El alegre cobarde: breve análisis del cuidado de sí.

Dibujo: Renzo Alva H.

Por: Eduardo Yalán Dongo

Alfa le dijo a Beta; “Me voy a tomar todo un año sabático, porque necesito reencontrarme conmigo mismo”. Este enunciado es el axioma máximo de la generación del Siglo XXI, la máxima expresión del sentir y del creer posmodernos. Creo que lo reconocemos bien. Haber escuchado expresiones como: “necesito encontrarme”, “viajo para estar conmigo misma” (lo cual explica la temeraria suma de anglófonos en nuestro país) “lo que tú necesitas es un tiempo para estar solo, disfrutar de ti” y miles de singulares expresiones más, solo detallan nuestro modo histórico de subjetivación y sus especificas y especiales técnicas del cuidado sobre el sí propio. Generalmente esta tendencia surge por contraponer el “mundo real” (con sus hartazgos, pesadez y rigurosidad) frente al “mundo interno” (verdad, placer, foria positiva). Porque nos cansamos de vivir la realidad (o un simulacro más creíble) para querer vivir un ensimismamiento (Como lo llamaba Ortega y Gasset) que no solo enajena al sujeto del cuerpo propio sino del espacio vinculado metonímicamente con la “realidad”: Salir de viaje se convierte en la excelente oportunidad para disponer del yo.

Ya desde las épocas del viejo Sócrates se tiene en cuenta esta necesidad de apropiación del Yo, de educar al vulgo para que se aleje de sí, para que se evite el cuerpo con el propósito de obtener una verdad, cualquiera que esta sea. Conócete a ti mismo. El axioma fue la droga intelectual antigua, la substancia que aniquilaba al phatos griego (padecer) para convertirlo en idea, en un remedo metal de la vida activa. Narrativamente hablando, cuando alguien desea estar consigo mismo, tiene como objeto de deseo aparentemente al sí propio, quiere buscarse a sí mismo. Sin embargo, el sujeto no se busca a sí mismo: el sujeto no desea sino a aquello que no es, busca a eso que no lo constituye. Se entiende que la persona desea algo que no es ella misma, busca a un extraño fabricado, a un no-sujeto enajenado de una realidad determinada. La persona entonces plantea una transformación plena que revierta esta contrariedad creada, la persona quiere dejar de ser algo para parecer otra cosa, vive, en términos del enunciado del hacer, un engaño. El extraño irrumpe en el deseo y hace del que busca (el buscador) un sujeto-banalizado, provocando que se suspenda a sí mismo, que se engañe. Y lo hace sin ser consciente de ser él mismo destinador y destinatario de un saber (objeto cognoscitivo) cuya acción se basa en el hacer-creer/saber a sí mismo una “verdad” fabricada. Y por tanto, que busque, ante todo, una manipulación y persuasión constante sobre sí. Este funcionamiento de la acción (hecha ahora texto) explica de alguna manera cómo el pensamiento posmoderno de control de subjetivación “quiero estar conmigo misma”, es un mecanismo de control del yo. Mecanismo que declara no solo el alejamiento de una persona de lo material (expresado como “mundo real” -tu trabajo, tu universidad, tu casa-) y de sus ganas por vivir simulacros constantes (viajar al Sur, por ejemplo) sino que declara también cómo esta persona se encuentra en una permanente manipulación y persuasión de sí misma, en un engaño prolongado. Esto no es otra cosa que un tipo de educación mental, una retorica constante y permanente.

Salir de viaje en fiestas navideñas motivados por el hartazgo del sin sabor de la realidad, refiere también que este “ocuparse de si” anude subjetividad con verdad. Una forma de decir: “nos encontramos y seremos dueños de la verdad que habita en nosotros”. Pero, ¿Cuál “verdad”? ¿Cuál “dueños de nosotros”? Si esta necesidad de abandono de la “realidad únicamente hace que nos manipulemos y por ende persuadamos constantemente de que existe una verdad en nosotros, queremos hacer-creer/saber que tenemos una verdad…pero ni somos docentes de verdad, ni somos fuente de placer, quizá solo seamos unos alegres cobardes.

Invasión de recuerdos: fotografía y verdad.

Dibujo: Diego Negrete Giribaldi
Por: Eduardo Yalán Dongo

Tan solo un pequeño movimiento social puede ser capaz de significar una red compleja de situaciones, contextos y formas que implican toda una maquinaria de funcionamiento social determinado. Hace un par de semanas dentro de la red virtual Facebook, se inició una interesante movida por parte de los usuarios; todos, la mayoría, postergaron su foto/emblema habitual de su página de perfil para suplantarlas por un pitufo, un Gokú, una Blancanieves y un transformer, cito:

“Cambia tu foto de perfil por aquella de un dibujito animado de tu infancia e invita a tus amigos a hacer lo mismo. El sentido del juego? No ver más, hasta el VIERNES, una cara humana sobre el facebook sino una invasión de recuerdos... (POR LA LUCHA...CONTRA LA VIOLENCIA INFANTIL)”

El sentido del juego: no ver más hasta el viernes una cara humana sobre el facebook, sino una invasión de recuerdos. Ahora bien la pregunta se formula: ¿En qué sentido una foto de perfil de facebook ES una cara humana? Aquí se presentan dos tangentes del fenómeno: 1) fotografía =verdad 2) rostro humano (realidad-verdad) antítesis por antonomasia de los dibujos animados (ficción-mentira).

Se encuentra quizá una creencia social muy compleja, la relación fotografía = verdad. La relación entre efectos de verdad y fotografía como reflejo de una realidad determinada, es una polémica que estudiosos sobre el tema (entre ellos Barthes) han tratado con mucho aprecio. Recordar la foto del presunto Neil Armstrong que aseguraba la llegada del hombre a la luna, o la fotografía de Raising the Flag on Iwo Jima, que comprobó la maleabilidad del discurso histórico. Es en este sentido como se cree que la fotografía/retrato ES la realidad, ES la verdad, es en este sentido cómo el discurso devela su funcionamiento: fotografía=verdad. La relación que tenemos con la fotografía (periodística, artística) es una relación de verdad (veritas), el mismo texto lo sugiere "saca tu fotografía, saca la realidad, saca la verdad, para que vivas hasta el viernes una invasión de recuerdos, de ficción, de mentiras" Claramente no estoy en contra de la campaña, ni podría tampoco emitir un juicio moral, pero existen, en esta “campaña”, variables interesantes que delimitan patrones de estructura. Personalmente, y aquí hablo como comunicador, creo que la campaña está mal formulada semánticamente, y se resuelve en el siguiente semisimbolismo (efectiva herramienta de la semiótica clásica), partiendo de lo antes referido:


Cara humana:Dibujo Animado :: Realidad:Ficción


El rol figurativo del dibujo se cae al ponerlo al nivel de /ficción/, porque, no solo se anuda a /dibujo animado/ sino a la significación que le han querido dar: /violencia infantil/, entonces la pregunta sale: ¿Es la violencia infantil, una ficción? Si así me lo proponen, entonces no es real, porque dicho sea de paso "se acaba el viernes", entonces como no es "real", como no es "Verdad" (como sí lo es mi fotografía), no le debo tomar mayor importancia y debo más bien reciclar esta información en la mnemo-caja de lo divertido, gracioso, y temporal. Ubicar un problema grave como la violencia infantil en el terreno de lo ficcional, no solo implica un menosprecio del mensaje y de lo que el enunciador quiso comunicar, sino un evidentemente error de comunicación. Error por desconocimiento del propio funcionamiento del mensaje.

¿Por qué no votar por Fujimori? Cuerpo e individualidad.

Cuadro oleo: Renzo Alva H.
Por: Eduardo Yalán Dongo

Sorprende aun, y a veces hasta la estupefacción, lo que se puede escuchar acerca de las elecciones y los candidatos por los que, dentro de una sórdida necedad, el peruano promedio sacrificaría su voto. Sacrificaría su voto. Sí, porque votar por personajes como Fujimori (representado por su hija) es en términos estrictos, sacrificar el voto. ¿Por qué no votar por Fujimori? He escuchado que se vota por Fujimori por el hecho de que al papá de fulano le fue muy bien económicamente durante su mandato, o porque erradicó el terrorismo, o porque fundó colegios, muchos colegios, para los niños y los pobres. Lo cierto es que existe en estos puntos una suerte de problemática que no permite comprender la figura discursiva de todo esto: la maleabilidad del cuerpo y la deformación de la individualidad. Dos puntos que vale la pena retomar.

