Leyendo a Heidegger: El último Dios



Para esta semana deseo introducir una breve cita de "El último Dios" célebre escrito del filósofo Martin Heidegger. El texto señala la finitud de nuestras valoraciones y de nuestras creencias culturales, el ultimo Dios es la manifestacion de la finitud de las culturas y del ser ¿nos creemos eternos y redimidos? no hay nada redimible ya que la finitud no es redimible. Atencion tambien con palabras como "degeneración". El texo en suma destila el aroma de la integración, entre la independencia del ser y la utilidad perdida pero no olvidada de Dios. A continuacion el Sr. Heidegger, simpatizante de Nietzsche, de los nazis, de Hegel, de los malos gustos, y de las grandes reflexiones:


"El último dios no es el final, sino el otro inicio de posibilidades sin medida de nuestra historia. Por eso no puede terminar la historia anterior, sino que es preciso que sea llevada hasta su final. Debemos llevar a la transición y a la disposición el transfigurarse de sus posiciones esenciales y fundamentales. Preparar la aparición del último dios es el riesgo más extremo de la verdad del ser, y sólo en virtud de esto es posible la restitución del ente al hombre. La más extrema cercanía del último dios se produce, entonces, cuando el acontecimiento-apropiador, el vacilante rehusarse, alcanza la denegación. Esto es algo esencialmente diferente de la mera ausencia. La denegación, en cuanto pertenece al acontecimiento-apropiador, se deja experimentar sólo desde la esencia más originaria del ser, tal como resplandece en el pensar del otro inicio.

La denegación, como la cercanía de lo inevitable transforma al ser-ahí en algo superado; esto quiere decir: no lo derriba, sino que lo arranca elevándolo a la fundación de su libertad.
Pero si acaso un hombre puede dominar ambas cosas, el faltar aún del rumor evocador del acontecimiento-apropiador como denegación, y la realización del tránsito a la fundación de la libertad del ente como tal, del tránsito a la renovación del mundo a partir de la salvación de la tierra, ¿quién podría decidirlo y saberlo? Y así quienes se consuman en esta historia y en su fundamento, permanecen separados entre sí, como las cumbres de las montañas más distantes.
La extrema lejanía del último dios en la denegación es una cercanía peculiar, una referencia que no debe ser deformada ni apartada por ninguna “dialéctica”.*

Pero la cercanía suena en la consonancia del ser con la experiencia de la indigencia del abandono del ser. Esta experiencia, sin embargo, es el primer paso hacia el asalto del ser-ahí.** Pues solamente si el hombre sale de esta indigencia lleva la necesidad misma a la iluminación, y recién entonces conduce al júbilo del ser, y junto con éste a la libre participación.

Sólo quien piensa demasiado corto, esto es, quien nunca piensa propiamente, permanece adherido allí donde apremia un rechazo y una negación, para hallar un pretexto a la desesperación. Esto es siempre un testimonio de que no hemos aún medido completamente el giro del ser hasta el punto de encontrar allí la medida del ser ahí.**

La denegación compele al ser ahí hacia sí mismo en cuanto funda el sitio del primer paso fugaz del dios, de Aquel que se niega. Recién a partir de ese instante puede estimarse cómo el ser, en tanto ámbito del acontecimiento-apropiador, debe restituir el ente a aquel estado de necesidad que supera al ente, y en el cual tiene que consumarse el homenaje al dios.

Nos hallamos en esta lucha por el último dios, y esto significa por la fundación de la verdad del ser en tanto espacio-tiempo de la tranquilidad del paso fugaz del dios (pues no somos capaces de luchar por el dios mismo); estamos necesariamente en el dominio del ser como acontecer apropiador, y con ello en la más extrema lejanía del muy brusco torbellino de la vuelta.
Debemos preparar la fundación de la verdad, y parece como si con ello estuviera ya predeterminado el homenaje y con éste la salvación del último dios. Tenemos que saber y atenemos, a la vez, a que el albergar de la verdad en el ente, y con ello la historia de la salvación del dios, sólo es exigida por él mismo y por el modo según el cual él nos necesita como fundadores del ser-ahí; exigida no como una tabla de mandamientos, sino más originariamente; y esencialmente de manera tal que su paso fugaz reclama que el ente permanezca, y con ello que lo haga el hombre que está en él; una permanencia recién en la cual el ente llegará a mantenerse firme alguna vez en la sencillez de su esencia recobrada (como obra, herramienta, cosa, hecho, mirada y palabra) ante el paso fugaz, sin detenerlo, sino más bien dejándolo gobernar como paso."


(Traducción de Fabián Mié. Nombres. Revista de Filosofía. Cordoba. Año VI. N° 8-9, nov. 96. Tipeó e indexó Di biase, Nicolas)


Notas de Filoterio:
* Poner atencion a la plabra dialectica y el significado hegeliano que Heidegger otorga.
** El ser ahí se refiere al ser en el mundo.

Dosmil ocho velitas y un niño que no entiende que pasó


Digamos que estamos seguros cuan preocupante puede ser el 25 de diciembre para cualquier cristiano. Pensemos, por un momento, que toda la algarabía generada es una reacción ante el nacimiento de nuestro salvador, y ante su único intento de apoyo a la humanidad fallido, que aún agradecemos de manera ferviente. Sin embargo, esa no es la razón que moviliza las masas, y es lo que –personalmente- me apena.
Este blog ha tenido tendencias pretenciosas en cuanto al desecho de ideales religiosos, y pienso que épocas como ésta son las que me fundamentan, tiempos en la que la humildad del corazón humano y su perfil de seguidor agradecido hacia su dios han sido desechadas por la diarrea mercantilista y entrega total a las banalidades que la navidad carga. Lo preocupante de estos días, no son los momentos de agradecimiento sincero, ni las remembranzas de todos los capítulos del “Súper Libro” que nos enseñaron que el camino de la fe es el bienaventurado; todo lo contrario, veneramos al cerdo rosado de Papa Noel que viene cubierto de algodón a Lima y a sus renos de narices rojas en exceso de cocaína; tanto como las mamaratas terroristas y los regalos caros, todo para nosotros mismo. Perdimos de vista que un día como hoy puede encarnar la unificación del mundo.

Pero no es nuestra culpa, quizás porque dentro de nosotros entendimos que el mercado es la semilla negra de las festividades. Porque a fin de cuentas, no cabe duda científica que el día de la natividad concuerda en diversas religiones por el solsticio de invierno euro-asiático. Tampoco cabe duda que el calendario que nos regala San Fernando "la buena familia", y que nos asegura que la navidad cae el miércoles 25, es solo parte del Concilio de Trento que, en 1582, el Papa Gregorio XIII impuso como medida persuasiva -dogma publicitario- para acomodar algunas fechas litúrgicas. Todo es una perpetua estrategia de marketing. Sin embargo, los puntos mencionados no desechan la realidad en el nacimiento de Jesús de Nazareth –no way josé-, pero desecha la idea que el niño Manuelito deba apagar las velas hoy, 25...

...Jesús cumpliría 2008 años, y hasta la fecha no hay motivo para pensar que no continuará haciéndolo. El mundo sigue siendo parte de esta nostálgica conmemoración a uno de los personajes más importantes en la historia de la humanidad, aquel que propuso y trabajó la filosofía del amor, aquel que dividió la humanidad antes de él y después de él (A.C. – D.C.). Esta es una muestra de respeto al personaje, a quien Filoterario agradece por ser el protagonista más querido de todo libro existente, a su inminencia, a su importancia y a su sabiduría; a quien pongo a tela de juicio es a nosotros mismos, al público en general; bueno, y a Papa Noel, por venir de invierno mientras insisto en mantener mi ventilador prendido.

La muerte de la religión: intempestivas hegelianas.

Por: Eduardo Yalán
Escultura: Flavio Fernandini


Quizás llamar intempestivas a juicios hegelianos es muy precipitado, sacar a un hombre de su momento histórico para juzgarlo es inadecuado si pensamos en qué ámbito éste personaje vivió. Sin embargo, Hegel (y sus juicios) son intempestivos con referente a la religión en nuestra época. Si bien este filósofo acertó en su tiempo, hoy sus consideraciones no son de interés, y eso no es por culpa de él. Hablemos en este pequeño texto de religión, de Hegel, y de la modernidad. Deseo explicar a “grosso modo” como Hegel entendió a la religión y en base a esto descifrar porque ésta ya no es de interés hoy en día.

Hegel entendía a la religión como una materia que debía de dar paso a la filosofía para que así pueda haber una relación entre lo finito e infinito, entre lo universal y lo particular. Esto es así: Hegel creía que la estructura máxima de la religión estaba en las leyes, existían leyes en cada religión y cada religión se definía a través de sus leyes, ya podemos señalar al judaísmo con los diez mandamientos de Moisés, los edictos del emperador Asoka, el código Hammurabi o las leyes del Manu; todas normas morales que determinaban a ciertas religiones. Lo que dice Hegel a continuación es interesante; si la ley (lo universal) surge a causa de la oposición del hombre (lo particular) ambos lados conformarían entonces un movimiento dialéctico, una confrontación entre el concepto mismo de la ley frente a la realidad de los individuos que se encuentran bajo su régimen. Superar la ley, ir en contra de ella, es superar a su contenido, en este caso a Dios, por lo cual esa acción de superación de la ley sería vista como un hecho punible. Es entonces como se completa el triangulo dialéctico (tesisantitesissíntesis) el castigo, esencia máxima del destino religioso, se convierte en la reconciliación de lo particular con lo universal. El castigo unifica al hombre y a la ley, ambas se encuentran incluidas en el castigo. ¿Ahora bien, si me castigan que sucede? Según Hegel, el castigo implica la autoconciencia del hombre, el mirar a si mismo, el replantearse los hechos punibles de la vida religiosa. ¿Pues que hace uno cuando lo castigan, no es encerrarse en su cuarto para llorar o pensar en los actos punibles? ¿Y que hacemos después?, ¿no es rogar por el perdón al agente castigador? Así pues Hegel decía que el perdón si bien no es la superación del castigo es la reconciliación con el destino, con las leyes. Así es como se unifica o se cierra el triangulo dialéctico: tésis (hombre), Antítesis (leyes) y la síntesis (el castigo).

