El amor en época de golosos

Por: Eduardo Yalán

Es más que claro que sabemos acerca de nuestra cultura moderna, una cultura que exige un reconocimiento de las emociones; la perspectiva de la realidad ha mutado, con el desarrollo de la tecnología se han desarrollado nuestras percepciones, y a su vez las emociones. Un ejemplo sencillo: un celular, instrumento moderno capacitado para no despegarse de nosotros ni un solo momento, sin duda esto afecta a nuestras percepciones, que se amoldarán al uso determinado del celular, lo cual a su vez afecta a emociones determinadas: podemos amar y/o odiar a ese inofensivo instrumento. Lo que supuestamente es ilógico, como odiar a un celular (como si fuese humano o algo capaz de responder a nuestra emoción –para muchos-) parece completamente normal hoy en día. Lo mismo sucede si particularmente observamos al amor. De alguna manera el amor se ha convertido en una emoción compleja. La nueva percepción de la realidad así lo exige.

Hasta hace poco tiempo, el amor estaba aun fusionado con la racionalisación de los afectos, se descartó por completo tratar al amor como una emoción vivida e ilógica. Surgió el “cartesianismo afectivo” una tendencia a explicar al amor desde un punto de vista biológico, todavía hay personas que se contentan y saltan en un pie cuando afirman al amor como una simple emoción producida por la oxitocina, “¡oh, si! El amor es una emoción producida por el neocordex, la oxitocina influye y… bla bla bla” Así solo hablan los arraigados a la escribalidad (entiéndase a la escribalidad no solo como un estilo de escribir, sino un pensamiento, un modo de vida). He escuchado muchas veces cuando se justifica al amor y nos creemos superiores cuando explicamos su genealogía biológica, pero esto es una patraña, una negación del amor mismo, negación de un afecto humano.

Igual pasa con el cristianismo, mutan al amor y le disponen incuso jerarquías, “A Dios el rango más alto y digno del amor, a la virgen otro amor”, y así conforme se baja de status dominante, de allí que solo el amor de Dios es más importante y puro que el amor de un hombre hacia una mujer. ¿Pero a quien pertenecen los afectos al hombre o a Dios? ¿Entonces quien creo a Dios? Por otro lado, ¿Acaso un afecto posee jerarquías? Este es otro pecado contra los afectos. Incluso llegue a escuchar que hay amor malo (referido a todo cuanto te lleva al pecado) y amor bueno (referido al amor de dios). De aquí se explica que Dios es millonario, ya que gobierna el mercado afectivo a través de un monopolio egoísta de las emociones.

Dejemos al cristianismo por ahora. Según Schopenhauer (que si amaba a su perro) el amor siempre apunta a la belleza, a la fuerza y a la salud, es decir el amor es un eufemismo de la elección de un buen macho o hembra que asegure nuestra existencia. Aquí va otra vez nuestro cartesianismo afectivo, creer que simplemente el amor es la elección biológica de mantener la especie, es una opinión aceptable, pero afectivamente negadora, moral. ¡No hay tratar mal al Amor! Tratemos de evitar domesticarlo, hacerlo algo predecible y seguro, ¿una emoción acaso es predecible o segura? Si bien nosotros estamos haciendo que la emoción que llamamos “amor” sea en nuestra cultura moderna mas compleja, mas ilógica y mas vulnerable, por este mismo hecho debemos entender al amor, pero no racionalizarlo sino darle una oportunidad como emoción “tonta e ilógica”. No prohíbo que se deje de amar a Dios ni prohíbo que tercamente nos contentemos con un cartesianismo afectivo, sin embargo entendamos a ese afecto como inefable, no como algo seguro de definir o segmentar. Vivimos en una época de golosos, de gente golosa de emociones y sentimientos, han pasado ya miles de años de tonterías contra los afectos, ¡Carajo! ¡Es hora de integrar y despertar!

7 puntos de vista:

JJ dijo...

Buscando un refugio y libertad me he escondido tras un blog. Busco naúfragos para habitar mi isla y al azar me encontré en tus textos. Quizá quieras compartir mis soledades.
http://paranaufragios.blogspot.com/

Anónimo dijo...

Interesante exposición. Pero mientras leía no pnsaba en otra cosa que en el desamor. Entiendo a la perfección que el amor y las emociones van ligadas, pero no creo que sea posible desligarlas de la racionalidad, después de todo, el amor trae sufrimiento; el sufrimiento, expericencia; y la experiencia, aprendizaje... Puntualizo: Aprendemos a racionalizar el amor porque es el unico método de autodefensa... ¿es posible afirmar esto?

Anónimo dijo...

lo que escribes es casi ilegible y redundante, aburrido en pocas palabras

Anónimo dijo...

Pacharaco total

Sandro dijo...

Se valora mucho la intencion de sacar un blog sobre literatura y filosofia pero..... la verdad es que no pasa nada ahh, sobretodo con el que escribe sobre filosofia.....puta, mas enredado que orgia de culebras.....

Anónimo dijo...

Gracias, me han hecho un gran favor.
Eduardo

Anónimo dijo...

pero explica porque no te gusta el texto...o ni siquiera sabes leer? que mas facilito lo quieres?

Augusto