Primero, el cuerpo. Fujimori estaba demasiado interesado en la maleabilidad del cuerpo, principalmente, en el cuerpo útil, como lo llamaría Foucault. ¿Qué es un cuerpo útil? Cuando se utilizan estrategias de poder que requieren de un máximo de fuerza del cuerpo inteligible se produce el concepto de cuerpo útil. Un cuerpo que produzca, utilizable, que haga. Por ejemplo, el servicio militar requiere un cuerpo útil, la mayor disponibilidad y utilización del cuerpo. El discurso gerencial de una empresa quiere también cuerpo útil, un cuerpo del trabajador que produzca, que este activo (proactivo que se le dice) y trabaje “bajo presión”. Igualmente el colegio o los centros de educación requieren una utilidad del cuerpo, una postura del cuerpo para leer, un uniforme con el que vestirse, una forma de llevar la compostura, de sentarse. No es de extrañar, siguiendo lo anterior, que Fujimori se dedicara a construir más colegios en la costa peruana retirando el curso de literatura universal de la currícula escolar (técnicas de dominación). Ni tampoco es de extrañar que los aturdidos jóvenes de hoy (precisamente estudiantes de aquellas escuelas) piensen que su gobierno es el mejor de todos y merece que ancle nuevamente en el gobierno (cuerpo útil). Así también, cabe mencionar también el programa de esterilización de las mujeres en los andes, al control de los medios y a la creación de grupos paramilitares como principales interés del gobierno fujimorista por el cuerpo útil.

Otro punto es la maleabilidad de la individualidad. Gilles Deleuze en “Foucault” preguntaba “¿Qué le queda a nuestra subjetividad?” Pregunta perfectamente valida en nuestra contemporaneidad. Si el saber o los saberes, originados por el poder o algún estado de dominación como una tiranía política, han afectado cada vez más nuestra vida cotidiana, nuestra interioridad y nuestra individualidad, ¿Qué le queda a nuestra subjetividad? No le queda nada. Este es el tipo de individualidad que debemos de rechazar, la impuesta, la que nos impuso nuestro querido Fujimori con el control de los medios (el poder tiene su gran centro de ejercicio en la información), moldeando y sometiendo nuestra individualidad a una serie de patrones específicos. Fujimori era enemigo por tanto de la subjetividad, más aun de la intersubjetividad, de las relaciones con lo otro. El discurso fujimorista era, como toda verdad una ficción, pero una ficción que lejos de ser pasiva como la realidad misma, era concretamente perversa, castigadora, vigilante.

El despecho desconsiderado contra el cuerpo y la malformación de la individualidad son las dos razones por las que no pretendo votar por Fujimori, más allá de los soliloquios y pataleos de Keiko Sofía, más allá del libro de Montesinos, mas allá de los crímenes horrendos cometidos por nuestro querido Fujimori.

¿Saben lo que dicen?: Omar Montoro


Por: Eduardo Yalán Dongo
Muy a parte de temas como el gélido frio metropolitano, lo caro que están las entradas para Mistura y el Cirque du Soleil, o si Peluchin esta ya comprometido con Sofía Franco (lo cual siempre deriva a la caza moralista contra los gays y su “reformación” sexual), la que se ha convertido en la pregunta fundamental para destruir una fría conversación (o tal vez comenzarla, en el caso de un inexperto seductor), es "¿Por quien vas a votar?" Las respuestas siempre son compatibles con los candidatos de los medios, algunos nihilistas “no sé”, los eufemísticos “Yo por –x- porque me gustan sus propuestas” o finalmente los de sabiduría taxista “en la radio dicen que Villarán es izquierdista, da miedo votar por ella no?” He escuchado cada respuesta, diferente, algunos extremistas, otros mas comprensivos, pero todos siempre revueltos dentro del gran tallarín que es la apolítica, el desinterés por la política llevado al discurso cotidiano. Y, como siempre apuntamos, a los apolíticos se les gana por la imagen. El buen peruano no vota por los candidatos, el peruano vota por imágenes, por precepciones, por significaciones, algo que no esta en los candidatos mismos ni en sus propuestas, sino en los valores simbólicos que porducen a drede o sin saberlo; triunfo definitivo de la imagen.

Omar Montoro, candidato de último momento del partido PPC-Unidad Nacional de la candidata a la alcaldía de Lima Lourdes Flores, nos dice: “Porque surco merece más”. Montoro con sonrisa de photoshop, actualizado a las redes sociales, camisa blanca y contexto verde, naturalidad, limpieza, no corrupción, bla bla… ok con él, pero ¿Qué hace Loudes precisamente? Sintácticamente ubicada detrás de Montoro, con las dos manos apoyándose en sus hombros, ¿Por qué esa posición?, ¿por qué esas manos en los hombros? evidentemente dos niveles de pertinencia o análisis salen: 1) un discurso de manipulación (Particular) 2) un discurso de machismo (General).

La manipulación, el juego del titiritero, parten de este esquema narrativo canónico que sugiere la propaganda de Montoro. Montoro deja con voraz inocencia que Lourdes proceda a ser su respaldo, deja posar las manos de “Lulú” en sus hombros o, para decirlo en otro modo, el destinador (Montoro) decide finalmente realizar una performance manipulatoria. Las manos en los hombros es una figura icónica que representa un hecho concretamente social, para los que recodemos esa portada de la película “El abogado del diablo”, se utiliza la misma significación. El apadrinamiento no solo es un apoyo sino también un “yo opero y operare por tí”, se cercena al sujeto, en este caso Montoro, y se invalida su voz. La imagen parece decir, por su sintaxis, “Yo, Montoro, postulo a la alcaldía de Surco, pero en realidad es ella la que opera por mi, lo cual me invalida como candidato, y me convierte en un icono de Lourdes, en una proyección” ¿Votamos por Montoro porque parece y aparece como candidato, o porque Lourdes lo apoya, porque es un icono (representacion) o porque es un candidato?


Pero este tema no es el único, hay un tema más macro y pertinente. Como se sabe de los 38 candidatos a la alcaldía del partido del PPC-Unidad Nacional solo 4 son mujeres (Jacqueline Aljovin, Jessica Vargas, Rosario Arnao y Miriam Jarufe), el resto son hombres, políticos canosos y aventados. Pensé que la composición de los afiches era la misma para todos, al parecer así lo creí cuando pasaba por distritos como San Borja o La Molina, entre otros. Sin embargo mi sorpresa fue encontrar el afiche de Jessica Vargas, candidata a la alcaldía de Barranco, y descubrir quizá un discurso macro interesante: ¿Por qué Lourdes salía de menor estatura con TODOS sus candidatos en los afiches de propagandas de diferentes distritos, dejándose ver como aminorada, aleccionada, disminuida, mientras que con las mujeres, Lourdes salía poderosa, más alta, autoritaria, verdadera diablo de abogados?


¿Acaso el discurso de Lourdes se basa en un machismo estratégico? Recuerdo una imagen musulmana, donde las mujeres caminan detrás de los hombres, pero cuando estas están solo con mujeres, hay una que jerarquiza siempre al grupo, generalmente por su sabiduría, su edad o tal vez condición. ¿Qué significa que Lourdes este encima de las mujeres, pero no de los hombres? ¿Acaso es un discurso escondido dentro de la campaña política del PPC? Sabiendo que estas propagandas, su composición y diseño, fueron hechos teniendo en mente a contrincantes masculinos ¿Estará esta producción de sentido dentro de las campañas adrede, para connotar un sometimiento de la mujer frente al hombre, sometimiento que le ayudaría a ganar votos como lo había estado haciendo antes de la salida de kouri a la postulación a la alcaldia de Lima? Si yo me hago el pobrecito la gente misma me revalidará, porque en el discurso oficial siempre esta hacer lo “correcto”, validar al pobrecito, al enfermo. Y en política, como incluso saben nuestros apolíticos, todo debe ser y apuntar a favor de la moral.