Ahora bien, las cosas son así. ¿Porque creen ustedes que la religión ha perdido su importancia en nuestra cultura? Porque creen que ahora, si es que creemos en Dios, no creemos en la iglesia, o si creemos en Dios, no respetamos sus reglas. La verdad es esta: nuestra cultura moderna no es la más propicia para que hombres como nosotros mostremos interés por las leyes universales ni mucho menos nos motiva el castigo divino. Culturas como las que gobernaban antes permitían el desarrollo del proceso, permitían el castigo y el perdón, permitían una religión de servidumbre cuya esencia era el castigo. Poco a poco, con el crecimiento de la individualidad, el cambio cultural y el desenfreno particular se irán apagando grandes y antiguas antorchas, la religión ira perdiendo terrenos presuntamente conquistados; las leyes universales y el perdón ya no son ni serán de interés. Si bien estamos en una época de transición cultural, entre una cultura que amaba las reglas encima y otra cultura moderna que no muestra interés por las mismas, no dejemos de pasar por alto la lenta muerte de la religión. No nos hagamos los tontos o miopes, la época de la religión se esta disolviendo, los conservadurismos se mutilan a si mismos, es hora de que llegue una nueva cultura, un nuevo mundo.

Lisa Mona

El cuento inédito es de Gonzalo Bachman


Eran casi las tres. Por ahí. Más o menos. Eso pensaba yo. El reloj seguía avanzando y aun no terminaba de pensar en ella. Cada pestañada me dibujaba, en medio de la oscuridad de mi párpado, su tierno rostro, el mismo que se esfumaba como los ojos de mi mona lisa en medio de mi escritorio. La ventana gotosa me contaba la historia de una joven llamada lluvia que se había enamorado de un árbol; y el árbol, de ella.
La vida de ambos estaba lista para ser escrita y para ser guardada en la cajita musical que guardaba Pandora. El árbol le cantaba serenatas a la lluvia para que ella salga todas las noches de ese inquieto invierno; ella soñaba que el destino los unía. Y así fue. Ella salió a buscarlo justo esa noche, la misma noche de las que les hablo, la misma en la que salió presurosa, la lluvia, a buscar al árbol, y se dejó caer en sus brazos, derramando lagrimas de felicidad en mi ventana. Yo no dejaba de pensar en ella. Cada vez que cerraba los ojos, la volvía a ver. Y cada vez que los abría, se esfumaba. La linda Lisa en cuerpo de cualquier otra mujer. Temblaba tan solo de pensar en el reloj. Cada segundo, cada momento fuera de ella era el más largo.
La mujer más linda del mundo, de mi mundo, del de todos, no estaba precisamente en él. ¿O, si? No lo sé. Solo sé que vivía en mi mente, enjaulada entre sueños, pasiones, lágrimas, recuerdos de caricias, de noches en vela, como ésta, como todas, como cada una de las que me andan llevando por este sendero. No sé cuanto más pueda aguantar.
El reloj me avisa que es hora de dejar ya la pluma, mi escritorio, la imagen de mi lisa mona, mis ilusiones. El reloj me avisa que ya es hora de ir a dormir, a vivir aquella realidad distante en sueños. Dejar aquella ataraxia de monas y lisas, dejar ese esfumato, dejar todas aquellas ilusiones de árboles y lluvias, de amores de noche, y reemplazarlas por sueños.
Porque los sueños son más reales que estos débiles suspiros de vagabundo enamorado, que dibuja nubes donde no las hay, que dibuja lunas todo el día, por las ansias de que llegue la noche y que la luna llena de lisas monas le acaricie el rostro, y lo bese hasta el amanecer.

Más allá del Sí y del No: explicación de una dialéctica comprimida


Por: Eduardo Yalán Dongo
Cuadro (distorcionado) : Renzo Alva


Como mil veces ya se ha dicho: nos encontramos en una cultura de transición, todos los sentidos (o fuerzas) de nuestra cultura están siendo sometidos a cambios determinantes, hemos mencionado algunos de estos cambios en textos anteriores, desde los afectos hasta el nuevo imaginario popular. Sin embargo, aun no parece que nos hubiéramos desecho (o integrado) de la dialéctica, un fenómeno cultural muy interesante e imposible de no tratar. Dialéctica, desde su sentido más crudo, es la regla que rige el proceso de un fenómeno, que como sabemos, esta compuesto por una pluralidad de fuerzas o “sentidos”. Un ejemplo muy sencillo: El Estado oficial y los partidos oficiales se preparan para la “cumbre de Río”. Consecuentemente, partidos no oficiales niegan esta cumbre y la contradicen creando así la cumbre de los pueblos. Esto es un hecho dialectico.

Digamos que este ejemplo esclarece aun más, ya que nos muestra a una dialéctica desde sus tres puntos vitales: negación, contradicción y autoconciencia; todas herencias hegelianas. Empecemos por la negación a través de un ejemplo sencillo y que estoy seguro alguna vez nos ha ocurrido a todos: si A dice que ya no quiere tomar su sopa, consecuentemente B podrá decir, a raíz de la dialéctica, que si no toma su sopa, A será castigado. La negación es acá el primer camino, B esta negando el hecho que provoca A, es decir, no concibe y/o entiende el hecho en cuestión, A entonces es negado cual prostituta gorda en cabaret. Por otro lado, nos encontramos con la Contradicción. B contradice a A ya que en lugar de dejarlo libre (al pobre), este le somete a un castigo, entonces, en lugar que B entienda algo imprevisto, este se refugia en la seguridad. Estas 2 “cosillas” son las que joden en nuestra cultura, a cada sentido o fuerza que compone el fenómeno cultural. Encontramos a esta cruda dialéctica en todas partes y a cada momento. Por ahora enfoquémonos en la contradicción y la negación, ya que la autoconciencia exige una mayor explicación (la cual se puede adjudicar al campo de los afectos) que en este momento no haré.

Pero bueno, ya esta; ahora relax y reflexión. Cuantas veces han negado y contradicho nuestros hechos, incluso nosotros mismos lo hemos hecho, nosotros mismos somos un SI y un NO. Necesariamente la dialéctica hace que exista un “bueno” y un “malo”, una negación y una afirmación, un Samael y un Jehová, la razón decimonónica y la afección irracional, la cumbre de río y la cumbre de los pueblos, los “gringuitos” y los “cholos”, el papá y el hijo, los amigos y los enemigos, los ateos y los cristianos, tú y tú mismo, etc. La dialéctica separa o bifurca incluso a nosotros mismos, somos un infierno y un cielo, muchas veces no reconocemos nuestro infierno y tratamos de evitarlo y/o negarlo, o incluso lo contradecimos y actuamos diferente de lo que somos y pensamos (dejar de hacer algo a raíz de la negación). Pues bien, si negar un hecho es incomprensión y contradecir un hecho es la praxis de la negación misma, ¿no sería esto un No? y con el mismo razonamiento ¿un SI no sería lo mismo? No concuerdo con Deleuze cuando hace recalcar la palabra afirmación como remedio de cualquier dialéctica, prefiero la palabra integración, discúlpenme si hablo muy repetitivamente de esta palabrita pero su realidad comprende un mundo nuevo que me urge compartir.

La manija ya esta girada, solo falta empujar la puerta y volar por esta nueva visión o percepción; la integración. Es fácil negar y contradecir, también es fácil negar la negación y la contradicción, pero lo más difícil es comprender, incuso comprender la misma negación, entenderla e integrarla, aprender de esta negación. Sin duda es un mundo nuevo ya que te otorga mayor comprensión de la realidad, de sus partes buenas y malas (según como el hombre lo ha bifurcado), la integración es la casa del si y el no. Nuestra cultura esta plagada de dialéctica y en cada momento nos encontramos a alguien que nos refresca la dialéctica en todo su sentido, sin embargo es más productivo entender e integrar que negar y contradecir.

Tinteros viejos, botellas encendidas

Por: Pedro
No me considero exagerado al decir que estoy envejeciendo. Y junto conmigo, todos ustedes. Y no lo digo en son de pesimista, mucho menos de mártir, ni de precursor de las cenizas, lo digo porque aconsejo aceptarlo y quiero escribirlo. Sobretodo, porque es justamente este oficio –el escribir- el que me demuestra que cada vez estoy más cerca al lecho: R.I.P…

El envejecimiento como profesión
Escribir unas líneas es entrar en un estado de reflexión considerable. Dedicarle a cada palabra un espacio de cálculo, es indispensable. Afinar el instrumento –antes de iniciar a tocarlo- es parte vital de la melodía musical, que se complementa con la armonía, sobre la base del ritmo. Es igual con las letras, la progresión al escribir trasciende de monotonías, frivolidades, redundancias, lugares comunes. La preconcepción de la idea antes de escribir es in-omitible, sin duda alguna. Caben las improvisaciones y los cambios en medio del camino, pero definitivamente, el arte de escribir supone los períodos constantes de búsqueda de solidez narrativa, estructuración de personajes, creación de ambientes, el reflejo de inquietudes humanas y la justificación de la historia narrada. Mientras este proceso ocurre, ya estamos envejeciendo.
Así, cuando conocí a Illapu –protagonista de “Y al Final, la luna”- lo introducí con el deprimente perfil de burócrata reprimido que días antes armé con la idea de hacer un personaje olvidado, sin aliento. Me parecía agradable que su soledad justificara su locura y que sus tendencias suicidas se vean reflejadas en un constante asesinato a sangre fría por parte de la vejez, figúrese a “la vieja”, un temor al envejecimiento. Los balazos que lo carcomían eran su temor personal por no haber sido el sacristán que su madre siempre soñó, por no haber dejado de escuchar Hotel California aún siendo una canción diabólica, por no haber dejado el alcohol en un lugar donde no haya podido encontrarlo nunca más. El temor no solo a la vejez, sino a saber que la vida se te acaba y no actuaste bien. El envejecimiento de mis personajes es mi propio declive; y sus tormentos, los míos –la ancianidad del alcohol, de los sábados, de la tinta.
Aunque en la obligación de profundizar, pensándolo bien, creo que no me estoy haciendo más viejo, y ustedes tampoco. Solo es falta de descanso los fines de semana, aprender a decir NO a los bichos incitantes, evitar aditivos alteradores: un daño reparable. Ni siquiera pienso que la progresión de las palabras en un texto deba estar tan determinada, como mi vejez en el transcurrir del tiempo; y, aunque esta última sí cumple con sus promesas de cabellos blancos y piel deshuesada, no puedo asegurar que me pase toda la juventud escribiendo cosas sobre mi vida para ustedes.

