Salud Schopenhauer!


Por Pedro (quien no piensa suicidarse, por cierto)


Las discusiones entre amigos llevan a veces a conclusiones interesantes, desde luego, algunas otras veces, quedan en el aire y se vuelven efímeras con el pasar de las horas (o de los tragos). Sin embargo, en esta primera semana de clases, como cábala de cada ciclo, me tome mis primeras cervezas con aquellos compañeros que no veía, y tocamos un tema que siempre me ha causado cierta intriga y ahora quiero explicar sin ser interrumpido con el fin de que me bombardeen cuando me los cruce.

Comienzo mostrándoles una cita que me causo extrañeza la primera vez que la leí. El suicida –dice Arthur Schopenhauer- ama la vida, lo único que le pasa es que no acepta las condiciones en que se le ofrece. Suena extraño, más cuando un acto como el suicido ha sido determinando socialmente como un escape cobarde. Los suicidas son poco valientes, no pueden salir de su prisión porque no tienen las agallas de enfrentar sus problemas, son cínicos y descarados, están malditos por las leyes celestiales. No niego que el suicida llega a un punto en donde su racionalidad y lógica se escabullen en el fondo de su cerebro, y se quedan ahí escondidos o quizás se marchan para no retornar. Para ese momento, el suicida en potencia se da cuenta que el sufrimiento en el mundo es mayor que su miedo a la muerte, entra en una catástrofe existencial y consolida su sueño más macabro: desaparecerse bajo sus propios términos.
Ahora, quizás lo que pienso sea censurable y me obligue a una visita al psiquiatra, pero pienso que hay mucho de apasionante en el suicidio, acto que considero no solo como un uso determinante de nuestro libre albedrío, sino como una confirmación de nuestra propia existencia.
Alguna vez escuché de la triste historia de una actriz, que se había sumergido en una terrible depresión a causa de los maltratos que el mundo del espectáculo genera en la gente. ¡Claro!, ellos se ven muy felices andando con sus vestidos estrafalarios, rimbombantes con el maquillaje y los peinados, pero siempre hay algo más terrible que contar sobre ellos. Esta actriz decidió quitarse la vida, pero como su imagen era tan impecable decidió hacerlo a su manera, uso su libre albedrío de decisión y eligió su manera de morir (actos por los cuales ya tiene mucha ventaja con respecto a aquellos que se martirizan suponiendo y viven intrigados con el momento de su muerte). Se vistió de gala y tomo algún veneno en su dormitorio donde esperaba yacer con alta elegancia y en la comodidad de su cama. Su decisión flaqueó y al beber la poción se dio cuenta de su enorme error, sin embargo no era tarde y la salvaron un lavado gástrico. Más el punto es la elegancia con la que trato el suicidio. Es que la decisión, cuando se toma, implica maquinar muchos puntos determinantes del acto; sobretodo, el detalle de ¿Cómo me quito la vida?. Según mis experiencias literarias con el suicidio, podría listar las siguientes maneras: ingerir veneno, ahorcarse, lanzarse de un piso elevado, cortarse las venas, usar pastillas, de un disparo, inyectarse aire en las venas, aspirar monóxido de carbono, electrocutarse en la ducha, ponerse frente a un tren, etc. La elección es personal, y dependiendo de la personalidad, se toma la decisión. Después de escoger la forma, entra el plano contemplativo de la elección en donde estoy seguro abra un poco más que depresión, sino una interrogante inmensa en la mollera (¿Por qué estoy pensando en el suicidio?). Las dudas abordaran, y se tumbaran, lo más estable del ser hasta desproporcionarse de afectos externos y entender fehacientemente que la decisión es la mejor. Como dije antes, el suicidio no solo es producto de un estado de negación de la forma en que ha sido entregada la vida, es una confirmación de su existencia porque considero que nada se vuelve tan real hasta el momento en que se abraza con el alma y se afirma la voluntad del ser.
Aunque este tema sea completamente horroroso y enérgicamente discutible, me parece interesante conversarlo como un subíndice de las patologías preciosas del humano, como un punto específico en donde finalmente el humano es dueño de sus propias decisiones y actos, con el romanticismo y convicción de la forma de concretarlo, con el histrionismo que encierra.
El suicidio es un acto que repercute en la sociedad y aún es incontrolable (ni forrando puentes miraflorinos lo acabaran), es un medio ofensivo pero respetable, ya que nadie puede juzgar a un suicida por su debilidad emocional y quiebre humano, nadie puede decir cobarde a una persona que tiene la certeza de devolver la vida que el resto lucha por apreciar.
Lo inaudito de todo esto es que aún no dejo de sorprenderme por el romanticismo y la ferocidad en que un suicida cierra su propio telón. No queda más que decir: tengan un suicidio épico.

7 puntos de vista:

Anónimo dijo...

No podré estár más de acuerdo con este articulo, el suicidio es tal cual lo planteas Pedro: por un lado, objetivo, encierra un desprecio al suicida que arremete en contra de su vida -en sí es despreciable todo aquello que va contra la vida-. Sin embargo, el plano afectivo/subjetivo, explica otra tendencia muy diferente; se comprende al suicida en la medida en que su problema o sentir trasciende en nosotros.

Pero creo que el suicidio mas digno es cuando uno se mata a sí mismo, en un sentido de cambio, en un sentido metafísico. Cambiar: solo se lógra esto con una muerte del sujeto, con un suicidio. Como la sabiduria popular del fauno Sileno lo indíca:

"Raza efímera, y miserable, hija del azar y del dolor, ¿por qué me fuerzas a revelarte lo que más te valiera no conocer? Lo que debes preferir a todo es, para ti, lo imposible, es no haber nacido, no"ser", ser la "nada". Pero después de esto, lo que mejor puedes desear es morir pronto".


Eduardo!

Anónimo dijo...

Salud.
x los que han tenido agallas de acrlo y por los que las han tenido para olvidarlo

Anónimo dijo...

los suicidas aman mas a la vida que nosotros mismos....jaja...porque le hacen un cierto favor a la vida de los fuertes, ellos, mientras que los debiles se desibtegran....su muerte es un aporte para la vida fuerte....la vida mediocre no debe correr por nosotros

edu!

Cedric Càceres dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Cedric Càceres dijo...

Sucidarse, no vale la pena. Al menos no la pena de dejar de respirar, de dejar de caminar, de reir, de irse a beber una cerveza con amigos, de masturbarse, de tener sexo con una desconocida, de levantarse un dia o una noche. Suicidarse, simplemente no vale la pena, porque es el punto final de algo que ya de por si tiene punto final. Es mas( creo yo ) un acto de impaciencia y pocos huevos. de ignorancia de otros caminos, de el agotamiento de perspectivas. De infantilismo, el suicidio no es mas que una reaccion caprichosa. Una pataleta por un chupetin. Al final, creo que todo se basa en cuanto nos gusta el dulce. A mi siempre me gusto mas el ron.

Yasmin Sayán dijo...

En el mero echo de la palabra no cuentan las extrañezas, más si se reflexiona sobre ella sucumbido se encontrará; no hay retorno.

Eduardo . Pedro dijo...

Cierto Cedric, es el punto de vista completamente antagonico al mio y sin embargo tambien estoy de acuerdo contigo, ¿qué seria de la vida sin tener nada de que discutir? horas frente al televisor viendo futbol. En ese caso, sí me suicidaría-...

Yaz,quisiera entender tu punto, pero no me queda más q decir: ya quemaste!...

Atte.
Pedro