¿Sáben lo que dicen? Javier Baraybar


Por: Eduardo Yalán

He aquí mi favorito: Javier Baraybar. Líder del movimiento independiente de vecinos surcanos, un “hombre de experiencia a tu servicio”, dueño de un no tan enfervorizado gesto. Baraybar optó quizá por una apuesta política más simplista, más clásica en lo que a propaganda política se refiere, podemos quizá proponer a un único actor (sujeto) discursivo junto con un mensaje lingüístico funcional sobre el partido, resaltando los lexemas /solidario/ /experiencia/ /servicio/ /independiente/ /hombre/. Todo perfecto hasta allí, eligió el color amarillo para connotar (mensaje icónico codificado) Lealtad, honor, unión, economía, amabilidad. El amarillo y el verde son muy útiles en este tipo de propagandas. Al parecer dentro del contexto objetivo, se puede decir que nos encontramos con una propaganda “normal”, común y corriente, no pasa nada, objetivamente hablando. Ahora bien, (otra vez la sintáctica) ¿Para quién es este mensaje? Eventualmente, somos los peruanos y, claro esta, surqueños, unos lúdicos chacoteros y picaros críticos de la rareza, y entonces nos detenemos, y confirmamos eso de que el ser humano puede conservar un número infinito de unidades de información en una fracción de segundo: ¡Boom! Aparece el apellido: Baraybar.

Hasta el menos elocuente puede darse cuenta que el nombre del candidato comienza con el prefijo /Bar/ y termina con el sufijo /Bar/. Y es inevitable situar una lectura mórbida, pícara, pero permitida al discurso del afiche. Para decirlo semióticamente, existe, detrás de la manifestación figurativa sonora de “Bar”, la existencia de un rol temático que se puede designar, con el perdón del señor Baraybar, de /borracho/ o sujeto relacionado al alcohol, así como a su opuesto /sobrio/. Inevitablemente su representación en el cuadro semiótico permite visualizar estas dos tendencias:


Y para enfatizar esto, el sema /borracho/ extirpado del lexema /bar/ se hace aun más evidente gracias a un mal empleo de la comunicación, a una mala utilización de los colores dentro de esta publicidad: El amarillo. ¡Sintaxis pura señores!, imagínense; el amarillo y blanco como fondo de un candidato (por ejemplo) de nombre Jiménez…no pasa nada. Pero el amarillo y blanco en un candidato cuyo nombre es Baraybar, inevitablemente se genera una lectura imprevista. ¿Y que tiene que ver el amarillo y blanco? Se preguntara el más ingenuo. Sin ser semiólogo o sociólogo, o psicólogo ¿Qué se vende en los bares? Tragos, alcohol ¿Qué trago en particular tiene el color amarillo y blanco? La cerveza. ¿Qué sucede cuando anudas el sema /borracho/ inevitablemente inmerso en el apellido Baraybar y pintas tu propaganda de amarillo y blanco? ¡Boom! Por metonimia, la lectura que la gente dará al candidato será la de un amante de la cerveza, la de un ebrio camuflado, la de un desequilibrado, desquiciado por el alcohol, un vicioso, un perfecto vecino al quien no se le dará voto alguno. Mala comunicación, no hubo una atención a la posible lectura que el votante le vaya a dar al candidato…Lo que sí me parece esta en cuestión es si verdaderamente el surqueño, amante de la cerveza, le otorgué un valor disfórico o eufórico a este candidato y a su inocente relación con el alcohol.

¿Sáben lo que dicen?: Propagandas politicas.

Por: Eduardo Yalán Dongo.

Se alzan los carteles, se alzan en las noches permitidas; Lourdes, Kouri, Villarán, se alzan en coro: “¡vota por mi!”. Digamos que ser bombardeados de propaganda política no es del todo negativo, en cada ruta no solo vemos caos visual, o fealdad de nuestras meadas paredes, sino oportunidades para escoger y elegir bien a los candidatos, aproximarnos más. Al igual que la publicidad, la propaganda vende, pero vende ideologías (la primera vende servicios/productos), creencias políticas que nos puedan convencer, persuadir. ¿Cómo nos convence? Porque están en todos lados. El candidato que tenga más paneles y afiches, es decir, más alcance, generará mayor recordación, y este beneficio lo saben muy bien los políticos, saben que así se debe de convencer a los apolíticos, con propaganda. Preguntante, ¿Cuáles son tus candidatos a la alcaldía de tu distrito, o de Lima? Respuesta: Tus candidatos son los candidatos de los medios. Pero no pretendo generar “conciencia” política dentro de un desinterés apolítico. Me interesa más analizar no a nosotros, señores apolíticos, sino a las estructuras que nos determinan; a la propaganda política. El análisis de propaganda de hoy será sobre el distrito de Surco y sus tres principales postulantes: Javier Baraybar, Juan Manuel del Mar y Omar Montoro. Antes que nada no deseo criticar la política o las propuestas para la alcaldía surqueña de estos candidatos, deseo únicamente efectuar un análisis básico (sintáctico) de las lecturas y de los discursos: Señores politicos ¿Quieren jugar con apolíticos?: aprendan a jugar con apolíticos.

Del Mar:

Un apolítico no se detiene en las propuestas, se detiene en cómo se ve la propaganda política. Primero el mensaje literal: “Porque Surco es salud” “En surco se vive bien”. Para alguien que sabe que Del mar es el alcalde actual de Surco !perfecto! !bingo!, el mensaje ha llegado. Pero para nuestros apolíticos en potencia ¿saben quién es el alcalde de Surco? El mensaje “En Surco se vive bien” colapsa, pierde sentido y hasta se permite una lectura: “¿si se vive bien, por qué tengo que votar por ti?" Existe un mensaje icónico codificado. Presten atención a la imagen. En toda la campaña gráfica de Del Mar se puede registrar un sentido binario que se expresa de la siguiente manera:



En este afiche en particular el candidato, invertirtiendo plata, y evitando un trabajo a lo “Wilson”, decidió quizá ser asesorado por un buen fotógrafo, un artista de la imagen. Precisamente ese fue el problema, en propaganda y en publicidad, el arte no puede intervenir. En el arte, el autor de la obra puede dejar a entrever no una sola lectura de su creación, sino muchas, se puede convertir, como decía Eco, en una obra abierta. Pero en propaganda y en publicidad (un poco para evocar a Barthes) la significación de la imagen es sin duda intencional: lo que configura a priori los significados del mensaje son ciertos atributos del candidato, y estos significados deben ser transmitidos con la mayor claridad posible, la propaganda, por tanto, debe ser franca en su mensaje. Vean bien esta otra imagen, de la misma campaña:


Existe una técnica fotográfica sumergida en el panel: la sensación de profundidad de campo, el llamado fuera de foco. Y aquí el binarismo se hace presente, ¿Cómo esta vestido del mar? Con camisa, aplaudiendo cual bailarín flamenco (otra lectura posible) que acentúa aun más el carácter /lejano/ y opuesto a las personas detrás suyo, dándoles la espalda, lejano a ellos, disjunto de ellos, su color azul esperanza y tranquilidad y “todo esta bien” se disocia de la organización de sentido de su imagen. La proximidad entre Lo /pobre/ y lo /rico/ no se da, al contrario, no se habla de una vinculación entre los elementos porque no hay proxemia física, hay, por el contrario, aislamiento, lejanía:

La oposición nace en la imagen sin que el autor o el candidato sepan que significa, o qué sentido le otorga el votante, aquí nace lo que se llama semióticamente “axiología”, el votante le otorga un valor a esta distancia, le otorga una categoría timica y la tacha como negativa, como perjudicial, la lejanía, la no unión, hacen del candidato un desinteresado del “pueblo”, por tanto, menos votos para el señor Del Mar, por tanto, comunicación deficiente. ¿Creen los políticos que esto genera distinción, glamour, mayor captación visual? Con esto, un artista no debe aconsejar en una campaña política-comunicacional.

Abordar a Foucault: La nave de los locos

Cuadro: La Nef des fous; el Bosco. Óleo sobre tabla

Por: Eduardo Yalán Dongo

Cuando en un periódico, que para bien no recuerdo el nombre, se argumentaba en un artículo que el 80% de los peruanos sufríamos de trastornos mentales en potencia, no quería decir más que de alguna manera existen fenómenos mentales que nos atan a la locura leve, a la locura cotidiana, de esa que escuchamos dentro del discurso cotidiano: “ese weon esta loco” y en estas palabras se arrastra la distancia. Es verdad que existe un miedo a la locura desde la época clásica, desde la aparición de la razón como centro del mundo, nacían hombres como Descartes o Kant que no se tragaban el cuento de los sentidos ni de la sin-razón, todo debía estar claramente explicado dentro de la estructura racional del hombre. Digamos que gracias a la visión cartesiana y posteriormente kantiana de la locura, hemos censurado la visión renacentista e incluso primitiva que se tenía de ella. Del loco como figura de sabiduría, del loco que profería profecías, a veces hasta premoniciones sobre la vida y la realidad. Hace falta mencionar a Dionisio en Grecia como padre de la locura y de la embriaguez:

Penteo:

¿Celebras los ritos de noche o por el día?