El amor en época de golosos

Por: Eduardo Yalán

Es más que claro que sabemos acerca de nuestra cultura moderna, una cultura que exige un reconocimiento de las emociones; la perspectiva de la realidad ha mutado, con el desarrollo de la tecnología se han desarrollado nuestras percepciones, y a su vez las emociones. Un ejemplo sencillo: un celular, instrumento moderno capacitado para no despegarse de nosotros ni un solo momento, sin duda esto afecta a nuestras percepciones, que se amoldarán al uso determinado del celular, lo cual a su vez afecta a emociones determinadas: podemos amar y/o odiar a ese inofensivo instrumento. Lo que supuestamente es ilógico, como odiar a un celular (como si fuese humano o algo capaz de responder a nuestra emoción –para muchos-) parece completamente normal hoy en día. Lo mismo sucede si particularmente observamos al amor. De alguna manera el amor se ha convertido en una emoción compleja. La nueva percepción de la realidad así lo exige.

Hasta hace poco tiempo, el amor estaba aun fusionado con la racionalisación de los afectos, se descartó por completo tratar al amor como una emoción vivida e ilógica. Surgió el “cartesianismo afectivo” una tendencia a explicar al amor desde un punto de vista biológico, todavía hay personas que se contentan y saltan en un pie cuando afirman al amor como una simple emoción producida por la oxitocina, “¡oh, si! El amor es una emoción producida por el neocordex, la oxitocina influye y… bla bla bla” Así solo hablan los arraigados a la escribalidad (entiéndase a la escribalidad no solo como un estilo de escribir, sino un pensamiento, un modo de vida). He escuchado muchas veces cuando se justifica al amor y nos creemos superiores cuando explicamos su genealogía biológica, pero esto es una patraña, una negación del amor mismo, negación de un afecto humano.

Igual pasa con el cristianismo, mutan al amor y le disponen incuso jerarquías, “A Dios el rango más alto y digno del amor, a la virgen otro amor”, y así conforme se baja de status dominante, de allí que solo el amor de Dios es más importante y puro que el amor de un hombre hacia una mujer. ¿Pero a quien pertenecen los afectos al hombre o a Dios? ¿Entonces quien creo a Dios? Por otro lado, ¿Acaso un afecto posee jerarquías? Este es otro pecado contra los afectos. Incluso llegue a escuchar que hay amor malo (referido a todo cuanto te lleva al pecado) y amor bueno (referido al amor de dios). De aquí se explica que Dios es millonario, ya que gobierna el mercado afectivo a través de un monopolio egoísta de las emociones.

Dejemos al cristianismo por ahora. Según Schopenhauer (que si amaba a su perro) el amor siempre apunta a la belleza, a la fuerza y a la salud, es decir el amor es un eufemismo de la elección de un buen macho o hembra que asegure nuestra existencia. Aquí va otra vez nuestro cartesianismo afectivo, creer que simplemente el amor es la elección biológica de mantener la especie, es una opinión aceptable, pero afectivamente negadora, moral. ¡No hay tratar mal al Amor! Tratemos de evitar domesticarlo, hacerlo algo predecible y seguro, ¿una emoción acaso es predecible o segura? Si bien nosotros estamos haciendo que la emoción que llamamos “amor” sea en nuestra cultura moderna mas compleja, mas ilógica y mas vulnerable, por este mismo hecho debemos entender al amor, pero no racionalizarlo sino darle una oportunidad como emoción “tonta e ilógica”. No prohíbo que se deje de amar a Dios ni prohíbo que tercamente nos contentemos con un cartesianismo afectivo, sin embargo entendamos a ese afecto como inefable, no como algo seguro de definir o segmentar. Vivimos en una época de golosos, de gente golosa de emociones y sentimientos, han pasado ya miles de años de tonterías contra los afectos, ¡Carajo! ¡Es hora de integrar y despertar!

Tantas veces nosotros: Un elogio a la comunidad de Pedros

De un Pedro más

Es la noche anterior, pronto se cumple mi pendiente semanal con este blog; como siempre, todo para el último instante. La noche es negra, tan callada, tan mía. Pienso en mí. Mi introspección mutila los objetos que me rodean, y solo tengo mi nombre - en neón púrpura- en mente. Instantáneamente, recuerdo aquella vez que encontré aquel libro de Bryce perfectamente colocado en un anaquel de borde marrón en la librería El Virrey. Con su exterior amarillo, fotos de los Champs-Élysées y un perro de bronce, “Tantas veces Pedro” me maravilló de inmediato. No porque sea un libro indispensable del autor, sino porque -por un asunto de ego- llevaba mi nombre.

Un par de semanas después, al terminar de leerlo, no pude calificar al libro como un fiel retrato. Sería como determinar que todos los Pedros cuadran en el perfil del narrador. ¿O acaso marcámos distancia con el resto del mundo?. Quizás consolidamos nuestra excepcional existencia con la elección de nuestros padres (Tú te llamarás Pedro, dirán ellos; Tú serás alguien, nos dirá Dios). Sentir que este libro, que ahora tengo a mi lado derecho, haya retratado mi estilo de vida, mi forma de ser, mis percepciones del mundo, mis amores y desamores, mi habilidad artística para la infelicidad, mi condición de escribidor, de embaucador, de alcohólico... sería insólito. Pero curiosamente, lo hizo.

Los Pedros del mundo me dirán si estoy en lo cierto al decir que nosotros callamos menos de lo necesario, y la jodemos. Y cuando hablamos, nos sentimos orgullosos de haberlo hecho bien, porque siempre estamos concientes que igual podriamos cagarla peor. Porque tantas veces nosotros es suficiente para entender que somos nuestra propia cruz, un híbrido de maldición-divinidad. Tenemos que cargar nuestra panza por el mundo, y convivir con la genialidad de no obtener lo que precisamente queremos. Nos servimos del vino, pero Baco ya está en resaca.
Por muchas otras cosas, quizás Alfredo también debería haberse llamado Pedro. Porque cuenta con la normativa que el nombre implica. Con el típico protagonismo del payaso seductor que engalana palabras cuando no sabe que decir. Con la frivolidad de humedecerse los labios en whisky, antes de pronunciar en prosa alguna frase que impere el ambiente.
Tal vez, Alfredo Pedro Bryce Echenique no quepa en la sonoridad de un nombre melodioso, literato, pero hoy, en su nuevo bautizo sin aguita ni rezos, le será agregado a su aristocrático nombre el porvenir del Pedro. No porque lo considere como todos los Pedros del mundo (¡nunca maestro!), sino porque siento que él mismo se develó con el personaje, y, encima, me regaló un aditivo existencial: hacer de mi nombre un mito de egocentrismo popular.

La sensualidad y los parámetros de la verdad

Por: Eduardo Yalan Dongo


La verdad, la máxima ambición humana, la más rica escultura que nunca ha dejado de ser robada. Antes de reflexionar sobre los parámetros de la verdad y la vinculación de la sensualidad con respecto a la realidad, dejemos pasar una paradoja dentro de nuestra imaginación. Supongamos que vivimos en el tiempo del tímido Copernico, cerca de 1536 época donde se creía que la tierra era el centro del universo, como promulgaba el eunuco pensamiento cristiano. Pues bien pensemos que estamos caminando por aquellas calles italianas y se nos acerque el susodicho científico y nos diga “¿Usted cree verdaderamente que la tierra no se mueve?” Obviamente que nosotros contestamos que si, debido a que nosotros hemos visto que la tierra no se mueve porque si se moviera lo sentiríamos. Entonces el científico nos reclama diciendo “¡Como usted un ser tan ignorante se atreve a contestar que la tierra se mantiene quieta, ¡Cuan ignorante puede ser usted!” Hoy en día decir que la tierra no puede moverse seria visto por muchos como un reductio ad absurdum como una manifestación de lo imbecil, muchas personas, incluidos muchos filósofos, alaban tanto a la verdad que la convierten en una necesidad, esto hace que no haya cabida para nada mas, solo la verdad es digna ¿Pues que tanto hemos alabado a la verdad?

Dejemos nuestra imaginación volar y entendamos un poco: nosotros somos seres humanos que sentimos y percibimos. Nuestra percepción –dicen- nos engaña y nos dice que la tierra esta quieta, que la tierra no se mueve, o quizá que la cuchara se dobla cuando la ponemos en un vaso con agua; en ambos casos la percepción nos engaña, al menos asi lo dice la verdad. Siendo así, los sentidos nos engañan debido a que, como sabemos, existen normas físicas que las podemos considerar como parte de una verdad universal (como se refiere vulgarmente por allí), la percepción seria entonces un error. Este es el paramento al que me refiero, la percepción queda relegada de todo juicio debido a que no es verdadera, debido a que muchas veces está en contra con lo que sucede en el mundo objetivamente. Los doctos dirán que la percepción es entonces una falsedad, dirán que es tonta la persona que piensa que la tierra no se mueve. Esta es, sin duda una atrocidad contra la percepción, contra la sensualidad.

Es decir, la sensualidad, es decir los sentidos, la percepciones que poseemos de la realidad, no siempre son acordes con la magnánima “verdad”, puede ser que los juicios sensibles o las certezas sensibles, como diría Hegel, no sean las mas aptas para referir una verdad objetiva, pero si son parte de nuestra realidad. Lo que percibimos es valido para nosotros en la medida en que juega un papel en nuestra realidad. Al engreído Schopenahuer le hartaba este mundo de apariencia o de estupidez, a algunos le causa estupor máximo cuando escucha estas llamadas “estupideces” de la percepción. Pues digamos ahora, en nuestro actual contexto al que estamos sujetos, que la percepción cultural es la que predomina más que la razón objetiva, es más importante que la verdad dogmática ¿no es así acaso como se maneja nuestro mundo actual? Esto no quiere decir que valgan mas la una o la otra (¡atención!): ni la verdad ni las percepciones valen más o menos, ni tampoco son iguales; cada cual compensa el necesario rumbo de la realidad, cada cual es parte esencial de nuestra cultura y realidad.

Sensus assoupire! No debemos adormecer los sentidos, no dejemos que normas morales ni sobrevaloradas gobiernen nuestros juicios, si sentimos que la tierra no se mueve no es que sea un error perceptivo, ni tampoco una manifestación de la estupidez. Debemos entender que la percepción también es valida, que si bien la física nos dice que la tierra se mueve en el espacio en relación al Sol, esto no nos dice que debemos desechar nuestro juicio perceptivo, ¿necesariamente tiene que ser dialéctico el movimiento? Ambas nociones son validas, la de la percepción subjetiva y la de la verdad objetiva, asimismo, ambas nociones fueron las más dañinas en la historia, la primera se encargo de ocasionar el surgimiento de ideologías absurdas como el cristianismo, la segunda la que dio de lactar a las clases opresoras, la que fundo la represión.

