Javier Baraybar, Juan Manuel del Mar y Omar Montoro. Antes que nada no deseo criticar la política o las propuestas para la alcaldía surqueña de estos candidatos, deseo únicamente efectuar un análisis básico (sintáctico) de las lecturas y de los discursos: Señores politicos ¿Quieren jugar con apolíticos?: aprendan a jugar con apolíticos.

Del Mar:

Un apolítico no se detiene en las propuestas, se detiene en cómo se ve la propaganda política. Primero el mensaje literal: “Porque Surco es salud” “En surco se vive bien”. Para alguien que sabe que Del mar es el alcalde actual de Surco !perfecto! !bingo!, el mensaje ha llegado. Pero para nuestros apolíticos en potencia ¿saben quién es el alcalde de Surco? El mensaje “En Surco se vive bien” colapsa, pierde sentido y hasta se permite una lectura: “¿si se vive bien, por qué tengo que votar por ti?" Existe un mensaje icónico codificado. Presten atención a la imagen. En toda la campaña gráfica de Del Mar se puede registrar un sentido binario que se expresa de la siguiente manera:



En este afiche en particular el candidato, invertirtiendo plata, y evitando un trabajo a lo “Wilson”, decidió quizá ser asesorado por un buen fotógrafo, un artista de la imagen. Precisamente ese fue el problema, en propaganda y en publicidad, el arte no puede intervenir. En el arte, el autor de la obra puede dejar a entrever no una sola lectura de su creación, sino muchas, se puede convertir, como decía Eco, en una obra abierta. Pero en propaganda y en publicidad (un poco para evocar a Barthes) la significación de la imagen es sin duda intencional: lo que configura a priori los significados del mensaje son ciertos atributos del candidato, y estos significados deben ser transmitidos con la mayor claridad posible, la propaganda, por tanto, debe ser franca en su mensaje. Vean bien esta otra imagen, de la misma campaña:


Existe una técnica fotográfica sumergida en el panel: la sensación de profundidad de campo, el llamado fuera de foco. Y aquí el binarismo se hace presente, ¿Cómo esta vestido del mar? Con camisa, aplaudiendo cual bailarín flamenco (otra lectura posible) que acentúa aun más el carácter /lejano/ y opuesto a las personas detrás suyo, dándoles la espalda, lejano a ellos, disjunto de ellos, su color azul esperanza y tranquilidad y “todo esta bien” se disocia de la organización de sentido de su imagen. La proximidad entre Lo /pobre/ y lo /rico/ no se da, al contrario, no se habla de una vinculación entre los elementos porque no hay proxemia física, hay, por el contrario, aislamiento, lejanía:

La oposición nace en la imagen sin que el autor o el candidato sepan que significa, o qué sentido le otorga el votante, aquí nace lo que se llama semióticamente “axiología”, el votante le otorga un valor a esta distancia, le otorga una categoría timica y la tacha como negativa, como perjudicial, la lejanía, la no unión, hacen del candidato un desinteresado del “pueblo”, por tanto, menos votos para el señor Del Mar, por tanto, comunicación deficiente. ¿Creen los políticos que esto genera distinción, glamour, mayor captación visual? Con esto, un artista no debe aconsejar en una campaña política-comunicacional.

Abordar a Foucault: La nave de los locos

Cuadro: La Nef des fous; el Bosco. Óleo sobre tabla

Por: Eduardo Yalán Dongo

Cuando en un periódico, que para bien no recuerdo el nombre, se argumentaba en un artículo que el 80% de los peruanos sufríamos de trastornos mentales en potencia, no quería decir más que de alguna manera existen fenómenos mentales que nos atan a la locura leve, a la locura cotidiana, de esa que escuchamos dentro del discurso cotidiano: “ese weon esta loco” y en estas palabras se arrastra la distancia. Es verdad que existe un miedo a la locura desde la época clásica, desde la aparición de la razón como centro del mundo, nacían hombres como Descartes o Kant que no se tragaban el cuento de los sentidos ni de la sin-razón, todo debía estar claramente explicado dentro de la estructura racional del hombre. Digamos que gracias a la visión cartesiana y posteriormente kantiana de la locura, hemos censurado la visión renacentista e incluso primitiva que se tenía de ella. Del loco como figura de sabiduría, del loco que profería profecías, a veces hasta premoniciones sobre la vida y la realidad. Hace falta mencionar a Dionisio en Grecia como padre de la locura y de la embriaguez:

Penteo:

¿Celebras los ritos de noche o por el día?

Dionisio:

La mayoría de noche, las tinieblas traen devoción

La oscuridad siempre fue un tema a temer dentro de la sociedad cartesiana y kantiana, la oscuridad, las sensaciones que son un saber enajenado para nuestra cultura; si en el renacimiento el loco era un errante, un nómada en un navío, adornado de imágenes como la vida, la verdad, la risa, la muerte; en la época clásica, el pensamiento cartesiano ahogo aun más toda la noción ya de por sí rechazada de la época renacentista acerca de la locura y la sumió en las tinieblas. Nietzsche decía: “No la duda, la certeza es la que vuelve loco”, Otra vez Nietzsche: “!Ningún Pastor y un solo rebaño! Todos quieren lo mismo, todos son iguales: quien tiene sentimientos distintos marcha voluntariamente al manicomio.” La certeza de ser distintos, quizá seamos hoy, todos unos locos.

“La locura fascina porque es saber” dice un muy bien enterado Foucault, un profesional que escribió una “historia de la locura” y que paradójicamente nunca cayó en la definición del “loco” o de la “locura” como tal. La pintura de El Bosco, !esa es la historia de la locura!, la nave de los locos, un navío cargado de saber, rechazado y reprimido, vagando de aquí para allá, saber enajenado pero saber al fin. ¿Qué significa esta nave? Y aquí me interrumpe otra vez el señor Foucault: “La locura siempre ha sido excluida”, y en esta medida estamos considerados como locos, en esta medida somos locos en potencia. La sociedad es también un navío flotando sobre un pensamiento racista, dentro de unas relaciones de poder que la hacen compleja, somos ciudadanos, somos locos, pero alguna vez no fuimos ciudadanos, somos estudiantes de universidad, somos locos encerrados y reducidos por una estructura, pero algún día no lo seremos. Estaremos ya curados, como la locura misma dentro de un manicomio, es la esperanza de la locura sanarse, es la esperanza del estudiante graduarse.

¿Por qué obtener la certeza? ¿Para ser encerrados y volvernos locos? ¿Qué placer hay en la locura que la hace entretenida? El manicomio moderno estuvo en el centro de este cuestionamiento. Si el manicomio existe, existe también el deseo de salir de él, si existe el contenido existe también aquello que lo contiene, el deseo por cuestionar el estado del sujeto: ¿Qué es lo que nos contiene? Así como existe también el deseo por acabar con la propia vida y degustar del derecho y placer de morir (filosofía que comprendería muy bien Gilles Deleuze). Si el manicomio existe...¿Pero, hoy existe? La pluralidad, la divergencia y la otredad virtual han comenzado por derribar los muros del manicomio clásico, no interesa ahora la necesidad de preguntas existenciales que nos sumerjan a la reflexión. La posmodernidad y el mundo de los sentidos salió cabalgando y degollando cabezas cartesianas. Vivimos en una época baudrillardiana, donde la realidad poco importa, donde la locura camina a sus anchas de la mano de Dionisio.