Dionisio:

La mayoría de noche, las tinieblas traen devoción

La oscuridad siempre fue un tema a temer dentro de la sociedad cartesiana y kantiana, la oscuridad, las sensaciones que son un saber enajenado para nuestra cultura; si en el renacimiento el loco era un errante, un nómada en un navío, adornado de imágenes como la vida, la verdad, la risa, la muerte; en la época clásica, el pensamiento cartesiano ahogo aun más toda la noción ya de por sí rechazada de la época renacentista acerca de la locura y la sumió en las tinieblas. Nietzsche decía: “No la duda, la certeza es la que vuelve loco”, Otra vez Nietzsche: “!Ningún Pastor y un solo rebaño! Todos quieren lo mismo, todos son iguales: quien tiene sentimientos distintos marcha voluntariamente al manicomio.” La certeza de ser distintos, quizá seamos hoy, todos unos locos.

“La locura fascina porque es saber” dice un muy bien enterado Foucault, un profesional que escribió una “historia de la locura” y que paradójicamente nunca cayó en la definición del “loco” o de la “locura” como tal. La pintura de El Bosco, !esa es la historia de la locura!, la nave de los locos, un navío cargado de saber, rechazado y reprimido, vagando de aquí para allá, saber enajenado pero saber al fin. ¿Qué significa esta nave? Y aquí me interrumpe otra vez el señor Foucault: “La locura siempre ha sido excluida”, y en esta medida estamos considerados como locos, en esta medida somos locos en potencia. La sociedad es también un navío flotando sobre un pensamiento racista, dentro de unas relaciones de poder que la hacen compleja, somos ciudadanos, somos locos, pero alguna vez no fuimos ciudadanos, somos estudiantes de universidad, somos locos encerrados y reducidos por una estructura, pero algún día no lo seremos. Estaremos ya curados, como la locura misma dentro de un manicomio, es la esperanza de la locura sanarse, es la esperanza del estudiante graduarse.

¿Por qué obtener la certeza? ¿Para ser encerrados y volvernos locos? ¿Qué placer hay en la locura que la hace entretenida? El manicomio moderno estuvo en el centro de este cuestionamiento. Si el manicomio existe, existe también el deseo de salir de él, si existe el contenido existe también aquello que lo contiene, el deseo por cuestionar el estado del sujeto: ¿Qué es lo que nos contiene? Así como existe también el deseo por acabar con la propia vida y degustar del derecho y placer de morir (filosofía que comprendería muy bien Gilles Deleuze). Si el manicomio existe...¿Pero, hoy existe? La pluralidad, la divergencia y la otredad virtual han comenzado por derribar los muros del manicomio clásico, no interesa ahora la necesidad de preguntas existenciales que nos sumerjan a la reflexión. La posmodernidad y el mundo de los sentidos salió cabalgando y degollando cabezas cartesianas. Vivimos en una época baudrillardiana, donde la realidad poco importa, donde la locura camina a sus anchas de la mano de Dionisio.

Abordar a Foucault: Mitos del poder

Fotografía: Pedro Zamalloa García
Por: Eduardo Yalán Dongo

Estamos en elecciones municipales y presidenciales en el Perú, y aun las campañas políticas continúan siendo evanescentes con ese áspero olor a propaganda de los 50`s. Particularmente se almidona en demasía el tema de /el poder/. Cuando se acusa, por ejemplo, a Kouri de integrar en su campaña a “montesinistas” se arenga en este sentido: “lo que detestamos de los montesinistas, no es su corrupción o su desviación moral, sino que siempre quieren tener mejor rango, más poder para robar más”. Se dice también que los políticos más corruptos (glorioso lexema) son los que buscan únicamente ostentar el poder, servirse de él, buscarlo. Montesinos, para el peruano promedio, es la iconografía del poder (garrafalmente llamado “poder que ha sido mal usado”). Y digo Icono porque (según Peirce) el icono es un signo que se relaciona con el objeto por tener una semejanza con este, es decir, tenemos una relación metafórica por excelencia, relación propia de la palabra escrita que sirve muy bien en campañas de corbatudos señores de la política socialista cincuentona. Esta clase de política ha hecho tragar presurosamente al apolítico esta verdad: Poder es sinónimo de fuerza, el poder es sinónimo de distancia, de injusticia, de derechos, y de verdad. El famoso axioma de He-Man resulto ser una fallida herramienta de educación infantil sobre el poder.

En todo caso es entretenido recordar a Foucault en este tema del poder. En primer lugar, quitémonos de la cabeza que el poder es una especie de semilla regada por aquí y por allá, que el poder se reparte en ésta o aquella circunstancia, me parece que esta imagen del poder aun persiste en la propaganda. Pero no se reconoce el poder porque nadie es titular del poder. El individuo no es el que lleva el poder dentro de un terno con olor a abogado, el individuo es producto mismo del poder, el poder se ejerce, no es una propiedad, no es un extremo. Si queremos referirnos a algún “corrupto” o a alguien que se apropia de los flujos vitales dentro de una sociedad es preferible hacerlo con el nombre de “estados de dominación”, donde existe un presunto tirano, pero no un propietario del poder. Pero en sí, el análisis de las relaciones de poder es diferente a los “estados de dominación”. No se trata de analizar el poder en el plano de la intención o decisión. No se trata de balbucear “¿Quién tiene el poder?”, no en esta forma interna de análisis, sino en su manifestación externa: “¿Dónde se implanta y produce el poder en efectos reales y en qué niveles?” Nuestras campañas políticas y los apolíticos (o sea la mayoría de limeños) parecen no comprender que las formulas de “viva el progreso y la tecnología”, “nuestro partido no quiere el poder, sino la justicia” “yo soy de clase media, no como ella que es de clase alta” creo que aun nos gusta untar la mantequilla de ingenuidad dentro de nuestro pan almidonado de parafernalia, y mascarlo y remarcarlo como los desinteresados apolíticos que somos. Ese es el problema de considerar al poder como un fenómeno de dominación macizo y homogéneo ubicándolo en los extremos (una clase sobre otra, pobres vs ricos, etc.). Imagínense toda esa construcción de los “periodistas” que se auto imputan titulares del poder: “somos el cuarto poder” y parpadean, y se frotan los ojos; imagínense toda esa construcción de sendero y su "lucha para llegar al poder"; imagínense esa construcción del pueblo que relincha: "el poder oprime" No, el poder no oprime.

El poder no es algo exclusivo –como diría muy bien Foucault- no es algo que se reparte y que lo tienen y poseen en exclusividad y los que no lo tienen y no la poseen, nunca se localiza allá, nunca esta en las manos de algunos: el poder se ejerce en red, y en esta red los individuos circulan, transitan y son producidos por el mismo poder. Nietzsche decía que el deseo de poder nace con esa necesidad de querer disponer de un ambiente, lo que llamamos instinto de dominio, sentimiento de poder, esto no quiere decir que ejercer el poder sea privatizarlo en nombre del individuo, sino ejercerlo, sufrirlo: el proletariado también ostenta poder, los pobres también ejercen el poder, son atravesados por este. La voluntad de poder es pues la pura sensibilidad y afectividad, es una suma red de fuerzas. A Foucault le interesa el análisis de las relaciones del poder, las relaciones de fuerzas que intervienen en un poder confiscado, el origen de la bipolitica a partir de las relaciones de poder: “El individuo es el producto del poder. Lo que hay que hacer es "desindividualizarlo" (…) No os enamoréis del poder".

Abordar a Foucault


Por: Eduardo Yalán Dongo

Tratar acerca de Michel Foucault supone siempre un silencio antes de pensar en el primer párrafo. Supone anudar, dentro de esta ausencia de palabras, una suma de complejidades que emergen en la mente del pretendiente a hacer una taxonomía de su pensamiento. Sociología, psicología, política, antropología, filosofía y hasta semiótica, Foucault, pese a lo que Braudrillard arenga, no puede ser olvidado, al menos no por ahora. ¿Tiene una utilidad leer a Foucault en la cultura contemporánea? Mejor repreguntemos ¿Para quién es de utilidad leer a Foucault en la cultura contemporánea? La obra de Foucault es abierta, pero, robándole a Nietzsche la frase: es para todos y para nadie.