Cuando las palabras faltan...

Hoy, le sobraron las palabras a Pedro

Cuando las palabras faltan, una hoja en blanco sonríe por ser aún inmaculada. Se rellena automáticamente de pinturas invisibles y promociona su delgado firmamento para millones de posibilidades reales, para inquietudes sofisticadas. Eso no pasa cuando las palabras sobran, allí cualquier superficie es subyugada a la tinta abyecta, a la idea coja; me refiero a esa que no solo escribe, sino a aquella que arranca la virginidad inocua del papel sumergiéndola en desolación. La hoja avergonzada de su utilidad vuelta inútil. A veces, cuando las palabras sobran, miles de hojas caen en basurales, son drásticamente desgarradas, su firmamento pasa de endeble a inexistente, penoso.

Cuando las palabras faltan, es aún más interesante que cuando sobran. Quizás las acciones valen más que mil palabras, pero esas mil palabras pueden ser más exquisitas, porque implican gramática, racionalidad, humanismo, sentido. Y, les aseguro, que estas son virtudes que las hojas aprecian. ¿Acaso una hoja cualquiera no estaría gustosa de ser parte de una de Dostoievski, quizás de Poe, o de García Márquez?. Por Dios, aún como humano dejaría que esos personajes escriban sobre mi cuerpo. Pero las hojas son silenciosas, aguantan todo. Y por eso, odio cuando las palabras sobran. Porque forman parte de un complot maquiavélico, no solo contra la naturaleza (por la tala de árboles que ocasiona), sino porque es una violación a un instrumento vital, a un arma de cultura. La virginidad del papel, que podría ser parte de –por ejemplo- diatribas espirituales, acaba siendo parte de sandeces ociosas, pensamientos inválidos.

Cuando las palabras faltan, es porque hay alguien que tiene la capacidad de aceptar que no tiene mucho que aportar sobre el tema ¡glorioso silencio! Es que ahora la gente piensa que tiene tanto que decir. Opinar de todo es natural en cualquiera, como si todo fuera tan simple, tan infundado como sus propias opiniones. Porque cuando las palabras sobran, la gente no deja de hablar y tropieza con la misma piedra, que luego justificará con el silencio, con el “es todo lo que tengo que decir”, y con el “que bien que te callaste”. Mejor permitirle al viento fluir con sus propios sonidos, a matarlos con penurias lingüísticas. Mejor dejar las flores morirse de frío, que usarlas para poemas tarados tratando de abrigarlas.

Cuando las palabras faltan, es mejor seguir callado sin temerle al silencio. Porque el silencio tiene su propia sabiduría, y aunque alguien tendrá un chiste para contarnos, esperemos sea inmediatamente capaz de callarse, para entender que cuando las palabras faltan, uno mismo puede darse cuenta que el silencio no es por incapacidad, sino por respeto a lo que los demás necesitan –realmente- escuchar.

Pensamiento peruano; entre la rana y el águila.

Por: Eduardo Yalán Dongo.

El pensamiento filosófico peruano, una primitiva oración de Salazar Bondy nos acerca a la problemática del pensamiento peruano: “Se piensa de acuerdo con moldes teóricos previamente confirmados por los modelos del pensamiento occidental, sobre todo europeo, importado en la forma de corrientes de ideas, escuelas, sistemas totalmente definidos y completos en su contenido e intención. Filosofar para los hispanoamericanos es adoptar un ismo extranjero” (Salazar Bondy: ¿Existe una filosofía de nuestra América? 1968). Si y No. La oración de Bondy es el sentido común de los pensadores peruanos, la reafirmación de lo nacional frente a lo internacional es el consecuente y entendible efecto que tal vez bifurca a la cultura. ¿Porque?

La filosofía en el Perú ha estado sometida al la eufemística Filosofía Latinoamericana, que a su vez, depende y se amamanta de corrientes europeas. En nuestra cultura, los que destacaron esta característica fueron los preclaritos Augusto Salazar Bondy y Francisco Miro Quesada. Ahora bien, las dos visiones que determinan el pensamiento están expuestas y desnudas: la visión del ave y la visión de la rana (Af. 2 Jenseits von Gut und Böse) la visión del ave es de aquellas personas que miran a su cultura con desprecio, desde las alturas de la enajenación y la soberbia (la estimación de un hombre en mas de lo justo). La alineación ante todo, citar a filosofías occidentales es el suceso de todos los días, la música extranjera, la ropa internacional, la creencia occidental, es la excitación de este vulgo.

Por otro lado esta la mirada de la rana. Esta es una de mis favoritas, ya que la veo todos los días por donde vaya. Las personas miran a las “cosas” occidentales con un total desprecio, si bien no expuesto, claramente impuesto, subrepticio. Una persona puede ser una típica “rana” si contradice a “algo o alguien” por el mero hecho de negarlo, cuando promulga la negación (contradicción) de la fuerza. Vivimos con esta cultura, esa cultura que dice como un padre a su hijo “¡Ah! No te comerás la comida?! ¡Entonces te quitare un juguete!”, el motor de nuestra cultura es la dialéctica, esa mirada de rana que odio tanto y a la vez alabo. El punto no es dejar de ser ni águila ni rana, sino integrar a ambos en nuestra percepción de la realidad.

Una cosa es la filosofía peruana y otra la filosofía hecha en el Perú (como lo afirma Fidel Tubito), si bien no tenemos propiamente una filosofía peruana que fundamente nuestro presente, si poseemos una filosofía hecha en el Perú como espíritu que nos antecede. En otras palabras, antes, incluso desde los tiempos de Mariategui, no existía propiamente una filosofía peruana, mas ahora si la hay, existe un estudio complejo de la realidad peruana, la antropología, la sociología, la semiótica, la filosofía, y la historia se han aplicado de tal manera que están purgando ese excedente occidental que nos ha determinado durante décadas. Que no quepa la menor duda que nos encontramos desarrollando la percepción de la realidad peruana, la ejercitación de la tolerancia cultural y la conciencia crítica subyacen. Si bien se ha regularizado el desbalance entre la influencia occidental y la nacional, nos queda mucho por hacer con respecto a esta palabra que alabo tanto INTEGRACIÓN. ¡Atención! Lo que estoy proclamando no es una astucia teórica que se esmera por rellenar páginas virtuales, ¡No! Lo que blando es la vivida expresión empírica y fuertemente comprobada, probada... testada.

V

De nuestro lustre y endémico invitado, Cedric Cáceres

Ahora que todo está terminando en este viaje de morías y eneidas, se siente como si la verdad de todo lo ocurrido, se nos hiciera (corrijo nuevamente mi postulado) se me hiciera tan esquiva a los ojos como la casi nada que nos nubla de repente. Y simplemente así (en casi nada de sentimientos) se nos corre la magia de las uñas que se van quedando sin tierra entre su carne. Ahora que todo este viaje se culmina de una manera casi galvanizada con el pasado colectivo de los que siempre quisieron ser recordados en algún lugar lejano, tan e quede donde viene, no tenga nombre su apellido, no tengan iris sus pupilas, No tengan alma sus muertes ni antecedentes penales los labios que ahora lo anclan a este querer escapar por siempre de todo. De absolutamente todo. Y no conservar para el absolutamente nada. O quizá, solo “un mas nada” de proezas casi mágicas de héroes inciertos.

Entonces señores.

Se mantiene sobre la luna de este cuarto, aquella acusación que desde un principio dictamino la suerte de esta discusión promiscua de respuestas y estéril de soluciones. Porque este viaje de Ulises y Héctor a llegado a su fin como casi todo lo que ahora no nos debería interceder el alma de tantas pugnas máximas. De Querer ser lo que nunca fuimos, de querer encontrarnos siempre lejos de nosotros mismos, de aquellos que nos podrían definir. Como lo que realmente odiamos.

Un sinfín de malabares sin público que aplauda. Un aplauso en el fondo de lo oscuro.

una oscuridad sin suertes caqui , ni futuros color fondo de mar.

El espíritu de las drogas y el alcohol en nuestra época.

Por: Eduardo Yalán Dongo


Mi generación: los jóvenes. Los dilemas que se ciernen con respecto a sus intereses marcan y delimitan la frontera con la ideología, como dicen por allí “los jóvenes de hoy en día, no tienen ideología”. Gritan y aspavientan según la masa lo diga, los jóvenes son los revolucionarios de las causas que la misma masa les propone. No nos indignemos si la ciencia del espíritu y de lo absoluto se han perdido, se presiente entre esta juventud solo la intención de pertenecer a la apariencia, la intención de trabajar en una profesión de masas, para las masas, con trabajos atemporales y un matrimonio duradero. –Lamentablemente la genealogía de los atavismos es desconocida por las personas de mi edad, la juventud solo conoce los efectos y síntomas de la estupidez brindada graciosamente por las mismas drogas y la televisión-. Los aires nuevos profetizan ya que la memoria no existe, que se toma conciencia y después se pierde la misma, la voluntad de esa juventud (una contradicción entre ambas palabras), si se le puede llamar juventud, es solo anhelar el sexo prematuro, y el ocio por la masturbación ajena y permanecer sobre alimentados en un ambiente que se encuentre mas cerca de los bares y discotecas. Ni siquiera lo que se “hace” se produce en base a la fusión de la razón y la pasión, sino al hambre de alienación, en base a diversos y nuevos tipos de mecanismos de adaptación totalmente innecesarios. Si se pensara un poco, si se tomara en cuenta a la droga, la televisión, a lo otro, a aquellos medios que “aparentemente” nos perjudican de alguna manera, y se los apreciara desde un punto de vista donde nuestra conciencia se vea ejercitada, distinta sería la situación.

Las drogas, por ejemplo, se encuentran también trivializadas y han perdido su uso primitivo para el temporal acto del conocimiento propio, y la auto revelación de la autoconciencia como unidad que vincula los estados del inconciencia y la conciencia y/o súper yo. El mundo de los sentidos no es para todos, no todos poseen ese interés de ser algo más. Las drogas, como me dijo cierta vez un amigo mío, las consumen todos…yo le digo ahora, ¿Quienes dentro de esa mierda de todos puede llegar a la autoconciencia? Se me podría quizás objetar un pero: “¿pero quien cuando toma o bebe quiere conocerse a si mismo?” Bueno, la verdad es que nadie, y esto ensalza más “mi teoría”.