Abordar a Foucault: Mitos del poder

Fotografía: Pedro Zamalloa García
Por: Eduardo Yalán Dongo

Estamos en elecciones municipales y presidenciales en el Perú, y aun las campañas políticas continúan siendo evanescentes con ese áspero olor a propaganda de los 50`s. Particularmente se almidona en demasía el tema de /el poder/. Cuando se acusa, por ejemplo, a Kouri de integrar en su campaña a “montesinistas” se arenga en este sentido: “lo que detestamos de los montesinistas, no es su corrupción o su desviación moral, sino que siempre quieren tener mejor rango, más poder para robar más”. Se dice también que los políticos más corruptos (glorioso lexema) son los que buscan únicamente ostentar el poder, servirse de él, buscarlo. Montesinos, para el peruano promedio, es la iconografía del poder (garrafalmente llamado “poder que ha sido mal usado”). Y digo Icono porque (según Peirce) el icono es un signo que se relaciona con el objeto por tener una semejanza con este, es decir, tenemos una relación metafórica por excelencia, relación propia de la palabra escrita que sirve muy bien en campañas de corbatudos señores de la política socialista cincuentona. Esta clase de política ha hecho tragar presurosamente al apolítico esta verdad: Poder es sinónimo de fuerza, el poder es sinónimo de distancia, de injusticia, de derechos, y de verdad. El famoso axioma de He-Man resulto ser una fallida herramienta de educación infantil sobre el poder.

En todo caso es entretenido recordar a Foucault en este tema del poder. En primer lugar, quitémonos de la cabeza que el poder es una especie de semilla regada por aquí y por allá, que el poder se reparte en ésta o aquella circunstancia, me parece que esta imagen del poder aun persiste en la propaganda. Pero no se reconoce el poder porque nadie es titular del poder. El individuo no es el que lleva el poder dentro de un terno con olor a abogado, el individuo es producto mismo del poder, el poder se ejerce, no es una propiedad, no es un extremo. Si queremos referirnos a algún “corrupto” o a alguien que se apropia de los flujos vitales dentro de una sociedad es preferible hacerlo con el nombre de “estados de dominación”, donde existe un presunto tirano, pero no un propietario del poder. Pero en sí, el análisis de las relaciones de poder es diferente a los “estados de dominación”. No se trata de analizar el poder en el plano de la intención o decisión. No se trata de balbucear “¿Quién tiene el poder?”, no en esta forma interna de análisis, sino en su manifestación externa: “¿Dónde se implanta y produce el poder en efectos reales y en qué niveles?” Nuestras campañas políticas y los apolíticos (o sea la mayoría de limeños) parecen no comprender que las formulas de “viva el progreso y la tecnología”, “nuestro partido no quiere el poder, sino la justicia” “yo soy de clase media, no como ella que es de clase alta” creo que aun nos gusta untar la mantequilla de ingenuidad dentro de nuestro pan almidonado de parafernalia, y mascarlo y remarcarlo como los desinteresados apolíticos que somos. Ese es el problema de considerar al poder como un fenómeno de dominación macizo y homogéneo ubicándolo en los extremos (una clase sobre otra, pobres vs ricos, etc.). Imagínense toda esa construcción de los “periodistas” que se auto imputan titulares del poder: “somos el cuarto poder” y parpadean, y se frotan los ojos; imagínense toda esa construcción de sendero y su "lucha para llegar al poder"; imagínense esa construcción del pueblo que relincha: "el poder oprime" No, el poder no oprime.

El poder no es algo exclusivo –como diría muy bien Foucault- no es algo que se reparte y que lo tienen y poseen en exclusividad y los que no lo tienen y no la poseen, nunca se localiza allá, nunca esta en las manos de algunos: el poder se ejerce en red, y en esta red los individuos circulan, transitan y son producidos por el mismo poder. Nietzsche decía que el deseo de poder nace con esa necesidad de querer disponer de un ambiente, lo que llamamos instinto de dominio, sentimiento de poder, esto no quiere decir que ejercer el poder sea privatizarlo en nombre del individuo, sino ejercerlo, sufrirlo: el proletariado también ostenta poder, los pobres también ejercen el poder, son atravesados por este. La voluntad de poder es pues la pura sensibilidad y afectividad, es una suma red de fuerzas. A Foucault le interesa el análisis de las relaciones del poder, las relaciones de fuerzas que intervienen en un poder confiscado, el origen de la bipolitica a partir de las relaciones de poder: “El individuo es el producto del poder. Lo que hay que hacer es "desindividualizarlo" (…) No os enamoréis del poder".