En nuestra cultura persisten costumbres consolidadas y ritualizadas, prácticas contenidas y codificadas que ni siquiera podemos sospechar sobre su estructura, su genealogía, su contenido y, principalmente, de qué es lo que las contienen. Un poder confiscado, quizá una verdad pactada que traspasa el discurso y encausa la conducta de un sujeto que ya huele a muerto. Foucault y su método se interesan en la conexión constitutiva de las ciencias humanas con las prácticas del aislamiento vigilante, Foucault se rebulle con esa sutileza de sierpe dentro de las tecnologías del poder, dentro de las diferentes relaciones de poder en los diferentes discursos que nos embriagan continuamente, sin dejar de sangrar. Habremos escuchado con anterioridad: “saber es poder”, “el pueblo va a tomar el poder” “La Historia del Mundo” “El poder oprime” “el hombre es el centro del mundo”, pero todas estas expresiones se encauzan hacia un sin sentido intolerable en la contemporaneidad.

Si Guattari y Deleuze con el anti-Edipo dejaron moribundo al psicoanálisis, Foucault y su método hicieron lo propio con La Historia, esa historia atravesada por una voluntad de verdad, por una genealogía que nunca aparecía y que se hacía cada vez más lejana para el investigador, Foucault mató al hombre y devolvió ese pluralismo de discursos contenidos y confiscados dentro de esa macro-ciencia, de ese metalenguaje llamado Historia.

El método de análisis de Foucault debe precisar esa malla de poder, esa red compleja de tecnologías de poder que enlazan los discursos, haciendo del método una triada para el análisis:

Las reglas de derecho que delimitan formalmente el poder y los efectos de verdad que este poder produce dentro de los discursos ¿Cuáles son las reglas de derecho que las relaciones de poder ponen en acción para producir verdad? Y es que el poder, como dijo Foucault “obliga a producir verdad, estamos condenados a decir verdad y a encontrarla”. ¿Qué verdad? La verdad que creemos que es Verdad. Braudrillard se queja de las nuevas generaciones y dice que a esta nueva camada de personas no le interesa la realidad, no le interesa la verdad, no le interesa el poder, el poder –dice- ya perdió legitimidad dentro de las personas, y exige “Olvidar a Foucault”. A la “gente” no le interesa la verdad, pero la dice, se queja del poder y de su supuesta ausencia en ellos, pero ellos mismos pertenecen a él y nadan en él. ¿Qué es lo que puedes aprender de Foucault, cual es, según el canon posmoderno, la “utilidad” de leer a Foucault? Silencio, ante todo mucho silencio y prepararse, como decía Proust, para el nuevo viaje que “no consiste en buscar nuevos paisajes sino tener ojos nuevos”; ojos nuevos para entendernos. Y después, es necesario retomar el silencio.

Un pulgar para el arte.

Por: Eduardo Yalán Dongo

Cuando Nietzsche en “El Origen de la Tragedia”, propone al estado dionisiaco en el arte como un sentimiento de poder que transforma incluso a la misma percepción de la obra y al propio estado del sujeto, lo hace proponiendo un “desembrague” (como se diría semióticamente) o alejamiento del sentido apolíneo, usados en la época renacentista y clásica, es decir: la vista. La mirada ha sido el paradigma de decodificación que ha utilizado el hombre para interpretar el mundo, “mira el mundo” es el recurso retorico clásico para expresar el subjetivismo y posterior explicación de la realidad. Lo que lo “dionisiaco” propone es ese interés por los sentidos “íntimos”: el gusto, el olfato y el tacto. Con respecto a este último sentido, poco se ha dicho en cuanto al análisis de la obra artística, digamos que en la obra principalmente contemporánea el elemento táctil ha retomado la carrera de la intimidad, de estos sentidos íntimos, así como de la complejidad que posee la oscuridad en la obra posmodernista.


En la obra de Jean Dubuffet –Snak for Two- la relación de estos dos hombres y de sus manos, ubicados en una forma rítmica, ponen al sentido táctil como centro del análisis. Lo que hasta este punto nos indica es quizá ese ritmo de la sensualidad, de lo táctil, pero también nos propone contar este ritmo apreciando los dedos de cada hombre, y es cuando aparece un dato dentro de este sentido intimo; el sujeto de la derecha posee un pulgar, el de la izquierda no. ¿Que sugiere esto en la obra de Dubuffet?

José Miguel Tola, artista peruano, aclara este terreno un poco más. En la obra completa de Tola, sus personajes gozan de una amputación del dedo pulgar de la mano, dedo que no goza de protagonismo dentro de las formas surrealistas del artista, pero ¿Qué significa el dedo pulgar dentro de esta arista de la obra contemporánea? Según la evolución humana, el dedo pulgar es el significado de la distancia entre los primates en general, seres salvajes, relegados, opuestos a todo lo civilizado. El dedo pulgar se opone a los dedos llamados "civilizados" dentro de un sistema que privilegia la función anatómica de “manipular objetos”, manipulación que no se limita únicamente al terreno de prensar la materia, sino que abarca incluso la manipulación de lo otro, la construcción de la otra persona (prejuicios, valorización, etc.) En “A veces el diablo teme nuestros vicios” se construye toda esta codificación, también se aprecia en "Diario de un Loco", del mismo autor.

TOLA- DIARIO DE UN LOCO (2007)

TOLA- A VECES EL DIABLO TEME NUESTROS VICIOS (2006)

El énfasis a esta intimidad sensorial la construye el artista queriendo gritar a favor al mundo prohibido del “Ello”, de lo dionisiaco en el arte. El salvajismo, la irracionalidad, el sin-sentido, la mera transformación, la muerte del interés hacia lo realmente serio (como decía El Principito), hacia lo bueno y lo malo (recordemos ese pulgar levantado por el Cesar para dar su visto bueno al gladiador, el pulgar alto, erguido, para enfatizar en ese falso orgullo de la civilización y el retroceso de lo salvaje: el progreso). La aparición primordial artística que se presenta en la obra contemporánea es el sin-sentido, la irracionalidad, el desembrague de la razón en la producción y decodificación de la obra. El arte ha muerto, no hay progreso en él…pero a cambio hay una exquisita transformación de la obra, transformación y no “progreso” artístico.

Sin Título

Por: Cedric Cáceres.


Saber que te despiertas con mi mente
atascada en tus pezones

y convives con ella
mientras te desvistes
mientras la hembra
entre tus piernas
ora mi nombre, en silencio.

me diluye los ojos en el sueño

me embarra las palabras mal cortadas

llenando de tendones

el café de la mañana.

El ladrón de libros

Fotografía: Pedro Jose Crespo B.
Por: Pedro Jose Crespo B.

La última vez que robé un libro fue mientras caminaba por la avenida Tacna, en el Centro de Lima, y me perdí. Entré por una solitaria callejuela de las que abundan, y de pronto, tuve una pequeña casa esquinada llena de libros viejos en la puerta, y muchos más dentro de ella. Lo que saqué de esa mañana, aparte del Anarquía de González Prada, fueron dos inquietudes: por un lado, me extrañó saber que robar no me daba ningún placer y, por otro, pensé que yo no podía haber sido el primero que, por pasión a la lectura y a la colección de libros, se haya cagado en el séptimo mandamiento de la ley de Dios.

Navegando en la web, en un artículo de elpais.com, se menciona que los ladrones de libros son tipos sobre los que es difícil depositar sospecha por algunas prejuiciosas razones: bien vestidos, educados, cultos y de buen gusto; pero ladrones al fin, dicen algunos comentarios. Sin embargo, diferencian los dos tipos de ladrones de libros que existen: los “reducidores”, que luego del robo venden el libro a un precio menor, cuestión que sucede muy a menudo en la UNMSM; y de los que leemos ahora, digámosles, “ladrones intelectuales”.