“Pero el hombre que regresa por la Puerta en el Muro ya no será nunca el mismo que salió por ella. Será más instruido y menos engreído, estará más contento y menos satisfecho de sí mismo, reconocerá su ignorancia más humildemente pero, al mismo tiempo, equipado para comprender la relación de las palabras con las cosas, del razonamiento sistemático con el insondable Misterio que trata, por siempre jamás, vanamente, de comprender”. (Adolf Huxley: Las puertas de la percepción)

La mutación mercantilista que ha sufrido el uso del psicotomimetico ha convertido a esta salida de la apariencia como un consumo netamente a favor del recreo y la distracción de su mundo pero sin buscar ese algo más planteado como tesis funcional en el presente artículo. La conciencia y los diferentes estados que sumergen al hombre en este mundo de los sentidos, como particularmente lo llamo yo, se hace como efecto o consecuencia del uso de los psicotomimeticos y de las pasiones que sumergen al hombre en este conocimiento. Pero hay que tomar en cuenta lo siguiente: el uso del alcohol y de drogas alucinógenas no son estrictamente el pase obligatorio para llegar al conocimiento propio, la pasión en si misma es también un fuerte e incluso más evidente umbral para el mundo sensitivo.

El alcohol, por otro lado, es el elemento más popular consumido hasta estos siglos, que posee un historial inigualable a cualquier droga conocida incluso más común que la marihuana y los calmantes. El alcohol, que es propiamente una droga, es consumido por la mayoría de personas, desde el vino, pasando por el ron, la cerveza, el vodka y una serie plural de líquido y néctar de dioses (como afirman muchos asiduos). La mayoría de las personas aseguran que aumenta su sociabilidad y bienestar, la discrepancia entre los efectos reales y los percibidos obedece a los efectos iniciales que produce en la mayoría de los usuarios, liberación de la tensión, sentimientos de felicidad y perdida de inhibiciones. El alcohol, como se entiende, es propiamente un calmante, y responde muy bien al sentimiento de inhibición que irradia al momento de su consumo. El psicoanalista peruano Alejandro Ferreyros afirma con gran contundencia acerca del uso indebido del alcohol:
"El Súper yo se diluye en alcohol. Por eso, para el que quiere ser más mandado y la que quiere perder el miedo a coquetear, el alcohol es como un regalo de Papa Noel".

Pero el alcohol no es simplemente un producto mercantil, es una sociología que debe ser aprovechada no solo para el esparcimiento o para el rechinar de encías de jóvenes ignorantes que gimotean ansiosos por su gravitación del sábado último. ¡No! Sinceramente hacer mercantil una experiencia que solo sirve, para este tipo de personas, al esparcimiento no es recomendable. A mi entender, la inhibición y el respiro de la tendencia dionisiaca del espíritu debe ser algo más importante, que merece prestar atención a su trascendencia inicua, inmoral. Si se busca inhibir el estado del súper yo, se debe hacer pensando en el conocimiento del si mismo, en generar una visión de cuales son los instintos que producen este tipo de excitación variada. Tanto el hombre como la mujer deben de reconocer sus instintos que son a veces infaustamente manifestados durante su estancia dionisiaca en el mundo de los sentidos. Ferreyros puede resumir esta una crítica expuesta en este breve artículo en un simple axioma:

“Desarrollar el aspecto cultural y social, y no trivializarla [al alcohol] como una bebida simplemente recreativa."

Llegamos al punto mas interesante de la tesis sensitiva; la adicción. La adicción es un estado de malformación en la voluntad del hombre. Las drogas adictivas producen una dependencia biológica o psicológica en el usuario y en la que la abstinencia conduce a un anhelo por la droga y en algunos casos puede ser irresistible. La dependencia de la droga es comparable a la religión y su dependencia hipócrita; como dijo un muy joven Marx en cierta ocasión, “la religión es el opio del pueblo” (prólogo a la filosofía del derecho- G.W.F. Hegel). La dependencia o adicción es, al igual que la religión, una manifestación de una voluntad de poder feble, de una voluntad ambigua y débil, la adición por ende es para personas que no comprenden el significado real del uso de las drogas y alcohol; el vulgo sin dientes para masticar bien. Simplemente si no hay voluntad de poder, no hay mundo de los sentidos. El dominio de uno mismo es ante todo primordial, si uno no es maestro de uno mismo, entonces este mundo de los sentidos se puede volver el arma más peligrosa para extinguirse, tal como pasa con los que reflexionan mucho y les gusta vivir mucho en su propio espacio sensible. La muerte es, para nuestro beneficio, una necesidad:

“La manifestación es el nacer y el perecer, que por si mismo no nace ni perece, sino que es en sí y constituye la realidad y el movimiento de la vida de la verdad. Lo verdadero es, de este modo, el delirio báquico, en el que ningún miembro escapa a la embriaguez, y como cada miembro, al disociarse, se disuelve inmediatamente por ello mismo, este delirio es, al mismo tiempo, la quietud traslucida y simple. Ante el foro de este movimiento no prevalecen las formas singulares del espíritu ni los pensamientos determinados, pero son tanto momentos positivos y necesarios como momentos negativos y llamados a desaparecer.” (G. W. F. Hegel – La fenomenología del espíritu)


Noticias diarias

Por: Pedro


El té se enfriaba, y las pocas cucharadas de azúcar se iban asentando en el fondo de la taza. En las comodidades de un Café citadino, Julio leía el periódico. Las desgracias se iban develando en cada una de las noticias de la inmensa sábana que cubría su rostro del mundo. Julio no sólo las leía, él las reflexionaba. De repente, observaba pasmado la noticia de muerte de un niño. Daniel, 13 años, a las afueras del colegio. La foto que acompañaba al texto era precisa: la madre cubierta en lágrimas, el auto magullado, y, bajo un periódico, la mano del niño. Julio pensaba en su hijo, y el té siguió helándose.

El cambio y la conciencia histórica moderna

Por: Eduardo Yalán Dongo

Cuando leí “El fin de la historia y el último hombre” de Francis Fukuyama, el manejo histórico que este entendido autor daba a la “historia” me pareció confuso; no podía entender como se podía anunciar el “fin de la historia”: “Lo que yo sugería que había llegado a su fin no era la sucesión de grandes y graves acontecimientos, sino “la historia” es decir, la historia comprendida como un proceso único, evolutivo, coherente.” (Fukuyama. El fin de la historia y le último hombre) Ahora tras breve tiempo de reanudar su lectura todo es tan claro. Los entendidos aúllan acerca de la bravura de Fukuyama, el hombre pluscuamperfecto se desespera al escuchar que la “historia ha muerto”, se aferra al pasado y le da miedo el futuro. El problema de no haber comprendido que “la historia ha muerto” germina en que su comprensión se encuentra dependiente de los hombres antiguos, hombres cuyo terror se ufana del futuro. El vulgo conservador dice: “La historia no ha muerto, los acontecimientos, los mas grandes de ellos, siguen sucediendo. El ataque de las torres gemelas lo ha demostrado”. Pero argumentar esto es desconocer en que medida ha muerto la historia; no son los acontecimientos los que han muerto, sino el proceso cultural al cual estamos sometidos.

El fin de la historia supone el final y el sucesivo comienzo de algo nuevo, en el caso tratado por Fukuyama, el de la política/estado. Fukuyama sigue los preceptos hegelianos y marxistas que trataron a la historia, preceptos que hoy no comprendemos. “En vez de una historia humana orientada en una única dirección, parecía haber tantas metas como pueblos o civilizaciones.” Fukuyama aborrece al rechazo de la tecnología, aquellas personas que repudiaron, desde el romanticismo, los avances de la ciencia. Relacionemos lo dicho por Fukuyama con lo que acaece en nuestra cultura moderna, preguntémonos, ¿la conciencia histórica, la tenemos? Definitivamente partamos con afirmar que ha existido un cambio que nos ha dividido, estamos en un cambio cultural reafirmado por el desarrollo de la tecnología, la ausencia de conciencia histórica es un efecto de este proceso aun no culminado.

Actualmente no podemos decir que no existe una conciencia histórica, principalmente en nuestra juventud, lo mas apropiado es afirmar que no existe un interés por el proceso histórico. En general aborrecemos el proceso, hombres virtuales, no queremos leer ya párrafos largos, no queremos esperar tanto por una respuesta, no deseamos siquiera experimentar un proceso pausado, lento, agradable; esto ha sido el efecto de la difusión de la Internet, el teléfono móvil, la inmediatez de la correspondencia y la reciprocidad. La memoria es un dominio exclusivo de estos medios, la tecnología controla la memoria social, y por ende la historia esta en manos de estos medios. Esto, más la perdida del interés por el proceso han hecho que nuestra historia sea diferente, no afirmada, no conocida. Pero, por otro lado, la historia se ha hecho más dispuesta, a pesar de no interesarnos tenemos a la historia a nuestra sutil disposición, cada especificación histórica esta a nuestro inmediato alcance. Hay que reflexionar acerca de las manos que dominan la memoria social, ¿Quién domina la historia (entendiéndola como vulgarmente la entendemos, es decir los acontecimientos) y quien conoce la historia (entendiéndola como el cambio cultural)? Pueden dominar los acontecimientos, las fechas, los códigos históricos, seleccionarlos y matar con ello la vida, pero no pueden tapar los cambios culturales con el dedo, somos concientes de ellos: “tan solo de las mas poderosa fuerza del presente se puede interpretar el pasado”.

Las guitarras mestizas y una añoranza tradicional

Por. Pedro

Tres castañuelas rebotan entre sutiles vibraciones e invitan al primer acorde a seguir sus pasos. Seis cuerdas vibran y producen una melodía que se eleva hasta que un cajón peruano da su primer golpe seco y lo sienta sobre una caja de cervezas que ya tiene menos de la mitad del refresco. Alguien se afina la garganta aguardentosa, y la primera guitarra pasea por una escala mayor que lo lleva hasta el hoyo donde se guarda el corazón. Cuatro señores esculpidos en las añoranzas de tradición, cuatro majestuosos músicos interpretando alegrías y poemas en un bodegón, una llamada a las tías de la vuelta y diez porciones de anticucho para al fin dar por entendido que esto es una jarana criolla, de aquellas donde se sirve pisco y lo hacemos humo.
Esta es una para Felipe Pinglo Alva. Compositor, criollo, poeta y, encima, peruano. Más abajo les presento la canción “Sueños de Opio” (les recomiendo con todo el corazón leerla) en ella evoca toda aquella juventud rebelde en verso que caracterizó sus composiciones. Un pequeño espacio a quien se le debería agradecer por toda la música que nos identifica ahora. Pinglo y un año más de la celebración de la música criolla. Las guitarras mestizas y un año más de celebración de tener algo con que admirarnos.