Abordar a Foucault


Por: Eduardo Yalán Dongo

Tratar acerca de Michel Foucault supone siempre un silencio antes de pensar en el primer párrafo. Supone anudar, dentro de esta ausencia de palabras, una suma de complejidades que emergen en la mente del pretendiente a hacer una taxonomía de su pensamiento. Sociología, psicología, política, antropología, filosofía y hasta semiótica, Foucault, pese a lo que Braudrillard arenga, no puede ser olvidado, al menos no por ahora. ¿Tiene una utilidad leer a Foucault en la cultura contemporánea? Mejor repreguntemos ¿Para quién es de utilidad leer a Foucault en la cultura contemporánea? La obra de Foucault es abierta, pero, robándole a Nietzsche la frase: es para todos y para nadie.

En nuestra cultura persisten costumbres consolidadas y ritualizadas, prácticas contenidas y codificadas que ni siquiera podemos sospechar sobre su estructura, su genealogía, su contenido y, principalmente, de qué es lo que las contienen. Un poder confiscado, quizá una verdad pactada que traspasa el discurso y encausa la conducta de un sujeto que ya huele a muerto. Foucault y su método se interesan en la conexión constitutiva de las ciencias humanas con las prácticas del aislamiento vigilante, Foucault se rebulle con esa sutileza de sierpe dentro de las tecnologías del poder, dentro de las diferentes relaciones de poder en los diferentes discursos que nos embriagan continuamente, sin dejar de sangrar. Habremos escuchado con anterioridad: “saber es poder”, “el pueblo va a tomar el poder” “La Historia del Mundo” “El poder oprime” “el hombre es el centro del mundo”, pero todas estas expresiones se encauzan hacia un sin sentido intolerable en la contemporaneidad.

Si Guattari y Deleuze con el anti-Edipo dejaron moribundo al psicoanálisis, Foucault y su método hicieron lo propio con La Historia, esa historia atravesada por una voluntad de verdad, por una genealogía que nunca aparecía y que se hacía cada vez más lejana para el investigador, Foucault mató al hombre y devolvió ese pluralismo de discursos contenidos y confiscados dentro de esa macro-ciencia, de ese metalenguaje llamado Historia.

El método de análisis de Foucault debe precisar esa malla de poder, esa red compleja de tecnologías de poder que enlazan los discursos, haciendo del método una triada para el análisis:

Las reglas de derecho que delimitan formalmente el poder y los efectos de verdad que este poder produce dentro de los discursos ¿Cuáles son las reglas de derecho que las relaciones de poder ponen en acción para producir verdad? Y es que el poder, como dijo Foucault “obliga a producir verdad, estamos condenados a decir verdad y a encontrarla”. ¿Qué verdad? La verdad que creemos que es Verdad. Braudrillard se queja de las nuevas generaciones y dice que a esta nueva camada de personas no le interesa la realidad, no le interesa la verdad, no le interesa el poder, el poder –dice- ya perdió legitimidad dentro de las personas, y exige “Olvidar a Foucault”. A la “gente” no le interesa la verdad, pero la dice, se queja del poder y de su supuesta ausencia en ellos, pero ellos mismos pertenecen a él y nadan en él. ¿Qué es lo que puedes aprender de Foucault, cual es, según el canon posmoderno, la “utilidad” de leer a Foucault? Silencio, ante todo mucho silencio y prepararse, como decía Proust, para el nuevo viaje que “no consiste en buscar nuevos paisajes sino tener ojos nuevos”; ojos nuevos para entendernos. Y después, es necesario retomar el silencio.