Este tema podría tornarse vicioso si es que se lee como un tema de delincuentes y oportunistas. Lo que aquí prevalece es el axioma de considerar a la cultura como un (vale la analogía) libro abierto, de donde todos pueden aprender si gustan. Un ejemplo claro, es el del escritor argentino Héctor Yánover. En su novela "Memorias de un Librero", narra sus años de experiencia como librero, y en conjunto justifica el robo (no de los reducidores, a quienes detesta) con la creencia que el conocimiento es un bien común. En ese caso, el ladrón de libros es una simulación de Robin Hood. Yánover concluye su pensamiento diciendo que el que no robó nunca un libro es, a la cultura, como el virgen al sexo. Y eso, sí está feo.

La diferencia entre quienes roban para lucrar y los que lo hacen para leer –dice una periodista uruguaya– es que “un amante de la literatura no se va a robar nunca un libro de Paulo Coelho o de Isabel Allende. Más bien vas a la casa de algún ladrón intelectual y te dice: me acabo de robar la segunda edición de El Innombrable de Samuel Beckett y de la Editorial Sur”. Y así, podríamos mencionar un Fitzgerald, o un Carver, o un Borges de las mejores editoriales y de las ediciones más vetustas. Porque a los ladrones no sólo les interesa tener la novela, sino darse el lujo de decir, por ejemplo, que es de una edición española limitada. Volviendo a González Prada, el libro era de la biblioteca de Juan Mejía Baca, uno de los más importantes bibliotecarios de Lima. Y, personalmente, les aseguro que en estos ladrones no existe mayor satisfacción que leer su nueva herramienta y atesorarla en su propia biblioteca, para de vez en mes, verla quieta y segura. Silenciosa entre sus tantas otras adquisiciones.

Otro ejemplo es Pablo Neruda, quién en repetidas ocasiones decidió meterse un libro en la chaqueta. Él decía que “un bibliófilo tiene infinitas ocasiones para sufrir, pero los libros no se le escapan de las manos, sino que se le pasan por el aire, a vuelo de pájaro, a vuelo de precios". Como el poeta chileno fue en un momento de su vida un bibliófilo de pocos recursos, en más de una ocasión usó la excusa del alto precio de un libro para robárselo, según cuenta una crónica de La Tercera de Chile.

¿Habría alguien capaz de impedir que los lectores viciosos sigan satisfaciendo esta necesidad inmoral? Se dice que Otón II, emperador del Sacro Imperio romano (967-983), en una guerra de expansión, ordenó abrir el armario del monasterio de Saint Gallen (Suiza) y se llevó un solo ejemplar en el que se podía leer la siguiente advertencia:

Que pierda su buena reputación, que jamás sea dichoso aquél que me robe.

Que arda en el fuego del infierno ese miserable.

Si cada libro tuviera esa inscripción, creo que sería más sencillo impedirlo. Pero como no es así, bienaventurados los Hoods de la justicia… ¿Y tú? ¿Qué libro te robarías?



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Significado en el arte contemporáneo.

Por: Eduardo Yalán

Quizá no sea novedad que el tema de denominar al arte contemporáneo como /banalidad/, como una mera representación estética sin un plano de contenido que la soporte, es un problema que se plantean “algunos” críticos que no encuentran mayor significado dentro de la producción artística contemporánea. ¿Que es arte?, ¿donde está la frontera que nos indica a referir a una obra como artística? ¿Una cama desarreglada expuesta en un museo puede ser arte? El debate comienza con lo que Danto llama pluralismo, es decir “todo es arte”, cito a Danto: “El nuestro es un momento de profundo pluralismo y total tolerancia, al menos (y tal vez solo) en arte. No hay reglas (…)” Si todo puede ser arte ¿Por qué tachamos de banal a las obras contemporáneas?

Se debe de entender el límite entre significado y significante , entre el contenido y la expresión de la obra, como éstas se desarrollan en la pieza artística y de alguna manera se enajenan, según algunos críticos, sin llegar a trascender hacia unos fines puntuales del arte, fines, dicho sea de paso, claramente enraizados en un tipo de estética y contenido anticuado y quizá caducado. Imaginemos pasear por la Trade Gallery de Londres, y pronto nos detenemos en la clásica escultura de Rodin; “El beso”. Admiramos su estética y nos ponemos sublimes, nos detenemos a analizar la obra y nos asombra mucho la imagen ya cotidiana para nosotros, sexual, intima, bien compuesta, inteligente. Dejamos de divagar con esa obra y de pronto nuestro gesto se amarga y contrae: vemos, a unos cuantos pasos, una cama desarreglada con condones usados, un calzón con sangre expuesto, pastillas, cigarros: caos. La obra es de Tracey Emin y lleva por nombre “my bed”. Instantáneamente uno se pregunta y sentencia “¿esto es arte? ¡Si esto lo puedo hacer yo! Que estupidez.”

Tachar una obra contemporánea de superficial es de alguna manera validar únicamente un interés estético de la producción artística, considerar únicamente que el artista desea lograr una construcción estética, desinteresada de toda manifestación e intención conceptual: este modo de definir a la obra de arte es el mismo que puede menospreciar a obras como la de la misma Tracey Emin en “Everyone i have slept with 1963-1965” o Félix González-Torres, en su obra “Perfect lovers”. Si contemplamos estas obras a simple vista anticuaria, este tipo de piezas instaladas en un museo de arte o expuestas a veces en la misma vía pública (como en el caso de Gonzalez-Torres) únicamente, creemos, buscan invocar nuestra risa, a la precipitación de llamarlas banales y superficialidades, enfocadas únicamente en una estética sin un fin y (hasta) sin un valor artístico. Gerard Vilar, a todo esto, increpa una cuestión ¿se puede hablar, entonces, de significado en la obra contemporánea? Pues sí. Hablar de significado ante lo que parece ser una exposición banal y estética es hablar de pluralismo, es hablar de la complejidad del mismo contenido de la obra para develarse, supone una decodificación exigente por parte del espectador de la obra; si esto es así, ¿podríamos desmentir una enajenación de significado dentro de la obra contemporánea? Sí. Y se valida ello porque existe una racionalidad dentro de la misma obra, dentro de todo ese caos que aparentemente ha formado el pluralismo posmoderno en el arte, la obra se desarrolla en una exigencia racional dentro de su producción y su misma interpretación plural.

El esfuerzo de comprensión es lo que se necesita para capturar el significado de una obra de arte, en un ejemplo concreto y personal, cuando yo mismo aprecié la obra de Guido Molinari (arriba), en particular su “Mutación serial verde-rojo”, únicamente bosqueje una estructura estética, una comprensión superficial de la obra que no requería mayor compromiso de interpretación; "una tela con colores". Sin embargo, cuando se aplica el concepto de una comprensión ardua del contenido de una obra contemporánea, los significados saltan por doquier. Por ejemplo: las 24 fajas horizontales develan un ritmo en el cuadro, un tempo que se puede interpretar como cultural/contemporáneo, asimismo, sabiendo que la estructura impar de las fajas de colores manifiestan una producción de un efecto de inestabilidad de dinamismo, una especie de posmodernismo, sin centro moderno que la sustente, un desorden, un desinterés, Molinari apuesta por el 24 como número par, apuesta por la estabilidad, el estatismo, la modernidad, la estructura rítmica. Así también el número 24 (total de las fajas de colores) es un número cultural rítmico, relativamente importante en nuestra cultura (24 horas del día, etc.). Se puede decir que este cuadro, que al parecer llama a la risa somera producto de su (aparentemente) no muy elaborada estética, emana un reflejo fuertemente codificado de nuestra cultura, una significación que esta latente, una intención del autor por comunicar, un contenido que le otorga a la obra un valor. Existe pues un significado dentro de la obra de arte contemporáneo, y enajenar este mismo y extraerle teóricamente su “finalidad artística” supone negar el arte, quitarle las aristas de su desarrollo y expresión.


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Pesas mucho mi vida

Fotografía: Claudia Villaseca Flores

Por: Eduardo Yalán Dongo


“Toda persona tiene derecho a la vida.”
Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión europea (Articulo 2º)

¿En qué momento, que no me di cuenta, llegaste a engordar tanto? En todo caso, ¿Cuándo fue que te almidonaste, estructura presa? ¿Cuándo te inflaste tanto y te volviste tan pesada? ¿Cuántos fueron los que te rellenaron, docta indolente, de latosa carga? Como simiesco repite “Elefante”: “Así es la vida”. Pero así no eras antes, ¿o tal vez soy yo el que te ve muy flatulenta y rellena? al menos ahora sé que no hay dieta que te pare, sé que te hacen tragar a pesar de tu llenura cada almizclado bocado universal, infinito, eterno, lejano, inflado, gaseoso: ¿En qué momento la vida nos llego a pesar tanto? Bonita pregunta ¿no? A lo mejor Prometeo o Jesucristo la abstrajeron durante sus penitencias, ambos quizá, en esos arranques filosóficos que tenemos todos los sacrílegos, habrán pensado “¿en qué momento la vida pesa tanto, pero tanto, que incluso mi decisión queda enajenada?”