Sobre regios almohadones recostada,
incitante me sonríe bella hurí
cual reina de que hablan los cuentos de hadas,
deslumbrante se presenta para mí.
Sus miradas son de fuego, me enloquecen;
ella me ama y me ofrece frenesí
en su rostro de querube o de Nereida
se adivinan deseos de goces mil.
Droga divina, bálsamo eterno
opio y ensueño dan vida al ser;
aspiro el humo que da grandezas
y cuando sueño, vuelvo a nacer.
Me vuelvo dueño de mil riquezas,
lindas mujeres forman mi harén
y en medio de ellas, yo adormitado
libando dichas, bebiendo halagos
entre los brazos de una mujer.
Primorosas odaliscas en mi torno
obedecen mi cariño de Rajá;
y sus mimos y cariños amorosos
son tributos de esclavas a su sultán.
Una y otra me suplican que las ame,
y les brinde mi cariño más sensual,
¡Oh, delicias que nos duraron tan sólo
lo que el opio en mi ilusión pudo forjar.

Stirner y el ateísmo peruano.

Por: Eduardo Yalán Dongo

Cuando en 1844 Europa conoció el célebre libro de Max Stirner, “El único y su propiedad” se desataría no solo un afán de conocimiento filosófico/hegeliano, sino toda la famosa ola de exploración religiosa/cristiana/judía. La mayoría de ilustrados comprendía que la religión ya no era mas un camino de Verdad y salvación. Los ilustrados mataron a Dios, y uno de sus asesinos fue Max Stirner. Amigo lejano de Engels y Marx, Stirner fue el que particularmente estuvo más preciso a la hora de desechar las nociones cristianas del dominio cultural.

La manera en que Stirner abordo a la religión fue totalmente diferente a la de sus camaradas Strauss, Feuerbach o Bauer que también desmantelaron el culto. Mientras estos últimos aplicaban la ciencia histórica/filológica para “descubrir” al cristianismo, Stirner partió en base a una suposición: la existencia de Dios como algo fidedigno, de aquí que el filósofo abordo a Dios basándose en el mito cristiano, en contra argumentar a Dios. He aquí el punto clave, cito: “Dios no se ocupa más que de su causa, solo Él es Todo en Todo, de suerte que todo es su causa”. Según Stirner Dios es el mas egoísta de todos, porque nos dirige a una sola causa, SU causa, si la contrariamos entonces pereceremos. La humanidad decía Stirner, debía seguir su propia causa y no la causa de una esclavitud demasiado sobrestimada.

“Dios y la humanidad no han basado su causa en nada, en nada que no sea ellos mismos. Yo basare, pues, mi causa en Mi; soy como Dios, la negación de todo lo demás, soy para mi Todo, soy el único.” Definitivamente sin Stirner no habría Nietzsche. Ahora bien, la relación de Stiner/Nietzsche en el ateismo es manifiesta en nuestra cultura peruana. Entiendase que Stirner no aplicó la razón frente al mito, sino que aplicó la razón en el conocimiento cultural que el vulgo poseía sobre la religión, cosa muy, muy diferente. Si miramos por ejemplo el legado de Nietzsche/Stirner, debemos necesariamente voltearnos hacia occidente, el nihilismo es más que denotativo aqui, más que explicito, las corrientes ateas son ya un instinto en Europa. Sin embargo, EEUU es la máxima cultura que exporta religión, solo el 15% de los ciudadanos son ateos, los maltratos de los ultra religiosos norteamericanos frente a los ateos es total, se prohíbe leer a Darwin, se sanciona a gente atea. Es por esto (tal vez por causa de esto), que el ateismo se ha convertido, al menos en el Perú, en una expresión directa del mal entendimiento de filosofías como la Stirner o Nietzsche. El ateismo se transforma en un sectarismo y no en una integración cultural. Nuestra sociedad es altamente conservadora (incluyase EEUU), altamente moral, todavía confiamos en Dios hasta en las leyes, somos tan conservadores que hasta las corrientes ideológicas que supuestamente manifiestan ser “rebeldes”, “ateas”, etc. pecan por ser sectarias. Aun somos egoístas, basamos nuestra causa en nada, aun compartimos nuestra tristeza con Dios, aun el propio ateo que conoce como destripar a la deidad cae en sectarismos egoístas.

En el Perú, para ser ateo se debe de optar por un temple máximo, por una necesaria risa. Si queremos hacer frente a la religión que domina entonces ¿Por qué destripar su mito razonando sobre él? Un ejemplo de eso es la graciosa pregunta de un hijo a una madre altamente cristiana: ¿Mama, Dios puede crear una piedra que no pueda cargar? Déjenme confesarles que yo sostengo aun esa misma pregunta frente a mi madre unicamente por el hecho de sucumbir a la risa y tal vez malcriada ironía y/o disposición a joder. Pero esta pregunta no es valida para un argumento serio, a esto se llama razonar a Dios dentro del mito. Para argumentos serios me basta revisar la historia cristiana, la cultura madianita, descubrir que Yave (Jahveh, JHWH) es un dios ctónico, un dios volcánico, que las tablas de la ley son las replicas exactas del hechizo 125 del libro egipcio de los muertos: “el libro de los muertos”, o exploremos y descubramos que la segunda ley de la termodinámica niega la existencia de un creador, o quizá que el “diseñador inteligente” es solo un traslado de una imagen/idea humana hacia algo supuestamente divino.
Por eso ir en contra de la religión a través de su propio mito es entrar en su telaraña de difamaciones y atavismos del dominio de la fe.

¡Vamos pues peruanos, a que no se atreven a desatarse de la bulimia de nuestra cultura, a que no se atreven a no ser sectarios nunca más! Never more!

Análisis metafísico de la comedia



Por: Eduardo Yalan Dongo

El año 2007 hice una investigación acerca de la comedia como representación estética y como metafísica inexplorada por la docta cultura del estatus quo. Este ensayo trata de buscar una integración de la comedia en la apreciación común (vulgar) que poseemos sobre ella:

"El Arte de la Comedia se encuentra expuesto a una determinación constante de la risa y la denuncia, las cuales representan la base y la estructura de toda la Comedia, esta manifestación tan sublime creada por el hombre, ¡inventada por el hombre! El juego de palabras, el dominio de la lengua, las buenas personificaciones, imitaciones y/o emulaciones, así como las indumentarias, las máscaras y los gestos exactos fusionados con la música del espíritu subjetivo o dionisiaco, hacen a la estética de la Comedia.

Es muy primordial también este juego de la estética en la comedia, es decir, si bien la base de la Comedia es la denuncia y la risa, la estética depende mucho también de cuanta habilidad posee el comediógrafo para transmitir imágenes que sean risibles y muy bien elaboradas para el público. De alguna manera, la estética, análogamente a lo que debe ser entendido el mito, tiene un efecto levemente degustable de lo que es la verdad, es decir existen pincelazos, indicios de la denuncia, de una verdad oculta. Sin embargo, el Arte no debe ser apreciado como simple estética propia de un conocimiento lógico por parte de nosotros, es decir, el Arte no debe comprenderse en la medida en que nosotros vemos cuan bello es estéticamente o en que manera es lógica o comprensible dicha manifestación, posiblemente ésta representación artística oscilaría entre lo burdo y feble, o mas precisamente lo incompleto. La Comedia, como toda representación del Arte, es una admiración no de las formas estéticas, sino de la esencia misma que irradia, es decir, de que manera se encuentra el Arte simbolizado, en que medida nos preguntamos; ¿que es lo que transmite dicho Arte?, ¿de que manera se puede romper el cascarón de la estética y ver que maravilla es la que germina dentro de dicho cascarón?

Esto es la metafísica de la comedia, lo más allá de lo estético y físico de la Comedia. El lector más entendido y más suspicaz habrá entendido la manera en como se ha visto a lo largo de este ensayo la situación de la Comedia con respecto a la metafísica, en que apunto es mi metafísica diferente al sentido que le otorga Hegel a este Arte de la Comedia en su Fenomenológica del espíritu. Yo humildemente apunto a una investigación más subjetiva y comprensible de la Comedia, no lo que la unifica y la asemeja a otras artes griegas, sino lo que la hace diferente con respecto a estas, porque al fin y al cabo hubieron muchas –por no decir todas- artes griegas cuyas explicaciones metafísicas se hallaban en Dionisio y en otras deidades, sin embargo, creo que con esto no profundizamos en la Comedia en si misma y en lo que la diferencia de las otras artes, entre ellas la Tragedia. De alguna manera, la tesis de la teoría de la metafísica de la comedia se explica en un axioma que puede muy bien defenderse solo: donde se asienta la casa de la comedia no dudemos en pensar que allí habita la denuncia.

Es entonces así; donde existe un acto cómico, desde le teatro hasta las formulaciones cómicas expuestas en los chistes inmediatos de la vida (expresados por las personas en si) existe por consiguiente un acto que se esta denunciando, un hecho que carga la conciencia y que tiene que ser disuelto por la risa, es decir, la tendencia que va mas allá del principio de placer. La tragedia es pues lo pesado: la comedia, lo ligero; sin embargo, ambas son necesarias, no existe una que deba o tenga que ser rechazada, ambas son estricta e involuntariamente necesarias para buscar el equilibrio, reflexionar sobre nuestras partes para obtener el todo por el todo. Es por esto que si se menciona o adopta la tragedia sola, es muy difícil pensar en una comedia a posteriori: este es el problema de los débiles, los ignorantes y llenos de fe, pero vacíos de voluntad. Empero, si se adopta la comedia es muy fácil ver que tras de ella había una tragedia, una conciencia pesada, una denuncia latente, una risa promulgada…esta tendencia se repite tanto en el Arte como en la vida del hombre. Entiéndase la palabra comedia como una semiótica de hechos que la abarcan, como un todo y como una parte: Como comedia de vida y Comedia del arte. Vitor por aristofanes, todos los vitores son pocos."

Para bajarse el ensayo en su totalidad entrar aquí:

Molina: un criminal esclarecido

Por: Pedro Crespo

¿A cuántos asesinos conoces? ...
En base a una entrevista, les presento a uno.