Un pulgar para el arte.

Por: Eduardo Yalán Dongo

Cuando Nietzsche en “El Origen de la Tragedia”, propone al estado dionisiaco en el arte como un sentimiento de poder que transforma incluso a la misma percepción de la obra y al propio estado del sujeto, lo hace proponiendo un “desembrague” (como se diría semióticamente) o alejamiento del sentido apolíneo, usados en la época renacentista y clásica, es decir: la vista. La mirada ha sido el paradigma de decodificación que ha utilizado el hombre para interpretar el mundo, “mira el mundo” es el recurso retorico clásico para expresar el subjetivismo y posterior explicación de la realidad. Lo que lo “dionisiaco” propone es ese interés por los sentidos “íntimos”: el gusto, el olfato y el tacto. Con respecto a este último sentido, poco se ha dicho en cuanto al análisis de la obra artística, digamos que en la obra principalmente contemporánea el elemento táctil ha retomado la carrera de la intimidad, de estos sentidos íntimos, así como de la complejidad que posee la oscuridad en la obra posmodernista.


En la obra de Jean Dubuffet –Snak for Two- la relación de estos dos hombres y de sus manos, ubicados en una forma rítmica, ponen al sentido táctil como centro del análisis. Lo que hasta este punto nos indica es quizá ese ritmo de la sensualidad, de lo táctil, pero también nos propone contar este ritmo apreciando los dedos de cada hombre, y es cuando aparece un dato dentro de este sentido intimo; el sujeto de la derecha posee un pulgar, el de la izquierda no. ¿Que sugiere esto en la obra de Dubuffet?

José Miguel Tola, artista peruano, aclara este terreno un poco más. En la obra completa de Tola, sus personajes gozan de una amputación del dedo pulgar de la mano, dedo que no goza de protagonismo dentro de las formas surrealistas del artista, pero ¿Qué significa el dedo pulgar dentro de esta arista de la obra contemporánea? Según la evolución humana, el dedo pulgar es el significado de la distancia entre los primates en general, seres salvajes, relegados, opuestos a todo lo civilizado. El dedo pulgar se opone a los dedos llamados "civilizados" dentro de un sistema que privilegia la función anatómica de “manipular objetos”, manipulación que no se limita únicamente al terreno de prensar la materia, sino que abarca incluso la manipulación de lo otro, la construcción de la otra persona (prejuicios, valorización, etc.) En “A veces el diablo teme nuestros vicios” se construye toda esta codificación, también se aprecia en "Diario de un Loco", del mismo autor.

TOLA- DIARIO DE UN LOCO (2007)

TOLA- A VECES EL DIABLO TEME NUESTROS VICIOS (2006)

El énfasis a esta intimidad sensorial la construye el artista queriendo gritar a favor al mundo prohibido del “Ello”, de lo dionisiaco en el arte. El salvajismo, la irracionalidad, el sin-sentido, la mera transformación, la muerte del interés hacia lo realmente serio (como decía El Principito), hacia lo bueno y lo malo (recordemos ese pulgar levantado por el Cesar para dar su visto bueno al gladiador, el pulgar alto, erguido, para enfatizar en ese falso orgullo de la civilización y el retroceso de lo salvaje: el progreso). La aparición primordial artística que se presenta en la obra contemporánea es el sin-sentido, la irracionalidad, el desembrague de la razón en la producción y decodificación de la obra. El arte ha muerto, no hay progreso en él…pero a cambio hay una exquisita transformación de la obra, transformación y no “progreso” artístico.

Sin Título

Por: Cedric Cáceres.


Saber que te despiertas con mi mente
atascada en tus pezones

y convives con ella
mientras te desvistes
mientras la hembra
entre tus piernas
ora mi nombre, en silencio.

me diluye los ojos en el sueño

me embarra las palabras mal cortadas

llenando de tendones

el café de la mañana.