La biología indica que la vida comienza en la unión indefectible de los gametos, en ese instante, en ese segundo lascivo dicen que se origina la vida humana. Evidentemente es aun una vida no desplegada, es más, una vida aun no inmersa en el proceso y complejidad de desarrollo. Todos, hasta mi gato, hemos pasado por esto, de gametos unificados hasta el desarrollo completo del cuerpo, y no hay forma de contradecir tal Verdad. Pero repregunto ¿en qué momento la vida llego a pesar tanto? Y es que su carga no tiene nada que ver con la mera aceptación de nuestras acciones (errores, virtudes, simulacros etc.), o con la verdad biológica antes mentada. Cuando hablo de “carga” hablo del valor que le hemos imputado y que venimos arrastrando desde hace algunas cuadras atrás: la vida desde la axiología. Le hemos yuxtapuesto a la noción de /vida/ una carga kantiana; “la vida se la respeta aquí y en la China”, la vida vale tanto e incluso mucho más que tu propia motivación de morir, vale tanto o mas que tu elección de decidir sobre ti mismo, vale tanto o mas que tu naturaleza humana, vale mas que yo, ¡pesa más que yo! y esto “tienes que respetarlo así no quieras”.

Esto va más allá de los debates obstetras de si el niño sufre o no cuando se ejecuta un aborto, de si el gameto es considerado persona o no, si el embrión siente o no, si el niño puede decidir o no, estoy hablando de ¿Por qué se siente pesada la vida? ¿Por qué menos la elección humana? ¿Por qué antes no pesaba así? ¿Es porque la hemos rellenado tanto que ya es muy visible su gordura? No, no es eso. Es la vida la que aparece ante nuestros ojos como pesada, como valiosa no porque se haya (o la hayamos) transformado de esta manera, sino porque nuestro propio cambio, nuestro propio medio, ha cambiado, porque nosotros mismos lo hemos hecho. Somos desinteresados, somos flojos, queremos tener nuestro propio blog, queremos ser autosuficientes, somos ya casi pos(pos)modernos. La vida sigue siendo la misma porque los conceptos son eternos, porque son universales, y a la gente aun enraizada en el pasado no le gusta (e incluso les irrita) bajar del monte y ver a su pueblo danzar, beber, y hacer lo que quieran. Pro-vida vs Pro-elección: modernidad vs posmodernidad, escribalidad vs electronalidad, El Universo vs el particular, el todo vs la parte, la moral vs el hombre. Las tendencias están sobre la mesa.

La vida nos pesa mucho y a nosotros no nos gusta ese peso, a las nuevas generaciones que no tienen a un Kant como modelo ideal de comportamiento, les parecen vencidas las leyes, la moral, la ética universal, aman la particularidad, ya pueden diferenciarse, ya pueden dejar incluso de ser reproducciones en serie, ya pueden decidir sobre su propio cuerpo. Esto va más allá de si estoy de acuerdo o no con el aborto, si soy un asesino o no, de si el gameto es un individuo o no, de si soy “hombre” para aceptar mis “irresponsabilidades” o no, u otras falacias post hoc ergo propter hoc, esto es posmodernidad y pos(pos)modernidad…esto es simple e inevitable desinterés.

“Haz lo que tú quieras será toda ley”
“No hay ley más allá de lo qué tú quieras”
Alesteir Crowley – Liber Al Vel Legis

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Ebanistería Barata

Fotografía: Mariela Nestares González.

Por: Cedric Cáceres

Seriamente pensó dos veces antes de calmar su dolor de huevos, con la mano más fría que tenía. Cerró los ojos y sintió como la baja temperatura iba consolando poco a poco aquel las sensaciones inglaticas que la mordida de esa puta le había provocado. Nada vale la pena lo suficiente, para darle un par de monedas de más a su puta. Ni porque se había depilado católicamente cada centímetro de sus piernas para su complacencia. Nada vale la pena lo suficiente para comulgar con su alma en pleno folle. No se lo merecía, se repetía en silencio. No vale nada, es un objeto, un triste acomodamiento de partes. Nunca será un todo, nunca será lo suficiente, nunca será de verdad más allá que solo una ilusión pederasta con mucho maquillaje. Pero ahora, la muy perra no podrá coger mas con quien quiera, se dará con mi rostro sonriéndole cada vez que habrá las piernas y llorara. Ojala que llore, eso si se lo merece. Se merece llorar a lagrima tendida por las cosas que mal sanamente conjugo con su palabras. Ojala que sufra cada vez que se mire mordisqueada, sensitiva, cuando el pique el codo de acordara de mi.

Seriamente pensó dos veces antes de calmar su rostro con el agua tan fría que salía del caño. Cerró las manos lentamente y se dejo llevar por la sensación que se le aglomeraba en los nudillos. Así se debe sentir la muerte, asi nos debe ir dejando poco a poco el alma a las venas. Así se debe sentir, como si el tuétano se nos goteara por segundos, como si fueran comas en el espacio que nos deja, que dejamos, que se nos va. Así debe ser perder lentamente el deseo por la esposa gorda y vieja, solo que en vez de años, esto dura eternidades espontaneas!. Eternidades que sin tetas ni conchas, se van sucediendo unas a otras , como vagones de un tren que parte en la parte muda de la garganta y se nos va escapando hasta rompernos el culo. Así debe sentirse ser imbécil. Ser imbécil y morir es lo mismo. Ser una bola seminal de jumento parlante debe sentirse como su mil trenes despegaran de tu nuca llenas de agua fría. Por eso no se lo merece, la concha triste, por eso va a llorar cuando se enfrente al espejo con su cuerpo roído, con su alma de madera.

Prexorcismo

Por: Pedro José Crespo

Hoy tuve una fría imagen al imaginar que llegaba a visitar a mis abuelos y me encontraba con un funeral. Pero un funeral sin público, sin que nadie se enterara de la partida de los difuntos, en el silencio del hogar que edificaron Pedro y Cecilia con la ilusión del matrimonio, hace 56 años. Es angustiante pensar que los familiares cercanos se van sin avisar, lo escribo yo que aún tengo a mi familia completa. Pero creo que es aún peor saber que tienes deudas pendientes con ellos, como un beso en la frente. No sé cómo se me cruzó la imagen del funeral sin velas, ni coronas, ni llanto y ni café, sino uno de silencio, moscas y olvido: ver que ambos murieron hoy, es aún incomprensible.

Desde hace un año, estoy trabajando en un libro que algún día publicaré sobre un estupendo actor de teatro, Edgard Guillén, que abandonó los inmensos escenarios llenos de gente y glamour, para enclaustrarse en su sala y celebrar la obra de viejos dramaturgos europeos en verso: como Shakespeare y Goethe. El tiempo que le dedico a este proyecto sigue llenando hojas, creando imágenes y escarbando recuerdos ajenos. El tiempo que Edgard dedica a su vida parece también pasar y continuar su camino adyacente, hasta que algún día su luz se apague, y no exista más que mis escritos para inmortalizarlo en el mundo. ¿Inmensa tarea, no creen?

Y ahí también están mis abuelos, echados en su cama y viendo la televisión hasta quedarse dormidos. Van cerrando los ojos, y a veces siento la presencia helada de quién visita a quienes ya tienen las maletas hechas, y me levanto a verlos y están bien. De vez en vez bostezan, y a veces conversan en voz baja sobre cosas que no logro aclarar, que suenan tiernas o, otras veces, preocupadas. Incluso, a veces, ríen. Hace años, encontré a mi abuela, en esa misma cama donde ahora ronca, viendo un video de Nirvana porque yo era baterista de una banda; ahora, la veo oyendo a Raúl Tola en el noticiero porque estudio periodismo. Últimamente, no encuentro mayor tranquilidad que ver sus pulmones hincarse bajo las sábanas, inhalando y exhalando, aunque ellos estén postrados ahí con los ojos cerrados.