Elmo Molina fue un asesino de sangre helada. El Perú, Colombia, Honduras y Brasil fueron algunos lugares en su etapa de internacionalización criminal. No atosigó a vehementes líderes pandilleros, él tenía el poder en sus manos. Respetado hasta el terror, entiende las oportunidades como el medio de rescate y son estas las que lo mueven en su altruismo actual. Elmo es un ejemplo como pocos. Su vida protagonizó las facetas de un profundo cambio humano.


El niño que inicia

“No solo todos los grandes hombres, sino todos aquellos que se elevan,
aunque sea poco, por encima del nivel ordinario, deben ser, en
virtud de su propia naturaleza, unos criminales necesariamente.
De otra manera, les sería difícil salir del montón”
Crimen y Castigo, Dostoievski


Un niño abre los ojos y se encuentra con un mundo nuevo. Es la alegría de los padres, es el amanecer de un futuro, es el inicio de una vida. Juega con personajes imaginarios y crea mundos paralelos que se estremecen entre canciones de mamá.

Salí a la calle cuando hubo un temblor, mis padres me dejaban la comida cocinada porque salían a trabajar y regresaban tarde. Luego del temblor, conocí a un grupo de muchachos que solo había visto por debajo de la puerta. Yo solo los veía como zapatitos que corrían y jugaban pelota en las calles de Cercado de Lima.

Pero el mundo es menos sensible que esos ojos que recién han abierto sus curiosidades, anhelos y ansias de vivir.

Cuando salgo de esa pared de mi casa, me encuentro con un grupo de muchachos, y algunos ya lustraban zapatos.

Las necesidades se hacen vigentes y molestas, el niño también tiene su emprendimiento.

Yo vi la necesidad en mi casa, y, bueno, pensé que podía ayudar lustrando zapatos para ganar un sencillo. Cuando mis padres salían a trabajar, yo salía con mis amigos a chambear. Pero, poco a poco, fui conociendo chicos en la calle, que no lustraban zapatos pero ganaban más dinero. Y dejé de lustrar zapatos, y me empecé a robar los zapatos de la gente. Y así empecé en las calles…
Hasta que un día no regresé más.


El joven que determina

“(…) hasta cierto punto, los criminales son gente más limpia, más inofensiva;
esta afirmación no la hago porque yo mismo haya matado a un ser humano:
es una honesta y profunda convicción”
El Túnel, Sábato


El criminal anda por la oscuridad, predispuesto a disparar. Escapa del sol, como centinela de sombras y siempre en vigencia de anonimato: observa atento, él solo observa y actúa, no hay espacio para pensar, no hay espacio para sentir…

Año 86: estuve en favelas del Rosario, Santa Clara, en Brasil. Estuve en bandas juveniles, realicé asaltos y homicidios.

El criminal se sumerge en el espesor de lo malvado, palabrea con cuchillos y carga rifles despiadados. Flota anestesiado en su propia desgracia: sus dedos ya no tiemblan, sus sueños ya no lo martirizan.

Nuevamente en Perú, organicé pandillas.
Año 89: entré al narcotráfico en Tocache. Viajé a Colombia y estuve metido en la pandilla Los Parches: hacía asaltos, asesinatos. Fui deportado por asalto a mano armada.

El criminal venera la venganza, se subyuga al remordimiento. Congela lo humano, se vuelve sangre vehemente y perniciosa. Es adictivo al pozo, a lo oscuro, a lo escabroso…

Año 90: Nuevamente, volví a Colombia y estuve metido en la banda de Pablo Escobar, que tenía un total de 420 bandas de jóvenes armados en Medellín. Había una lucha por el control de la droga.

El criminal cosecha muertos, siembra balas, exporta lágrimas…
El pozo es más hondo de lo deseado. El niño emprendedor ya dejó su posición, ahora es un joven que cambió la agraciada búsqueda por lo sanguinario y prieto.

Año 91: estuve metido en San Pedro de Honduras con las Maras Salvatruchas. Ahora, era parte de la Mara. Entrar ahí tiene una iniciación: matar a alguien por gusto. Desde ese momento, ya eres parte de la Mara. Te dan un arma, y te dicen: ese que te está mirando, métele un tiro. Y tienes que metérselo. Te involucran en delitos graves: el manejo de armas y homicidio. Ya perteneces a ellos.


El hombre reflexivo

Esto, según lo entiendo, se debe a que todos los seres humanos,
tal como los encontramos, son mezcla del bien y del mal”
El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, Stevenson


Con las manos cubriéndose el rostro, el criminal encuentra la pequeña flama de luz, el coraje de escapar del pozo. Sin nunca olvidar lo que hizo (aquellos ojos asesinados, aquella yugular cortada, aquellas balas embadurnadas)…

Producto de esa vida que tuve en la calle tengo cinco impactos de bala en el cuerpo. Tuve una de las pandillas más grande y más conocida: Los halcones, con 147 integrantes. Una pandilla que tenía micro pandillas oprimidas. Todas las pandillas se acercaban a nosotros, éramos los más fuertes, los más respetados…

Aunque, el tenue brillo de la inminente salida vislumbra los falsos tejidos…

…pero luego me di cuenta que no era respeto, sino era temor lo que yo había creado en la gente. La gente me tenía miedo, pero yo lo veía como respeto.

De repente, el criminal calla y escucha a su alma contar su historia…

He estado recluido en centro de menores. Estuve también preso. Cuando tenía 23 años tenía impactos de bala, tres intentos de suicidio. Tenía 20 pero me sentía como de 80. Me perseguía la policía, me perseguían los terroristas, me perseguían las pandillas.

…y explicarle sus conclusiones

Yo no podía caminar libre, estaba libre, pero preso por los problemas que tenia.

Elmo, hoy en día, vive con su familia. Tiene dos hijos y ya es abuelo. Él dice que su experiencia en la calle lo ayuda a poder desempeñarse en su labor actual. El criminal es ahora consultor para el Ministerio del Interior peruano, y para el Instituto de Bienestar colombiano. Ahora, Elmo ayuda a jóvenes pandilleros en su regeneración social, les abre los ojos, les da oportunidad, les da lo que él hubiera querido recibir.
Ahora, el criminal asesina, únicamente, sus propios demonios.

Friedich Nietzsche: 164 años para todos y para nadie

Por: Eduardo Yalán Dongo

“Yo soy con mucho, el hombre más terrible que ha existido hasta ahora; esto no excluye que yo seré el mas benéfico” (Ecce homo –Por que soy yo un destino) Despiadado, infame, irónico, pedante, líricamente afilado, ¡dinamita! No sabría calificar a Friedrich Nietzsche, tal vez esa inefabilidad es la que me hace escribir sobre él tras 164 años de su nacimiento, un 15 de Octubre como lo será este miércoles. Tal satisfacer las preguntas de “¿Quién fue Nietzsche?” o “¿Qué teorías filosóficas tenía?” puede ser hasta repetitivo y denotativamente previsible, prefiero ante todo revelar como se llega a Nietzsche a través de su filosofía. Me resulta grato decir que Nietzsche se ha convertido actualmente en nuestro sentido común, muchos no lo saben pero nuestra capacidad de discernimiento sienta sus bases en casi toda su doctrina, nuestras quejas, nuestro nihilismo, nuestra rebeldía, nuestra risa; su legado permanece ante todo.

Aproximarse centímetros a un libro de Nietzsche es, por un primer momento, hacer algo prohibido, sentir como tus manos toman un libro que presuntamente viola todo cuanto has conocido, todo cuanto han dicho tus padres: una merecida antípoda de nuestras costumbres. No te contentas con saber de él en alguna enciclopedia o foro virtual, ¡tienes que descubrirlo tú mismo! Es cuando tomas ese libro y te regocijas con lo que lees, tu alma curiosa se sabe satisfecha. Lees: “Cuando Zaratustra tenia 30 años, abandonó su patria y el lago de su patria y marcho a las montañas.” O, tal vez te escandalizas y horrorizado tapas el título de otro librito que estas leyendo en un transporte público: “El Anticristo”, y tú sabes que eso te hace sentir por encima de todo cuanto hay. Sin embargo, por algún indecible y raro motivo no puedes considerar al hombre que estas leyendo como “Satanás” o “hombre-nazi”, este individuo es diferente, y no te das cuenta, sino hasta haber conocido su esencia, que ese tal Nietzsche no era otra cosa que tu “Perseo encadenado”, tu misma condición humana, Nietzsche eras en todo momento tú.

En cada librería se encuentra un ejemplar de Nietzsche, y es que ¡Nietzsche es para todos! Y te alegras de que sea conocido. Después pasa el tiempo y te encuentras con personas que lo evocan ridículamente diciendo “sabían que Nietzsche fue el padre intelectual del nazismo”, o en canciones neosacras en iglesias juveniles escuchas “dios no ha muerto/ dios esta vivo/ dios esta vivo”, o quizás te enteras que un metalero fundamenta su mediocre ideología de muerte y canibalismo lascivo diciendo “Como Nietzsche decía…” Y entonces es cuando piensas tristemente: Nietzsche es para nadie. En realidad son muy pocos los que conocen a Nietzsche, y para conocerlo no es para nada necesario que te expliquen su doctrina en un ambiente teórico, sinceramente ¡no! para conocer a Nietzsche tienes que sentirlo en su lectura (y locura), en todos sus libros y cada uno de ellos.