Pero el capítulo que más me gusta del libro que escribo es el que menciono a un niño solitario conversando con las constelaciones, que después se hizo viejo y siguió solo, y perdió el corazón con la muerte de su único mejor compañero, un poodle llamado Oso. Ahora, a sus 72 años, Edgard es una persona que sólo se acompaña consigo mismo, tanto, que parecen un matrimonio donde el actor pidió como esposa a la soledad y no la suelta. Y beben café pasado. Tal como mis abuelos duermen, como dos amantes que supieron envejecer sin miedo a la muerte, pero sin acostumbrarse a los dolores de la vejez. Sólo que desde la muerte de su mascota, el actor dejó de soñar y hacer teatro para siempre en su casa. En cambio, mis abuelos siguen echados en su cama hasta quedarse dormidos y soñar.

Hoy tuve la muerte de mis abuelos pintada en la pared blanca de mi escalera, mientras subía a besarlos en la frente.
Cada vez que me siento a escribir, siento que redacto el prefacio de la muerte de un actor al que he aprendido a querer bajo la lupa de mi profesión, como un científico sobre un microscopio.
Lo común es censurar el tema de la muerte, para no apresurarla y quizás hacer que nunca llegue a hacer su trabajo. Así quizás podría tener a estas tres personas en perpetuo stand by para cuando la rutina me dé tiempo de visitarlas. Sin embargo, no es así como funciona la vida, ni la fría rutina. Lo poco común del caso es que divagando con la muerte hago que estas líneas sean el contexto perfecto para un sujeto que quiere exorcizarse de ella, para que el día que finalmente llegue esa triste imagen de la pared blanca, no sea espantosa sino más bien reveladora.

¡Hazte ilusiones!: Realidad y simulacro

Fotografía: Gonzalo Bachmann Urbina
Por: Eduardo Yalán Dongo

“Lo que es racional es real;

Y lo que es real es racional”

G.W.F. Hegel

Evoquemos cualquier asesinato. Uno donde el cuerpo magullado y deformado se encuentre desplomado por la sala, uno de esos tantos asesinatos que vemos en CSI, o en el noticiero de la noche. Ahora imaginemos que en este crimen no existe la menor huella que nos lleve al asesino, todo es limpio de marcas, de indicios, no hay sospechas, no hay inculpaciones, no hay verdad, no hay realidad; es, como decía Baudrillard, El crimen perfecto. ¿No vivimos acaso un crimen perfecto? ¿Una ilusión?, ¿una mentira? Me he topado últimamente con personas que han sentido alguna vez ese vértigo, ese pensamiento que la vida es una ilusión, un crimen perfecto, un sueño que prorrumpe en la realidad, que no encuentra responsables. ¿No hemos pensado alguna vez esto? Si la vida es una suma de ilusiones ¿Sería la vida un sueño del cual no podamos despertar?

¿Y si en verdad lo que vivimos ante los ojos de nuestra conciencia no es real? Si bien esta tendencia de pensar en la ilusión, parte de lo que llaman “posmodernidad”, o tal vez es consecuencia del desarrollo de la tecnología, lo cierto es que las personas naufragan en depresiones y angustias modernas como respuesta a esta mentalidad. Pero tienen razón; hoy existe “nada” en lugar de “algo”, vivimos bajo una tensión increíble porque no soportamos el vacio, ni los secretos, no nos gusta viajar a la deriva, la creencia en lo real es la mas trivial de todas las creencias, una ilusión perpetua, indestructible, combatida no con la verdad sino con una ilusión más elevada, y si esta ilusión no es reconocida como error, su valor es igual al de la realidad. ¡Admiremos la ilusión y su penetración inescrutable en la vida diaria! Producto de la tecnología salen nuevas profesiones como la fotografía, el cine, el arte y la publicidad; pornografía de la realidad, prostitución de la conciencia. Foucault decía que el cristianismo era una forma de ilusión doble, primero al individuo se le fuerza expulsar todas sus ilusiones (pecados, tentaciones, seducciones) pero no para aceptar una realidad/verdad sino para vivir otra ilusión superior, es decir, liberarse de toda adhesión a sí, no porque él sí mismo sea una ilusión, sino porque es demasiado real. La nueva cultura no se diferencia de esta explicación.

Pensemos en la tecnología, de la más rudimentaria hasta la más avanzada; su meta siempre será separarnos de la realidad, separarnos del enfrentamiento con ella: el cuchillo para cortar la carne, el microondas para recalentar la comida, la escritura para plasmar la palabra hablada, el ipod para anestesiar el entorno, los audífonos, la cámara fotográfica, el facebook, la ropa, el carro, el dinero…inventamos la tecnología porque estamos hartos de la realidad, hartos de no poder jugar. Y es así como bifurcamos nuestra representación, elaboramos simulacros de vida, fabricamos nuestro Yo basado íntegramente en el Otro, un reflejo de lo otro: al fin y al cabo no hay estructuras. Harry potter, El Crepusculo, Vampires diaries, El código Da vinci, El señor de los anillos; los bestseller posmodernos haciendo enfoque en temas como la magia, magos, vampiros, mentiras vividas por largos siglos, elfos, hobbits, magia, mas magia…ilusión y muerte venden. El fin del mundo es la desesperación de los posmodernos, es el discurso que vende, es la manifestación de la nueva creencia…la voluntad de la nada. “¡No te hagas ilusiones!” sería pues una alucinación tautológica.

Me dijo, una buena amiga citando a Almodobar, que desistiera de hablar o escribir sobre la realidad, porque la gente vive mucho la realidad y escribir sobre ella seria una saturación, la vive en la tele, en el cine…pero queda demostrado (señor Almodóvar) que no es así. Sin embargo, me pareció entre nostálgico y excelso lo siguiente que me dijo: “La realidad pocas veces tiene tanta riqueza como el arte y casi nunca se compara a los sueños”. Lo real es racional y por eso aburre, al menos hoy en día en los últimos capítulos de la posmodernidad, en la fetidez de su joven vejez (si se me permite el oxímoron) es hora de inventarnos nuestra propia realidad, de jugar en los simulacros, en los sueños y el arte. Finalmente, los concejos de mi amiga fueron vía Facebook, y yo escribo esto frente a una pantalla en algún lugar de Surco mientras tú lees en tu computador… ¿Qué es real? No nos hagamos los llanos, ¡sabemos lo que es!…el crimen nunca es perfecto, y lo que es verdad, lo que es realidad es simplemente un simulacro superior y mas creíble que otro. Lebe dein Leben.

Jesucristo Moonwalker

Escultor Invitado: Flavio Fernandini

Semana Santa; el eufemismo perfecto para el desenfreno de divertimento y embriaguez moderna. Jesucristo es el protagonista principal de esta fiesta mundial que paraliza a las culturas más devotas y a las personas más perseverantes. Hemos hablado de Jesucristo anteriormente en este blog, analizado su mensaje y contrastado su discurso sobre los estamentos modernos de lo que llamamos cultura, pero en esta ocasión es un tanto diferente.

Se asocia muchas veces a Jesucristo con personajes anteriores a él, tenemos por ejemplo la asociación de Jesucristo con figuras de otras religiones/sectas como con Lao-Tsé, con Buda, con Dionisio, con Krishna, con Horus, con Attis, con Mithra, entre otros. También se lo ha comparado con protagonistas bíblicos del antiguo testamento como el caso de José (el que interpretó los sueños al faraón) que al igual que Jesús nació por parto milagroso, tuvo 12 hermanos (Jesús tuvo 12 discípulos) fue traicionado por su hermano Judah, emergió de su presunto lecho de muerte y se convirtió en Faraón. Pero no sigamos con estas comparaciones tan académicas y hagamos una comparación sugerida por nuestro artista invitado Flavio Fernandini, que nos da una nueva perspectiva: Jesús y Michael Jackson. Ambos amantes de los niños, reyes de multitudes, difamados injustamente, poco entendidos, imitados por sus fanáticos, excelentes marketeros, solitarios, y por una extraña razón: Dioses post mortem.

Michael Jackson y Jesucristo, nuestro artista no quiere hacer una sorna de ellos, tan solo desea inspirar una divertida crítica de lo que significa (o significó) ser “Héroe” para la sociedad; sus riesgos y sus recompensas.

Eduardo

Jesucristo Moonwalker
Cerámica en Frío.
45 cm de alto.