Ante toda teoría nietzscheana y ante todo su querer, le quiero agradecer al filósofo dinamita; sus palabras, sus esfuerzos por hacerme trascender, sus consejos severos, su “estar harto de mi” y su amabilidad al adoptarme como su hijo ante mi trágica orfandad, sin embargo, como él mismo lo hubiera dicho: “no me sobreestimes, no me halagues”. !Ah! Pero es necesario, como también lo es separarnos de él, como lo hice hace poco, alejarse de ese indeseable visitante, de ese “viejo loco”:
“Decís que creéis en Zaratustra? ¡Más qué importa Zaratustra! Vosotros sois mis creyentes, mas ¡qué importan todos los creyentes! No os habíais buscado aún a vosotros: entonces me encontrasteis. Así hacen todos los creyentes: por eso vale tan poco toda fe. Ahora os ordeno que me perdáis a mí y que os encontréis a vosotros; y sólo cuando todos hayáis renegado de mí, volveré entre vosotros.” (Así habló Zaratustra. De la virtud que hace regalos)


80 años de un nuevo espíritu: aniversario de los Siete Ensayos

:. Pedro

La carátula ya porta un significado estético de lo que las páginas de esta maravillosa recopilación quieren exponer. Esta pulcra pintura de Julia Codesido fue un pedido personal de Mariátegui para su obra cumbre, que ahora esta de aniversario.
7 ensayos de interpretación de la realidad peruana cumple 80 de años desde su primera publicación, y esto necesita un momento de remembranza. Un evocación no solo a la obra, guía de muchos revolucionarios como el Che Guevara y los “nuevos espíritus” nacientes a mediados del siglo pasado, sino también a aquella mente brillante que la creó. José Carlos Mariategui observó, a lo largo de su producción intelectual, ciertas falencias de un sistema endeble e incongruente, con posibilidades de ser corregido bajo ciertas premisas que ciertamente son radicales, pero concientes y humanas. Premisas que podrían ser resumidas en aquel "Peruanicemos al Perú", que salió de sus propios delgados labios, que sopló su cerquillo hacía el cielo.
Este libro, como su nombre lo dice, es la recopilación de siete ensayos distintos en los que se expone de manera, como afirmó Basadre, “precisa, como de ingeniero; y aséptica, como de doctor”. Puntos con un propósito pragmático en el que los temas tratados son: la evolución económica, el problema del indio, el problema de la tierra, el proceso de la instrucción pública, el factor religioso, regionalismo y centralismo y el proceso de la literatura.

Mi primera experiencia con José Carlos fue grata: un hombre fuerte, una mentalidad proselitista, “dos huevos sobre una silla de ruedas”. Un rojo con ideas precisas y fundamentadas que se alimentaba de su amor al Perú y sus emotividades revolucionarias. Las primeras páginas de este texto aún danzan por mi cabeza, inmutaron en mí el ideal del coraje sentimental apoyado por nuestras propias creencias. Qué mejor que sus propias palabras: “Otra vez repito que no soy un crítico imparcial y objetivo. Mis juicios se nutren de mis ideales, de mis sentimientos, de mis pasiones. Tengo una declarada y enérgica ambición: la de concurrir a la creación del socialismo peruano. Estoy de lo más lejos posible de la técnica profesoral y del espíritu universitario”. Humildad inmejorable en aquella semántica prolija y directa, regalarnos una nueva visión del mundo es un obsequio acertado, el regalo de una nueva posibilidad de re-crearnos como país. Su lado intelectual fue su pluma; su lado reaccionario, su corazón. Martín Adán, ahijado intelectual de Mariátegui al publicar su Casa de Cartón, contaría que el magnánimo hablaba con los pensadores de Lima en un recinto de su casa donde se reunían los domingos; luego, en el salón contiguo, se congregaban los líderes sindicalistas. José Carlos mantenía dos estilos de vida distinta –la pluma y el puño- que luego se unían en cofradía, así como su mismo espíritu, haciendo de su hogar un refugio de amantes del país.
Desde hace mucho, rescato mis creencias de las corrientes desidiosas de la modernidad. Tengo mis deseos, mis pasiones, mis ideales en lo profundo de mi alma. José Carlos me lo enseñó; entérense, que yo tengo escritas sus palabras en la zona más luminosa del corazón.

El hombre y la seguridad.


Por: Eduardo Yalán Dongo


¿Alguna vez hemos pensado acerca de aquello que nos sujeta irremediablemente a nuestra sociedad, a nuestra familia, a nuestros conceptos, a nuestra vida? Particularmente pienso, y es algo que lo tengo muy claro, que en la vida social emana el hedor de la seguridad. La seguridad ha regido y rige nuestra sociedad, créanlo o no.

Queremos ser seguros, queremos que nuestra sociedad nos acoja, queremos que nuestros padres nos quieran, queremos tener un buen empleo, queremos no morir (eternizarnos), queremos ser reconocidos: todo esto no existiría sin la seguridad. Queremos estar seguros de nosotros mismos. Y como podemos ver, la seguridad es también el hacer que todo sea conocido, ejemplo; un niño nace y sus padres quieren que aprenda su lengua, quieren que el neonato aprenda su cultura, quieren que tenga una buena educación ¿para que? Para hacerlo conocido. Si estos mismos padres encontraran en la calle a un niño abismalmente distinto a lo “conocido” entonces lo catalogarían como “no conocido”, les daría miedo y curiosidad, tratarían en lo posible de darle educación, lengua, cultura, es decir hacerlo conocido. De aquí se fundamenta la evangelización y las misiones; incluso se fundamenta tambien cuando un cristiano se asusta cuando escucha que alguien no cree en la Virgen Maria (como es mi caso).

Si escuchamos, por ejemplo, un sonido que no corresponde a ningún dato almacenado por la memoria, entonces ese sonido nos parecerá misterioso, malicioso, es decir, cargaremos de un sin numero de valores al fenómeno si es que no es conocido, si es que no esta “seguro” en nuestra sociedad, si es que no es compatible. El racismo se explica de una manera casi igual. El racista cuando discrimina al individuo con piel “inferior” no esta mas que diciéndole: “me das miedo porque no perteneces a lo conocido” o sino “como yo soy el líder de los conocidos y como tu color de piel no pertenece a la seguridad de nuestra piel, entonces te mereces el desprecio”. Se sabrá que tanto los padres como los santos, como los racistas y demás educadores tienen como meta principal el hacer “conocido” al individuo, al niño, al indio ignorante, al cholo cobrizo, y todo individuo que se encuentre con el letrero de “no conocido”. De alguna manera Heraclito, Jesús, Spinoza, Nietzsche, y otros célebres personajes fueron tan vapuleados por ser únicamente “no correspondientes a lo ya conocido”. (Entiéndase que ahora a Jesús, sus discípulos lo han convertido en un “metajesus”, un individuo que nada tenía que ver con lo predicó, es decir, hemos hecho conocido a Jesús)

Al ser humano, por no decir el vulgo, le cuesta mucho hacer frente a este tema, al ser humano le cuesta mucho entender lo “no conocido”. Por eso que se crean santos y dioses cuando tan solo hay fuerzas de energía y uno que otro imaginario sensual.

Hay que tener cuidado cuando incluso hablamos, cuando valoramos, porque la valoración no es otra cosa que la manifestación clara de la seguridad. La seguridad señores es necesaria como repudiable, debemos entenderla y no simplemente decir: “diablos entonces voy a volverme completamente inseguro” esa no es la idea.

Martin Adán: diario de refugiado

Trabajo de investigación
Por: Pedro Crespo

Estos últimos meses, he andado sumergido en una polvoreda de archivos descomunales. Edificios siniestros construidos de papelería hongueada y amarillenta, pero cimentadas bajo la premisa de la Historia. Estos meses he indagado sobre la vida de Rafael de la Fuente Benavides (Martin Adán), un poeta limeño, barranquino, el más grande a mi parecer. Es cierto, tuvo una niñez complaciente; no lo duden, era una persona solitaria; sí, lo sé, tenía problemas con el alcohol. A sus 17 años, ya había concluido "La Casa de Cartón", texto que sólo fue escrito como un ejercicio gramatical en sus clases con su adorado profesor, Emilio Huidobro, en el Deutsche Shule. Este texto ha recorrido el mundo, y es indiscutiblemente una de las obras cumbres de las letras en castellano.
Aquí les dejo un extracto de mi investigación que aún no se deja concluir. Sucede en su primer internamiento en el manicomio Larco Herrera, el 8 de setiembre de 1937. Tambien, se hace referencia a la extraña influencia del psiquiatra Honorio Delgado, ambos personajes principales de esta historia, junto a algunos otros.

"En su primer informe de entrada, Rafael afirma que su angustioso gusto por el alcohol empezó aproximadamente a los 22 años, en 1930, edad a la que ya congeniaba con la popularidad de los círculos intelectuales de Lima. Un primer renglón resaltante de esta hoja amarillenta cubierta con tinta negra, califica a Rafael como un individuo normal. Al parecer, en el pabellón 12, el poeta pasaría por una pequeña exploración psíquica, que lo determinaría con esta luz esperanzadora en aquellos momentos. Una interesante observación digna de recalcar la haría Luis Vargas Durand, en la que añadiría que Rafael no creaba su condición con problemas personales, sino con códigos literarios. Permaneció en este pabellón tres días, desde el 8 hasta 10 de setiembre, ya que solo hasta ese momento se cubre su evolución. Empero, la siguiente nota determinaría su destino: “El paciente Rafael de la Fuente Benavides, pasa por orden del Sr. Director, al Pabellón N° 2”.
Por su parte, al otro lado del hospital, el Dr. Honorio andaría trabajando en su oficina, dentro del edificio corazón del hospital imponente como la Acrópolis, justo frente al portón principal, al final de un largo camino rodeado de verdes jardines limpios de inútiles hojarascas, y árboles serenos de tronco fecundo y altura protectora. Ahora, parado entre ellos, percibo que expulsan su perfume con timidez, como si los años hubieran sido malvados. Hoy en día, solo queda una brisa de su primaveral olor, restos que se enjuagan en el nebuloso smog de la Av. El Ejército para hacernos entender que el mundo ya no es el mismo. Honorio Delgado permanecía interno en su trabajo, que cabe recalcar fue bastante prolijo. Horas de vida dedicadas a la psiquiatría, a la importación de nuevos métodos, de nuevas fórmulas médicas. Basadre delataría su inmensa afinidad con la cultura alemana, cuestión que compartía con Rafael, por el manejo del idioma. Huesudo, alto y muy elegante, quedaría de él un gran estima entre los doctores de hoy en el Larco Herrera, que, aunque no pudieron conocer, rescatan su humanismo. Algunos otros hablan de su narcisismo, su forma elitista de ver al mundo. Dicen que él no tenía discípulos, sino vasallos; que no acogía gente, solo la aceptaba. Su Torre de Cristal se fundaría en el manicomio, un pedestal más arriba del mundo mundano, encabezando una institución que lo veneraba.
Poco después de despertarse, Rafael caminaría en rumbo al Pabellón N° 2 a través del hospital. Conocería sus espacios, su flora, su gente. Estoy seguro andaría observando cautelosamente para finalmente entender que el mundo al que había ingresado no era menos distinto del que abandonaba. La estupidez del mundo exterior se las arreglaría sin él. Solo, en ese momento, quedaría pendiente en su corazón la preocupación por su tía Tarsila y su madre. Ambas se habían quedado solas tras ver partir al hijo insatisfecho en busca de su propio destino; con el fin tácito de seguir sus estudios universitarios tranquilamente y de escribir una tesis histórica". (...)